domingo, 28 de febrero de 2021

Yaman se rinde (epílogo)

     Seher abrió la puerta del despacho buscando a su marido y, al no verlo, entró hasta la habitación. Volvió a salir y entró en el cuarto de Yusuf que estaba jugando con sus barcos de juguete. Le preguntó por su tío y el niño respondió que no lo había visto. Salió y bajó las escaleras sintiendo el corazón cada vez más frío. En la cocina Cenger, Adalet y Neslihan tomaban un café y como respuesta a su pregunta negaron con la cabeza. 

    ¿Dónde estaba? Necesitaba hablar con él urgentemente. Preguntó a los guardias de seguridad y ellos tampoco la ayudaron. Su coche estaba aparcado donde siempre. Volvió a su habitación y al no notar su aroma al entrar, su alma se contrajo. En el baño estaban todas sus cosas y en el armario también. 

    Cogió su móvil y busco su nombre marcando con dedos trémulos. Un tono, dos tonos, tres tonos. "Coge el teléfono" repetía ella con cada señal. Su corazón palpitaba cada vez más rápido y su respiración luchaba por entrar y salir. Con manos incapaces llamó a Nedim. Nada. 

    Sonó el móvil en su mano y respondió impaciente sin ver el nombre... "Gonuuuuul, Gonuuuuuul" repetía aquella voz procedente del infierno. "¡No!" gritó ella al móvil. Otra voz salió para burlarse de ella desde el teléfono... "Yaman es mío, tú desaparecerás y él será mío al fin"... Zuhal se mofaba de ella gritando... Seher empezó a llorar porque las voces ya no salían del aparato sino que reverberaban por toda la habitación. 

    Aquello no podía ser real. ¿Dónde estaba él? Lo había alejado de ella. Era culpa suya. Él se había cansado de esperarla y se había ido. Se giró y por poco se desmaya. El vestido aparecía ahora completamente vacío. Corrió al baño a buscar su perfume, necesitaba olerlo aunque no fuera en su piel. No estaba. No había nada de él. Levantó los ojos y en el espejo había alguien reflejado. Suspiró pensando que había vuelto pero el reflejo mostró una cara aborrecida. Selim la miraba con los ojos inyectados en sangre y la llamaba "esposa mía"... 

   ¡No! ¡No! ¡No! Gritaba cerrando los ojos y tapándose los oídos. No me dejes amor, vuelve por favor, te quiero, te necesito. Te quiero. Por favor... 

    Unos brazos poderosos la abrazaron contra un pecho cálido y una voz ronca susurró en su oído "Shhhh, cálmate, sólo era una pesadilla. Estoy aquí, contigo. Shhhh, no me voy a ir. Jamás nos separaremos. Cálmate. Respira hondo, respira conmigo"

    Seher se acurrucó en él abrazándolo por la cintura. Sus lágrimas bañaron su fuerte pecho desnudo y sus besos regaron el lugar donde su corazón de guerrero latía. Aquel latido y aquellas palabras la calmaron lo suficiente como para hacer que buscara sus ojos negros. Él ahora acariciaba su pelo con devoción y le devolvía la mirada rebosante de amor por ella. Seher levantó la mano y la apoyó en su mejilla. Acarició su barba y luego sus labios. Lo tocaba como quien tiene ante sí una obra de arte esculpida. Su marido. Su amor luchado e infinito. Su destino. 

    

sábado, 27 de febrero de 2021

Yaman se rinde. (Andreina, Lu y María Lentulus, Yaman os hace caso)

     A Yaman se le había acabado la paciencia consigo mismo y había decidido rendirse. El hombre que tenía el corazón curtido de luchar toda la vida ahora mismo optaba por huir de todos, pero especialmente de ella. Lo había intentado. Allah sabía que había intentado decirle que la amaba pero o pasaba algo o alguien les interrumpía o ella misma boicoteaba su confesión (y eso ya debería haberle dado una pista). Yaman se frotó la cara sintiéndose impotente y miserable. Si había una palabra que odiaba ahora mismo era formalidad.

    Ya ni recordaba el momento en el que su duro corazón dejó de palpitar por él para empezar a hacerlo por ella y aunque trató de alejarla de él creyendo que así la salvaba luego cambió para poder merecer su amor. Pero ese amor nunca llegaba. 

    Primero pensó que los nervios de su mujer se debían a su inexperiencia. Ahora recordaba el día de la boda y no la recordaba ni feliz ni sonriente. También lo achacó a los nervios. Pero ya no. Era tocarla y ella tensarse. Era abrirse a ella y ella poner cualquier excusa para salir corriendo. 

    Se había hecho ilusiones pensando que ella también lo amaba pero que necesitaba más tiempo para hacerse a la idea. Tenían un largo camino por delante como él mismo había dicho pero la noche pasada lo había entendido. Seher lo admiraba y confiaba en él pero para él eso ya no era suficiente. Sabía que no tendría más remedio que asumirlo pero necesitaba unos días lejos de ella para hacerse a la idea. Para hacerse a la idea de que jamás tendría de ella más que su agradecimiento. Vivir en la misma casa con la mujer que amaba pero sin ser correspondido. Sin poder acariciarla como deseaba, besarla hasta hacerla gemir, hacer el amor con ella parando el tiempo... 

    Yaman cogió la pequeña bolsa de mano y salió de la habitación. No encontró a nadie en su camino hacia el mercedes así que arrancó y se fue. Cuando llegó a la casa de la montaña de Arif Baba sacó el móvil y vio que no tenía ningún mensaje, ninguna llamada y todavía se hundió más. Genial. Abrió la app de mensajes y escribió "He tenido que salir de la ciudad. No sé cuando volveré. Si tienes algún problema confía en Cenger."

    Seher se había levantado temprano para ir a visitar a su madre Nadire. Luego había pasado por el hospital por si Iqbal necesitaba algo y para hacerle compañía un rato. Cuando por fin salió del hospital se acercó a una tienda cercana y compró berenjenas. Esa noche pensaba hacerle su cena favorita y sorprenderlo preparando la mesa en su despacho. Había comprendido que debía dejar de correr. Su madre había vuelto a insistirle en que Yaman necesitaba confesar lo que sentía por ella y que ella también debía ser valiente y decirle que lo amaba. Por él debía superar sus miedos porque lo que sí la asustaba de veras era la posibilidad de perderlo

    Llegó a la mansión sonriendo y entró a la cocina casi bailando de alegría y expectación. Era temprano para cocinar las berenjenas así que se puso a preparar los ingredientes para hacer pisis. Los acompañaría de queso y mermelada como les gustaba a ambos. 

    - Seher, hija, ¿qué estás cocinando? - le preguntó Adalet entrando en la cocina. 

    - Esta noche mi marido y yo cenaremos en el despacho. Es pronto para preparar las berenjenas pero me he puesto a hacer la masa de los pisis - contestó Seher mirándola con una amplia sonrisa.

    - Pero Seher... - empezó Adalet confundida. 

    - ¡Oh! Tengo que pedir a Neslihan que se ocupe de Yusuf esta noche. 

    - Pero Seher, Yaman Bey ha salido de viaje - dijo Adalet con cuidado. 

    - ¿De viaje? No. Debes haberte confundido porque él no me ha dicho nada - y se volvió para buscar el tarro de la harina. 

    Adalet salió de la cocina preocupada y fue en busca de Cenger para explicarle lo que pasaba. Cenger frunció el ceño y le dijo que él se encargaba. 

    - Señora Seher... - dijo el mayordomo entrando en la cocina. 

    - Buenos días Cenger - dijo Seher trabajando la masa. 

    - Yaman Bey ha salido de viaje esta mañana temprano y me ha pedido que esté a su disposición para solucionar cualquier problema que pudiera surgir - dijo el mayordomo mirándola cauto.

    - No entiendo. Lo deben haber llamado esta mañana muy temprano porque cuando me he levantado él ya no estaba y ... Mi móvil. Me lo dejé cargando en la habitación. Ay Allah, quizás me haya llamado - balbuceó Seher saliendo rápidamente de la cocina en dirección a su habitación. La habitación de los dos. 

    Seher entró en el despacho y lo notó frío. Eso la hizo detenerse confusa y asustada de repente. No supo porqué sus ojos fueron hacia el escritorio de él y se detuvieron en la pluma que ella le había regalado. No se la había llevado. Su corazón se le encogió en el pecho cuanto desenchufó el móvil para encenderlo. Un mensaje de él: "He tenido que salir de la ciudad. No sé cuando volveré. Si tienes algún problema confía en Cenger." 

    Seher leyó el mensaje 10 veces como una estúpida y así era como se sentía. Estúpida, estúpida, estúpida se repetía a sí misma. ¿Por qué sentía que lo había perdido? Se sentó en el lado de él de la cama y se secó una lágrima que había escapado sin su permiso. ¿Su lado de la cama? Si apenas había dormido una noche allí y fue porque Yusuf los visitó en plena noche. ¿Dónde había dormido él? Ella se durmió estando él en el despacho pero al despertar no se había fijado en su lado de la cama. 

    Estúpida. Un hombre maravilloso que había sido capaz de cambiar por amor a su sobrino. Un hombre capaz de dar la vida por ella. Un hombre que con sólo mirarla la hacía sentir como la princesa del cuento de Yusuf. El amor de su vida se había ido cansado de sus dudas y seguramente sin sospechar siquiera lo mucho que lo amaba. ¿Cómo iba a sospecharlo si ella misma era incapaz de demostrarlo? ¿Sería demasiado tarde? Buscó Yaman Kirimli en su móvil y lo llamó pero el mensaje de "fuera de cobertura" se burló de ella. 

    Seher se levantó y llamó a Nedim para averiguar dónde había ido su marido porque algo le decía que él no se había ido por negocios. Efectivamente Nedim no tenía ni idea del viaje de Yaman. Decidió jugársela y preparó una bolsa. Tomó un taxi y fue a ver a Arif Baba. El anciano no sabía si Yaman podría estar en su casa de la montaña pero le dijo a Seher que si iba y él estaba allí que pensara muy bien qué iba a decirle porque Yaman podía haber vuelto a su "camino conocido". Le entregó su copia de la llave y le deseó buena suerte. 

    Horas más tarde, la joven pagó al taxista y bajó con su bolsa para avanzar hacia la puerta de la casita. Pensó en cuan diferentes eran las cosas de la última vez que había estado allí con él y con Yusuf. Abrió la puerta y entró en la salita. Lo primero que notó fue su olor. Un leve aroma a Invictus flotaba y seducía su olfato haciendo que sus ganas de verlo se hicieran insoportables. Acababa de dejar su bolsa en el sofá cuando una sombra grande cayó sobre ella aprisionándola contra la pared. Se encontró de repente reflejada en los negros ojos de su marido que la interrogaban llenos de ira. 

    - ¿Qué haces aquí? - rugió Yaman y siguió - ¿No tienes suficiente con no abandonar mis pensamientos? ¡Necesito huir de ti! ¡Necesito no verte, no olerte, no necesitarte! ¡Maldita seas! Era todo mucho más fácil cuando mi corazón era una maldita piedra pero llegaste y le diste vida y a partir de ahí todo dolió - Yaman paró para coger aire y soltar - ¡VETE!. 

    Seher lo miraba y le dolía su dolor. Se maldijo por haber sido tan imprudente con el amor de su marido. El corazón de Yaman era valioso y debería haberlo cuidado pero su propio miedo la había incapacitado para reaccionar como él merecía. Se prometió a sí misma no volver a fallar. 

    Iba a explicarse pero de repente la boca de Yaman selló la suya en un beso hambriento y necesitado a partes iguales. A Seher le tembló todo; su respiración se aceleró y aspiró de él para poder devolverle los besos con la misma ansia. Las grandes manos de Yaman surcaban su espalda y anclaban en su trasero amarrándola a él sin saber que ella jamás querría alejarse. Sus lenguas se rozaban amorosas como si probaran el mejor de los sabores. 

    Seher había soñado con sentir el roce de su barba en la piel y su sueño se estaba haciendo realidad. Un beso se encadenaba con el siguiente, una caricia empezaba donde acababa la última. Sólo unas horas separados y dejaban de respirar. 

    Yaman abandonó su boca para surcar su cara y anclar en su cuello de olor a vainilla. Se inundó de ella y su corazón dejó de sangrar lágrimas negras. La tenía entre sus brazos. Ella había venido a buscarlo, a estar con él. Ella, que había luchado como una leona para cambiarle las sombras por luces, estaba allí para seguir obrando su magia con él. Él también sabía hacer magia y eso iba a hacer con ella. 

    Sacó la lengua para lamer caliente su cuello y la sintió estremecerse y agarrarse fuerte a sus brazos. Con una mano apartó el cuello de su vestido para besar su hombro y acariciarlo con la barba. Seher gemía bajito y casi sollozaba de placer y alivio. No lo había perdido. La estaba amando con todo su cuerpo y ella aceptaba aquel regalo para guardarlo para siempre dentro de ella. Besó su pelo de ligero aroma a limón mientras él besaba el hueco de su clavícula. Beso pagado con beso, caricia pagada con caricia. 

    Yaman bajó sus fuertes manos por la caderas de Seher, acarició con las yemas de sus dedos hacia abajo y al subir llevó el vuelo de su vestido. Soplaba su aliento en el escote de ella prometiendo más calor. Seher sentía sus dedos erizándole la piel y sólo quería acercarse más a él. A su fuerza. Yaman siguió subiendo el vestido hasta que se lo sacó y la dejó en ropa interior ante él. La miró a los ojos, se relamió, bajó sus negras pupilas por cada centímetro de su piel desnuda y Seher sintió las caricias de sus brillantes ojos en lo más hondo. Sus bocas casi se tocaban extrañándose pero no podían dejar de mirarse y aprenderse el uno al otro. Siempre esa necesidad de memorizarse, por todos los momentos en los que no habían podido hacerlo. 

    A Yaman le dolían las manos por tocarla más, así que sus palmas acunaron sus pechos para rotar y excitar. Lo consiguió oyendo más altos los gemidos. La veía unir sus piernas calmando latidos y él se ponía más duro. Por Allah, esa mujer le arrancaba la fuerza sólo con estar, sólo con existir. Acarició su nariz con la suya, usó su lengua para humedecer sus labios y besó su comisura sólo con un roce. Aquello la estaba volviendo loca. Seher dejó de agarrarse a él para empezar a desabrocharle la camisa verde. Le molestaban los botones, impedían ver su pecho perfecto de imperfectas marcas de heridas. Se besaban a roces uno al otro, ella lo desnudaba impaciente,  él la tocaba donde su corazón latía. 

    Sus caderas se buscaron una a la otra para unirse, tentarse, provocarse. Hacía calor. Sonaban suspiros. La empotró un poco más, ella debía notar cómo lo ponía. Sus piernas se separaron queriendo acunarlo. Caliente. Ya no bastaban roces. Se comían la boca desesperados. Se tocaban y al tocarse cayó la camisa de él al suelo, luego el sostén de ella. Yaman la sujetó por las caderas y ella se enroscó en las de él para que pudiera caminar hacia el sofá y se sentara con ella encima. Sus pechos desnudos quedaron ante él y Yaman abrió la boca para besarlos creando fuertes suspiros. Mordió sus pezones y las manos de Seher fueron a su pelo para sujetarlo y despeinarlo a caricias. La tenía bien sujeta por las caderas y la amasaba pero ella se rebelaba moviéndose y volviéndolo un poco más loco. 

    Seher arañó su marcado pecho y bajó las manos para llegar a sus pantalones. Molestaban su vista y a él debían apretarle terriblemente. Decidió ser buena esposa y liberarlo. Sonrió en su pelo ante su propia decisión y siguió desabrochando para liberar el miembro grande y duro de su marido. Él dejó de chupar un momento para coger aire al notar las manos de ella en su sexo. Cerró los ojos para sentir más sus manos moviéndose en su carne excitada y rugió susurrando entre sus pechos. 

    Seher lo tocó en toda su longitud y Yaman gimió. Su marido devolvió el placer pasando su lengua por su escote, cuello arriba hasta llegar a sus labios y morderlos suavemente. La mano de Seher apretó y el gemido de Yaman barrió la boca de ella. Seher nunca habría pensado que podría sentirse tan poderosa. Dar placer a su marido era hermoso y erótico. Verlo con los ojos cerrados gimiendo de éxtasis la tenía hipnotizada. No podía apartar la mirada de la cara de su marido. Ni el mejor escultor podría recrear sus fuertes facciones. Era hermoso, era salvaje y era suyo. Volvió a recorrerlo con la mano y él volvió a rugir en su boca. Lo amaba. Para siempre. Hasta su último aliento. Ella misma rompió el elástico de su ropa para poder sentirlo en ella. Lo quería dentro, lo quería ya. 

    - Lütfen...

    Yaman se colocó para entrar en ella y la miró a los ojos mientras la poseía. Avanzó y llegó hasta el fondo arrancándole a su mujer un gemido ahogado. Era increíble cómo se acoplaban. Tan intenso, tan profundo, tan infinito. Seher necesitaba moverse sobre él y empezó despacio. Se apoyaba en sus fuertes hombros, subía y bajaba, gemía y respiraba, bebía su mirada oscura y lo iluminaba con la suya. El rugía de placer, se acercaba, la besaba, se apartaba, la miraba. 

    Llegaron al punto de no retorno. Debían acelerar o morirían de anhelo. Se miraron, se besaron, se miraron de nuevo. Sus sexos se unían y se separaban, se mecían juntos. Las manos de ella apretaron sus hombros, las de él apretaron sus caderas. Se comunicaron hablando en jadeos. Más rápido y se perdieron finalmente uno en el otro. El orgasmo compartido creció y estalló y lo intentaron conservar abrazándose fuerte. Yaman esparció besos por toda la cara de su mujer y ella los selló de sonrisas. 

    Unieron sus frentes y cerraron los ojos. Seher se estremeció y Yaman alargó el brazo atrapando la manta. La cubrió y crearon un nido íntimo donde susurrarse:

    - No vuelvas a irte. No vuelvas a dejarme. No vuelvas a castigarme así. Lütfen. 

    - No podía más. 

    - Lo sé. Lo siento. 

    Las lágrimas cayeron en el pecho de él golpeando su piel. Llamando. El corazón de Yaman respondió abriéndose. 

    

    


viernes, 26 de febrero de 2021

BalayI (Luna de Miel) (Capítulo 125 Emanet)


     Seher intentó abrir la maleta pero se le enganchó la manga en el cierre. Miró a Yaman pidiéndole ayuda silenciosamente y él se acercó para liberar su jersey sin que se le rompiera. Su error fue que se acercó demasiado a ella. 

    Llevaba meses admirándola, semanas deseándola y días con el derecho a hacerla suya. Quería confesarle su amor, quería que comprendiera que para él ese matrimonio era completamente real porque Él hacía tiempo que lo tenía claro. Se había enamorado de ella poco a poco sin darse cuenta y a pesar de sí mismo. La desconfianza había bailado con el cariño y este último había ido arrasando con las bases de su vida. Cuando descubrió lo fácil que sería para él dar la vida por ella entendió que su corazón y su existencia ya no le pertenecían. Seher era ahora la dueña de su alma oscura, de sus recuerdos amargos y de sus heridas, las visibles y las invisibles, y Yaman quería que fuera la dueña también de su futuro. 

    Allah sabía que llevaba días intentando decirle que la amaba pero o pasaba algo o alguien les interrumpía o ella misma boicoteaba su confesión. Quizás había llevado lo de la formalidad demasiado lejos para no asustarla y el juego le había salido mal. Pero ahora, en ese hotel por fin tendría la oportunidad de abrirle su corazón. 

    Iba a hacerlo. De verdad. Iba a decirle por fin "Sen seviyorum" pero se acercó demasiado a ella para ayudarla con la manga. De repente estaba tras ella con su deseable cuerpo pegado al suyo, con su aroma a vainilla desafiando su respiración y con su pelo llamándolo como las sirenas a los marineros incautos. A Yaman se le aceleró su corazón de piedra y se le ralentizó la sangre en la venas. Cerró los ojos y se rindió al embrujo de estar a solas con la mujer que amaba. Los teléfonos no sonarían y la puerta no se abriría. Solos. Al fin. 

    Pegó por completo su duro cuerpo al de ella y cubrió sus delicadas manos con las suyas. Con sus palmas acarició el suave dorso de las de ella y rezó para que Seher no se apartara del círculo que creaban sus fuertes brazos. La sintió temblar pero no se movió. Seher no se iba, no huía, sólo esperaba...

    Seher esperaba... Por fin había decidido dejar de huir y confiar en él. Lo tenía pegado a su espalda y no podía dejar de notar su duro pecho, sus fuertes muslos y su miembro caliente en su trasero. Se mordió el labio inferior a la espera de más caricias. Más. Las palmas de sus manos habían dado calidez a las suyas más frías y ahora se moría por saber cómo Yaman acabaría calentándola entera. 

    Vio su mano abandonar la suya para subir por su brazo acariciando hasta su hombro. Supo que él había apartado su cabello quedando su cuello expuesto y luego notó que él pasaba sus fuertes dedos por entre las hebras de sus mechones. Yaman había acariciado su pelo en otras ocasiones para luego mirarlo como en trance y eso hacía ahora. Oyó su respiración en la nuca y notó su aliento caliente erizarle la piel. Abrió la boca para inspirar porque aquél hombre le robaba hasta el aire. Empezaba a notar los senos pesados y la intimidad sensible. 

    Yaman jugaba con el pelo de su mujer entre sus dedos. Esa suavidad lo atraía y, como su marido, se sintió libre de disfrutarla al fin. Movió su mano izquierda sobre la de ella en una sutil y erótica caricia y a la vez sopló en su cuello para luego acariciarlo con la punta de su lengua. El sabor a vainilla lo volvió un poco más loco y acabó besando ese olor queriendo que lo inundara. La respiró, besó y mordió amoroso hasta que le llegó un suave jadeo. A ella le gustaba, bien. Seher se arqueó ligeramente exponiendo más su cuello, mostrando más sus senos y rozando diabólicamente con sus caderas el sexo de él. Yaman resopló controlándose pero sus manos fueron directas a los pechos de su mujer. 

    Sus cuerpos pegados. La boca de él en el cuello de ella. Las manos de él amasando por encima de la ropa los pechos llenos de su mujer. Él respiraba cada vez más rápido, ella casi no podía respirar. El corazón de él aceleraba, el de ella se saltaba los latidos. El cuerpo de Yaman avanzaba, el de ella retrocedía. Se buscaban, se rozaban, se excitaban.

    Los dedos de él entraron bajo el jersey de Seher echando de menos su piel caliente, merodeando en su vientre suave y ascendiendo hacia el encaje de su sostén para retirarlo. Más suspiros inundaron aquella habitación como banda sonora de amor para aquel hombre y aquella mujer que se amaban y necesitaban desde hacía una eternidad. Seher tiritaba con el tacto de Yaman, sus dedos habían apartado tela molesta y encontrado sus pezones duros y suplicantes para acariciarlos, pellizcarlos delicadamente y aprendérselos al tacto. 

    Ella estaba totalmente rendida a él. No pensaba, sólo sentía. Su barba excitando su piel, su cuerpo abrigándola, sus manos despertándola. Era él por toda ella. Pero lo quería EN ella. Quiso darse la vuelta pero sólo pudo girar la cabeza para que sus miradas se encontraran. Los ojos negros de Yaman ardían de fuego oscuro y los verdes de Seher vibraban en muda llamada. Yaman se negaba a abandonar su pecho pero acercó su boca a la de ella para lamerle el labio inferior. Ver su lengua regalarle tal caricia mandó una descarga de placer al sexo de ella que la obligó a apretar los muslos intentando calmar aquel palpitar salvaje. Seher no sabía cuánto aguantaría de pie porque el placer la dejaba débil y se apoyaba en él, en su fuerza infinita. Se contoneó para mostrarle su entrega y él respondió haciendo que ella notara su dureza palpitante. 

    Siguió mirándolo suplicante y lo que recibió fue la retirada de sus dedos de sus pezones. Preguntaron sus ojos verdes y respondieron sus manos, bajando por sus piernas lentamente arrastrando la falda y la ropa interior hacia abajo. Cuando la falda estuvo en el suelo, Yaman se arrodilló tras ella. La expectación de Seher por estar semidesnuda y tenerlo detrás hizo que se humedeciera más todavía. Aquello era erótico, aquello era prohibido, aquello era maravilloso. Sintió un mordisco suave en el muslo y cogió aire de golpe. Las manos de Yaman grandes y fuertes habían vuelto a colarse por debajo de su jersey para acariciar su espalda y cintura sensibles mientras su boca se pegó a su cadera. Por Allah bendito, aquella lengua suya le regaló besos húmedos que se acercaban a su trasero. Seher cerró los ojos y aspiró de golpe. Las cosquillas de su barba nómada iban por detrás de su cintura, trasero y caderas volviéndola loca de deseo. La marea de placer subía y bajaba por su cuerpo arrasándolo todo a su paso. 

    Casi quería llorar de la necesidad de tenerlo. Él era como una sombra tras ella que acariciaba lugares secretos, amasaba su piel y su carne y escribía poemas en su alma. Aquella sombra robaba jadeos, exigía movimientos atrevidos y expandía éxtasis por cada célula de su cuerpo. Yaman se levantó y se mantuvo tras ella respirando fuertemente. Le dolía su miembro de necesidad y su corazón de anhelo pero aún no había recuperado en caricias toda la deuda. Había una deuda de amor y alguien tenía que pagarla. 

    Yaman apoyó la frente en la nuca de Seher. Respiró su pelo y llevó sus manos al primer botón de su camisa azul oscuro. Fue desabrochando los botones sabiendo que ella lo oía pero no veía lo que hacía. El leve sonido se mezclaba con sus respiraciones en suspense. Llegó a la cintura y se sacó la camisa del pantalón para luego sacársela y lanzarla sobre la cama. Ella vio la camisa aparecer sobre el edredón y lo supo medio desnudo. Aquel pecho surcado de músculos y cicatrices acunaba su espalda a base de calor. Un calor que ella sentía cada vez más abrasador. 

    De repente unos dedos se posaron en su columna para bajar vértebra a vértebra hacia abajo. Seher suplicó susurrando porque aquella tortura estaba durando demasiado y se le escaparía la vida si él no le hacía el amor de inmediato. Aquella mano furtiva bajó hasta acariciar sus muslos pidiendo que se abrieran. Separó las piernas obediente y los pliegues de su sexo húmedos como una rosa del rocío de la mañana recibieron una caricia. Del latigazo de placer tuvo que apoyarse en su pecho y saberlo desnudo multiplicó nudos de necesidad por su cuerpo. No aguantaría aquello, no podría. Moriría en sus brazos...

    Sus dedos rozaban, ahora suaves ahora insistentes, los rincones sensibles arrancando sollozos de placer que se expandían sin fronteras por ella. Mientras aquella mano la mimaba la otra la sujetaba por la cintura y, menos mal porque se sentía derretirse. La cúspide del placer la estaba esperando a pocas caricias de distancia y Yaman la arrastró allí al ordenarle:

     - Quítate el jersey. 

       Seher no sabía si sus manos serían capaces de hacerlo pero se lo sacó por la cabeza rápidamente porque una orden de Yaman Kirimli no se cuestionaba, simplemente se obedecía. Yaman no prolongó más su cobro de la deuda. Movió sus dedos codiciosos y encontró el brote más frágil para amarlo una y otra vez. Seher se movió porque era imposible no mecerse contra ese amor acariciante y sollozó su orgasmo girando la cabeza para besárselo a Yaman.  

    Yaman lo recibió dando la deuda por saldada. Ahora le tocaba a él pagar. Siempre pagaría y pagaría con gusto por haber recibido tal regalo en forma de mujer hecha para él. 

    La tenía entre sus brazos recuperándose entre besos y caricias perezosas cuando la sintió estremecerse. La tomó en brazos y apoyó una rodilla en el colchón para tumbarla en medio de la cama. Iba a apartarse cuando ella enredó sus brazos en su cuello y lo atrajo evitando que se separaran. 

    La besó y rugió en sus labios:

        - No me voy a ningún lado. 

    Seher lo miró secuestrando su negra mirada y vigilándolo mientras él se separaba y quedaba de pie al lado de la cama. Llevó sus fuertes manos al cinturón de su pantalón y lo desabrochó sin apartar sus pupilas de las de su mujer. Su mujer. Todavía le rebotaba en el pecho el eco de su EVET y lo haría hasta el día de su muerte. 

    Yaman la retó a seguir mirando mientras él se deshacía de lo que le quedaba de ropa y ella aceptó el reto sin apartar la vista ni un segundo del cuerpo de su marido. La vio morderse el labio y pasear sus verdes ojos por toda su piel. Aquella mirada no hizo sino ponerlo más duro y hacerlo rugir respirando. Volvió a la cama y se tumbó al lado de su esposa. Se miraron los labios el uno al otro y se perdieron. Como imanes sus bocas se unieron para compartir el beso húmedo y caliente que necesitaban. Yaman la tomó por la cintura y la acercó a él. Sus pieles podían besarse también al son de sus bocas y eso hicieron. 

    Aquella necesidad, aquel anhelo debía venir de otras vidas porque no podía caber en la que estaban viviendo. La primera vez que se vieron se odiaron pero se reconocieron y sólo debían andar el camino marcado para VOLVER a estar juntos. 

    Los besos se sumaban uno tras otro. Dos, tres, cien. Jamás tendrían suficiente. Yaman se separó para mirarla y preguntar:

    - Confías en mí?

    - Evet. 

    Yaman respiró y la besó mordiendo su labio superior, luego succionó cariñoso su lengua y salió de su boca para llevar sus labios atrevidos por su mejilla y llegar a su oreja. Besó y lamió cariñoso al mismo tiempo que sus manos la giraban entre sus brazos también entre caricias. El baile se detuvo cuando Yaman quedó tras ella. En esa posición sólo podían besarse si Seher seguía con la cara girada y lo hizo para no perderse ni un solo beso de su marido. Él tenía ahora la palma de su mano en el corazón de ella acariciando sus latidos. Después de atrapar unos cuantos su mano prodigó caricias a sus pechos que ya las esperaban como campos fértiles el riego de la lluvia. Volvieron a hincharse y los pezones de ella volvieron a endurecerse ante la expectativa de nuevas sensaciones. 

    Seher era incapaz de estar quieta en esa posición. El calor que sentía en la espalda la abrigaba y la despertaba. Debía echarse hacia atrás, buscarlo, tentarlo, llamarlo... 

    Se veían a sí mismos en las pupilas del otro. Un hombre acunaba con su cuerpo a su mujer. La besaba, su mano acariciaba sus pechos excitándola una y otra vez y sus caderas la conquistaban en movimientos antiguos como el tiempo. El calor aumentaba, la música de sus respiraciones cada vez se oía más, Seher jadeaba y Yaman rugía. Sus pieles se leían y se tarareaban una canción sin letra. El miembro de Yaman se internaba cada vez más buscando su hogar caliente y acogedor entre las piernas de ella. Ella se abría respondiendo un "estoy aquí para ti, jamás volverás a estar solo". Yaman tomó su rodilla para anclarse a ella y poder penetrarla. Lo hizo y ambos se respiraron de repente. Aquello era demasiado. Cualquier día se desintegraban de amor. Yaman avanzó y la penetró más hondo, la besó más hondo, la amó hasta lo más profundo de su cuerpo. Ella lo aceptó, le dio la bienvenida, lloró de alivio. Yaman se retiró besando sus lágrimas y volvió a entrar en ella. La misma bienvenida, estaba en casa. Volvió a salir y a entrar como un mar en una orilla. Empujaba una y otra vez besando sus gemidos de placer, devolviendo rugidos de posesión. Su mujer, su mujer, su mujer. Evet, Evet, Evet. 

    Seher mordió sus labios desesperada y él llevó su mano de nuevo a su sexo para calmarlo. Calmarlo y agitarlo en una vorágine de placer sin fin. Acarició más, rozó rápido. Penetró hasta quedar fundido a ella. Fusionados. Se corrieron juntos, unidos, porque ya nada podían vivirlo separados. 

    ¿Seguían respirando o habían muerto de placer? Yaman la abrazó desde atrás saliendo de ella y añorándola. Seher había dejado de besarlo cuando tomar aire se hizo necesario. Ella se acurrucó más (imposible) en él y él buscó con el brazo parte del edredón para taparse. Se había hecho de noche y algunas estrellas brillaban de envidia al verlos. Otras bendecían ese amor que tantos siglos había atravesado porque ¿acaso alguien pensaba que aquellas dos almas no se habían amado una y otra vez a través del tiempo? Se habían encontrado siempre y siempre lograban detener el tiempo. 

    - Sen seviyorum. 

    (Silencio)

    

    

    

    

    

viernes, 19 de febrero de 2021

La chaiselongue. (Futuro Emanet)

             Seher y Yaman se despidieron de Ali, Kiraz y el pequeño Osman, cerraron la puerta de su casa y él la tomó de la mano para subir las escaleras. 

        Habían estado los cuatro cenando o, mejor dicho, intentando cenar entre llantos de bebés. El pequeño Osman, de dos meses de edad, dormitaba en su cochecito y cada vez que lloriqueaba Kiraz saltaba para cogerlo y acunarlo mientras intentaba comer al mismo tiempo. Luego lo cogía Alí para que su mujer acabara el plato y conseguía dormirlo y devolverlo al cochecito. Y así toda la velada. 

        Por otro lado, Yaman y Seher habían cenado más tranquilos. La pequeña Kevser se había pasado la cena en su balancín entretenida con su pasatiempo favorito: observar a su padre con el ceño fruncido. La bebé de rizos negros, ojos verdes y sonrisa fácil tenía a sus pies a todos los habitantes de la mansión y a sus padres locos de amor por ella. Casi sabía a quién debía sonreír y a quien "mirar a lo Kirimli" para conseguir lo que quería. 

        Poco antes de concluir la cena apareció Adalet para llevar a la pequeña a la habitación de sus padres y quedarse con ella hasta que ellos subieran. Los hermanos quedaron para el día siguiente ya que Yaman estaba ayudando, como asesor externo, a Ali en una operación contra una banda de narcotráfico y las cuñadas se verían para avanzar en el proyecto de un restaurante en Darica. 

        Yaman y Seher entraron en su habitación y agradecieron a Adalet como siempre que cuidara de su princesa. Cuando la cocinera se fue Seher entró al baño a desmaquillarse y ponerse el pijama. Estaba acabando de cepillarse los dientes cuando volvió a escuchar aquella nana cantada en voz grave y baja. Su marido debía haber cogido a Kevser en brazos y estaría paseándose por la habitación cantándole. 

        Seher sonrió al recordar a Yaman amenazándola si se le ocurría contar a alguien su particular y musical manera de tranquilizar a su hija. No es porque fuera su marido y el amor de su vida pero pensó que su voz era especial. No sólo tranquilizaba a su hija. A ella misma la había calmado muchas veces. Recordó cuando tuvo problemas para respirar y Yaman la ayudaba mirándola y haciendo que respirara con él. También recordó cuando estuvieron secuestrados y ella tuvo que desabrochar su gemelo para que él abriera las esposas. En aquella ocasión Yaman le había pedido que cerrara los ojos y se concentrara en su voz mientras le relataba una escena feliz. La voz de su marido también la había despertado en el hospital después de haberla rescatado... Esa voz era capaz de aterrorizar a sus enemigos, cantar nanas a Kevser y cuentos a Yusuf. 

        Esa voz rugiendo bajito también conseguía que ella se excitara al máximo cuando hacían el amor... Seher acabó de lavarse los dientes y salió sigilosa a la habitación. Yaman estaba dejando delicadamente a Kevser en su moisés y Seher no pudo evitar admirar el trasero de su marido. Él se dio la vuelta y se quedó mirando a su mujer vestida sólo con la parte de arriba de uno de sus pijamas. Se acercó a ella semi-sonriendo y cuando estaba a un suspiro de distancia de su boca la esquivó para entrar al baño.  

        Seher resopló ante el desplante que había hecho que le subiera la temperatura. "Ya te enterarás cuando salgas, Señor Kirimli" pensó ella. Abandonó la habitación hacia el despacho y tomando un libro se sentó cómodamente en la chaiselongue a esperarlo. 

        Yaman salió del baño con el pantalón del pijama y descalzo. Iba secándose el pelo revuelto y mojado sin notar las gotas que le bajaban por el pecho desnudo. Miró por la habitación buscando a su hechicera de verdes ojos a la que pensaba hacer el amor hasta que el cansancio (o el hambre de Kevser) apareciera. No la vio en la habitación y su ceño se acentuó mientras miraba en el despacho. Ella estaba sentada con sus desnudas piernas estiradas en la chaiselongue haciendo como que leía. No lo engañaba lo más mínimo. Estaba ofendida por haberle negado un beso hacía un momento pero ¿aun no sabía ella que si él se paraba a besarla ya no podría hacer nada más? Escondió su sonrisa como pudo y caminó hacia ella. 

        Seher se enderezó cuando lo vio de reojo acercarse como un león y pasó página mostrando más interés en lo que leía. "La legislación internacional para exportaciones e importaciones está recogida en los tratados que..." ¿Qué diablos era aquello? 🙄 pensó Seher.

        - ¿Vas a dejar la hostelería y te vas a unir a mi en la empresa, Sra. Kirimli? - oyó que le preguntaba Yaman con tono burlón. 

        - ¿Qué mejor que uno de tus aburridos libros de dirección de empresas para coger el sueño? - rebatió ella viendo nerviosa como él se situaba tras la chaiselongue. 

        -  Hay maneras más interesantes de quedar agotado para dormir bien que la lectura de mis "aburridos libros" - dijo Yaman apoyando sus grandes manos en los hombros de su mujer. 

        A Seher se le resbaló el libro de las manos pero ni se molestó en cogerlo. Se apoyó en el respaldo, cerró los ojos y suspiró a modo de invitación a que le diera un masaje. 

        Yaman sonrió travieso y empezó a amoldar sus manos a los hombros y brazos de su mujer. Masajeaba bajando, acariciaba subiendo y cuando llegaba al cuello metía los dedos entre su cabello. Con las yemas de sus dedos estimulaba su nuca causando escalofríos que él observaba como un halcón. Volvía a bajar sus calientes manos hacia los codos y al subir rozaba inocentemente sus pechos. Él captaba todas las señales del aumento de excitación de ella y las sentía como propias. Seher separando los labios para suspirar, Seher apretando las piernas para calmar el palpitar de su sexo, Seher echando hacia atrás la cabeza exigiendo su boca, Seher ondulando sus hombros pidiendo que sus manos bajaran a atender a sus pezones tensos... Seher. Sólo ella. Siempre ella. La primera y la única. 

        Yaman obedeció las mudas órdenes de su mujer e hizo resbalar las palmas de sus manos por dentro de la camisa de su pijama hasta llegar a la llanura entre los dos montes ansiosos. Estimuló con los dedos la sensible piel mientras ella seguía echando la cabeza hacia atrás buscándolo. Yaman besó su mejilla para calmarla pero ella giró impaciente la cara para atrapar sus labios y besarlos con los dientes y morderlos con la lengua...

        Por Allah ese beso había catapultado a Yaman al cielo pero quería hacerla arder antes de claudicar él. Respondió al caliente beso de Seher mientras sus grandes manos abarcaban sus pesados pechos y los adoraban. Los pezones se erizaban antes el paso de los dedos fuertes de Yaman y Seher regalaba jadeos a su esposo que cada vez se tensaba más de deseo. 

        La señora Kirimli devoraba la boca de su esposo golosa pero aun quería MÁS por lo que acabó girando y quedando de rodillas hacia el respaldo. Paseó la vista por el amplio pecho desnudo de él y luego sus manos siguieron el camino que habían seguido sus ojos. Tocó aquellos pectorales marcados, acarició sus cicatrices y leyó sus costillas y abdominales arrancando rugidos jadeantes a su poderoso marido. 

        Seher elevó la cara y sus verdes ojos emigraron de los negros de él a sus labios apetecibles. Yaman bajó y la besó arrasando su boca. Las manos de él en la espalda de ella deambularon y las manos de ella... acariciaron la piel caliente de Yaman por encima de la cintura del pantalón. Los traviesos dedos cada vez bajaban más hasta llegar a rozar y estimular el sexo de él prometiendo caricias si quedaba desnudo. La respiración acelerada de su marido le dio permiso para desnudarlo del todo y acceder a su miembro palpitante. Seher besó primero su vientre duro y cálido y cuando bajó hacia el sur su tímida lengua lo acarició para obtener su locura total. 

        Yaman estaba de pie (a duras penas) tras la chaiselongue y su mujer lo acariciaba oralmente de forma tan erótica que tuvo que agarrarse al respaldo para no caer de rodillas. Le succionaba la vida y le lamía su fuego. Por todos los infiernos ella lo hacía arder y si no quería consumirse del todo debía tomar las riendas. Disfrutó apenas un poco más del regalo de la boca de Seher y luego se apartó de ella echándola de menos al instante. Ella le frunció el ceño pero se le suavizó al verlo avanzar desnudo y entender lo que él quería hacer. Yaman la hizo estirarse y se situó en su sitio favorito: entre las piernas de su mujer. La tomó con sus grandes manos por la cintura para colocarla donde él quería, abrió sus preciosas piernas y su boca fue a acoplarse al sexo dulce de ella. Seher tembló con la primera pasada de su lengua y siguió temblando sin poder contenerse con aquellas caricias lascivas que surcaban su sexo arriba y abajo. La boca de Yaman era avariciosa y viajaba, chupaba y lamía buscando más jadeos, más suspiros y más movimientos de cadera femeninos. Todo el poder conseguido durante años lo cambiaba ahora por el premio del orgasmo de su amante. Su ambición era ella y por eso llevó de nuevo sus manos a los pechos de Seher y aceleró con su lengua los toques rápidos en el centro palpitante. La oyó gemir, notó sus piernas tensarse, bebió su elixir y coleccionó otra victoria de ella, de los dos. Besó amoroso su sexo mientras la notaba derretirse entre sus brazos que la buscaban para acunarla. 

        La boca de Yaman subió por su pubis, su vientre y su pecho hasta anclar en el cuello de Seher para aspirar su aroma a vainilla mientras su cuerpo duro y ansioso descansaba en el cuerpo más blando y acogedor de ella. Seher lo abrazó para que sus corazones se acompasaran y acarició su ancha espalda dibujando infinitos entre sus fuertes músculos. Sentía saciado su cuerpo y amada su alma pero no podía sosegarse porque el salvaje engañosamente relajado que yacía sobre ella necesitaba liberar su fuego en ella. Seher bajó las manos por la espalda de Yaman hasta llegar a su duro y firme trasero y lo atrajo hacia ella en una sutil invitación. Notaba su miembro impaciente entre sus piernas y lo quería en su interior, recorriendo sus camino y llenando sus huecos. Completando el puzzle que eran ellos. 

        Yaman levantó la cara y se la quedó mirando. 

        - ¿Lista para parar el tiempo? - preguntó acariciando su mejilla con su barba. 

        - Siempre - respondió Seher con el amor desbordando sus verdes ojos. 

        Su marido se incorporó y quedó de rodillas. La tomó de las manos e hizo que ella también se arrodillara. Le desabrochó los pocos botones que aún resistían y la desnudó por completo. Se abrazaron por un momento para compartir las sensaciones que los atravesaban a ambos y luego Yaman pasó a sentarse en la chaiselongue. Animó a su mujer a sentarse sobre él, las rodillas a cada lado de sus caderas. Sus sexos se encontraron, sus pechos se unieron para compartir latidos y empezaron a comerse los labios uno al otro mientras las manos de uno marcaban al otro como propio. Sus caderas se buscaban para encajar y Yaman entró en ella y ella lo acogió en su profundidad. Eternamente unidos siendo una sola alma se movieron uno en el otro lentamente. No querían perderse un solo roce, un solo suspiro. Piel con piel, calor en calor, sudor de pasión. Seher se elevaba y volvía a él una y otra vez aumentando cada vez más el desespero de Yaman. Se miraban anhelándose a pesar de tenerse. Volvían a besarse y se perdían en ellos. 

        Los besos nunca eran suficientes, las caricias les parecían pocas, las miradas tan breves... y así querían más, se pedían más. Yaman la comía, Seher lo saboreaba. Seher aceleraba porque lo quería todo entero, lo quería más adentro más al fondo. Yaman la atraía desesperado notando en su columna el inicio del orgasmo. Los dos se pidieron "más fuerte" y se lo dieron. Los dos se rogaron "más rápido" y se precipitaron. Los jadeos, rugidos y gemidos se mezclaron en sus bocas y compartieron éxtasis tensándose uno en el otro. Vertiéndose él en ella como lava de vida y, como siempre, parando el tiempo. 

        Yaman recuperaba el aliento entre besos al cuello de su mujer y caricias a su esbelta espalda. Ella volvía a la "vida" amarrada a su amante y disfrutando del roce de su barba en la piel. 

        Yaman tomó la camisa de su pijama y arropó a Seher. La ayudó a incorporarse y luego se levantó él. Por Allah, cada vez que mirara la chaiselongue se pondría malo. Se puso el pantalón del pijama y entonces la oyó. Era un rugido como los suyos pero en versión bebé y el motivo no era ahuyentar enemigos, era hambre. 

        - Tu hija tiene hambre - dijo Yaman empujando cariñoso a su mujer hacia la habitación. 

        - No se oye nada - fue decirlo y escucharse el pequeño lloriqueo. 

        - ¿Cómo lo haces, papá Kirimli? 

        - Es un secreto padre-hija - dijo presumido. 

        - Bien. La amamanto y luego te la paso para que le cantes. 

        - Contigo mirando no - pidió él falsamente avergonzado. 

        - Bien, le pondré las canciones de Halil...

        Yaman buscó su cara para dedicarle su ceño más fruncido y luego se asomó al moisés para coger a su hija en brazos y dejarla a continuación en el pecho de su madre. Se sentó en su lado de la cama y se cruzó de brazos para ver una de las escenas más hermosas que sus negros ojos podían contemplar. 

        Cuando Kevser estuvo satisfecha pasó a los brazos de su padre que, mirando de reojo a su mujer, empezó a susurrar la nana de su hija.


 

            

        

        

sábado, 13 de febrero de 2021

Princesa Kirimli. (Futuro Emanet)


DESPUÉS DE LA BODA...         

    Yaman llevaba rato despierto. Estaba sentado en la cama con la desnuda espalda apoyada en el cabecero y repasando las noticias de economía en su móvil. De vez en cuando miraba a la preciosa mujer que dormía a su lado cuya mano descansaba en su duro vientre. Seher se había adueñado de las camisas de sus pijamas y a él solo le había dejado los pantalones, por lo que llevaba días durmiendo semi desnudo. Resultaba gracioso que después de tanto pudor con el tema de los camisones sexys, una vez casados, ella sólo hubiera querido usar SUS pijamas. Verla dormir con su pijama negro, con varios botones desabrochados que dejaban ver su provocador escote, le templaba el corazón. Cogió aire de golpe cuando la mano traviesa de ella resbaló hasta la cintura de su pantalón. ¿Seguro que estaba dormida? se preguntó frunciendo el ceño. 

        Seher no quería abrir los ojos aun. Desde la boda dormía profundamente y le costaba horrores despertarse. Seguramente la culpa de que durmiera tan bien era del hombre que tenía al lado, de su manera intensa de hacerle el amor cada noche y de lo calentita que dormía entre sus brazos. Se acercó más a él y volvió a mover la mano traviesamente pero, de repente, él la abrazó y la subió a su cuerpo. Seher se encontró estirada sobre él, mirando fijamente sus ojos negros y volvió a enamorarse. Cogió aire para suspirar pero al momento se sintió rara. Lo besó rápido en los labios, se bajó de él y salió disparada para el baño. 

        Yaman frunció más el ceño y se levantó para acercarse a la puerta del baño. 

        - ¿Estás bien? - preguntó preocupado. 

        - Ya salgo - contestó ella. 

        - ¿Otra vez el estómago? - dijo asustado al verla salir con la cara blanca. 

        - No creo... Bueno sí. Pero no - dijo dudando si contarle sus sospechas. 

        - ¡Vístete! Nos vamos al hospital - ordenó Yaman (por no perder la costumbre). 

        - Creo que será suficiente con ir a una farmacia - le explicó ella sonriendo levemente y apoyando las palmas de sus manos en su fuerte pecho. 

        Seher había hablado el día de antes con Mamá Nadire y ella le había recomendado comprar un test en la farmacia para salir de dudas. Seher se sentía eufórica y asustada al mismo tiempo pero quería estar segura antes de hablar con él. Cambió de opinión y decidió que saldrían de dudas juntos. 

        - ¡Vístete, Yaman Kirimli! Nos vamos a la farmacia - le devolvió la orden a su marido poniéndose de puntillas y besándolo en la mejilla. 

        - No entiendo. Me quedaría más tranquilo si fuéramos al hospital - contestó él abrazándola cariñoso y preocupado. 

        - Si se confirman mis sospechas, no vas a estar tranquilo en lo que te queda de vida - dijo Seher sonriendo más ampliamente. 

        - ¿Sospechas de qué? - preguntó confundido. 

        - Un bebé - contestó ella mirándolo fijamente para no perderse su cara. 

        - Un bebé ¿Un bebé? ¡¡¡Un bebé!!! - repetía con la voz enronquecida de repente. 

        - Creía conocer todas tus expresiones pero la que tienes ahora mismo no me suena. Es como una mezcla de pánico, sorpresa, confusión... creo que sí iremos al hospital pero para que te visiten a ti. 

        Yaman miraba a su preciosa mujer burlándose de él y sólo podía oír la palabra "bebé" resonando en su mente. Un hijo o una hija de ellos dos. Cerró los ojos y hundió la cara en el cuello de ella. La abrazó más fuerte para sentir que aquel momento era real y luego fue él el que se metió en el baño para ducharse, vestirse y salir disparado con ella a la farmacia más cercana. 

        Volvieron a casa con 5 tests de embarazo por insistencia de su esposo. A Seher le había costado bastante convencerlo para parar a desayunar ya que habían salido de casa sin hacerlo y en la farmacia había notado un hambre canina. Yaman jamás se había sentido tan impaciente e ilusionado, con excepción de cuando ella había aceptado casarse con él. 

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        - Vas a gastar el suelo de tanto pasearte - le dijo Seher mirándolo sentada en la cama y añadió bromeando - ¿quieres una pasarela como los modelos? 

        - ¿Cómo puedes estar tan tranquila? - contestó él dando la vuelta para volver a empezar. 

        - En unos minutos saldremos de dudas...

        - Esos tests son demasiado lentos - se quejó Yaman. 

        - Yeter (suficiente) voy a buscar los tests - dijo levantándose de la cama. 

        Yaman se le adelantó y entró antes que ella al baño. Seher se puso a su lado suspirando resignada y ambos miraron ilusionados los tests puestos en fila. Se cogieron de la mano y Yaman se la apretó. Seher estaba embarazada. Iban a ser padres. Yaman la abrazó entonces y besó su frente cerrando los ojos emocionado y agradecido. 

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SEMANAS MAS TARDE...       

     Yusuf entró corriendo en la cocina gritando que iba a tener un hermanito y Adalet y Neslihan sonrieron felices al escuchar al pequeño. Yaman y Seher entraron cogidos de la mano y escucharon felices los buenos deseos de la cocinera y su sobrina. Se sentaron en la pequeña mesa de desayuno, uno a cada lado de Yusuf, y empezaron a desayunar. Habían pasado varias semanas desde el test y viendo que todo iba bien le habían dado la noticia a Yusuf para que fuera él quien la difundiera a sus seres queridos. 

        Seher escuchó resignada como su marido le preguntaba lo mismo de cada mañana ¿Ácido fólico? ¿Vitaminas? Luego aguantaba la retahíla de lo que no podía comer como si ella no pudiera recordarlo por sí misma y al fin, cuando Yaman acabó, cogió los lokmas para rellenarlos de queso, olivada y mermelada. Su particular antojo hacía fruncir el ceño de Yaman pero ella se lo fruncía de vuelta con cara de "ni se te ocurra decir nada". Tenía el marido más atractivo y cariñoso del mundo pero como futuro padre la tenía agotada. Estaba pesadísimo y trataba de tener paciencia pero de vez en cuando escapaba a casa de su cuñada Kiraz a desahogarse. La verdad es que se desahogaban una con la otra porque Kiraz acababa de saber que también estaba embarazada y, al parecer, Ali era igual de pesado que su hermano mayor. 

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DÍAS MÁS TARDE...

        - ¿Hoy sabremos el sexo? - preguntó Yaman por décima vez a su mujer mientras esperaban en la sala de ginecología. 

        - Si se deja ver, sí - Seher se acarició el vientre aun plano y murmuró - que sepas que tu padre ha decidido que eres una niña, yo no le llevaría la contraria porque de vez en cuando le sale el genio Kirimli y hay que salir corriendo. 

        - Mi genio Kirimli te gusta demasiado... - susurró él cerca de su oido provocando escalofríos en Seher. 

        - Tu genio Kirimli lo echo de menos. Nos han dicho que el sexo no daña al bebé así que como esta noche no vea tu genio Kirimli "consumado" te mando a dormir al cuarto de la caldera ¿tamam?

        Cada noche su marido buscaba la manera de hacerla llegar al éxtasis pero sin poseerla y eso a ella la ponía de mal humor. (Cuando dejaba de gritar de placer, la ponía de mal humor). Necesitaba sentirlo dentro como siempre y necesitaba que él perdiera ese miedo a dañarla y lo necesitaba urgentemente. 

        - ¿Seher Kirimli? Ya puede pasar. 

        Yaman sonrió como siempre hacía al oír el nuevo nombre de su mujer y se levantó para seguirla a la consulta. 

        - Todo va de maravilla. Medidas correctas para las semanas de gestación. Y ahora la pregunta que esperaban ¿quieren conocer el sexo del bebé? - la ginecóloga los miró levantando las cejas. 

        Yaman y Seher se miraron comunicándose como siempre hacían y contestaron al mismo tiempo Hayir. 

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Conversación de whatsapp entre Yaman y Ali.

    Ali: Entonces ¿no habéis querido saber el sexo del bebé?

    Yaman: No. En cuanto nos lo preguntaron decidimos que sería una sorpresa. 

    Ali: Pero tú quieres una niña. 

    Yaman: Yo SÉ que es una niña. Y tú, a estas alturas, sabes que siempre acierto. 😎

    Ali: Siempre puedes dejar los negocios y unirte a mi comisaría, abi.

    Yaman: Te encantaría tenerme a tus órdenes, sigue soñando. ¿Cómo se encuentra Kiraz?

    Ali: Está preciosa y me vuelve loco. Lo bueno es que el embarazo la ha calmado y parece que durante 9 meses no se meterá en ningún lío. 🙏

    Yaman: Me alegro. Nos vemos mañana en la cena entonces. 

    Ali: Tamam, abi. Hasta mañana. 

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Conversación de whatsapp entre Seher y Kiraz.

    Kiraz: No sé si yo aguantaré sin saber si es niño o niña. 

    Seher: Nosotros queríamos saberlo y en el último momento dijimos que no pero Papá Kirimli está seguro de que es una niña y cualquiera le lleva la contraria. 🙄

    Kiraz: ¿Sigue igual de pesado? 😂

    Seher: Peor. Como siga así yo no paso por otro embarazo. Me quedo con Yusuf y su... hermana... y al padre lo mando directo a hacerse la vasectomía. 

    Kiraz: 😈

    Seher: Offf te dejo que acaba de llegar con otro plato de fruta y nueces. Cuídate cuñada. Hasta mañana. 

    Kiraz: Salúdalo de mi parte jajaja Hasta mañana. 

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    Seher estaba desnuda cómodamente estirada sobre su agotado marido. Apoyaba los codos en sus pectorales y la cabeza en una mano a la vez que lo taladraba con su verde mirada. 

        - Creo que compartiré mis vitaminas contigo. Te ves cansado. 

        - Para nada. Es estupendo que el embarazo haya aumentado tus ganas de hacer el amor - contestó él.

        - ¿Estás seguro? ¿Tres veces seguidas no ha sido demasiado?- preguntó antes de besar su cicatriz del hombro. 

        - No me retes, Señora Kirimli, no me retes.

        Yaman miraba enamorado a su mujer dudando si decir lo que le rondaba hacía días por la mente. 

        - Esto... - empezó y dejó de hablar. 

        - ¿Evet

        - He estado pensando en el nombre de nuestra hija - dijo rápidamente. 

        - Decides el sexo del bebé y ahora decides el nombre. Harika (genial) - le contestó ella fingiendo estar indignada. 

        - No es una decisión, es una consulta. ¿Podría llamarse Kevser? 

        Seher se lo quedó mirando con sus verdes ojos llenos del amor que sentía por él. Notó que rápidamente nacían lágrimas de emoción y caían por sus mejillas para acabar mojando el pecho de su marido. 

        - Me parece un regalo más que un nombre y Yusuf estará feliz también. Me encanta. 

        - Bien. Ahora a dormir - ordenó Yaman abrazando a su mujer y tapándolos a ambos. Él soñó esa noche con su hija caminando de manos de Seher y Yusuf. Una niña morena de ojos verdes que reía un momento y al siguiente fruncía el ceño...

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       Cuando Yaman, Seher y Yusuf llegaron a casa de Mamá Nadire para cenar, el resto de la familia ya los estaba esperando. Se saludaron con Ali, Kiraz, Mamá Nadire, Sultana y Firat y pasaron al comedor. 

        - Voy a la cocina a ayudar - le dijo Seher al oido a Yaman. 

        - No te canses - y apretó su mano antes de dejarla marchar siguiéndola con la mirada. 

        - Cuñado ¿qué es eso de no saber si será niño o niña? - preguntó Firat sin apartar la mirada de su móvil. 

        - Será niña - afirmó Yaman yendo a sentarse al lado de su hermano Ali. 

        - ¿Esperas alguna llamada Firat? - preguntó Ali.

        - Mi invitada llega tarde y miraba a ver si me había mandado algún mensaje. ¡Oh! Voy a abrir, debe ser ella - y fue a la puerta tras oír el timbre. 

        Yaman y Ali se miraron y negaron con la cabeza. Ya sabían cual sería la siguiente boda de la familia y entre quienes. Oyeron la voz de Neslihan canturrear en la puerta y sonrieron al mismo tiempo y casi de la misma manera. 

        Todos disfrutaron mucho de aquella cena. Ali y Kiraz recordaron cuando Kiraz se dedicó a los detalles de boda y Sultana preguntó si podrían comprar en algún lugar aquellas peladillas tan ricas. Mamá Nadire explicó anécdotas de la infancia de Seher y Firat que Yaman y Neslihan no acababan de creer. Hablaron de bebés, por supuesto. Las abuelas daban consejos a las futuras madres que los futuros padres rebatían y Yusuf contaba los meses que faltaban para la llegada de sus dos primos. 

        Durante la cena las miradas del incipiente amor entre Firat y Neslihan no pasaron desapercibidas para nadie y menos para la madre de Firat que veía feliz sonreír una y otra vez a su hijo. Aquella chispeante joven le arrancaba carcajadas con su ingenio y dulzura y el corazón de Nadire ya la quería como nuera. 

        Esa noche Yaman le dijo a Seher:

        - Por Allah que me duele el hombro. No vuelvo a sentarme al lado de la Tía de mi hermano. Se pasa la cena dándome manotazos. 

        - Anda Yaman Kirimli, ponte el pijama y te hago un masaje... 

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 PASAN LOS DÍAS...

        Seher observaba feliz a los dos hombres de su vida practicar tiro con arco. Yusuf trataba de imitar a su padre en todo y Yaman cualquier día estallaba de orgullo con su "pequeño fuego". Desde la adopción Yusuf los llamaba papá y mamá y ellos trataban de incluirlo en todos los planes para el bebé. Si lo pensaba, Seher sabía que hacía meses que eran una familia, incluso antes de casarse...

        Notó algo bajo el ombligo y se llevó las dos manos para sentirlo. Le encantaba la pequeña curva que anunciaba que su hija iba creciendo dentro de ella y acarició su vientre amorosamente. Yaman la vio y se acercó sonriendo. 

        - ¿Has notado algo? - preguntó ansioso poniendo su mano grande y cálida sobre las de ella. 

        - He notado burbujitas - explicó ella sonriéndole. 

        - ¿Nada de patadas? - preguntó Yaman frunciendo el ceño. 

        - Es demasiado diminuta...

        - Veo que ya te haces a la idea de que tendremos una hermosa niña. Por cierto será morena y tendrá tus ojos - explicó él depositando un suave beso en los labios de su mujer. 

        - Podrías dejar los negocios y hacerte adivino, Yaman Kirimli. 

        - Mi hermano ya me ha ofrecido un puesto de policía en su comisaría pero sería él el que debería obedecerme y eso no sería bueno para nuestra estrenada relación fraternal. 

        Yusuf llegó corriendo y preguntó:

        - Tu hermana hace burbujas dentro de mamá - le explicó Yaman tomando su pequeña mano y llevándola al vientre de Seher. 

        - No noto nada - dijo el pequeño. 

        - De momento sólo lo noto yo, cariño, en unas semanas papá y tú notareis sus patadas, ¿tamam? - le explicó Seher. 

        - Tamam, pero que las de fuertes! - pidió Yusuf. 

        - ¡No! contestaron sus padres al mismo tiempo. 

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        Yaman dormía profundamente cuando notó que Seher se incorporaba de golpe. 

        - ¿Qué te pasa? - le preguntó. 

        - Son como calambres - dijo asustada y respirando rápido. 

        - ¡Vamos al hospital! - pidió nervioso Yaman saltando de la cama y yendo a ayudarla a levantarse.     

        Seher notaba esos calambres y el miedo la recorría de arriba a bajo. En su mente se repetía "No, por favor" mientras en la mente de su marido se repetía "No lo permitiré". 

        Llegaron al hospital y Yaman no la dejó caminar. La tomó en brazos delicadamente y la acercó a su pecho. 

        - No te preocupes. Todo estará bien - le susurró con voz grave al oído. 

        Seher se acurrucaba en su fuerte pecho sin poder evitar que le cayeran las lágrimas. 

        Los hicieron pasar a la consulta inmediatamente y Yaman dejó a Seher en la camilla con todo el cuidado del mundo. Explicaron lo que pasaba y la ginecóloga tomó el ecógrafo. Pidió a Yaman que se apartara y se colocara a la cabecera de la camilla. Él obedeció y tomó de la mano a su mujer a la espera de ver las imágenes en la pantalla. Lo primero que oyeron fueron unos latidos rápidos y fuertes. Ambos suspiraron. 

        - ¿Está bien nuestra hija? - preguntó Yaman intentando no rugir. 

        - Por lo que veo y oigo está todo perfectamente. Estos calambres pueden ser pequeñas contracciones por lo que recomiendo más reposo Seher. 

        - Tamam. Lo que sea necesario - dijo Seher cruzando la mirada con Yaman. Ambos harían lo imposible porque su hija naciera sana. 

        Yaman la miraba todavía asustado y decidido a tenerla entre algodones las semanas que faltaban para que naciera su Princesa Kirimli. La ginecóloga los dejó solos en la consulta para que Seher se arreglara. Seher se sentó en la camilla y puso su mano en la mejilla de Yaman acariciando su barba:

        - Tranquilo. Ya ha pasado. 

        - No voy a permitir que os pase nada - prometió él besando la mano que lo acariciaba. 

        - Lo sé. Vámonos a casa. 

        Esa noche Seher se quedó finalmente dormida en brazos de su marido. Él permaneció despierto, desafiando al destino a que intentara dañar a su mujer e hija. 

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        - Esto es una locura. No paran de venir visitas. Así no puedes descansar. Voy a llamar a todo el mundo y a prohibirles que vuelvan. Hasta que no nazca Kevser aquí no vuelve a entrar nadie - rugía Yaman dando vueltas por la habitación. 

        - No seas pesado. No me dejas levantarme de la cama para nada y me voy a volver loca. Por Allah, al menos no se me hace tan largo el día gracias a las visitas - pidió Seher. 

        - ¿Tienen que venir cada día? - preguntó Yaman frunciendo el ceño a su mujer. 

        - Esto es lo que significa el amor de la familia y los amigos Yaman Kirimli. Estoy bien. No me cansan y si me cansaran lo diría para que cerraras con candado la habitación tal y como lo estás deseando. 

        - Nos tendríamos que haber ido con Yusuf a la casa de la isla los 3 solos. Allí habrías estado más tranquila - dijo él sentándose al lado de su mujer y abrazándola amoroso. 

        Yaman puso su gran mano sobre la curva del vientre de Seher y acarició cuidadoso. Luego bajó la cabeza hasta que su boca quedó cerca de su barriguita y murmuró:

        - Hola pequeña ¿tú también estás harta de las visitas? 

        - Cariño, aquí estamos más cerca del hospital - dijo Seher en voz baja.

        Yaman levantó la oscura mirada hacia su mujer y dijo:

        - Tamam. Ese argumento me cierra la boca por lo que queda de embarazo. 

        - Pero no quiero que te preocupes. Tú también has de relajarte. Apenas duermes...  - dijo Seher acariciando su ceño con el índice. 

        - Estoy acostumbrado. Así puedo abrazaros a las dos durante toda la noche - dijo intentando despistar a su mujer. 

        - Mañana llamo a tu hermano y que te lleve al campo de tiro a quemar adrenalina. Y os lleváis a Firat. 

        - Mi hermano no querrá que un civil lo humille. Tengo más puntería que el Komisarium y a tu hermano no hay quien lo saque de la cocina de esta casa. Ayer juraría que vi cómo le salían corazones de la cabeza al mirar a Neslihan. 

        - Hacen una pareja tan bonita - sonrió Seher. 

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        - ¡Yaman Kirimli! Estoy de 24 semanas, me has tenido todo el verano encerrada aunque la doctora dijo que podía salir a dar paseos, me has atiborrado a fruta y nueces, has gruñido a todas las visitas y ahora ¿no quieres que vaya a la tienda de muebles? Ni hablar - protestó Seher saliendo de la ducha envuelta en su albornoz. 

        - No te vas a pasar horas de pie de tienda en tienda mirando muebles. Nos traen los catálogos a casa y elegimos - sentenció él poniéndose ante ella con toda su estatura. 

        - Hayir. Ahora mismo llamo a Kiraz y nos vamos las dos a mirar muebles. Si nos quieres llevar y acompañar estaremos encantadas - Seher se puso de puntillas para pasarle las manos tras el cuello y suspiró- No vamos a ir a varias tiendas, sólo a una. Si me canso, me sentaré. Si me encuentro mal, iremos al hospital. Sevligim... lütfen...necesito salir.     

        - Tamam - accedió Yaman tirando del cinturón del albornoz para desnudarla. Metió sus grandes manos por la abertura y cruzó los dedos por detrás de su espalda, luego bajó la cabeza y la besó suavemente. Ella lo mordió en el labio y entre beso y beso le dijo que había quedado con Kiraz en media hora. 

        Yaman suspiró, cerró el albornoz de su mujer e intentó calmar las ganas que tenía de hacerle el amor. 

        - Mejor salgo de la habitación. Te espero abajo - besó rápido su frente y la dejó sola para que se vistiera. 

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EN LA TIENDA DE MUEBLES

        - Me gusta eso y la cuna de madera oscura - dijo Yaman. 

        - "Eso" se llama moisés. A mí gusta el dos en uno de madera pero en blanco. Madera oscura... 🙄 Moisés y luego se convierte en cuna es más práctico y barato. 

        - Estás hablando del lugar donde dormirá la hija de Yaman Kirimli 👸.  Puede dormir primero en un "como se llame", luego en una cuna y luego en otra cuna más grande si hace falta - dijo él ceñudo. 

        - El caso es que no hace falta, Yaman Kirimli. Y es NUESTRA hija. Puede dormir en el moisés a mi lado y luego se puede transformar en cuna cuando no quepa. 

       ((( - ¿Por quién apuestas? - preguntó Kiraz al oido de Ali mientras seguían la discusión de Yaman y Seher como si de un partido de tenis se tratara.  

        - Por mi hermano. Lleva todo el embarazo saliéndose con la suya. 

        - Yo apuesto por Seher. Hoy no va a ceder. Ha cedido en todo lo que era por salud pero en tema cuna, cochecito, habitación de la peque... ahí Yaman no tiene nada que hacer. Además ella acaba de ponerle la mano en la mejilla... está perdido. Yo gano Komisarium.))) 

        - Tamam - dijo Yaman besando la palma de la mano de Seher- pero ¿tiene que ser blanco? 

        - Evet, blanco - sonrió Seher - ahora a por el cochecito.

        Yaman y Seher se cogieron de la mano y pasaron a mirar los cochecitos. Ali y Kiraz se quedaron observando las cunas, luego cruzaron la mirada y dijeron al mismo tiempo: el dos en uno, se dieron la vuelta y siguieron a la otra pareja. 

           Yaman tenía el ceño tan fruncido 😠 que Seher tuvo que ponerle el índice para suavizárselo. 

        - ¿Estás enfadado con los cochecitos? - preguntó divertida. 

        - Hay muchos y no parecen cochecitos ¿qué diablos son? - acabó preguntando mirando también a su hermano. 

        Alí se encogió de hombros solidario y dijo a Kiraz:

        - Cariño ¿nos iluminas? 

        - Eso son las sillitas de paseo para cuando el bebé ya se mantiene sentado, esos son los cochecitos para los primeros meses y eso de ahí son para cuando va en el coche y llevan una base para que estén bien anclados y sujetos. Ahí están los plásticos para cuando llueve y ahí los parasoles para cuando hace sol. Eso de ahí que parece un patinete se adapta a la silla por si hay un hermanito mayor que también pueda subirse y cogerse de la sillita. Y eso son las diferentes bolsas que puedes atar al chasis para guardar todo lo que el bebé necesite cuando salga de paseo - acabó de explicar Kiraz sonriendo a Yaman y Ali. 

        Seher trataba de aguantar la risa pero cuando Yaman se giró y la taladró con su mirada "asesina" no pudo contenerse más y empezó a reírse de ellos 😂. 

        A Yaman se le calentó el corazón al oírla reír despreocupada y miró en silencio a su cuñada dándole las gracias. Sabía que Seher había estado muy preocupada las últimas semanas y él quizás la había puesto más nerviosa aun con su sobre protección. Pasó su brazo por detrás de la espalda de su mujer y le dijo al oído:

        - Podemos coger una cosa de cada y listo. 

        - Hayir. Algunas cosas forman parte de un conjunto. Te dejo elegir color Sr. Kirimli... - dijo Seher contenta. 

        - No hay negro 😒...  ¡auch! ese codazo sobraba. Sabes que voy a elegir el verde más parecido a tus ojos ¿verdad? - preguntó Yaman bajando la cabeza con intención de besarla. 

        - Bien pues creo que tocan las habitaciones - dijo Seher esquivando el beso - ¿vosotros vais a elegir también cochecito? - preguntó a sus cuñados. 

        - Sí. Nos encanta el naranja ¿verdad Komisarium? - preguntó Kiraz sin mirar a Ali que en aquel momento miraba al techo y negaba con la cabeza. 

        - Buena elección - felicitó Yaman a su pequeña cuñada viendo como tras ella su hermano lo miraba con cara de querer encarcelarlo (otra vez). 

        

        - Tía de Yusuf... - Susurró Yaman al llegar a la zona de las habitaciones. 

        - Sólo me llamas así cuando me quieres pedir algo - le sonrió Seher. 

        - Verás, respecto a la habitación de Kevser... Yusuf y yo tenemos algunas ideas... y nos gustaría sorprenderte. 

        - Cariño... - dijo Seher y lo abrazó sin poder contenerse - me encantará. Ya me veo la habitación de la niña llena de arcos, flechas y barcos por todos sitios... 😜 es broma, es broma, no me hagas cosquillas. Vale, Vale. Confío en vosotros dos. 


        - ¿Ese cambiador? - preguntó Kiraz. 

        - Tamam - contestó Ali. 

        - ¿Esa camita? - preguntó Kiraz. 

        - Evet - contestó Ali. 

        - ¿Esa cajonera? - preguntó Kiraz. 

        - Tamam - contestó Ali. 

        - ¿Esa pistola reglamentaria? - preguntó Kiraz. 

        - Evet - contestó Ali. 

        - 😡😡😡

        - TamOUCH! Me he despistado, lo siento. Cariño, si vas a acabar eligiendo tú todo, no sé ni para qué me preguntas. Y no se agrede a un agente de la autoridad. 

        - Creo que te enamoraste de ella la primera vez que te agredió, Ali - dijo Seher pasando por al lado de sus cuñados en dirección a un cuadro que había visto.   


        Seher estaba mirando el cuadro que le había llamado la atención cuando Yaman se detuvo a su lado. 

        - Quiero ese cuadro Sr. Kirimli. El resto de la habitación os la dejo a Yusuf y a ti para vuestras locuras pero ese cuadro debe estar en la habitación. 

        Yaman sonrió viendo la lámina rectangular que su mujer quería. Eran margaritas, estrellas y corazones dispuestos formando un infinito. Tenía mucho colorido y quedaría muy bien en la habitación de su hija.   


SIETE MESES...

        - Ha llegado un paquete - anunció Yaman saliendo a la terraza donde su mujer descansaba con los pies en alto. Hacía un agradable día soleado de finales de octubre y no sólo Seher, también Yusuf y Ziyah disfrutaban del sol y de las flores. 

        Yaman dejó la gran caja sobre una silla y se sentó al lado de Seher para besarla dulcemente. Puso su gran mano sobre su vientre e hizo círculos masajeando. 

        - ¿No cogerás frío? - preguntó Yaman. 

        - Hayiiiiiir. Anda abre la caja ¿quién lo envía? - Preguntó Seher. 

        - Ehem... viene de Taiwan. Lo envía Ela - contestó Yaman mirándola divertido mientras abría el paquete e iba pasándole paquetes más pequeños. 

        - ¡Oh! Ela Teyze 🤬... veamos que ha mandado. Pijamas. Uno con un arco, otro con una flecha, otro con una diana... - el tono de Seher cada vez más burlón. 

        - Son graciosos - dijo Yaman. 

        - Cállate Kirimli - ordenó Seher y desenvolvió otro paquete que la hizo sonreír - ¡Oh, mira! un peluche con forma de estrella. Y este paquete supongo que no es para Kevser, ¡Yusuf! Aquí hay un regalo para ti, cariño. Toma de parte de la Tía Ela. 

        - ¡Qué barco tan bonito! Pero está desmontado. Papá ¿me ayudarás a montarlo? No, mejor lo guardo para que me ayude Kevser - dijo Yusuf y se acercó al vientre de su madre - küçük kiz kardes (hermanita pequeña), cuando llegues tenemos que montar un barco ¿tamam?

        - Pequeño fuego, Kevser tardará bastante en poder ayudarte. Ven vamos a montar nosotros este y para cuando ella pueda compramos otro - le dijo su padre. 

        - ¿Quieres jugar con el regalito de Ela, Señor Kirimli? - preguntó Seher celosa. 

        - Sabes que somos como hermanos - dijo Yaman dándose la vuelta y llevando a Yusuf a una mesa cercana.

        Seher se quedó mirando su ancha espalda y murmuró rabiosa -Ella para ti, sí. Tú para ella... no lo creeré jamás Yaman Kirimli (ni el fandom tampoco 😝). 


CONVERSACIÓN DE WHATSAPP ENTRE SEHER Y KIRAZ

    Seher: Mira que si se retrasa y nace en plena Nochevieja... 

    Kiraz: mmm Yaman ¿qué dice?

    Seher: Que nacerá el día 21 de diciembre. 😏

    Kiraz: ¡Ah! pues puedes relajarte hasta entonces. Acertó con el sexo de Kevser, con el de Osman, con el día que Firat se declaró a Neslihan... tu ceñudo marido a veces da miedo

   Seher: ¡Ya no! 😊 Ha cambiado un poquito. 

   Kiraz: jajaja. Te dejo cuñada que voy a abrir el restaurante. 

   

CONVERSACIÓN DE WHATSAPP ENTRE YAMAN Y SU SUEGRA

    Nadire: ¿Cómo estás hijo? ¿Más tranquilo?

    Yaman: No dejo de pensar en su madre y en lo que le pasó. 

    Nadire: Yaman, Seher y la pequeña están bien y Seher es muy fuerte. Sólo tienes que recordar que se casó contigo 😉 

    Yaman: 🙄 fue una formalidad, por Yusuf...

    Nadire: Por Yusuf se podría haber casado con "el otro 🍲". 

    Yaman: Habría quedado viuda a los 5 minutos 👊.

    Nadire: Se casó contigo enamorada y lo sabes.  

    Yaman: Evet y yo daría mi vida por ella.

    Nadire: Lo sé. Ahora procura animarla con tu... sentido del humor. Os llamo mañana, hijo. 

    Yaman: Hasta mañana, tesekkurler. 


CONVERSACION DE WHATSAPP ENTRE YAMAN Y ALI

    Alí: Abi ¿vendrás mañana al campo de tiro?

    Yaman: Mañana es 21 de diciembre... me quedo en casa.

    Alí: Entiendo, tu predicción... 👍

    Yaman: Aynen öyle (exactamente) 

    Alí: No te pases todo el día vigilando a mi cuñada o la volverás loca ¿tamam? Y llama si Seher se pone de parto. 

    Yaman: Tamam. 

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    Yaman despertó y en seguida echó de menos el cuerpo de Seher pegado al suyo. Se sentó, la buscó por la habitación y la vio doblando jerseys en el vestidor. Llevaba puesta la camisa de su pijama y a pesar de su abultado vientre seguía pudiendo cerrar todos los botones. Con el pelo suelto estaba preciosa, pensó. Se levantó y se acercó a ella despacio para no asustarla y la abrazó contra su pecho. 

        - Gunaydin, esposa - le susurró él. 

        - Gunaydin, esposo - sonrió ella. 

    Seher lo miró cautelosa y puso sus manos en el fuerte pecho desnudo de él para acariciarlo como quien calma a una fiera que en cualquier momento puede alterarse. 

        - ¿Qué haces levantada? Siempre me despierto yo primero - preguntó Yaman besándola en la frente. 

        - Eveeet, pero resulta que llevo 3 horas con contracci¡¡¡YAMAN KIRIMLI!!! ¡¡¡Cálmate!!! ¿Tamam? ¿Quieres dejarme en el suelo? Lütfen... Mírame. Estoy bien. Las contracciones de momento son soportables y nos va a dar tiempo de que te duches, te vistas, cojamos la canastilla y lleguemos tranquilamente al hospital. 

        - ¿Cómo puedes estar tan tranquila? - susurró rugiendo Yaman - yo estoy temblando de pies a cabeza. 

        - Ya te veo... Estoy tranquila porque uno de los dos debe estarlo y como soy a la que le ha tocado dar a luz a nuestra hija, pues mejor será que no me ponga nerviosa ¿tamam? Vete a la ducha, ¡haydi!

        En cuanto Yaman se metió en el baño Seher se apoyó en la pared para respirar profundamente y esperar a que se le pasara el dolor. Cuando cedió la contracción pensó en la cara de Yaman blanca como la cera cuando había escuchado la palabra contracción. Tanto rugir, tanto rugir y luego era un gatito, aix... 

        Cuando llegaron al hospital dos horas más tarde las contracciones ya eran más seguidas y, afortunadamente, el inminente padre se había calmado bastante. Yaman la ayudó a bajar y tomó la canastilla del asiento trasero. No habían dado dos pasos cuando notó como ella le apretaba la mano y respiraba profundamente. 

        - ¿Estás bien? - le preguntó. 

        - Estoy de parto, Kirimli, de parto. Bien estaba ayer estirada en nuestra cama mientras me hacías masajes en los pies - contestó ella entre dientes. 

        - De acuerdo 😓, apóyate en mí. Vamos a entrar - le contestó su marido sabiendo que ahora le tocaba a él ser esa montaña en la que ella podía recostarse. 

        Las siguientes horas Yaman se sintió el hombre más inútil sobre la faz de la Tierra. Veía a su mujer sufrir sin poder aliviarle el dolor y su instinto de protección se hacía añicos. Sólo podía limitarse a tomarla de la mano intentando traspasarle su fuerza pero al mismo tiempo se daba cuenta de que jamás sería tan fuerte como ella.  

        La mujer que ahora respiraba tratando de controlar el dolor de traer una vida al mundo era la misma que lo había retado una y otra vez; la misma que recibió una bala que iba para él; la misma que había peleado por la felicidad de Yusuf con uñas y dientes; la misma que había decidido salvar su oscura alma con amor, confianza y sabiduría.

        Seher se relajó bastante después de que le pusieran la epidural y hasta bromeó con su marido diciéndole que su hija igual nacía 3 días más tarde. Al cabo de unas horas, la ginecóloga les dijo que podían pasar a la sala de partos. Seher miró a Yaman y cuando lo vio con la mirada perdida le dijo:

        - Puedes quedarte aquí, yo luego salgo con Kevser y te cuento como ha ido...

        - Señora Kirimli yo voy donde tu vayas. 

        - Tamam, pero tienes prohibido gruñir a nadie en el paritorio. Haydi, vamos a conocer a nuestra hija. 

        Media hora después Yaman y Seher miraban con los ojos llenos de lágrimas a Kevser Kirimli. La pequeña lloriqueaba en el pecho de su madre a la espera de que la pesaran, midieran y le hicieran las primeras pruebas. No había prisa, lo primero era conocer a sus padres. 

        - Gracias - susurró el poderoso Yaman Kirimli a su mujer con la ronca voz entrecortada. La besó en el pelo y luego bajó a rozar con los labios la frente de su hija. 

        - De nada, me debes un café cuando salgamos - dijo ella apoyando la cabeza en el hombro de Yaman y suspirando llena de felicidad. 

        Al día siguiente el hermano mayor de Kevser fue a conocerla. Yusuf se pasó toda la mañana haciéndole preguntas que luego contestaba él mismo pero Kevser no quitaba ojo a su hermano casi pareciendo que lo entendía. Para disgusto de su ceñudo padre, la pequeña pasó de brazos de su abuela Nadire a los de Adalet. Luego Neslihan no quería soltarla y su tío Ali casi sacó la placa para poder cogerla en brazos. Kiraz le decía monerías mientras Firat le enseñaba un peluche de un doberman (¿quién diablos traería un peluche de un doberman para una niña?). Arif Baba, Nedim y Cenger sólo pasaron a saludar y enseguida se fueron. 

        Seher sonreía viendo resoplar a su marido cada vez que la niña cambiaba de brazos. Ziyah entró con una planta de margaritas  y besó a su cuñada en la mejilla, luego fue a abrazar a su hermano Yaman emocionado. 

        Kevser empezó a llorar y esa fue la señal para que todos menos Yusuf dejaran la habitación. Yaman por fin había recuperado a su princesa y la acercó a Seher para que le diera de comer. 

        - Por Allah, qué familia más agotadora - se quejó él. 

        - Papá ¿puedo dormir hoy en casa del tío Ali y la tía Kiraz?

        - Tamam. Lo llamo, creo que estará aun fuera. 

        Alí abrió la puerta de la habitación con cuidado e hizo señas a Yusuf para que saliera. El pequeño se acercó a su padre que lo aupó para que pudiera besar a su madre y hermana y, antes de irse con su tío, abrazó fuerte a su gigante 😍.

        Yaman agradeció con la mirada a Ali y volvió para sentarse a observar a su mujer. 

        - Guzel... Hermosa - susurró - ¿estás cansada?

        - Agotada pero feliz - dijo mirando a su pequeña alimentarse de su pecho. 

        - Se han ido todos y de repente es como si se hubiera parado el tiempo. Sólo tú eres capaz de hacer eso Seher Kirimli. Tu amor infinito - dijo Yaman emocionado. 

        - Nuestro amor infinito, Yaman Kirimli - dijo ella clavando su verde mirada en la oscura de su marido. 


        Tres días más tarde Seher estaba en la puerta de la habitación de su hija con los ojos cerrados. Yaman sostenía a su hija entre sus brazos y Yusuf le preguntaba si estaba lista para ver cómo había quedado la habitación de la pequeña. Seher abrió la puerta y entonces Yusuf le dijo que ya podía abrir los ojos. Cuando lo hizo, su corazón empezó a latirle rápido de la emoción. Entró y casi no reparó en la cómoda, cambiador, butaca, lámpara y demás mobiliario blanco. Sólo tenía ojos para las cuatro paredes decoradas con los dibujos de Yusuf tamaño mural. Eran sus dibujos del cuento del gigante. Estaba la princesa, el niño, el gigante y una niña pequeña de pelo negro, ojos verdes y, ¡oh! por Allah, llevaba un arco colgando. Habían dibujado a Kevser como una arquera... Los dibujos se reproducían en pequeñito en la ropa de cama, cortinas y cojines llenos de colorido. 

        Miró con los ojos llenos de lágrimas a su marido y le dijo:

         - Me encanta. Es precioso. 

        Yaman se limitó a mirarla lleno de orgullo y amor por su familia. 

                

        Horas más tarde, todos dormían en la mansión, pero Seher Kirimli despertó porque le pareció oír cantar a alguien. Tuvo que abrir bien los ojos para creer la escena que tenía delante. 

        Yaman Kirimli estaba sentado en la butaca que habían colocado en la habitación y sostenía a su pequeña hija entre sus grandes manos. La miraba mientras tarareaba bajito una canción de cuna. Seher jamás había oido cantar a su marido y lo miraba fascinada porque tenía una voz ronca y preciosa que parecía encantar a su hija. Esperó sin hacer ruido a que acabara y cuando él levantó la cabeza ella sólo pudo decirle:

        - Sen seviyorum Yaman. 

        - Sen seviyorum Seher - susurró él. 

Dandini dandini dastana

(canción de cuna)

Dandini dandini danalı bebek 
Mini mini elleri kınalı bebek 
Annesi babası çok sever 
Uyur büyür nazlı bebek 
Huuu huuu huuu hu

Dandini dandini dastana 
Danalar girmiş bostana 
Kov bostancı danayı 
Yemesin lahanayı 
Huuu huuu huuu hu

Dandini dandini danadan 
Bir ay doğmuş anadan 
Kaçınmamış yaradan 
Mevlam korusun nazardan

                Huuu huuu huuu hu        

    


    

    

               

        

        

        

        

        


    

    

        

        

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