jueves, 1 de abril de 2021

Sevgi ve nefret. Amor y odio. (Capítulos 57 a 65)


     A Yaman le pareció oírla gritar justo después de haber quedado el piso a oscuras. Llevaba días durmiendo en el coche para poder protegerlos y no dudó en salir corriendo para ir a ver qué pasaba. Ella temía la oscuridad pero, dadas las circunstancias, quizás ella prefiriera las sombras a su presencia...

    El plan que Yaman había tramado para destruirla había sido tan exitoso que ahora ella lo odiaba y él se maldecía con desprecio. La roca echada a rodar había dado en el blanco haciendo saltar la incipiente y frágil unión de dos personas destinadas a amarse. 

    El mejor amigo de Yaman había hecho que callara y no confesara a Seher que él era el culpable de su estancia en la cárcel. En silencio y con el miedo caminando a su lado había encontrado a quien abriría la puerta de la celda y también en silencio la había velado en el hospital. Temeroso la observaba dormir queriendo ser él quien sangrara y sufriera pero no, no podía ser víctima y verdugo al mismo tiempo. 

    Después, ya en casa, los ojos agradecidos y engañados de ella lo perseguían y él a cada mirada se sentía más miserable. "He sido yo. Yo te he cortado las alas, yo he estado a punto de acabar con tu preciosa vida, yo voy a ser quien cambie el brillo de tus ojos de admiración a desprecio. Yo y mi miedo. Yo y mi silencio. Pero he aprendido la lección, esta vez sí. He de encontrar el momento oportuno para explicártelo. Ya no soy el Yaman de antes, créeme, por favor". No tuvo tiempo de decirlo porque la roca llegó y mutó el corazón de Seher también a piedra. 

    Yaman perdió de golpe sus miradas generosas porque ella ni mirarlo quería. Sus silencios le escocían privándolo de su dulce voz y ni el atisbo de una sonrisa  tuvo tiempo de atesorar. Jamás imaginó condena más cruel que saber que podía haber evitado romperlo todo. Era lo que mejor se le daba: romper, destruir, aniquilar. Ahora, su ángel de ojos verdes lo ignoraba arrojándolo fuera del paraíso. Un paraíso a medio construir por los dos y de cimientos tan débiles que tan sólo una mentira era necesaria para echarlo abajo.  

    Una de las sombras que no los abandonaban creció y Yaman, Seher y Yusuf tuvieron que huir a un piso alquilado durante unos días. Sólo que Yaman jamás habría imaginado que dormiría todas las noches en su coche. 

    - Yo decido quién entra - sentenció Seher con mirada vacía. 

    Y con esas cuatro palabras Yaman volvía a ser expulsado por su ángel herido. Le cerraban la puerta en la cara por primera vez en mucho tiempo. Ella cerraba la puerta al dolor. Le tocaría ver de lejos a las dos personas que más amaba, le tocaría callar, aguantar y soportar apretando los dientes, cerrando los ojos y clavándose las uñas en las palmas de las manos. 

    Pero su ángel no podía dejar de serlo totalmente y cedió una vez cuando le curó la mano. Cedió de nuevo cuando le sirvió reticente el desayuno. Cedió también cuando le dio permiso para contar un cuento y él esa noche, al despedirse para ir a montar su particular guardia, pronunció ronco ante ella una palabra: seviyor... 

    Palabra camuflada entre otras pero destinada a ella, sólo a ella. Yaman entendió que esa palabra susurrada no anidara en ella a pesar de haberla pronunciado con todo el sentimiento del que era capaz.

    Y ahora, la noche cerrada de fuera se colaba dentro para hincar sus garras en Seher y atemorizarla. Yaman rezó para no aumentar él ese miedo con su presencia y cuando la detectó arrodillada en una esquina se acercó cuidadosamente. En cuanto pudo la calmó:

    - Tranquila. No temas, soy yo (menuda ironía).  


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    Le alargó la mano rogando que ella la tomara y cuando lo hizo su corazón se desheló con el calor de sus dedos. La levantó resistiendo la necesidad de apretarla contra su cuerpo y entonces vio su herida. La opción de llevarse su dedo a la boca para chupar aquella gota de sangre quedaba descartada así que la condujo a la cocina en busca de una tirita. Seher era orgullosa e intentaba abrir la caja de las tiritas a pesar de su herida y a pesar de la mirada caliente de él sobre su cara. Yaman en silencio le pidió la caja para abrirla y ella cedió. En penumbras puso la tirita sobre el corte y con delicadeza cerró los dos extremos. 

    Sus ojos se buscaron inevitablemente y Yaman suspiró emocionado de tenerla tan cerca, después de tantos días. Aquel suspiro movió el pelo de Seher que cruzaba su frente y Yaman apretó los dientes. Su pelo brillaba con la luz de la luna que espiaba por la ventana y lo cegó. Cerró los ojos durante un latido para saborear ese instante robado y el olor de ella penetró en su cuerpo. No se tocaban pero temblaban como si estuvieran piel con piel. Sus ojos se decían tanto, sus labios callaban todo...

    Seher no podía moverse. Su negra mirada la tenía presa y ella quería cumplir condena aunque fuera sólo un segundo, una hora... toda la noche. Los ojos de Yaman Kirimli eran el lugar donde se colaba cuando nadie la veía y ahora estaba allí de nuevo viviéndolo tan cerca y sintiéndolo vibrar apenas sin aire entre ellos. Notó de repente sus grandes manos abarcar su cintura y, prendiéndole fuego, él la acercó a su duro cuerpo. Sus senos descansaron en su pecho, sus caderas ardieron en las suyas y sus labios quedaron a un roce de los de él. El latido de su corazón retumbaba por toda la cocina y hasta la luz que entraba por la ventana osciló con el fuerte bateo. 

    Bajó sus verdes ojos a los labios entreabiertos de Yaman  y quiso probar con urgencia su aliento. Cerró los ojos y lo besó. Movió inexperta su boca en la de él y por poco no se desmaya. El fuego que la recorrió era inesperado. De la humedad entre sus piernas jamás había sido tan consciente. Su vientre se tensó como un arco y apretó los muslos para calmar su sexo tiritando. Pero ninguna de las enloquecedoras sensaciones cesó porque él subió las manos por sus costillas, la apretó más contra su urgente erección y respondió a su beso como un salvaje.     

    Yaman no podía pensar si aquello estaba bien o mal porque simplemente no podía pensar. Cuando ella lo besó le contagió tal llamarada que había tardado en reaccionar. Su cuerpo se había puesto aun más duro y sus manos la habían apretado contra él con intención de no soltarla jamás. Seher besándolo era lo más erótico que había experimentado y si tenía que dejar de respirar para que aquello no acabara lo haría. Entró con su lengua a saquear la boca de ella y el sabor a galletas de limón lo volvió loco. Abrió más la boca para devorarla a placer. Lamió su lengua y humedeció sus labios volviendo el beso salvaje y jadeante. 

    Sus manos subieron por sus costados para acabar coronando sus senos llenos y duros. Movió los dedos como un pianista y los pasó por encima de sus pezones pero quiso oírla gemir y retorció amoroso las rosadas puntas. Ella respondió sollozando de placer y clavándole las uñas en la cintura. Yaman llevó una mano hacia las nalgas de ella para acariciarla por sobre la falda y para acercarla aun más a su sexo en brasas. Intercambiaron varios jadeos entre besos y la tensión aumentó. 

     Seher chupaba ansiosa el labio inferior de Yaman cuando sintió la mano de él bajar de su trasero a su rodilla. Se abrazó a su cuello y él se ancló la pierna de ella a la cadera clavándole los dedos. Estaba abierta a él y se frotó buscando alivio para los dos. Aquello lo calentó tanto que se giró para apretarla contra la encimera de la cocina y romperle las braguitas. Seher aspiró excitada y metió las manos bajo la camisa de él para tocarlo desesperada porque notarse desnuda y abierta para él la volvía salvaje. Yaman metió una mano entre ambos para abrir sus pantalones y liberar su miembro, ufff, tomó aire para calmarse y sus dedos palparon el sexo de ella. Con el primer toque se ganó un mordisco en el hombro, bien. Frotó un poco más sus labios húmedos y calientes y ella se apretó más buscando aquellos dedos de artista. 

    - No pares - gimió ella. 

    - Ni muerto - rugió él. 

    Yaman fue cruel cuando notó en las yemas de los dedos los primeros acordes del orgasmo de ella porque dejó de tocarla para penetrarla hasta el fondo. Seher lo abrazó por la cintura para asegurarse que él no volvería a timarla y lo miró a los ojos a la vez que esquivaba sus besos. Me vas a hacer el amor sin ocultarme la mirada porque es en tus ojos donde nos lo confesamos todo, pensó Seher. Yaman la entendió y se retiró para luego empalarla de nuevo. La quemaba con sus iris que gritaban amor y le rendía su cuerpo súbdito de ella. Seher apretó sus nalgas, quería más. Yaman sentía que sus ojos se desnudaban ante ella una y otra vez y que su cuerpo gritaba de ganas de correrse. Volvió a tomar aire. Entró y salió, la buscó y la perdió, aceleró y le hizo el amor entre penumbras notando que ella le salía al encuentro cada vez más tensa. Volvió a llevar su mano entre sus cuerpos sudorosos y frotó insistente retándola con la mirada a dárselo todo. Seher sintió entonces deshacerse el nudo de placer entre sus piernas y extenderse por todo su cuerpo. Lo vio apretar los dientes para evitar rugir de placer y ambos se besaron de repente para beberse el éxtasis alcanzado. A Yaman aquel beso empezó a saberle salado en cuanto las primeras lágrimas de ella le llegaron a los labios. No. No. ¿Por qué lloraba? Aquello era precioso, era delicado, era su amor cobrando vida. Rápidamente se acomodó la ropa y luego a ella. Le levantó la barbilla para buscar entre las lágrimas y encontró de nuevo la mirada vacía. No. No. No. 

    La miró desconcertado y la oyó sintiendo la estocada:

    - Esto no ha pasado. Vete por favor. 

    Yaman cerró lo ojos para dejar de ver la nada en su mirada y se giró hacia la puerta. Caminó como un autómata y entró en su coche. Apoyó la frente en el volante y sintió en sus ojos las lágrimas de ella. 

    Seher parpadeó, se limpió las lágrimas y después de pasar por el baño se hizo un ovillo en el centro de su cama para compartir con él el desvelo de esa noche inexistente. 

11 comentarios:

  1. Hay que 🔥🔥🔥🔥🔥 ameeeee!

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  2. Por dios .... se me han saltado las lagrimas! Es vivir su amor y su odio en palabras!

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  3. Dios, casi lloro. Tremendo amor, pero dolido. Gracias 😘

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  4. Woooowwwww woooowwww y wowwwwww 👏👏👏

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  5. 👏👏👏 que capitulo ehh.. eres una gran escritora

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  6. "Me vas a hacer el amor sin ocultarme la mirada porque es en tus ojos donde nos lo confesamos todo, pensó Seher." MAGISTRAL! pero ese"- Esto no ha pasado. Vete por favor. "me a matado, ufff, eres una futura NAZ en desarrollo 🤣

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  7. Joer.. un buen capítulo lo completas de manera sublime!! Gracias!!!

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  8. No te juntes más con Nazmiye que se te está pegando .....si eres cruel he .....divino abla como todos💐

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  9. Brutal! Me he metido de lleno en la historia, está tan bien contado que les veía a ellos en cada momento. Enhorabuena! Escribes genial!

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