viernes, 30 de abril de 2021

SilHal. (Capítulo 12) Registro SaveCreative 2105087773750

 



    Sila y Halil lograron escapar de casa de sus padres y avanzar hacia el mercedes aparcado ante el edificio. Halil caminaba silencioso con la bolsa de los tuppers en la mano y mirando de reojo a su compañera, que mostraba un sonrojo alarmante. Él intentaba no sonreír de felicidad porque Sila debía sentirse avergonzada pero descubrir que ella era su fan desde hacía tantos años lo tenía en las nubes. A pesar de querer abrazarla, pedirle que lo perdonara y que le diera una oportunidad optó por respetar su espacio y esperar a que se le pasara la traición de sus sobrinos. 

    Al llegar al coche Halil sacó el mando del bolsillo de sus vaqueros y cuando iba hacia la puerta del conductor la oyó pedirle en voz muy baja:

    – Me gustaría conducir, por favor. 

    – Claro – respondió él yendo hacia la otra puerta. 

    Sila encontró en el coche una pequeña bandeja con dos vasos de café que él había traído pero, a pesar de no haber desayunado nada, el estómago se le había cerrado y no tenía nada de hambre. 

    – ¿Desayunamos ahora? Me muero por probar lo que nos ha puesto tu madre... – le propuso Halil con voz suave. 

    – Come tú – respondió ella con un nudo en la garganta y las manos en el volante. 

    – Sila... – empezó él.

    – Por favor, no digas nada – le pidió ella mirando al frente. 

    Halil tapó bien los cafés, puso la bolsa en el asiento trasero intentando no acercarse demasiado a ella y luego dijo dulcemente. 

    – Arranca cuando quieras. 

    Cuando llegaron al peaje donde los esperaba la unidad de exteriores los hicieron pasar a la caravana de caracterización. El pelo de Halil cambió del rebelde desenfado al ordenado engominado y su ropa informal dio paso al traje de chaqueta con camisa azul. A Sila le anudaron el pañuelo blanco y negro al cuello y la volvieron a vestir con falda. 

    Serkan se acercó a Halil mientras esperaban a Sila y no pudo evitar preguntarle:

    – ¿Cómo vas amigo?

    – Pues... algo que en principio debería ser bueno... creo que ha empeorado la situación – respondió él. 

    – Vaya, seguro que lo acabáis solucionando. Oye ¿qué comes? –  preguntó el director al ver a Halil con un tupper en la mano. 

    – Borek de queso, lo ha preparado la madre de Sila, está buenísimo – respondió el actor. 

    – ¿Ya conoces a su madre? Entonces no va tan mal la cosa... – Serkan cogió un trozo y se lo zampó de un bocado. 

    Sila salió de la caravana y a Halil el corazón se le volvió a acelerar. Lo notó batiendo en el pecho por ella y pensó que su corazón hacía días que ya no era suyo. Ella llevaba el pelo suelto y salvaje y a él le ardieron las manos de las ganas de acariciárselo.  Se prometió que su primer beso no sería el último y con esa promesa haciendo eco en su pecho esperó a que ella se acercara. 

    – Sila, tu madre es una genia, es el mejor borek que he probado – dijo Serkan. 

    – Gracias se lo diré – asintió ella. 

    – Bien, empezamos. Vosotros dos al coche, es la conversación tras salir de la comisaría. Yaman pregunta indirectamente por los hombres de la vida de Seher y le cambia la cara al saber que Firat sólo es su hermano de leche ¿tamam? ¡Hayde! – luego se giró y pidió la cámara que debía montarse después en el capó del coche. 

    El rodaje en carretera solía ser lento y aburrido por los cambios de tomas, por comprobar que el sonido fuera bueno, por las veces que Ayhan se colaba en el asiento trasero para grabarlos desde detrás... 

    Finalmente llegaron al lugar de la emboscada. El anciano aparecía ante el coche, Yaman pedía a Seher que esperara pues sospechaba que era una trampa y ella, obviamente, no le hacía caso y salía a auxiliar al anciano. 

    Cuando Serkan gritó "acción" Sila cruzó por delante de Halil interpretando recibir un balazo. Él la abrazó impidiendo que cayera y luego le sacó el pañuelo para taponar la supuesta herida. Sila todavía notaba la vergüenza pasada en su casa recorriéndola y lo último que quería era que él pensara que ella buscaba alargar los momentos íntimos. En cuanto dieron la toma por buena Sila se levantó demasiado rápido y se mareó buscando apoyo. Halil no dudó y la tomó por la cintura.

    – ¿Cariño estás bien? – preguntó Halil sin soltarla – ¿Sila? – insistió ante su falta de respuesta. 

    – Estoy bien, estoy bien, ha sido al levantarme de golpe – dijo ella soltándose al ver llegar a la técnica de efectos especiales. 

    Sila permitió que le colocaran la bolsa de sangre bajo el pañuelo sin mirar a Halil que no dejaba de observarla. ¿La había llamado cariño?, se preguntó enfadada. Halil Bey, no me confundas, por favor, no lo hagas, pidió mentalmente. 

    – Bien Sila, volvéis al suelo y Halil te levanta para llevarte al coche, os grabamos en el asiento y luego ya nos vemos en casa de Arif Baba. 

    Otra vez volvía a estar entre sus brazos con los ojos cerrados. Le llegaban de lejos las instrucciones que les iban dando pero ella sólo podía concentrarse en su olor, en su respiración y en sus latidos. Notó su mirada sobre ella cuando la dejó en el asiento pero enseguida volvieron a ser Yaman y Seher.  

    Cuando Halil aparcó fuera de la casa aprovechó que no había llegado nadie aun para girarse en el asiento y alcanzar la bolsa con los tuppers. Se la pasó a Sila pidiéndole:

    – Come algo, te has mareado porque llevas horas sin comer.

    – Ya comeré cuando llegue a casa, ahora tengo el estómago cerrado – dijo Sila mirando por la ventanilla. 

    Halil suspiró fuertemente, se inclinó hacia ella y tomó su barbilla entre sus fuertes dedos para que lo mirara. 

    – ¿Quién me plantó delante una sopa caliente el día que estuve con fiebre? Pues eso. O comes o no sales del coche. 

    Sila lo miró con tristeza de nuevo y a él el corazón se le descosió de pena. ¿Qué le ocurría? ¿Sus preciosos ojos verdes no brillaban por lo que sus sobrinos habían revelado? La vio abrir un tupper y comer varios pisis y un trozo de borek

    – Espera aquí – le pidió Halil de improviso saliendo del coche. 

    Ella siguió comiendo poco a poco y al cabo de unos minutos él volvió a entrar en el coche con dos latas de coca-cola. 

    – Toma – le dijo pasándole una. 

    Sila lo miró y esbozó una sonrisa de agradecimiento. Dentro de ella luchaba la Sila que no quería hacerse más ilusiones, la que se difuminó cuando él dijo que no había pasado nada, con la Sila eternamente enamorada de Halil Ibrahim Ceyhan. 

    Aquel pequeño picnic a base de comida casera y coca-cola supuso una tregua entre ellos por lo que bajaron del coche más relajados y esperaron a sus compañeros. 

    A Sila la emocionó grabar sus primeras escenas con uno de sus actores favoritos Ali Çakalöz (Arif Baba) por lo que de repente parecía una niña pequeña el día de año nuevo. Entre toma y toma tanto Sila como Halil aprovecharon para conocerlo mejor y el veterano actor les dio unos cuantos consejos (😏).

    Llegó la escena de la fiebre y Sila se concentró para interpretar unas creíbles convulsiones que debían acabar gracias al abrazo reticente de Yaman. El abrazo de Halil no sería para nada reticente, claro. Seher empezó a temblar y Yaman recordó la importancia de que no se le abriera la herida por lo que se sentó a su lado y acabó tomándola para abrazarla firmemente. Serkan no tenía pensado alargar ese abrazo pero hizo una señal imperceptible a Ayhan para que pospusiera el "corten" unos segundos más.     

    Sila con los ojos cerrados y Halil, interpretando a un Yaman desconcertado, supieron en ese momento lo que era que sus corazones se sincronizaran por lo que, cuando la escena finalizó, se miraron unos segundos con latidos en la mirada. 


    A todos se les había hecho tarde como solía pasar cuando grababan exteriores por lo que Halil y Sila vieron recoger kilómetros de cable, guardar cámaras, pantallas y micros en el camión y desaparecer ante sus ojos todo un set de rodaje. A Halil le recordaba bastante a un circo. En pocas horas se montaba todo un mundo de fantasía que luego, con la misma facilidad y rapidez, era desmontado hasta que el siguiente sueño diera comienzo. 

    – Adoro este mundo – dijo Sila en voz baja viendo arrancar uno de los camiones. 

    – Se te nota en la cara. Llegas al set y te iluminas de emoción - susurró Halil mirándola a ella. 

    Quizás es por saber que te voy a ver a ti también, pensó ella melancólica. 

    – Es mi manera de vivir varias vidas en una. Tú lo haces también pero en más ámbitos... – acabó Sila apagando su voz. 

    – Cierto. Crear se convierte en una necesidad y a veces nace en forma de notas, a veces en forma de palabras y a veces dando voz a personajes inventados – dijo Halil sintiéndose completamente comprendido por ella. 

    – ¿Nos vamos? – pidió Sila yendo hacia el mercedes negro. 


    A medio camino Halil tomó aire y trató de sacar la conversación que tenían pendiente desde que habían salido de casa de la madre de Sila. 

    – Sobre esta mañana... – empezó Halil sin apartar la vista de la carretera. 

    – Halil por favor... – le rogó Sila. 

    – Escúchame... – pidió Halil. 

    – No me lo hagas más difícil, sólo te estoy pidiendo eso – sollozó Sila. 

    Halil buscó donde poder parar el coche y salió de la carretera. Apagó el motor y se giró hacia ella controlándose para no abrazarla. 

    – Sila, mírame. 

    – ¿No vas a dejarlo pasar? ¿Quieres verme avergonzada del todo? Ya entendí que para ti el beso no significó nada. Tamam, no es mi hermana quien escucha tu música. Ella no se enamoró de ti la primera vez que te vio por televisión con apenas 14 años, ni tiene tu foto en su habitación. Ella ha ido a todos tus conciertos, sí pero por acompañarme a mí porque mis padres ni locos me hubieran dejado ir sola o con amigas. Me duermo cada noche escuchándote cantar el maldito kaybettim y el día que me dijeron que serías el co-protagonista de Emanet fue el día más feliz de mi vida. !¿Estás contento?¡ – acabó gritando y llorando Sila – ¡y ahora llévame a mi casa! – pidió Sila mirándolo finalmente. 

    Halil sintió tal nudo en la garganta que no pudo decir nada. Quiso borrar sus lágrimas pero antes de que sus dedos tocaran la mejilla de Sila, ésta se echó hacia atrás mirándolo con rencor. 

    Halil apartó la mano y se giró de nuevo para asir el volante. Entendió que había tenido una oportunidad y la había perdido. Negando aquel beso había negado todo lo que ella había sentido por él durante tantos años y la mirada que Sila acababa de clavarle acabó con su esperanza de redimirse ante ella. 

    Aparcó ante el edificio de Sila y al ver que ella se bajaba él también abrió la puerta para seguirla e intentar una vez más que ella escuchara sus disculpas. La tomó por el brazo y la giró con la intención de decirle que él también estaba enamorado de ella pero entonces alguien gritó:

    – Teyzeeeeeeeee.

    Anil, su marido y sus dos hijos llegaban también en ese momento para la cena familiar. A la hermana mayor de Sila no se le pasó por alto la mano de Halil en el brazo de su hermana ni lo cerca que estaban el uno del otro. A pesar de detectar seriedad en el rostro de Sila se arriesgó, pidió mentalmente a su hermana pequeña que la perdonara por lo que iba a hacer y soltó:

    – Genial, ya estáis vosotros también aquí. Pasad, pasad. ¡Oh!, cariño te presento al compañero de Sila, Halil, Halil este es mi marido Mesud. ¡Hayde

    – ¡Teyze, la abuela ha preparado lahmacun (pizza turca)! – gritaron los niños tomando a Halil y a Sila cada uno de la mano. 

    Halil buscó los ojos de Sila sin saber cómo salir de aquella emboscada y ella lo miró asintiendo, dándole a entender que no pasaba nada.

    En cuanto entraron todos al amplio salón y la madre de Sila vio a Halil la buena mujer se acercó al actor sonriendo para darle la bienvenida. Halil trató de disculparse con ella porque lo último que quería era seguir incomodando a Sila con su presencia. Además aquello era una cena familiar y él sobraba allí. 

    – Le agradezco mucho la invitación pero tengo que irme – se excusó Halil. 

    – Ni se te ocurra salir por esa puerta Halil Ibrahim Ceyhan – lo amenazó entre dientes la señora sin dejar de sonreír.  

    – Ahora mismo le temo más a su hija que a usted, señora – susurró Halil bajando la cabeza para ser escuchado. 

    – Eso es porque no me conoces, hijo – dijo la señora clavándole unos ojos exactos a los de su hija. 

    Al otro lado del salón, Mesud habló al oido de Sila:

    – Cuñada, ¿no te da pena dejarlo en las garras de tu madre? Me dan ganas de ir a rescatarlo...

    Sila se apiadó de Halil y finalmente se acercó a las dos personas que susurraban en la entrada. 

    – Anne, ya acabo yo de convencer a Halil para que se quede – dijo Sila a su madre pero mirando a Halil. 

    – Hija, Halil estaba a punto de ceder... – dijo la mujer lanzando una última mirada amenazadora a Halil antes de dirigirse hacia la cocina. 

    – Quédate, por favor. Siento la descortesía de dejarte solo en la entrada – se lamentó Sila. 

    – No quiero incomodarte, Sila – dijo él dándose la vuelta hacia la puerta para irse. 

    Sila no pensó y lo tomó de la mano antes de que él acabara de girarse. 

    – Quédate.

    Halil la miró y se enamoró aun más de ella. Apretó su mano deseando poder tenerla en la suya para siempre pero tuvo que soltarla al oír el vozarrón que irrumpió en el salón. 

    – ¿Qué hacéis todos de pie? os estaba esperando en el comedor – se quejó el señor Turkoglu avanzando hacia el hombre alto, moreno y con barba que miraba a su hija como si quisiera cenársela a ella – ¿tú quién eres? me suena mucho tu cara...

   – Babacim, él es Halil, trabaja conmigo en Emanet – los presentó Sila totalmente ruborizada. 

    Los dos hombres se estrecharon la mano y luego el padre de Sila se dio la vuelta gritando hacia el comedor:

    – ¡Cariño! Se parece al de las fotos que Sila tenía en su cuarto – y luego añadió como para sí mismo – menos mal que ya no vive con nosotros, todo el día con el dichoso cantante aquel sonando... 

    – ¿Todavía quieres que me quede? – murmuró Halil al oido de Sila cuando quedaron solos en el salón. 

    – Ahora mismo quienes me sobran son todos ellos – soltó Sila mirando furibunda hacia el comedor. 

    Halil sonrió y siguió a Sila hacia donde los demás los estaban esperando.


    Halil se sentó entre Sila y su hermana. Enfrente estaba Mesud con un gemelo a cada lado, en una cabecera la madre y en la otra el padre. El padre de Sila preguntó qué tal iba el rodaje y entre Sila y Halil fueron explicando alguna que otra anécdota. Sila preguntó a su hermana por sus últimos diseños de regalos de boda y la cena fue transcurriendo de forma agradable. El bueno de Mesud hacía lo que podía por  mantener a sus hijos a ralla. Halil se sentía muy cómodo y las pocas miradas que intercambiaba con Sila parecían carecer de tensión alguna. 

    – ¿Y tú también quisiste ser actor desde siempre? – le preguntó a Halil el padre de Sila. 

    – Pues la verdad es que no. Empecé haciendo de modelo...

    – Claro siendo tan alto... – lo interrumpió. 

    – Luego me dediqué a la música... – dijo Halil.

    – ¿Y qué cantas? ¿Folklore? – se interesó volviendo a interrumpirlo. 

    – Abuelo, él es el que canta en el coche de Sila – corearon los gemelos. 

    Halil y Sila pasaron a mirar de repente y con mucho interés la comida de sus platos y los segundos se alargaron silenciosamente.

    – ¿El del off off? – preguntó el señor Turkoglu asombrado.     

    – Papá, la canción se titula "kendini Bana birak" – le explicó Anil a su padre. 

    – Lo que tú digas hija – luego se volvió a mirar con más detenimiento al actor y soltó – entonces sí que eres el de las fotos de Sila. Pero te noto diferente. 

    Halil levantó la vista de su plato y sus ojos coincidieron con los de Sila que hacía rato había tirado la toalla y ahora lo miraba con algo parecido a una sonrisa.

    – Debe ser por la gomina, papá, Halil sigue caracterizado como su personaje – explicó Sila sin apartar los ojos de Halil. 

    – Vaya, eso es casi como llevarte el trabajo a casa ¿no? – espetó el buen hombre haciendo que los demás empezaran a reír. 

    Después del postre y los cafés el patriarca de los Turkoglu se quedó mirando la mesa y soltó:

    – Esta mesa se va quedando pequeña, Sila cuando tengas hijos tendremos que subir del trastero la mesa que tu abuelo trajo de Izmir. 


    Aquella sentencia fue la señal para que Halil y Sila se levantaran de golpe. Halil agradeció a la familia de Sila la cena y el buen rato y Sila también se despidió de su familia hasta el día siguiente. Ambos salieron del piso y Sila acompañó a Halil hasta el coche antes de subir por las escaleras laterales a su propio apartamento. 

    – Tienes una familia encantadora, Sila – dijo Halil con voz grave demasiado cerca de ella. 

    – ¿Aunque no soporten oírte cantar? – preguntó ella subiendo la mirada hasta sus ojos negros. 

    – Sería feliz aunque sólo quisieras escucharme tú. Sila, siento lo que dije. Escúchame por favor – pidió tomándole ambas manos y acercándola a su cuerpo – Aquella noche sentí algo tan fuerte cuando nos besamos que me asusté y como un cobarde pensé en todo lo que podía separarnos en vez de en todo lo que tenemos en común. No me acabé de creer que una mujer como tú pudiera querer estar con alguien como yo. Te saco 15 años, Sila. Somos personajes públicos y cuando se estrene la serie todavía lo seremos más, aunque no queramos. A veces uno no teme tanto lo malo como lo bueno. Uno se asusta precisamente de las cosas demasiado buenas, porque sabe que perderlas lo dejarán roto. 

    – Para ser compositor, te explicas fatal y das muchos rodeos – le dijo Sila peligrosamente cerca de su boca. 

    – El estar enamorado me vuelve torpe – confesó él. 

    Halil acabó de acercar su cara a la de ella y capturó sus suaves labios entre los suyos. Se soltaron las manos para abrazarse como llevaban días deseando y el beso se volvió más hambriento y más húmedo. Se mordieron con los labios, buscando sin parar compartir sus respiraciones aceleradas. Halil la apretó más contra su cuerpo y Sila acarició su ancha espalda sintiendo que empezaba a temblar sin control. Abrió los labios y él la conquistó con su lengua buscando su sabor y memorizándolo. 

    Frenaron el beso conscientes por un segundo de dónde estaban pero resistiéndose a separarse del todo. Se mimaron los labios en roces cortos pero seguidos sintiendo la emoción de haberse hecho saber lo que sentían. Una luz se encendió en el patio y Halil entendió que el tiempo que alguien les había concedido acababa ahí. Robó un par de segundos más ocultando la cara en el cuello de Sila para llenarse de su aroma y dejar un beso donde vibraba un latido. Luego fue aflojando el abrazo hasta acabar sólo con sus manos unidas. 

    – Para que no quede ninguna duda, esto es en serio Sila Turkoglu – murmuró Halil. 

    – Llevo siete años esperándote Halil Ibrahim Ceyhan ¿te parece lo bastante serio?


BUEN FIN DE SEMANA. HALIL Y SILA VUELVEN AL RODAJE EL LUNES. GRACIAS SIEMPRE POR LEER. 



    

    

    

     

     


    

    

    

        




jueves, 29 de abril de 2021

SilHal. (Capítulo 11) Registro SaveCreative 2105087773750

 


    Halil salió del baño acabando de ponerse el pijama negro para rodar la escena de la pesadilla. Se sorprendió al ver a Sila sentada en el sofá porque con ella le tocaba grabar luego en la cocina. Oyó que Ayhan le explicaba la mejor manera para grabar escenas con poca luz y vio cómo ella atendía muy interesada. A los dos les gustaba mirar cómo quedaban las escenas desde las pantallas de los directores y Sila siempre hacía muchas preguntas sobre encuadres e iluminaciones. Era actriz pero los entresijos de la dirección también le llamaban la atención por lo que no le extrañaba que con los años acabara dirigiendo. Halil se sintió inexplicablemente tímido al pensar que ella fuera a estar tras la cámara en la escena de la pesadilla. Una cosa era interpretar con ella y otra interpretar para ella. Parecía una estupidez pero notó nervios en el estómago ante la idea. 

    Sila tomaba apuntes mentales, como siempre que los técnicos le explicaban los trucos de dirección o realización, pero salió él del baño con su pijama negro y perdió el hilo de lo que Ayhan le estaba explicando. La parte de arriba del maldito pijama marcaba sus fuertes pectorales y la parte de abajo quedaba tan suelta que se la imaginaba colgando tentadoramente de sus caderas. Seguro que la cinturilla del pantalón del demonio llegaba justo bajo su ombligo... Sila volvió la vista rápidamente a Ayhan mostrándose aun más interesada. 

    – Bien, apagad luces. Halil métete en la cama y Piril ponle sudor – ordenó Ayhan. 

    Sila se quedó tras Ayhan supuestamente para seguir aprendiendo pero ver a Halil sufrir su pesadilla entre sábanas negras le dio ganas de ir a meterse con él en la cama y consolarlo. Sila notó subirle el rubor en cuanto la imagen de ellos dos bajo esas sábanas apareció en su mente. Tragó y se alejó de Ayhan con disimulo. Halil interpretó el despertar de la pesadilla de Yaman y quedó sentado en la cama cuando se oyó el "corten", luego se levantó para ir a ver cómo había quedado la toma. Sila pasó por su lado acalorada y él la siguió con la vista mientras abandonaba la habitación. 

    Momentos después, la actriz estaba en la cocina viendo el trasiego de tramoyistas y técnicos de sonido con los micros "de peluche" arriba y abajo. Debía esperar a que los demás bajaran grabando a Yaman con su pistola en busca de un posible intruso. Sila se puso nerviosa porque de nuevo tendría a Halil muy cerca, encañonándola con una pistola eso sí, pero su cercanía era más peligrosa que una pistola. 

    Horas antes, parecía que él quería hablar con ella en la terraza. Sabía que Halil y Serkan habían estado hablando en el jardín y eso la inquietaba un poco. ¿Iría bien el rodaje?¿habría algún problema?, se preocupó. Quizás le quería comentar algún tema relacionado con las grabaciones. Si volvía a querer hablar con ella trataría de olvidar sus sentimientos y escucharlo. Debía seguir luchando por que su tonto corazón no saltara con su voz, con su olor, con su presencia y conseguir tratarlo como a un compañero más. 

    Se situó en el lugar indicado y notó como él se acercaba. Luego su mano la aferró, la giró y con su cuerpo la arrinconó contra la pared. Se miraron unos segundos en silencio antes de que él tuviera que decir su frase. En la escena ambos habían mostrarse sorprendidos y Halil y Sila lo bordaron, porque a los dos les sorprendía siempre la fuerza de sus emociones cuando sus cuerpos estaban tan cerca. 

    Sólo tres frases y la escena acabó. 

    – Bien, dijo Ayhan. Halil y Sila, mañana vamos directos a exteriores. Que uno de los dos pase a por el coche y luego a buscar al otro y nos vemos en el peaje de la E-80, así no perdemos tiempo que dicen que mañana por la tarde llueve. Si llueve grabamos la escena de Seher con fiebre en casa de Arif Baba. Ya veremos el orden de grabación. 

    Ayhan acabó de hablar y salió de la cocina dejando a Sila y Halil rumiando la información. 

    – Yo puedo venir a por el coche y pasar a por ti, si te parece bien – susurró Halil buscándole la mirada. 

    – Tamam – respondió ella tímida mirándolo aun entre penumbras. Alguien había olvidado volver a encender las luces de la cocina, por lo que sólo las sombras fueron testigo de sus miradas de deseo mal disimulado. 

    Aquella noche Sila por poco saltó de la cama al ver quién le mandaba un mensaje. 

    Halil Bey: Hola. No sé dónde vives. ¿Me pasas tu dirección?

    Sila pensó tardar diez minutos en contestarle para que él no fuera a pensar que su mensaje era tan importante. Sólo llegó hasta veinte contando en voz alta.

    Sila: Hola. Calle Papatyalar (margaritas), 8. 

    Halil Bey: No me lo puedo creer. 😏

    Sila: Pues vivo aquí. ¿Crees que quiero mandarte a otra dirección? 😡 

    Halil Bey: Tú no te has leído el guión de Emanet entero ¿verdad?

    Sila: Hace meses. Luego volví al principio y ahora lo leo y trato de ir sólo un poco por delante de las grabaciones. ¿Cuál es el misterio?

    Halil Bey: Las flores favoritas de Seher son las margaritas y el número 8 es el infinito en vertical. En la luna de miel, la cama está llena de margaritas, en la boda todo son margaritas y Yaman talla en madera un infinito que luego le regala a ella. 

    Sila: No comparto el gusto en flores con mi personaje. 

    Halil Bey: Lo sé. 

    ¿Lo sabes? preguntó en voz alta Sila mirando la pantalla de su móvil. 

    Sila: ¿?

    Halil Bey: Te gusta el olor del jazmín y prefieres las plantas a las flores cortadas. 

    Sila: Instagram es un pozo de información... 

    Halil sonrió sabiéndose pillado pero no le importó. 

    Halil Bey: Iyi geceler, Sila. 

    Sila: Iyi geceler, Halil Bey. 

    Él frunció el ceño al ver aquella "formalidad" pero quiso pensar que era una broma y que no pensaba llamarlo así ni, mucho menos, lo tendría grabado en su móvil con ese nombre. 

    

    Sila se maldijo cuando a la mañana siguiente apenas desayunó y se le escapó que su compañero la pasaba a buscar temprano y aun no estaba lista. Su madre la siguió al cuarto de baño donde ella estaba acabando de maquillarse. 

    - Un momento, ¿me estás diciendo que Halil Ibrahim Ceyhan va a pasar a buscarte?

    - No...

    - Sí, lo has dicho. Tu compañero es él...  no puedes estar hablando del "ojos tristes".     

    - Anne, ¿a quién llamas "ojos tristes"? - preguntó Sila mirando a su madre a través del espejo. 

    - Al que hace de tu hermano de leche. 

    Sila se rió de la ocurrencia de su madre sin saber que otra persona también había apodado a Derya con el mismo mote. 

    Se abrió la puerta y apareció Anil con los gemelos. 

    - Anil, adivina quién viene a buscar a tu hermana, ¡Halil Ibrahim Ceyhan!

    - ¿Y no está desmayada en el suelo de la emoción?- preguntó su hermana mayor. 

    - No, pero no ha desayunado y se está pintando como una puerta - dijo la madre yendo hacia la cocina - voy a preparar un tupper para cuando llegue. 

    - Anne, ni se te ocurra salir a recibirlo. En cuanto me haga una llamada perdida me iré corriendo así que no vais a tener ocasión de avergonzarme. Ninguna de las dos- dijo Sila amenazando a su hermana mayor con la brocha del colorete. 

    - ¿No puedo echar un vistazo a mi cuñado?- preguntó Anil haciendo un puchero. 

    - Abla... por favor... ¡anne! no prepares nada. Además estoy enfadada con él y no se merece probar ni tus pisis ni tu borek

    - ¿Estás enfadada con mi yerno?- preguntó su madre metiendo los tuppers en una bolsa. 

    - Anne, abla... dejad de llamarlo yerno y cuñado. Ya no tengo 14 años- pidió Sila guardando el maquillaje.   

    - Pero sigues enamorada de él como cuando los tenías...- dijo su madre- y eres preciosa e inteligente así que Halil seguramente se enamoró de ti la primera vez que te vio. 

    - Amor de madre...- dijo Anil. 

    ¡Ding dong!

    - Debe ser él- aplaudió Anil yendo a abrir la puerta. 

    - ¡Quieta ahí!- gritó Sila haciendo frenar a su hermana - seguro que él me haría una perdida para que bajara...

    Biip Biip, sonó el móvil de Sila.

    Halil Bey: Günaydin, estoy en la puerta. 

    Sila: En la puerta de MI MADRE.

    - Es él...- gimió Sila tapándose la cara con las manos. 

    - ¿Qué hago? ¿Le abro o lo dejas esperando?- preguntó Anil con la mano en el pomo de la puerta. 

    - Abre la puerta, Anil- dijo la madre de Sila saliendo de la cocina. 

    En cuanto la hermana mayor de Sila abrió la puerta tanto ella como su madre entendieron el enamoramiento de Sila. Era muy alto, pensó Anil, con las gafas de sol se retiraba el pelo de la frente y su barba negra apenas ocultaba una mandíbula muy marcada y muy masculina. Por Allah bendito, su hermana pequeña tenía buen gusto, de eso no cabía duda. 

    - Merhaba Halil pasa por favor - dijo la madre de Sila- perdona que te tutee pero en esta casa es como si te conociéramos. 

    Halil recordó entonces que la hermana de Sila ponía su música en el coche por lo que miró a la mujer que le había abierto la puerta y le sonrió encantado. Luego miró a Sila y la vio con el ceño fruncido. 

    - Seguro que ya sabes que mi hija es fan tuya desde adolescente - explicó la madre de Sila. 

    - Eso me han dicho - dijo Halil ruborizado volviendo a sonreír a Anil. 

    Sila vio el desastre acercándose a ella rápidamente por lo que apresuró la despedida:

    - Bueno, tenemos que irnos. Mamá, gracias por el desayuno, nos vemos en la cena. Anil, despídeme de mis enanos- dijo Sila cogiendo su bolso y su americana y yendo hacia Halil. 

    - Te dejas los tuppers, hija- dijo su madre acercándose pero dándole la bolsa a Halil - espero que te gusten los pisis y el borek de queso.     

    - ¿Hay alguien a quién no le gusten? Y más si son caseros, gracias- dijo Halil tomando la bolsa con otra tímida sonrisa. 

    - ¡Oh! Si te gusta la comida casera ven a cenar cuando quieras, esta noche por ejemplo, estaremos todos- lo invitó la señora. 

    Halil vio el rictus en los hermosos labios de Sila, entendió que ella no lo había perdonado y, no sin un poco de tristeza, respondió :

    - No creo que sea posible pero le agradezco la invitación. 

    Habían abierto ya la puerta y estaban por salir de casa de los padres de Sila, cuando el desastre llegó disfrazado de dos adorables gemelos. 

    - Teyzeeeeeeee - gritaron los dos pequeños salvajes irrumpiendo en el salón.  

    - Salgamos de aquí ¡hemen! (ya) - pidió Sila tirando del brazo de Halil. 

    - ¡Es tu novio!- exclamaron sus sobrinos mirando hacia arriba y sonriendo a Halil, que se había detenido al oír a los niños. 

    Halil sonrió a los pequeños y luego buscó los ojos verdes de Sila con mirada burlona. 

    Aquellos demonios se le habían abrazado a las piernas y no la dejaban huir. Sila pidió ayuda con la mirada a su hermana.  

    - Vamos enanos, dejad a vuestra tía que tiene trabajo. Esta noche la veis en la cena - trató de rescatarla su hermana. 

    - ¿Eres su novio? Tiene tu foto en su habitación así que debes ser su novio el cantante. Cuando nos lleva en su coche te oímos cantar tooooodo el rato ¿Te llamas Halil? Mi papá se ríe mucho con tu nombre porque a Lilah le puso tu nombre al revés...

😱

    

 

    

    

     

    

    


Emily y Harry Potter

  ¡Estrellita! ¿Qué relación guarda La elección de Emily con Harry Potter? Hay dos guiños en mi novela a Harry Potter y su creadora #jkrowli...