domingo, 27 de junio de 2021

Septiembre... (Relato SehYam)

 



       – Pero Seher, Yaman no mató a Kevser. Fue Iqbal. 

    Aquellas palabras de Ziyah remataron su corazón; un corazón que hacía semanas que no latía ni sentía. Llevaba siendo apenas un espectro desde que le disparó, matándose a sí misma en aquel bosque y respirando únicamente por Yusuf, pero ahora las palabras de su cuñado la hundían todavía más hondo en el abismo oscuro en el que era su vida sin él. Si su marido no había matado a su hermana...

    – ¿Por qué? – preguntó casi sin fuerzas, tratando de que no se le resbalara el móvil. 

    – Para salvarme a mí. Él creyó que yo había matado a Kevser en una de mis crisis pero cuando me recuperé pude contarle la verdad. 

    ¿La verdad?, pensó Seher, colgando la llamada. La verdad llegaba tan tarde... Tarde para su amor y tarde para su vida. 

    Él no la había denunciado y por eso había podido vivir tranquila en Antep con Mamá Nadire y Yusuf, pero tampoco la había ido a buscar al salir del hospital. Llevaban semanas sin saber el uno del otro a pesar de vivir pensándose, sintiéndose y extrañándose en la distancia. ¿Y ahora? ¿Qué se suponía que debía hacer ella al saber que le había disparado siendo inocente? Él se había sacrificado por su hermano, condenándolos a ambos a una vida sin amor. Él había vuelto a decidir por los dos se dijo Seher y, al hacerlo, la había empujado a una demencia capaz de hacer que disparara al único hombre que era capaz de amar. 

    De repente se dio cuenta de que ya no se sentía muerta, había vuelto a la vida y estaba llena de rabia. Sólo él, Yaman Kirimli, era capaz de llevarla del cielo al infierno, de la luz a la oscuridad, de la apatía al odio.  Porque Seher odiaba amarlo, odiaba echarlo de menos, odiaba su olor perdurar en su piel y odiaba el recuerdo de sus besos...

    Yaman llegó a su casa como cada día, temiendo atravesar la puerta y que el silencio le hincara sus garras. No escuchar los gritos de Yusuf ni la voz de ella lo vaciaba cada día un poco más, pero era su condena por haber renunciado a ellos y con esa pena debía sobrevivir cada día. Subió las escaleras después de decidir que no haría ni el intento de comer y se encaminó hacia su habitación. Sólo quería estirarse en el sofá, abrazado como un niño a la chaqueta lila de ella, a su olor, y conjurar su imagen para que lo visitase en sueños. 

    La necesitaba. Cada día más. Vivir sin ver brillar sus ojos de jade no era vida, era una maldita agonía y sabía que las fuerzas lo abandonaban con cada puesta de sol. Abrió la puerta de su habitación y se detuvo cerrando los ojos. No podía ser, otra vez la veía frente a él y otra vez ella desaparecería en cuanto se acercara, pero en esta ocasión, cuando abrió sus atormentados ojos, ella no se esfumó. Lo saludó. 

    – Merhaba, Yaman Kirimli – sus palabras no temblaron a pesar de la emoción de tenerlo ante ella. 

    – Seher... – su nombre fue lo único que acertó a decir él, mientras la miraba con todo el amor del mundo desbordando sus salvajes ojos. 

    – Vaya... sólo nos ha costado un año llamarnos por nuestros nombres, bravo. No te robaré mucho tiempo, Yusuf está con Adalet y sus cosas ya están colocadas de nuevo en su cuarto... 

    – ¿Has vuelto? ¿Habéis vuelto? – la interrumpió Yaman dando dos pasos hacia ella. Los mismos que ella dio hacia atrás. 

    – Yusuf ha vuelto, yo me voy en cuanto te apartes de la puerta – dijo Seher con voz vacía y costándole la vida mantenerle la mirada. 

    – ¿A dónde? ¿Qué quieres decir con que Yusuf ha vuelto pero tú te vas? ¡No puedes irte, otra vez no! – gritó él con los puños apretados y luchando por no acercarse a ella. 

    – Voy a entregarme a la policía. Ahora sé que traté de matar a un hombre inocente. Déjame pasar – acabó con un nudo en la garganta que no fue capaz de tragar. 

    – No voy a permitirlo. No vas a entregarte y, ahora que al parecer sabes la verdad, vamos a empezar de nuevo... – otro paso adelante. 

    – ¡¿Otra vez?! ¿Cuántas veces vamos a empezar de nuevo? ¡Me mataste en aquel bosque! ¡Yo te disparé pero fue mi corazón el que dejó de latir y ya no me quedan fuerzas! ¡Amarte duele demasiado! – le gritó todas las lágrimas que le quedaban por llorar pero, en vez de hacerlo retroceder, sólo consiguió acabar sollozando atrapada entre sus fuertes brazos. 

    – Por favor, por favor – repetía Yaman en su cabello mientras sus brazos volvían a aprenderse su cuerpo – no me dejes. Otra vez no, lütfen Seher, lütfen...

    – Déjame marchar... es un amor imposible... – rogó Seher con los puños en el pecho de él. Luego levantó la mirada para que sus ojos verdes se despidieran de sus iris negros pero, en vez de decir adiós, acabaron rindiéndose de nuevo a su oscuridad. 

    – No es un amor imposible, es un amor inevitable – rugió él justo antes de que sus labios bajaran para atrapar los de su esposa. 

    Estar el uno en brazos del otro hizo que estuvieran a punto de morir de dulce anhelo mezclado con esquiva felicidad. Yaman resucitó en los labios de su mujer y Seher renació en los de él. Se besaron sin descanso todos los besos que habían soñado estando separados. Besos prometidos y no dados, besos dibujados cuando sus miradas se perdían en la nada. 

    Yaman la abrazaba no queriendo despertar y ella acariciaba su pelo alargando el sueño. La boca de su esposa lo estaba volviendo loco y tuvo que tumbarla de una vez en la cama para aplacar su deseo. Seher mordía sus labios ansiosa, lo deseaba, lo necesitaba y tampoco podía esperar. Habían esperado demasiado. 

    Se desnudaron entre susurros secretos y miradas calientes hasta estar piel con piel sobre la cama de sábanas negras, luego sus ojos se buscaron para confesárselo todo: te quiero, te deseo, no me dejes, quédate conmigo...

    Yaman trazó con sus labios un camino infinito entre la boca de Seher y sus senos logrando suspiros y arañazos de placer en su espalda. Ella respondió abriendo sus piernas y acogiendo su potente cuerpo entre ellas. El calor estalló sin que pudieran controlarlo y Yaman entró en ella desesperado por volver a aprendérsela, a recordarla, a conquistarla... Sus embestidas resonaron en gemidos de placer compartidos y sus besos se calentaron y humedecieron hasta volverlos locos. Cada uno tatuó en la piel del otro su nombre mientras el éxtasis los recorrió finalmente hasta dejarlos exhaustos y temblorosos. Hacer el amor siempre era como una carrera contra el tiempo y en un beso dejaron de contar los segundos para arroparse y volver a acariciarse palabras de amor. 

    

    

sábado, 19 de junio de 2021

Emanet. Final de temporada. Capítulo 205.



 – ¡Seher!... no puedes irte... porque... te quiero...

    A ella no le importaron ni su nombre ni su amor en sus labios. Estaba más allá de la locura y él sabía quien la había empujado al precipicio. Él mismo. Por eso puso el arma en sus manos tras confesarle que sin ella no podría vivir. La vio levantar el arma y supo que defendería su legado incluso muriendo ella misma al disparar. La amó incluso más por ello y sonrió dispuesto a recibir aquella bala. Cuando la sintió en el pecho el dolor se mezcló con aquel amor que había ido creciendo en el mismo sitio. Siempre a pesar suyo, siempre venciendo sus resistencias y desconfianzas, su amor por ella lo había ido conquistando todo, llegando a sanar las heridas del pasado. 

    El dolor creció y cambió. Ahora era en forma de golpes acompañados de pitidos de fondo. No entendía nada. Veía a Seher con Yusuf en brazos alejándose y al mismo tiempo oía su voz tras los golpes y pitidos. 

    – No me dejes, por favor. No me dejes. Despierta, abre los ojos. Estoy aquí... 


    De repente los golpes pararon y el dolor menguó. Los pitidos volvieron a un ritmo tranquilo si bien ahora oía otra cosa. Su llanto. Ella lloraba y él se desgarraba escuchándola. Los párpados le pesaban toneladas pero debía abrir los ojos para hacer que cesaran aquellas lágrimas. Cuando lo logró, la vio sentada a su lado con la cara escondida entre los brazos apoyados en su cama. Como pudo estiró el brazo y con la mano rozó la suya, hasta cubrirla del todo y lograr que ella levantara la cara. 

    – ¡Has despertado! ¡Estás bien! ¡Dios mío! – gritó su esposa inclinándose hasta abrazarlo. 

    Seher había vuelto a la vida al ver aquellos salvajes ojos negros mirándola. Lo abrazaba con la cara escondida en su cuello y notando los fuertes latidos de su corazón golpeando su propio pecho. Se quedaría así para siempre pero lo oyó hablar y se separó lo justo para mirarlo de nuevo a los ojos.

    – ¿Tu pecho? – preguntó Seher – no tienes nada en el pecho, la peor herida rozó el riñón. Aquella rama te dañó bastante y la pérdida de sangre mientras huíamos por el bosque te llevó al coma. Quizás te duele el pecho por la crisis que has tenido. Han usado el desfibrilador, cariño. 

    – ¿He estado en coma? ¿Cuántos días? – preguntó Yaman nervioso. 

    – Diez días – dijo ella suavemente acariciando su cara. 

    – ¿Qué pasó con aquel desgraciado? – quiso saber él. 

    – Murió. Firat tuvo que dispararle y murió. Por cierto hay algo que debes saber. 

    – ¿Yusuf? – se alteró Yaman tratando de incorporarse. 

    – Para, quieto, Yusuf está bien está con Neslihan y Firat en casa. Se trata de tu cuñada. Al verse acorralada por vuestras investigaciones y, tras un forcejeo con Zuhal, huyó y acabó despeñándose por un precipicio. 

    – Por Dios, ¿y mi hermano? – creció su preocupación. 

    – Los primeros días con tranquilizantes pero con la ayuda de la nueva enfermera ya está mucho mejor, no te preocupes, por favor descansa. Todo está bien. 

    – Tamam... veo que la Señora Kirimli se ha ocupado de todo, pero no todo está bien... – dijo Yaman frunciendo su maravilloso ceño. 

    – ¿Qué ocurre? – se preocupó Seher, pasando la mano por su frente y apartándole el espeso pelo negro. 

    – Estás demasiado lejos y yo te necesito más cerca – acompañó sus palabras con el gesto de señalarle el espacio libre en la cama de hospital. 

    – No puedo tumbarme a tu lado... – susurró a pesar de estar deseándolo. 

    –Lütfen... tendremos cuidado con mi herida y podré abrazarte. Prometo no mover la mano que lleva el suero ¿tamam? – preguntó él con los mismos ojos que ponía Yusuf para pedirle que le hiciera galletas. Aquellos dos hacían con ella lo que querían. 

    Seher se descalzó mientras Yaman se movía con cuidado para hacerle más hueco. Se sentó en la cama y luego se tumbó recostando la cara en el hueco de su hombro y notando enseguida su mano en el pelo. Ella apoyó la palma donde milagrosamente seguía latiendo su corazón de guerrero y levantó la cara para perderse en sus iris azabaches. No sabía qué habría sido de ella si él la hubiera dejado. Le habría tocado seguir respirando por Yusuf, pero sin su corazón. Su corazón se lo habría llevado él. 

    – ¿En qué piensas? – preguntó Yaman jugando con la suavidad de su pelo entre sus dedos. 

    – Me habría muerto sin ti...  – confesó Seher. 

    – Sigo vivo por ti... – respondió él. 

    El aire entre ellos cambió, se hizo eléctrico, y Yaman la tomó del hombro para acercarla un poco más porque nunca era suficiente. Seher abrió la mano en su pecho para abarcar todos sus latidos al notarlos más fuertes y rápidos y su cuerpo se movió para buscar el calor de él. 

    Sus suspiros eran uno y sus miradas pronunciaron sus nombres antes de cerrarse para probarse. Sus labios se rozaron al fin sin prisas. Yaman empujó los labios con los que soñaba hacía mil vidas, robando el sabor de su mujer y queriendo más, buscando más. Seher abrió los labios para que él entrara y lamiera su lengua, sin saber que estaba dejando entrar un fuego que amenazaba convertirse en hoguera. 

    El beso se volvía húmedo y caliente mientras sus manos luchaban por no acariciarse más. A Seher el vientre se le derretía de deseo y Yaman no podía estar más tenso pero tuvieron que pausar el beso para respirar y mirarse desbordando amor. 



    FIN DEL CAPITULO 205. 

    GRACIAS "SEHYAM POR EL MUNDO"



lunes, 14 de junio de 2021

Seh///Yam... (Emanet capítulo 201)



La condena ha llegado y no por merecida ha dolido menos. 

    Tuve que elegir entre dos inocentes y entiende que tú eras la más fuerte de los dos. Tan fuerte que fuiste capaz de amar a una insensible roca, a un árido desierto, a un campo yermo... tan fuerte como para amarme a mí. Volví a traicionar tu mirada confiada y tus tímidas caricias. Le di la espalda al reflejo de tu alma en el espejo de nuestra habitación y a esos abrazos nuevos que me regalabas cada vez más a menudo. Justo cuando me gané el calor de tus brazos me vi obligado a devolverte los míos helados... 

    Me has encarcelado junto a mis mentiras, mi falta de confianza y este amor que nunca puede ser y sigo esposado aunque ninguna banda de hierro rodea mis muñecas. Nada como tu mirada al volver a casa para dejarme inmóvil, mi amor; nada como tu rostro de cera para hacerme sentir atrapado más allá de esposas y barrotes. Por un segundo... al verte creí que todo había sido una pesadilla. La ilusión duró lo que tarda en caer una gota de arena de nuestro reloj infinito... y por eso me he dejado detener. Si tan solo la condena no implicara no volver a verte... porque ese será el verdadero castigo: tu ausencia. 

     No es la primera vez que estoy tras las rejas pero juraría que estos barrotes son diferentes, hechos de la sal de tus lágrimas y por ello más resistentes. Capaces de encarcelar un corazón roto en cadena perpetua, para siempre. Porque aunque roto, sigue latiendo desafinado por ti. Si pudiera ponerme el tensiómetro de Adalet creo que marcaría 201 pulsaciones... y bajando. Porque desde que han cerrado la puerta de la celda oigo el tic tac de una cuenta atrás que acabará extrañamente en un 7 de septiembre... justo en el momento en el que te vi por primera vez. 

    Sólo pido que no mengüe más allá, porque más allá no hay nada. Sólo el Yaman Kirimli de antes de conocerte...

    


jueves, 10 de junio de 2021

Luchar contra el destino. (Emanet cap. 199) REME, SOMOS ÁGUILAS.

    


     Yaman y Seher se miraban a través de la terraza pero sentían que la distancia que los separaba era de varios océanos. ¿Cómo era posible que el destino volviera a querer separarlos? ¿No habían luchado y vencido lo suficiente? ¿Hasta cuándo debían poner a prueba su amor? 

    Yaman no soportaba tanto dolor en los ojos verdes de la mujer que amaba más que a sí mismo. Cada lágrima de ella lo desgarraba por dentro, más que cualquier cuchillo o bala, y empezaba a temer que su mujer acabara volviéndose de sal entre sus manos.     

    Odió su propio reflejo en el brillo de sus ojos, una sombra oscura que por cada momento de felicidad le traía mil heridas. Ese era él, engañándose pensando que podía hacerla feliz, cuando la maldición que parecía arrastrar los condenaba a ambos una y otra vez. Y ahora ya no había enemigo ajeno al que culpar o contra el que luchar. El daño, el dolor, venía de un corazón bueno que los amaba y al que amaban. ¿Cómo condenar a un inocente? ¿Cómo culpar a quien ha matado creyendo que salvaba? Pero la realidad era la que era. 

    Yaman siguió mirando a Seher, muriéndose sin ella a pesar de tenerla delante. Echándola de menos en aquella maldita distancia que se abría entre ellos. Con la sangre de tu hermana en las manos de mi hermano... ¿Cómo puedo pretender amarte?, le preguntó desde sus ojos salvajes. 

    Seher lo miraba pero no lo veía. Tenía delante multitud de imágenes de los últimos seis meses atormentándola. Ocasiones en las que él le había arrancado una pieza de su corazón hasta juntar todas en un puzzle de amor imposible. Aquel puzzle latiente era de Yaman Kirimli y lo había ganado luchando por ella, dando su vida por ella y hasta pidiendo perdón por ella. Por eso lo amaba y por eso se negaba a rendirse. Pero volvían de nuevo a agitar el suelo bajo sus pies y, si él seguía a esa distancia, no podría agarrarse a él. Dime que esto también lo superaremos, le pidió con miedo silencioso. 

    Y ese miedo silencioso les acompañó el resto del día hasta que, una vez caída la noche, se hallaron sentados en la misma cama pero de espaldas. ¿Y si hablaban? ¿Y si las palabras los separaban más, por no encontrar las adecuadas? Y prefirieron callar y mirarse, porque así, en la ausencia de sus voces siempre se lo habían dicho todo. Seis meses callando te odios, seis meses callando sus nombres y seis meses callando te quieros... 

    ¿Y el deseo? El deseo del uno por el otro no se lo habían podido callar. Se les había escapado en suspiros y gritos, en roces casuales y abrazos medidos. Y ya no pudieron más. Pensar que un abrazo fuera el último los dejó tan agotados que sus manos se buscaron por encima de la cama. Se llamaron la mirada salvaje de él y la serena de ella para mezclarse, temiendo siempre no tener suficiente tiempo. Se acercaron y se abrazaron, se besaron como siempre habían soñado y se desnudaron con la prisa de los que temen no tener nunca suficiente. Yaman la cubrió con su cuerpo ardiente y ella lo templó abriéndose a él. Se vertieron todos los besos imaginados, se arañaron todas las caricias escondidas y lamieron amorosos la piel que se habían prohibido. El placer fue ganando la batalla a la cordura hasta que locos de amor se dejaron ir abrazados. Sus corazones batían en un único latido mientras bajo las sábanas robaban segundos a todos los relojes de la casa... 

    

    

viernes, 4 de junio de 2021

SilHal. (Capítulo 34 Último capítulo)


    

"Conseguí que esa pavisosa de Sila se quemara con el horno, pero luego la trampa con la víbora salió mal y fue Halil el que resultó herido... en vez de ella... Ahora no sé si habrán logrado hacer salir a Halil de la casita y prenderle fuego con esa usurpadora dentro... si fallan... tendré que pensar que él me ha traicionado..."

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    Sila era muy consciente de cuando amanecía sola. Normalmente, antes de dejar del todo el mundo de los sueños, lo sentía a su lado y era cuando Sila despertaba del todo, pero esa mañana no fue así. Se levantó, se asomó al pequeño saloncito y lo vio tomando café sentado en el sofá. Se acercó, mientras él giraba la cara para observarla, y se acomodó en su regazo robándole la taza de café. 

    - No habrás pasado la noche en vela ¿verdad, Halil Bey? - preguntó Sila tomando un sorbo. 

    - Acabo de levantarme – mintió sin problema – Ya hay cobertura, vienen de asistencia a mirar mi coche. Podremos ir  casa a ducharnos, desayunar y cambiarnos tranquilamente, porque hasta medio día no nos esperan en el set. He hablado con Serkan y esta tarde tenemos escenas en el set 1, luego bajamos al 2 (comisaría) y creo que algo de exteriores - mientras hablaba sus brazos la habían rodeado para sostenerla. 

    - Tamam ¿Había café escondido por algún lado? - dijo Sila devolviéndole la taza. 

    - Evet, debajo de la cocina – Halil escondió la cara en el cuello de Sila para escuchar la reprimenda que veía en sus ojos. 

    - Estás serio, cariño. Ayer ya te lo noté y hoy te levantas igual ¿qué ocurre? - quiso saber Sila tomándolo de la barbilla como solía hacer él con ella. 

    - Es sólo que no me gustan tantos cambios de set, además grabamos por separado... - dijo Halil frunciendo el ceño.

    - Pero al final del día, nos vamos juntos a casa... - susurró Sila acariciando con su nariz la de él. Quería verlo sonreír y con ese gesto lo consiguió. 

    - Anda, vamos a recoger y salgamos a recibir al mecánico - propuso él, después de un breve beso en sus labios. 

    Justo cuando iban a salir de la casa escucharon un estruendo en el límite del bosque. Halil sabía lo que era pero no quiso asustar a su novia. Su primer pensamiento fue dejar dentro de la casita a Sila e ir a investigar, pero un presentimiento hizo que la tomara de la mano fuertemente. 

    – Vámonos, no te separes de mi. 

    – Qué peliculero estás últimamente... – se quejó Sila. 

    Halil hizo pasar a Sila delante suyo para subir las escaleras, no quería que ella fuera un objetivo fácil. Acercándose ya al coche suspiró de alivio al ver llegar a los de asistencia, sin embargo no estuvo tranquilo del todo hasta que no pasó media hora y pudo arrancar para ir a casa.

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    Cuando Sila y Halil llegaron al set aquella tarde, tuvieron que censurar ellos mismos el caminar dados de la mano, algo a lo que se habían acostumbrado y que echaban de menos cuando no lo hacían. Al llegar a la caravana de caracterización Halil dijo a Sila que fuera pasando ella, porque él debía buscar a Serkan por una duda con la escena del balcón pero que volvía en seguida. Cuando encontró a su director lo llevó a parte para poder comentarle lo del cable del coche y el disparo en el linde del bosque. 

    – Halil deberías ir a la policía. Esto ya se ha pasado de la raya. Del horno y de la serpiente no hay pruebas para demostrar nada, pero un cable cortado se puede probar que no se ha soltado... 

    – ¿Y el disparo? La policía se reirá, Serkan. Pero tienes razón, la suma de todo quizás haga que se abra una investigación. Esta noche en casa le explicaré todo a Sila y tomaremos una decisión también con respecto al rodaje. No sé qué dirá Nazmiye... 

    – Vuestra seguridad será lo primero para ella, Halil. Eso seguro – comentó Serkan. 

    – Hablando de seguridad... en la escena en la que avanzo hacia Sila y la acorralo contra la balaustrada... sé que ella estará atada con un arnés pero quiero estar yo al otro extremo. 

    – Atada a la propia balaustrada estará segura... – adujo el director.  

    – La quiero atada a mí, Serkan. 

    – Como tú digas Halil, te entiendo... si fuera mi mujer... también tomaría todas las precauciones. 

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    Una vez todos preparados en la puerta y vestíbulo de la mansión, Sila grabó la escena de despedida del personal de la casa y avanzó con su pequeña maleta hacia la salida. La cámara grabó el momento en el que Yaman y Yusuf vuelven y a continuación aparecen los integrantes de la unidad 2 (comisaría) para detener a Yaman. 

    – ¿Cómo te has aprendido el truco de los gemelos? A mí no hay manera de que me salga – bromeó Melih con su amigo, jugando con las esposas. 

    – Seguro que también sabe abrir puertas... – añadió Sila con cara de inocente recibiendo una mirada de aviso de su novio – está hecho todo un Houdini.

    – Sí, al parecer Halil sabe salir bien librado de todas las situaciones difíciles ¿no? – intervino "ojos tristes" burlón. 

    Halil oyó aquel comentario y se giró a mirar fijamente a Derya (Firat). 

    – Evet, preparar el papel de Yaman me ha enseñado varios trucos Derya, sin contar lo de dar en el blanco a 50 metros de distancia con el arco – ¿captas la amenaza o te lo he de dejar más claro?, pensó Halil. 

    – Ten cuidado no se te vayan a pegar los defectos de tu personaje – advirtió Derya. 

    – No tiene. Todo lo que hace es movido por el amor a su familia y en eso Yaman y yo somos idénticos, Derya. Idénticos. 

    – Bien, vamos a grabar – intervino Serkan. 

    Los miembros del elenco de la mansión y los de la comisaría se unieron para grabar la detención de Yaman y trasladarse luego al sótano para el interrogatorio. Mientras, arriba, Sila aprovechó para comer algo con Zeynep (Neslihan) y la novia de Osman, que volvía a visitar el set. A alguien le habría encantado envenenar el bocadillo de Sila pero no tuvo ocasión de hacerlo sin despertar sospechas. En otra ocasión sería. 

    Cuando acabó la escena en comisaría, Halil subió los escalones de dos en dos esperando ver a Sila en el set 1. Entró en la cocina pero allí sólo estaban los del catering por lo que se dio la vuelta cruzándose con Osman (Selim). 

    – ¿Has visto a Sila? – le preguntó. 

    – Sí, está fuera con Selen y "Sopas" que han llegado hace un rato – respondió Osman refiriéndose a su novia y su mascota. 

    Halil salió al jardín delantero seguido de su compañero y se acercaron a sus mujeres buscando algo también para comer. Se sentaron en las sillas libres y mientras Osman y Selen comentaban el éxito en redes de su mascota, Halil cruzó los brazos sobre el pecho para poder acariciar a Sila disimuladamente. No la miró, pero intuyó su sonrisa, y con eso se debería conformar hasta tenerla para él sólo por la noche en casa. 

    Su caricia hizo que se le erizara la piel y Sila se vio obligada a reprimir las ganas de girarse, tomarlo por su fuerte cuello y estamparle un húmedo beso en los labios. Estar enamorados, desearse pero tener que disimular era a la vez frustrante y excitante. Los roces multiplicaban las sensaciones y eso no hacía más que aumentar las ganas de llegar a casa y tenerse el uno para el otro sin censuras ni miradas... 

    – Muy bien, Sila y Halil iros a la habitación – gritó Serkan apareciendo en el patio. 

    Los dos protagonistas se miraron divertidos, disimulando la risa y es que sospechaban que Serkan usaba las palabras exactas para avergonzarlos cada vez que les daba órdenes. Se levantaron despidiéndose de Osman y Selen y subieron hacia la planta de arriba. Al entrar al despacho, Halil vio el arnés sobre el sofá amarillo y fue a tomarlo e inspeccionarlo. Sila se le acercó. 

    – ¿Con eso me van a atar a la balaustrada? – preguntó ella. 

    – Hayir, con esto te van a atar a mi – corrigió Halil pasando la cuerda por sus manos, una y otra vez.

    – Y ¿ese cambio? – preguntó Sila.

    Halil suspiró y miró a su chica. 

    – Esta noche en casa te cuento ¿tamam?

    – Sí, Halil, esta noche me cuentas TODO porque tu actitud obsesiva empieza a cansarme – dijo Sila dándose la vuelta y yendo hacia Serkan a mirar el encuadre que estaba buscando. 

    Halil cerró los ojos tratando de amortiguar el disgusto de Sila, rezando a su vez para que ella entendiera que no quería asustarla con sospechas infundadas y que por eso había esperado. 

    La escena dio comienzo y Halil avanzó hacia Sila acorralándola y sacándola de la habitación pasando al balcón. Allí Serkan detuvo la grabación para que colocaran el arnés a Sila y luego lo pasaran por la cintura de Halil, quedando disimulado bajo la ropa y gracias a los estudiados encuadres. Oyeron a su director gritar "acción" y el forcejeo dio comienzo, mientras Sila se sentía segura atada y sujetada por Halil, él interpretó el odio de Yama mezclado con su propia preocupación. En el momento que pareció que Seher iba a caer, los dos actores siguieron la escena. Sila no tenía frases y Halil pronunció las suyas de amenazas. Fue cuando Halil incorporó a Sila y oyeron "corten" que ella explicó que el resbalón no había sido fingido. Los tacones de sus zapatos se habían roto y el arnés se había tensado. 



    Halil miró horrorizado a Serkan, que se apresuró a enviar al resto del equipo a la escena siguiente en la que participaban Melih y Deriah. Ali y Firat rescataban a Seher, que había sido encerrada por Yaman, y acababan llevándola a buscar a Yusuf. Luego Seher pasaba la noche en casa del comisario. 

    – Halil ¿qué ocurre? Y no me digas que me lo cuentas en casa – exigió Sila al ver a Halil con sus zapatos en la mano – ¿Halil? 

    Su novio estaba blanco. Más pálido de lo habitual, porque sólo de pensar en ella en el balcón con esos zapatos manipulados el miedo le había inundado el pecho. Pero Sila no sabía el motivo del mutismo de Halil. 

    – Sila tus zapatos no se han roto por casualidad, el coche de Halil tampoco falló por casualidad. Pensamos que tu quemadura con el horno y la aparición de la serpiente fueron algo premeditado. 

    – Y el disparo de esta mañana... – murmuró Halil mirando a Sila y queriendo abrazarla. 

    – ¿El disparo? – preguntó ella dando un paso hacia atrás y levantando las manos para impedir que Halil la abrazara. 

    – Cuando salíamos de la casa del bosque... lo que sonó fue un disparo, cariño – quería abrazarla pero ella lo miraba cada vez menos confusa y más enfadada. 

    – Bir dakika (un minuto), ¿por eso querías que fuera a vivir contigo? – le preguntó Sila. 

    – No, o sea, sí. Quiero decir... sospechar que estabas en peligro hizo que volviera a insistir para que te decidieras. 

    Serkan supo en ese momento que debía dejarlos a solas y huyó hacia la puerta. 

    – Me has estado vigilando estos dos últimos días... Has estado preocupado por esto...

    – Evet. No quería asustarte si luego resultaba que no había nada siniestro tras los accidentes pero...

    – Pero... decidiste tú solo, Halil. En cuanto tuviste la más mínima sospecha debías haber hablado conmigo – le reprochó Sila – ahora entiendo que defendieras a Gulderen, ciertamente no tiene pinta de asesina psicópata ¿no? 

    – Esta noche en casa pensaba... – no acabó la frase. 

    – Hayir. Esta noche en casa ya no hará falta que hablemos. 

    – ¿Qué quieres decir? Debemos hablar y contárselo a la policía y a Nazmiye. Y tomar decisiones...

    – Gracias por incluirme finalmente en algo que me incumbe, Halil – Sila no camufló la ironía. 

    – Cariño, no te lo tomes así yo sólo quería...

    – Mi madre no crió a dos mujeres indefensas, Halil. Crió a dos leonas. A dos guerreras capaces de tomar sus propias decisiones y defenderse – lo miró con sus ojos ardiendo de fuego verde – Y ahora, voy a grabar las 3 escenas que me quedan con Melih y Derya. Déjame pasar por favor. 

    La calmada voz de Sila se le clavó como un cuchillo a Halil, que se apartó para cederle el paso pero que echó a caminar luego tras ella. Derya y Melih lo miraron extrañados al verlo casi correr tras Sila y más cuando ella se giró y lo fulminó con sus ojos de jade. 

    – Ahora mismo sólo quiero acabar el rodaje de hoy y... respirar. 

    Halil la miró impotente y giró para bajar las escaleras hasta el set número 1. Había metido la pata, reconoció tardíamente. Le había podido el amor hacia ella y dejó de lado la confianza. Esperaba poder disculparse esa noche en casa y que ella lo perdonara. 

    Serkan le avisó que grabarían una escena más en el set 3 (casa de Alí) y daría por finalizado el día de rodaje, por los que Halil decidió ir en su coche con Oguz hacia allí. Después de aquella escena Sila y él podrían volver a casa directamente y hablar tranquilos. Eso esperaba. 

    Estaba apoyado en el capó de su coche cuando vio llegar a Sila, Melih y "ojos tristes" para la última escena del día, pero sus ojos sólo la acariciaron a ella. Esperaba que Sila leyera su arrepentimiento pero no supo interpretar el verde de su mirada. 



       A Sila se le atragantó un poco tener que grabar la escena del sofá con "Gul", hablando como si fueran buenas amigas,  por lo que deseó que aquella fea verruga se le pegara un poquito más a la cara. La había visto mirando a Halil justo cuando ella llegaba al set y no había podido evitar sentir otra vez celos de ella. Podía estar un poco resentida con él pero Halil era suyo. Así como ella era de él, reconoció. Aquella noche hablarían, dejarían claro que la confianza debía estar por delante de miedos y celos y afianzarían aun más su amor. 

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    Minutos más tarde, Serkan gritó "acción" y Seher salió a enfrentarse a un Yaman enfurecido, que llegaba buscando a su sobrino y exigiendo que se lo entregaran, a lo que Seher respondía que la ley estaba de su parte. Algo que quedaba claro cuando llegaba Alí para apoyarla. La escena quedó perfecta para el director que dio por finalizadas las tomas del día y animó especialmente a sus protagonistas a irse a casa a descansar. 

    Halil no perdió de vista a Sila durante todo el rato que estuvieron en el set 3 y respiró tranquilo por fin cuando la vio avanzando hacia él. Subieron al coche y el silencio se extendió entre ellos pero no se trató de un silencio incómodo si no de uno de complicidad. Sila quiso poner música y al escuchar a Halil cantando acompañado sólo de su piano, lo miró extrañada. 

    – Me conozco de memoria todas tus canciones Halil Bey pero esta no la he escuchado. 

    – Es sólo una maqueta, sigo haciendo cambios y está inacabada – dijo él tímido. 

    – La música es preciosa y... ¡oh Dios mío! – susurró Sila al prestar atención a la letra... "nunca es suficiente", repetían los estribillos. 

    Esa canción era su historia de amor hecha melodía. Una historia imperfecta, con malos entendidos, celos, distancia y pasión. Mucha pasión. 

    Estaban a punto de entrar al aparcamiento cuando Sila preguntó en voz baja. 

    – ¿Cómo se titula? Podría llamarse "Nosotros" ¿verdad?

    – Se llama "La canción de Sila" – respondió él con voz enronquecida de una emoción que ser reflejó en ella. 

    Después de aparcar, caminaron lentamente hacia el ascensor. No se tocaban pero se miraban prometiéndose caricias al llegar a casa. Al entrar en la cabina, Sila se fue hacia el fondo y Halil se giró para quedar delante de ella, pero mirando las puertas plateadas. Exactamente como en Karamel, aquel día. 

    – Te repasé de arriba a abajo y justo cuando quise ver tu cara se abrieron las puertas y saliste casi corriendo hacia el despacho de Naz – murmuró Sila. 

    – Huí de tu perfume. En lo que duró el trayecto del ascensor hasta la planta octava ya me di cuenta de que estaba perdido – dijo Halil sin volverse. 

    Los dos se oyeron suspirar y, cuando se abrieron las puertas en el ático, Halil salió y se giró hacia ella para ofrecerle su mano. Sila le sonrió y la aceptó para caminar juntos hasta uno de los sofás donde se sentaron un poco separados para hablar y evitar más fronteras entre ellos. 

    – Lo siento, Sila. Jamás volveré a ocultarte nada. Mi única excusa es mi amor por ti – Halil habló con el corazón reflejando el azabache de sus ojos. 

    – Lo sé. Es curioso cómo amar nos hace equivocarnos... pero también perdonarnos – añadió Sila acercándose para  tomar la cara de él entre sus manos. 

    Halil la aferró por la cintura y la subió a su regazo para poder abrazarla contra su pecho. Se quedaron  unos latidos abrazados mirando las estrellas de Estambul que siempre los cobijaban. 

    – ¿Mañana iremos a la policía? – quiso saber Halil. 

    – Mañana – estuvo de acuerdo Sila – pero "el ahora" es para nosotros. Que el mundo se quede tras esos cristales esperando la salida del sol. Yo me quedo en la noche de tus ojos. 

    Sus miradas se acariciaron y se volvieron besos infinitos. Compartieron suspiros de piel caliente y unión perfecta y, cuando volvieron de tocar las estrellas en el cuerpo del otro, los dos susurraron lo mismo. 

    "Te quiero, para siempre"


    Y HASTA AQUÍ LLEGA LA PRIMERA TEMPORADA DE SILHAL. AHORA MISMO NO SÉ SI VOLVERÁN NI CUANDO LO HARÁN. DEPENDE DE MUCHOS TEMAS PERSONALES. OS DOY LAS GRACIAS POR REGALAR A ESTA HISTORIA CASI 12.000 VISITAS Y POR VUESTROS MENSAJES DE CARIÑO AQUÍ Y EN LOS MUNDOS DE TWITTER E INSTAGRAM. YO VOY A CENTRARME EN ACABAR LA NOVELA BARCELONA-ESTAMBUL Y OS INVITO A VIAJAR CON LA PROTAGONISTA A SU HISTORIA DE AMOR. UN AMOR DE LEYENDA. ISA. 

    

    


    

martes, 1 de junio de 2021

SilHal. (Capítulo 33)


    

Sila notaba bajo la palma de la mano los fuertes latidos del corazón de Halil esperando su respuesta. También el brillo de sus ojos negros descansaba en sus labios, pendiente de su sí o su no. Recordó las palabras de Halil cuando le había pedido que viviera con él la primera vez, amanecer y anochecer juntos, y comprendió que eso era lo que llevaba soñando desde que escuchó su voz siete años atrás. 

    – Evet – susurró Sila sonriendo al hombre que la tomaba por la barbilla con tanta delicadeza, si bien sus brazos, la seguían sosteniendo de forma posesiva. 

    Halil cerró los ojos aliviado y buscó su boca para sellar en ella una promesa silenciosa de protegerla. 

    – Todo irá bien – juró Halil con voz grave. 

    – Claro que sí, siempre y cuando no te enfades cuando Lilah se suba a la cama a dormir entre nosotros... – bromeó Sila. 

    Notaba a Halil inquieto, como un león a la espera de descubrir dónde está la amenaza, y no lo entendía pues su padre ya conocía su relación y se había marchado resignado. Tampoco había peligro de que Nazmiye tomara represalias contra ellos por estar juntos, lo había dejado muy claro. Así pues, ¿qué temía Halil? 

    – Mañana debemos volver a Beyoglu para las tomas de noche, pero durante el día te acompañaré a tu piso para que recojas lo más necesario y lo traigas a casa ¿tamam? – la besó y siguió – Y ahora, será mejor que durmamos. 

    Halil se estiró sin dejar de abrazarla y Sila se acomodó entre sus brazos. Las caricias de él en su espalda la arrullaron hasta que no pudo mantener más los ojos abiertos y se adentró en un sueño de amor que la arropó hasta el amanecer. 



    Sila despertó y no lo encontró a su lado. Cuando se sentó en la cama oyó ruido en la cocina y, alegre, se levantó para ir al armario. Tomó prestada una camiseta amarilla de Halil, se la puso y bajó las escaleras para ir a dar un beso de buenos días a su atractivo compañero de piso.

    - ¡Kahretsin! - lo oyó maldecir Sila al llegar a la cocina. Hablaba por teléfono y se revolvía el pelo frustrado, por lo que se subió a un taburete a esperar a que él colgara y le explicara qué sucedía. 

    Halil se giró y, al verla, la miró como si las noticias recibidas lo hubieran desesperado. 

    - De acuerdo, Serkan, ahora hablaré con Sila, gracias por llamar - se despidió Halil.

    - ¿Qué ocurre? - quiso saber Sila, preocupada. 

    Halil se guardó el móvil en el bolsillo de los vaqueros y, en vez de acercarse a Sila, dio un par de pasos hacia atrás hasta apoyarse en la encimera de la cocina. Si se acercaba a ella y, además, viéndola sólo con su camiseta, no resistiría meterse entre sus piernas y olvidar las sombras que los acechaban. 

    - El RTÜK ha llamado a Karamel y Nazmiye ha llamado a Serkan. Nuestra productora no quiso llamarme directamente en consideración a mi viperino accidente, pero ha pedido a Serkan que haga de mensajero. 

    - Halil no entiendo nada. ¿Por qué llegaría un aviso del RTÜK? En Emanet no hay sexo, no hay bebidas alcohólicas, la sangre la difuminan... - comentó una confusa Sila.

    - Al parecer, nuestro estimado Consejo Supremo de Radio y Televisión (RTÜK) se ha pasado el verano muy enfadado con varias producciones como "Sen Çal Kapimi" y otras por vulnerar la moral. Y además, consideran que Kerem y Hande se han mostrado demasiado cariñosos en redes. No quieren más cosas como esa. El día del ataque de la víbora alguien grabó la escena, Sila. Tú te habías quitado la chaqueta, me tenías abrazado en tu regazo y alguien muy conservador ha creído necesario avisar que los actores principales de Emanet "mantienen una relación y no la ocultan a su compañero menor de edad".

    - ¿¿¿Neeee??? ¿Me estás diciendo que después de superar nuestros propios miedos y las reticencias de tu padre, ahora debemos seguir ocultándonos por la censura? ¿Y dicen que somos inmorales ante Berat?  - Sila quería gritar de la furia y la impotencia que sentía, luego añadió - Esto ha salido de la víbora de Gulderen.

    -  Cariño... - empezó Halil sin querer explicar a Sila que, no sólo había un traidor en el set, si no que además  alguien había tratado de herirla dos veces. Podían no ser la misma persona. 

    - ¡Halil Ibrahim Ceyhan, no te atrevas a defenderla! - lo amenazó señalándolo con el dedo - Está enamorada de ti y lo último que le apetece es vernos felices dentro y fuera del set. 

    - No creo que haya sido Gul - dijo Halil en voz baja pensando más en el tema horno y serpiente que en la pataleta de la modelo. 

    - Se me ha quitado el hambre - espetó Sila bajándose del taburete y haciendo el amago de volver al piso de arriba. No pudo dar ni dos pasos porque Halil la atrapó y la atrajo contra su pecho desnudo para abrazarla desde atrás.     

    - Sila... no tenemos pruebas. Cuando las tengamos, tomaremos las medidas necesarias contra esa persona ¿tamam? - musitó Halil contra el cuello de vanilimón de ella. 

    - Uhum... - suspiró Sila. Halil jugaba sucio. Sus manos ya se estaban colando bajo la camiseta y a ella empezaban a temblarle las piernas. 

    - ¿Vamos a desayunar? - preguntó Halil lamiendo su piel. 

    - ¿Vamos al sofá? - respondió Sila moviéndose contra él buscándolo... 


    La mañana se convirtió en tarde después de sexo, maletas, mini mudanza y comida en casa de los padres de Sila. Para cuando llegaron a Beyoglu faltaban dos horas escasas para el anochecer. Sila y Halil bajaron al jardín de la casita de madera guardando las distancias y mirando alrededor desconfiados. Era una verdadera pena no poder estar cómodos entre sus compañeros por culpa de una persona resentida con la vida. Sila entró en la casa para hablar con Meral (la madre de Berat) y con su pequeño compañero de rodaje, al mismo tiempo,  Halil se acercó a Serkan para mantener una pequeña charla mientras los compañeros preparaban la hoguera de una de las escenas. Primero grabarían las que intervenía Berat, para que éste pudiera irse a casa temprano y luego sólo las que aparecían Halil y Sila. 

    – ¿Sabemos cuántas personas estaban en la mansión el día que Sila se quemó? – preguntó Halil a su director. 

    – Todo el elenco principal más el set de la comisaría, Halil. Las dos unidades principales suman más de 100 personas entre actores y equipo técnico. Ese día, yo mismo pregunté si alguien había visto algo...  y no obtuve respuesta clara. 

    – ¿Y el otro día en el bosque? Dejando de lado a Sila, Berat y a mí mismo, los demás eran equipo de exteriores. ¿Nadie vio a algún extraño con una bolsa o donde diablos transportara la víbora? – se exasperó Halil viendo negar a Serkan. 

    – Supongo que tampoco hay ninguna pista de quién ha llamado al RTÜK para calumniarnos... Joder Serkan ¿quieren que me aleje de ella justo cuando está en peligro? 

    – Lo siento, amigo. Seguiremos con los ojos abiertos, de momento ya he visto más guardias de seguridad entre las caravanas y todo el mundo ha de llevar la identificación de Karamel. 

    – Tamam, ahí llegan Sila y Berat ¿con qué empezamos?

    – Te toca sorprenderla y encañonarla, luego ellos duermen y tú vigilas, llega la policía... y sintiéndolo mucho, volvéis al bosque para la escena de la hoguera. Nos va a tocar trasnochar, Halil.

    – Mientras no hayan más sorpresas... – deseó el actor. 


    – Halil Abi ¿estás bien? – preguntó Berat siendo alzado por Halil. 

    – Claro, Berat ¿vamos a grabar? – le sonrió su compañero.



   Después de que Serkan gritara acción, Berat y Sila se hicieron los dormidos bajo las ramas que hacían de improvisado refugio a la vez que Halil avivaba el fuego. Luego Sila se acercaba a Halil y sus personajes mantenían un tenso diálogo sobre el futuro de Yusuf tras huir de servicios sociales. Después de acabar la última escena con Berat, el pequeño se despidió con un abrazo de sus dos compañeros favoritos y se fue con su madre. A Halil y Sila todavía les quedaba la escena en la que Yaman la encierra en la casita y él se pasea furioso por el jardín. Tras dar Serkan el ok a la escena desde detrás de su pantalla, todos se pusieron a recoger mientras Sila y Halil se cambiaban y desmaquillaban. El set de exteriores fue desapareciendo y cuando Halil y Sila salieron de la caravana ya a penas quedaban compañeros. Halil tomó de la mano a Sila, a pesar de la mirada de ella, para ir hacia el coche, tenía prisa por dejar aquel maldito escenario con su odioso bosque. Sólo quería llegar a casa, hogar ahora de los dos, y relajarse con su novia. 

    El coche no arrancaba. Halil volvió a apretar el botón de encendido pero su mercedes se negó a encenderse. Miró a Sila sin querer alertarla y bajó del coche para ir a levantar el capó. No sólo le apasionaban los coches por su carrocería y velocidad, también era aficionado a su mecánica por lo que encendió la linterna de su móvil y echó un vistazo. ¿Un cable suelto?, pensó. Joder, no estaba suelto, estaba cortado, maldijo para sí. 

    Le dijo a Sila que esperara en el coche, que bajaba al set a ver si quedaba alguien que los acercara a casa pero cuando llegó al final de las escaleras, las luces de dentro y fuera de la casita de madera se apagaron de golpe. El corazón se le puso a mil por hora. A penas veía las escaleras para volver a subirlas de dos en dos y llegar al coche y a Sila. La había dejado sola. 

    Sila se estaba peleando con su móvil, moviéndolo arriba y abajo tratando de encontrar la cobertura que perdían en cuanto llegaban a Beyoglu. Nada. Ni datos ni, por supuesto, internet. Offf. Salió del coche y miró hacia la carretera viendo como se alejaba la última caravana de la unidad de exteriores. Genial, esperaba que Halil hubiera encontrado a alguien. Miró otra vez su móvil esperanzada de que hubiera un rayito de cobertura cuando a su alrededor todo quedó a oscuras. No era asustadiza, después de todo era una chica de Izmir y sus padres las habían educado como guerreras, pero no pudo evitar que su corazón se acelerara al no ver prácticamente nada ni ver a Halil por ningún lado. 

    Casi le dio un ataque cuando Halil apareció corriendo a su lado y la abrazó como si hubiera temido perderla. 

    – Cariño ¿qué ha pasado? No tengo cobertura ...  ni aire en los pulmones, Halil, Halil, afloja... – Sila lo miró alarmada cuando él dejó de apretujarla  – ¿qué te pasa? 

    – Nada, mi amor, lo siento – se disculpó Halil por haberla asustado – creo que ha caído la red por un fallo eléctrico en alguna torre cercana. Mi móvil tampoco tiene cobertura y toda la zona está a oscuras, además el coche no arranca. 

    – Con suerte la hoguera de antes estará encendida y la chabola de ramas nos dará cobijo durante la noche... – trató de bromear Sila abrazando a Halil – ¿nos marcamos un SehYam esta noche? mañana pescas algo en el río... 

    – Cariño, prefiero comprobar si la puerta de la casita está abierta y dormir en una cama, ven, ¡Haydé! – la tomó de la mano, enfocó el camino con su móvil y bajaron las escaleras que llevaban a la casita. 

    A Halil todo aquello no le gustaba para nada. Lo de la torre eléctrica podía ser casualidad pero lo del cable de su coche no. Acercó más a Sila a su cuerpo y siguió bajando con cuidado. 

    Llegaron a la puerta logrando no tropezar con ninguno de los tiestos de flores y encontraron que la casita estaba cerrada. 

    – No llevarás puestos los gemelos de Yaman ¿verdad? Mira que son útiles... – dijo Sila. 

    – No cariño, pero llevo la navaja suiza de Halil, anda, aparta – Halil se agachó y manipuló varias veces la cerradura hasta oír el click que le permitió abrir la puerta. Se echó hacia atrás e hizo ademán a Sila de que entrara ella primero. 

    Una vez dentro, Sila fue directa a la pequeña nevera recordando que varios compañeros habían decidido dejar allí algunos refrescos. Si la luz tardaba en volver lo de dentro se echaría a perder. 

    – Al menos no moriremos de sed – Sila enseñó las bebidas a Halil. 

    – De hambre tampoco, el cuenco de nueces sigue lleno – le mostró Halil. 

    – Bien pues vamos a cenar, cariño – dijo Sila tratando de aligerar el ambiente. Halil no dejaba de mirar por las ventanas de reojo pero ella se había dado cuenta. Otra vez estaba en plan león pero en cuanto acabaran de "cenar" ella pensaba domesticarlo...

    Sila se metió en el baño tras la frugal cena. Se miró al espejo y se mordió los labios, luego se pellizcó las mejillas y se soltó el pelo agitando la cabeza. Nada de maquillaje, sólo un poco de su perfume, se dijo. Desabrochó dos botones más de la camisa rosa que llevaba y decidió que le sobraban los vaqueros. El suelo era de madera y notaba un poquito de fresco así que se dejó los calcetines blancos puestos para andar por la casita. 

    Cuando salió del baño, lo vio de pie mirando por el cristal de la puerta con un brazo apoyado en el marco. Otra vez vigilaba la noche. Ver su alto y fuerte cuerpo entre sombras la derritió por dentro y ser consciente de cómo se le ajustaba la camiseta y los vaqueros negros la hizo temblar de anticipación. Era cierto que sólo había hecho el amor con él pero Sila sabía que la pasión que sentía con Halil no la sentiría con nadie más. La admiración como adolescente se convirtió en atracción como mujer porque aquel hombre tenía algo a lo que todavía no le había logrado poner nombre ¿carisma?

    Se acercó a él y lo abrazó por la cintura hasta posar sus manos en su vientre duro. Sonrió con la cara apoyada en su ancha espalda mientras movía sutilmente los dedos. 

    – Sila... 

    – Olvida lo que he dicho antes de "marcarnos un SehYam"... ellos no pueden hacer lo que nosotros... así que me quedo con nuestro "SilHal"... – dijo Sila colando sus dedos bajo la camiseta de Halil para acariciar la piel sobre sus abdominales. 

    – Cariño, será mejor que te vayas a la cama – dijo él sin volverse. 

    Sila creyó haberlo oído mal. 

    – ¿Cómo? – preguntó en voz baja. 

    – Ve a dormir, yo me quedaré en el sofá – seguía sin mirarla.

    ¿La estaba rechazando? Debía ser eso porque el corazón se le hizo pequeñito en el pecho y un nudo impidió que dijera nada más. Retiró sus manos del cuerpo de Halil, se dio la vuelta y caminó lentamente hacia la única habitación de la casita. Sólo a través de leves sombras encontró una sábana que olía a limpio, se hizo un ovillo en el centro de la cama y se tapó. Dolía. Y no entenderlo redoblaba el dolor. Trató de atrapar el primer sollozo pero no lo logró. Cerró los ojos esperando que él no lo hubiera escuchado y el segundo gemido sí logró silenciarlo. 

    Halil movió la butaca para ponerla delante de la puerta, al menos si alguien quería entrar debería saltar primero. Tras comprobar que las ventanas estuvieran bien cerradas, se sentó en el sofá, apoyó los codos en las rodillas y se sujetó la cabeza cansado de darle vueltas a las mismas preguntas. Al final sólo quedaba una ¿por qué Sila? 

    Eso había sido un sollozo, se extrañó Halil. ¿Sila estaba soñando? ¿tendría una pesadilla?, se levantó y fue hacia la habitación con cuidado. La vio de espaldas en medio de la cama y se sentó en el borde. 

    – Cariño ¿estás bien? – susurró. 

    Otro gemido. 

    – Sila, bana bak... – le pidió poniendo su gran mano en el hombro de ella para girarla. 

    A penas se veía nada pero sí captó el brillo con reflejos verdes de las lágrimas de Sila. 

    – Yo sólo... sólo quería... – murmuró Sila avergonzada. 

    Al Halil le costó, pero al final entendió lo que había ocurrido. Se llamó imbécil mentalmente y luego acercó a Sila para abrazarla. 

    – Lo siento, lo siento, estaba preocupado y no... soy un idiota – la besó en la frente y le secó las lágrimas con los pulgares. 

    Le pasaba la mano por la espalda en una muda disculpa cuando reparó en varias cosas. La suavidad y el aroma de su pelo, el calor que desprendía su cuerpo contra el suyo, la desnudez de sus piernas y la respiración de ella rebotando en su propio cuello. No pudo controlarlo, la oleada de deseo que lo recorrió lo dejó sin aliento. Sila lo dejaba sin aliento. Puso una mano en su cadera desnuda y la movió en círculos al mismo tiempo que bajó la cara para buscar su boca y rozar sus labios. La situación de peligro, la adrenalina y el deseo se combinaron y el beso de Halil se volvió posesivo e intenso. Hundió su lengua en búsqueda de la de ella para lamerla y redimirse. 

    Sila le devolvió el beso igual de excitada, a veces empujando y a veces mordiendo los labios de él logrando pequeños rugidos. Sintió la mano de él colarse bajo la camisa para acariciarla arriba y abajo y su piel renació al tacto de él. Temblando se tumbó para esperarlo. Halil se sacó la camiseta en un sólo movimiento y ella vio oscilar los músculos de sus brazos haciéndosele la boca agua. Cuando él se tumbó a su lado ella giró para tenerlo de frente y acariciar la barba de su fuerte mandíbula. Se acercaron y volvieron a suspirarse besos mientras sus manos se tatuaban mil caricias. Necesitaban estar desnudos y se deshicieron de la ropa que les quedaba para poder regalarse calor y deseo. Con cada unión se aprendían para luego, al separarse, olvidar la lección. Era la manera de que cada vez fuera como la primera y por eso siempre sentían que se reencontraban tras haberse buscado. 

    Sila subió su pierna por la cadera de él para robarle más calor y Halil prendió fuego a sus senos con sus manos de pianista. Se acercaron más, tanto que consiguieron ser uno. Exhalaron gemidos de placer a medida que se movían uno en el otro y acabaron rugiendo el mismo éxtasis. Abrazados, despertaron del placer. 

    – Sila...

    – ¿Mmm?

    – Te quiero. No lo dudes nunca, lütfen

    – Sonsuza kadar (para siempre), Halil... 

    Para siempre, se repitió él mientras esperaba a que ella se durmiera para taparla y volver al sofá del comedor, a retar a la noche. 


    MAÑANA SILA Y HALIL DESCANSAN Y LA GUIONISTA LOCA TAMBIÉN. GRACIAS SIEMPRE POR VENIR CONMIGO... 😍

    

    




Emily y Harry Potter

  ¡Estrellita! ¿Qué relación guarda La elección de Emily con Harry Potter? Hay dos guiños en mi novela a Harry Potter y su creadora #jkrowli...