miércoles, 31 de marzo de 2021

Seher vuelve a Yaman (Capítulos 55-56)

    SEHER

     La luz en tu negra mirada al vernos en casa me dice que he tomado la decisión correcta. Es una luz esquiva, muy difícil de ver y por ello más apreciada. El porqué ver tus ojos brillar es tan importante para mí es algo que no logro entender...

    Mi paz no debería depender de si tu mirada oculta más o menos sombras, pero tu felicidad y la de Yusuf van unidas y al procurar una, consigo la otra. Has entrado por la puerta y no has dudado en abrazar a nuestro sobrino. Tu amor por él jamás lo he cuestionado, pero es un amor que arrasa con todo y que no duda en golpearme a mí si es preciso.  Amas sin medida igual que odias sin límites y, tanto cuando amas como cuando odias, dejas un reguero de destrucción a tu paso que luego me toca a mi reparar. 

    Hemos vuelto y tus ojos brillan pero ¿hasta cuándo? Durante el desayuno no dejas de mirarme con algo parecido al aprecio y tienes mi corazón pendiente de la duración de cada una de esas miradas. No lo hagas, no hagas eso. No quiero que me hagas soñar para luego castigarme con una pesadilla. Haces que quiera lanzarme al mar de tu mirada pero temo la tormenta que vendrá después. Me ahogaré.                                 Siempre ha sido así. Contigo es el cielo y luego el infierno. 

    Pasan los minutos y vuelves a sorprenderme. Hoy debe tocar estar en el cielo... Yusuf quiere pasar tiempo contigo y que juegues con él pero en el último segundo me arrastráis al jardín. Otra vez tiro con arco y otra vez te recuerdo aquel día tras de mi. Tu voz como miel caliente me rugía instrucciones que erizaban mi piel. Tu cuerpo tan cerca que el mío temblaba excitado. Si cierro los ojos soy capaz de sentir los lugares exactos donde tus dedos me acariciaron ese día... 

    Por fin tiro la flecha pero tus ojos me siguen disparando. Déjalo, para, por favor. Hoy no me he puesto la armadura y soy una diana fácil para ti. Me acaricias el pelo, rozas mi cara y mis labios se abren buscando un beso que nunca llega ¿cómo lo haces? ¿cómo parece que me hagas el amor a dos metros de mi? ¿por qué demonios te anhelo si luego tu voz aúlla salvaje rompiéndome y tus manos se vuelven garras despedazándome?  

    El reloj corre y cuanto más cerca te siento más lejos sé que voy a acabar. Algo va a romper esta felicidad frágil como tela de araña porque lo que nos une, sea lo que sea... es como la flor que plantamos... se rompe fácilmente... no dura. 


    YAMAN

    ¡Kahretsin! La distancia entre los dos se va acortando a medida que pasan las horas. Entiendo el miedo en su mirada (yo lo construí), sus dudas (yo las sembré), su desconfianza (yo la gané) pero hoy por fin he tenido segundos de ella que debo guardar para que no escapen. Odio que pase el tiempo cuando consigo que no rehúya ni mis besos ni mis caricias. Besos y caricias que flotan en el aire, que llegan a ella, los siento yo y los siente ella pero duran segundos. Intento atraparlos pero se me escapan de entre los dedos. Llevo todo el día cazando instantes y rogando que nada los haga desaparecer de un plumazo. Son momentos efímeros, delicados como una flor... la flor. 

    Nadie como yo para destruir lo bello, lo sagrado, lo suave. Siempre yo y mi ira, yo y mi odio, yo y mi pasado... Y ahora se acaba el tiempo. Cuando creí que me había abandonado, eché a rodar una roca colina abajo que ahora amenaza con estrellarse contra el sueño que nos une. En cualquier momento la roca dejará de rodar porque nos habrá alcanzado. La distancia volverá a agrandarse. Los segundos de besos y caricias se esfumarán como si nunca hubieran existido. 

    Ahora estamos rodeados de flores. Hay muchas excepto la nuestra. Esa se marchitó entre mis manos llenas de odio. Te miro y te dibujo en mi mente, me miras y respiro los últimos segundos juntos. Llega la roca y suena el timbre de casa. Vienen a por ti. Mi trampa se vuelve en mi contra y he de ver impotente cómo te alejan. Cómo te alejo, porque la culpa es mía. 

    Yo lo he roto, yo lo he de arreglar, pero ¿qué valor tendrá para ti algo tan remendado? Yo mismo tengo tantas cicatrices como lo nuestro... remiendos, parches, costuras... Soy un hombre dañado ofreciendo en silencio un amor dañado. ¿Lo querrás algún día? ¿Me querrás algún día? 


    


martes, 30 de marzo de 2021

Yaman vuelve a Seher (Capítulos 50-51)


    
Creí que podría hacerlo y alejarme de ti, alejarnos de ti, pero a los pies del barco he tenido que dar media vuelta porque notaba mi alma abandonando mi cuerpo. Mi corazón no habría subido a ese barco tampoco porque a mi partida,  él habría corrido a refugiarse latiendo a tus pies. Si me hubiera ido tus recuerdos me habrían acechado volviéndome loco, drenándome la vida y robándome el aire. Lo he intentado y no he podido. He pasado días planeando crédulamente dejarte en tierra. Pobre idiota...

    Como si la distancia sirviera para borrar el verde de tus ojos de los míos, como si tu risa fuera a dejar de sonar en mis oídos o como si tu olor a vainilla pudiera no llegarme surcando el viento. Vuelvo a ti, a tu bondad, a tu generosidad y a tu compasión. Necesito todo lo que eres en mi vida aunque yo solo recoja migajas de ti porque no merezco nada entero. 

    Estos días en la casa de madera nos vimos obligados a fingir ser una pareja, ser padres... ¿Quién diablos fingía? Tuve que disfrazar mis miradas mil veces; tuve que ocultar el temblor de mi mano sobre la tuya; tuve que resistir tus cuidados en mis heridas cuando lo que verdaderamente me sangraba era el alma por no poder abrazarte. ¿Simular que no fui feliz procurando comida, refugio, calor o seguridad a las dos personas que más amo?... Simular y a la vez  tratar de convencerme que debía huir al extranjero. Días de momentos hermosos y pensamientos cobardes. Pero esos días fluyeron a un instante a los pies de un barco y ahí... ahí tuve que dar la vuelta. Volviste a vencerme sin hacer nada. Siempre ganas y ni siquiera lo sabes. 

    Cuentan que Ulises resistió el canto de las sirenas. Mi canto es tu cabello pero mi fuerza de voluntad no es la del héroe griego. Tus ondas castañas podrían ser nudos de marinero de lo fuerte que me tienen atrapado. Y es que a él también vuelvo, a tu pelo que me tienta varias veces al día captando mi atención. Te confieso que a veces he dejado de escuchar lo que me decías porque mis ojos han vagado a tu cabello. Y me he quedado segundos mirándolo e imaginando que sentiría al acariciarlo, al retirarlo de tu cara para dejarlo caer por tu espalda. 

    Te lo apartas y me llega su aroma, te lo peinas y me hiere su brillo. A veces te lo cubres con un pañuelo... y he de callar mi lamento. No lo cubras, no lo tapes, no me prives de mirarlo e imaginarlo extendido sobre mi pecho desnudo... porque sólo tengo eso. El imaginar, el soñar. 

    Es un sueño loco, imposible, inalcanzable de tenerte en mis brazos un día sin nada entre nosotros. Sin problemas, sin malos entendidos, sin rencores, sin miedos... sin ropa. Solos tú y yo bajo las sábanas negras, piel con piel, moviéndonos juntos, sudando, gimiendo, suspirando, tocando, saboreando, besando y muriéndonos de placer y amor el uno en el otro. 

    He vuelto a ti y mañana nos volveremos a encontrar en el pasillo, te miraré en silencio, te amaré en silencio pero aun así ¿verás en mis negros ojos retazos de mis sueños? 

    


    

sábado, 27 de marzo de 2021

Cambio de hora.


Dibujo de Luis M. Contreras. 

    
Al último día de la vida de Andrés le faltó una hora. La madrugada del 30 al 31 de marzo de aquel año los relojes habían avanzado pasando de las 2 a las 3, robando así esa hora del último sueño de Andrés. Cuando despertó tomó su reloj y movió las manecillas, luego fue a la cocina a dar los buenos días a su esposa. 

    - No sé qué voy a hacer un domingo tan temprano - le comentó a María. 

    - ¿Tan temprano? Si son las 11 de la mañana. ¡Ay Andrés! el reloj había que adelantarlo, no atrasarlo - le dijo su esposa sonriendo y negando con la cabeza ante su despiste. 

    Andrés entendió perplejo de repente que era tarde. No sabía lo tarde que era ya para todo... Volvió a girar las manecillas acortando así aun más su vida. Aquel domingo de marzo, que coincidió con el domingo de resurrección, hacía sol por lo que Andrés aprovechó lo que le quedaba de mañana para salir a pasear y para llegar tarde a la partida de dominó con los amigos en el bar habitual. 

    A mediodía volvió a casa para comer con su mujer y su hija de 26 años por última vez.  El plan de la tarde era visitar a su sobrina embarazada para llevarle regalos para el pequeño que estaba por nacer. A esa visita no llegaron tarde, simplemente no llegaron. 

    Poco antes de las cinco de la tarde se vivieron los últimos momentos de la vida de Andrés. Momentos que con el tiempo todos convirtieron en "y si"...

    Aparcó ante la casa de Andrés el coche de su hija mayor y se bajaron ella, su marido y su nieta de 3 años a la que tiempo le faltó para salir corriendo a abrazar a su abuelo. El último abrazo que le dio.

    La hija mayor, embarazada de 7 meses, lo saludó descubriendo olor de tabaco prohibido y frunciendo el ceño lo riñó por enésima vez. Lo reprendió por seguir fumando "a escondidas" habiendo acabado hacía poco el tratamiento contra el cáncer de pulmón, pero la adictiva nicotina podía más que Andrés. Esa hija aun recuerda que las últimas palabras dichas a su padre fueron de reprimenda. 

    La hija, el yerno y la nieta volvieron a subir a su coche. De la casa salió María y la hija pequeña que se puso al volante de su propio vehículo. Se oyó la voz de la pequeña nieta llamando a su abuela:

    - ¡Yaya! ¡Vente con nosotros!

    María dejó abierta la puerta del pasajero y fue hacia el coche de su hija mayor ante la insistencia de la pequeña. Se subió con ellos y Andrés pasó a ser copiloto de su hija pequeña. La voz de esa niña hizo girar el eje del destino. 

    En el camino inocente para ir a visitar a la familia un domingo de Semana Santa cambiaron varias vidas mientras una se apagaba. En un semáforo la pequeña nieta de Andrés se giró en el asiento de atrás del coche de sus padres y saludó a su abuelo y a su tía que iban en el coche de atrás. Fue una despedida. El semáforo se puso en verde y ambos coches salieron a la carretera. 

    Minutos más tarde, apenas dos kilómetros más tarde, todo era ya diferente. Andrés acababa de dar su vida salvando la de su hija pequeña. Ese acto de amor verdadero quedó entre hierros retorcidos, humo y gritos. Quedó escondido del ruido de las sirenas y del rugir del helicóptero que apareció en el cielo de las cinco de la tarde. 

    A Andrés le faltó una hora de su último día pero le dio años a su hija. A ella le siguen faltando 48 horas porque su cerebro quiso olvida moviendo las manecillas hacia adelante. Y cada año cuando ha de cambiar la hora de su reloj recuerda el valor del tiempo. El tiempo que se pasa con los seres queridos no debe ser adelantado ni atrasado, debe ser vivido. 

    

    

    

 

viernes, 26 de marzo de 2021

Soñar juntos (Capítulos 39 y 40) Para Reme porque el amor es la cura de todo. 💖


         

    Instrucciones de uso: leer lentamente y con la canción de "Bir tek askim var sana emanet" de fondo. Besitos y gracias, siempre. 


    Yaman abrió los ojos después de haber dormido profundamente y la vio a dos latidos de distancia. Rindió sus ojos en la cara de ella atrapado por su pelo ondulado, la soñada suavidad de su piel y el ardiente rojo de sus labios. Su belleza lo hipnotizaba y le costaba un mundo siempre apartar la mirada de ella. Notó algo cálido acariciar su brazo izquierdo y, al no estar familiarizado con las caricias, buscó su origen. Ella lo estaba tocando. En su piel descansaban los dedos confiados de Seher. Pensó si esa caricia era la culpable de su sueño tranquilo y sufrió ante la posibilidad. Que su paz dependiera de ella no lo hacía feliz precisamente. 

    El día anterior los dos habían hablado de algo parecido. Hablado, discutido, peleado... se comunicaban así. 

    - Entiendo que quieras que Yusuf sea fuerte como tú pero tiene sólo cinco años. Sus miedos han de ser curados con cariño y amor. 

    - El amor debilita. Ha de aprender a ser fuerte y valiente ante sus miedos - se enfadó él. 

    - Quizás tú de niño debiste enfrentar solo muchos miedos pero Yusuf no está solo. La máscara de fuerza insensible puede romperse y quedar debajo únicamente el miedo a perder lo que amamos. 

    Seher abandonó la habitación dejándolo solo con el eco de las palabras de ella. 

    Más tarde Yaman se había unido al picnic del que disfrutaban Yusuf y su tía en el jardín. Sin llegar a darle la razón a ella, se había sentado para pasar un rato con el niño y para calmarlo con su presencia. Ellos dos apenas habían hablado pero las miradas de ambos no habían cesado de mandarse mensajes: "¿por qué estás tan cerca? te respiro y mi cuerpo se altera"; "no vuelvas a apartarte el pelo así, yo moriría por acariciarlo aunque sólo fuera una vez"; "no me mires, tus iris negros entran en mi alma y espían mis confusos sentimientos"; "calla, porque tus palabras destilan afecto y nunca van destinadas a mi". 

    Yusuf, sin saberlo, fue el artífice de un momento dulce y a la vez doloroso para sus tíos. Propuso que su tía se dejara ayudar en el tiro con arco. Al escuchar dicha propuesta, ambos vacilaron temiendo no resistir la atracción pero, finalmente, Seher tomó el arco y Yaman tomó aire. Luego se acercó a ella. 

    Seher se puso el disfraz del orgullo para engañar su anhelo por tenerlo tan cerca. Disimular la emoción culpable que sintió cuando él se paró tras ella la dejaba sin fuerzas. Lo notaba alto y fuerte en su espalda y un loco pensamiento de recostarse en su pecho cruzó su mente.  ¿Qué se sentiría siendo amada por él? ¿refugiada en él? ¿acariciada por él? ¿besada por él hasta perder la noción del tiempo? Tuvo que reconstruir rápidamente su disfraz y provocarlo preguntándole:

    - ¿Debo imaginar a mi enemigo en la diana?

    Yaman había sujetado el arco y sus manos se rozaban levemente alterándolo. Ante la pregunta retadora de ella respondió:

    - Si te ayuda a dar en el objetivo, hazlo - respondió Yaman, sabiendo     que ese enemigo era él.

    Jamás reconocería el dolor que sintió al saber que ella aun lo consideraba así, por lo que frunció el ceño y se limitó a dar instrucciones de cómo sujetar el arco, cómo tensar la cuerda y cómo disparar. Pero su pelo quedaba demasiado cerca como para ignorar el aroma que se le grababa a hierro ardiente. ¡Maldita mujer!.

    Sus cuerpos reaccionaban y se reconocían anhelándose como si siglos atrás se hubieran pertenecido y algún "Big Bang" los hubiera separado. Quizás en otra vida se amaron y ahora algún dios travieso los unía como enemigos, pues sólo así se podría explicar el hambre de sus miradas o de besos no dados pero sí recordados. 

    Seher luchaba contra el calor. Él era fuego y la rodeaba quemándola. Su mano cerca de la suya, su aliento caliente en su cuello, su aroma tomándola de rehén... Seher disparó aquella flecha y a Yaman le dolió el pecho. Volvió a quedar herido por ella y sangre de desesperación manó cuando ella se separó de él. 

    Pero ahora, con la salida de otro sol,  ya nada dolía porque ella lo estaba tocando mientras dormía. En sueños no tenían que disimular, podían soñar juntos. 


    Seher abrió los ojos lentamente porque había soñado con la felicidad. No recordaba exactamente el sueño pero despertar en paz requería de sueño feliz. Mientras trataba de retener retazos de aquella fantasía se descubrió reflejada en él. Yaman se había quedado dormido con ellos y ella se deleitó observando su cara tan varonil: sus cejas, sus pestañas, sus labios...  Nada de ira, nada de ceño fruncido, nada de recuerdos odiosos de un pasado lejano... 

    Tan embobada estaba mirándolo que tardó en entender dónde reposaba su mano. Demoró varios suspiros en retirarla porque verla sobre el brazo de él le había parecido lo más correcto del mundo. Fueron segundos pero sus dedos quedaron empapados por la calidez de su piel. Fue dejar de tocarlo y añorarlo. Era un sinsentido y Seher acabó huyendo de aquellos instantes levantándose de la cama y corriendo a su habitación. Allí se apoyó en la puerta intentando calmar su respiración y su corazón. 

    ¿Qué la había hecho caer dormida teniendo tan cerca a su enemigo? Y recordó. Yaman había empezado a contar un cuento a Yusuf y su voz grave y levemente ronca la había hechizado. Aquel ogro había creado un cuento de hadas donde Yusuf y ella misma habían caído. Pero definitivamente había sido su inconfundible voz la que la había arrullado hasta hacerla dormir. Su sueño de felicidad se había tejido en las palabras de él. Ahora recordaba el sueño y dolía de lo perfecto que. era. 

       Se veía a sí misma enamorada e ilusionada vestida con un hermoso traje de novia teñido de mil estrellas brillantes que simulaban la vía láctea. Su pelo estaba recogido y un precioso velo caía de él. En la mano adornada con el anillo de casada sostenía un delicado ramo de margaritas blancas. De repente sonaba el timbre y al abrir la puerta él estaba esperándola. Su mirada llena de amor y anhelo la traspasaba y ella avanzaba hacia él. Se miraban como amantes largamente separados que finalmente se habían encontrado. Yaman la tomaba de la mano y la acercaba más a su fuerte cuerpo. Luego su cara descendía y la besaba en la mejilla haciéndola temblar de amor. 

    El sueño avanzaba y ambos se encontraban uno en brazos del otro. Una dulce y nostálgica canción los mecía en un íntimo baile. La mirada de Yaman descansaba en la verde mirada de Seher. Estaban en casa porque uno era el hogar del otro. Y en los brazos del otro hallaban la fuerza para luchar, el consuelo para aceptar y la felicidad del compartir. 

    Seher se sonrojó al recordar cómo había acabado su sueño. Los dos a solas en su habitación se habían ido acercando lentamente, con cuidado, en silencio. Yaman la había tomado por la cintura y Seher había apoyado las manos en su pecho. Sin dejar de mirarse, Yaman había bajado la cabeza y sus labios habían suspirado un beso en los de ella. La emoción los recorría de arriba a abajo y del uno al otro, invadiéndolo todo. Sus bocas se tocaban y se reconocían intercambiando fuegos artificiales mudos y brillantes. El trueque de besos un poco más húmedos y miradas un poco más salvajes lo endurecían a él y la ablandaban a ella por lo que Yaman la abrazaba cada vez más fuerte y Seher lo acariciaba cada vez más rendida. 

    Hicieron el amor como si el tiempo les perteneciera. Quedaron detenidos todos los relojes de la casa y el universo dejó de girar. Los besos duraron toda la noche, las caricias no hicieron paradas y los susurros fueron su canción. Se amaron intensamente pero la luz del día fue cruel y llegó para volver a separarlos y ... despertarlos. 

    

    Yaman abrió la puerta de su habitación y oyó que se abría la de ella. Levantó la mirada y la vio avanzar hacia él con aquel pañuelo anudado a su hermoso cuello y lo envidió. No dijo nada, habló ella:

    - Gracias por la noche de ayer...

    Yaman la miró temiendo que ella se hubiera colado en sus sueños también. Como si no fuera suficiente tenerla presente durante el día. Siguió callando cobardemente. 

    - Quiero decir... gracias por el cuento que contaste a Yusuf... el del Gigante...

    - Sólo fue un cuento - respondió seco. 

    Seher lo miró con ojos brillantes y contestó despertando por segunda vez...

    - Claro, sólo fue un cuento de hadas... 

    Seher bajó la mirada embargada de repente por la tristeza y giró para entrar en la habitación de Yusuf. 

    Yaman recuperó la respiración y se tocó el lugar donde ella lo había acariciado... 

    

    

     

    

miércoles, 24 de marzo de 2021

El Hilo Rojo del Destino.

 


Escrito publicado en la web El Hilo Rojo del Destino de nuestra amiga @Nona 

De nuevo gracias Mónica por la confianza. 


Cuando dos almas se reconocen el hijo rojo del destino se tensa y ahí es cuando somos conscientes de que alguien a quien no sabíamos que esperábamos ha llegado.

 

Un hombre joven y apuesto se dispone a entrar en el hospital cuando choca con una hermosa mujer que sale apresurada. Sus miradas convergen y se anclan la una a la otra por unos instantes que les parecen eternos. Los segundos suenan tic tac tic tac pero deben separarse pues más gente quiere entrar y más gente quiere salir. Los dos dan un paso hacia el mismo lado y vuelven a quedar frente a frente. Se sonríen pero esa sonrisa sólo se refleja en sus ojos por culpa de la mascarilla que ambos llevan. Vuelven a intentar cederse el paso y sus cuerpos bailan hacia el mismo lado de nuevo. Intercambian otra mirada sonriente y finalmente él se echa hacia atrás para que ella pueda salir. Sus cuerpos se acercan y se alejan en lo que dura una respiración. Él capta un leve perfume que se refugia para siempre en su memoria. Ella se lleva un pedacito de la calma que él transmite. La electricidad suena crepitando porque sus meñiques, durante un segundo, se han rozado. El hilo rojo del destino se ha tensado y destensado y ya dos almas se reconocen.

 

El hilo rojo del destino marca el momento cuando dos almas se reconocen pero hay almas que necesitarán varios encuentros para aceptar su destino.

 

Ella está nerviosa. Lleva nerviosa semanas. Las noticias no son buenas pero debe aceptarlas y confiar. Está intentando calentarse las manos con la infusión que ha de calmar sus nervios cuando levanta los ojos y lo ve. Él, otra vez. Su temerosa mirada cruza la cafetería del hospital para ir a parar a sus ojos azules, esos que él levanta y paran en los suyos. Dos almas se reconocen de nuevo. Ella está sola, él acompañado. Ambos querrían hablarse, comprobar que sus voces les son familiares a pesar de no haber intercambiado jamás palabra alguna. El misterio de sus bocas queda desvelado porque los dos se han quitado las mascarillas. Se ven los labios, se sueñan un beso imposible y acaban apartando las miradas porque el anhelo inesperado duele demasiado. La hora de la visita se le acerca a ella, una llamada urgente le llega a él. Cuando él vuelve a buscarla ella ya no está.

 

Dos almas se reconocen sin verse porque el hilo rojo del destino las une incluso a través del espacio y del tiempo.

 

-        ¿Diga? – contesta ella la llamada.

-        Llamo del hospital para hacerle unas preguntas. Soy el cardiólogo que la operará mañana – explica él frunciendo el ceño. Esa voz…

-        De acuerdo. Le escucho – y ella querría escuchar esa voz para siempre porque la ha calmado, porque ha sentido que todo estaba bien. Su corazón ha reconocido esa voz y le confiará su latido al día siguiente.

 

La conversación se alarga; ninguno de los dos quiere colgar. No se están viendo pero se están mirando porque el hilo rojo del destino vuelve a tensarse cuando dos almas se reconocen.

 

En el momento más difícil de un ser humano, el hilo rojo del destino se tensará para que dos almas que se reconocen puedan finalmente unir sus vidas.

 

Ella yace en la camilla con su pelo oculto bajo el gorro verde. Lleva la mascarilla que hace meses acompaña a todo el mundo y un ángel disfrazado de enfermera la tapa para que no coja frío. El suero gotea en tic tac marcando los segundos previos a que la duerman. Sobre ella focos potentes han de iluminar el camino hacia su corazón. Un corazón con una arteria en problemas. Una arteria que, según cuenta alguna leyenda que ha leído, cruza su cuerpo hasta llegar a la punta del dedo meñique. Cuando sale del dedo meñique lo hace en forma de hilo rojo del destino. Ese hilo conecta todas las almas y hace que cuando se encuentran, se reconozcan.

La espera en quirófano empieza a ponerla nerviosa pero alguien se ha parado a su lado y su dedo meñique nota el cálido tacto de esa persona. Eleva los ojos y unos iris azules la sorprenden. Él también lleva gorro y mascarilla pero sus ojos azules ya viven en su corazón estropeado desde la primera vez que los vio. Lo reconoce.

El joven doctor siente un tirón en su dedo meñique que de manera inexplicable ha ido a unirse al de la paciente a la que ha de operar a corazón abierto. Es la joven con la que no podía dejar de hablar por teléfono y, cuando busca sus ojos para conocerla, resulta que su alma ya la había reconocido. Ve en su mirada que ella confía en él y él no puede permitirse dudar. Ha de operarla.

Ella despierta entre luces, pitidos y cables pero no teme. Lo siente a su lado tomándola de la mano. Encuentra sus ojos azules y sus miradas hablan. Ya no se separarán jamás porque el hilo rojo del destino ha vuelto a tensarse haciéndoles entender que sus almas han de seguir el trazado marcado por el destino.

 

martes, 23 de marzo de 2021

La Misión. Final.


     Yaman salió corriendo hacia la zona de descarga esperando encontrar allí a su hermano. Le temblaba la mano que sostenía el móvil y cada vez que miraba la foto de ella y leía el mensaje que la acompañaba quería gritar de impotencia. Los estibadores y los policías que se hacían pasar por estibadores también estaban llegando al contenedor descargado para que la tripulación del barco no sospechara y avisara a Rifat. Yaman giraba sobre sí mismo buscando a Ali y cuando apareció corrió hacia él.

    - Voy a matarlo, Ali. Encontraré a Seher y mataré a ese animal - rugía Yaman.     

    - Déjame ver la foto - pidió Ali alargando la mano. 

    El comisario pasó por alto el temblor de los dedos de Yaman al entregarle el móvil. En la pantalla aparecía Seher amordazada, con sus manos a la espalda y las piernas atadas. Parecía estar en un terrado pues estaba mojada y la foto había captado el movimiento de su pelo. El mensaje bajo la foto era el siguiente: "de la azotea al suelo hay seis plantas, si no hay problemas, las bajará por la escalera, si hay problemas..." 

    - Hay que enseñarle esto a Ibo de inmediato. Yaman, la encontraremos - dijo Ali apoyando una mano en el hombro de su hermano. 

    Ali levantó la mirada a tiempo de ver cómo sacaban a los niños del contenedor y hacían como que los llevaban al otro. El contenedor Kirimli subiría al tráiler vacío. El conductor, después de confesar cuál era el punto de venta, era llevado en esos momentos esposado hacia un coche oscuro mientras un policía subía al tráiler para conducirlo. 

    Yaman y Ali se dirigieron hacia la furgoneta negra donde estaba Ibo.

    - ¿Cuál es el punto de venta? - preguntó cada vez más nervioso Yaman. 

    - Un burdel a las afueras de Estambul. Varias patrullas de la secreta están dirigiéndose hacia allí, se mantendrán alejados hasta que lleguen los "jefes" y vean llegar el tráiler. Les he dicho que se limiten a vigilar Yaman, no harán nada hasta que tengamos a Seher - explicó Ali. 

    

    Llegaron a la furgoneta y subieron uno delante del otro. Ibo tomó el móvil y enseguida descargó la foto de Seher en el ordenador. Amplió la foto y en otra pantalla apareció un mapa satélite de la zona del burdel. Ibo trataba de saber si el terrado de la foto era el mismo del burdel o era de un edificio cercano. ¡Bingo! Era el edificio justo  al lado. Alí se alegró de tener a ese hombre como compañero pues era de los mejores rastreando. 

    - Dame un arma - pidió Yamah antes de bajar de la furgoneta. 

    Ali miró a su hermano mayor y éste le devolvió la mirada. Se entendieron y Ali le pasó una semiautomática que Yaman guardó en su cinturón. Ambos hermanos se dirigieron hacia el coche de Yaman mientras Ali volvía a dar instrucciones por radio. 


    Seher se encontraba sola en aquella azotea. Los hombres que la habían secuestrado en su camino de vuelta a casa desde el restaurante la habían amordazado, atado y dejado bajo la lluvia de Estambul. Después de gritar y maldecir durante todo el trayecto finalmente se había calmado. Había conjurado la imagen del hombre que amaba y se había repetido a sí misma que él estaría bien, que el hecho de que ella estuviera allí no quería decir que Yaman estuviera muerto. 

    - Vas a venir, lo sé - pensaba Seher una y otra vez. 

    La joven recordó entonces cuando ambos habían estado amordazados y atados en aquella fábrica víctimas de la locura del profesor ukelele. Yaman había logrado calmarla con su voz y había conseguido que ella le sacara el gemelo para poder abrir las esposas... Seher empezó a respirar más rápido cuando recordó los abalorios de su pulsera y separó sus manos todo lo ancho que permitieron las esposas. Tanteó con los dedos de una mano la pulsera hasta dar con uno de los abalorios con forma de pequeña llave. Se dijo que no perdía nada por intentarlo y cerrando los ojos pensó en él, en el olor de su cuello, en el sabor de sus labios y en el brillo de sus ojos. 

    Sintió inundarla la calma que él siempre conseguía construir para ella y fue manipulando el cierre de las esposas. No se lo creyó cuando notó que una muñeca quedaba liberada y cuando vio que podía separar las manos rió nerviosa. Su ex marido estaría orgulloso de ella, pensó quitándose la mordaza.  Intentó abrir la otra esposa pero no pudo así que la dejó colgando y a toda prisa se desató los tobillos. La lluvia le caía por la cara y se la apartó junto con el pelo pegado. Se acercó alerta a la puerta del terrado y pegó la oreja por si escuchaba voces. Ante el silencio, tomó la maneta y la giró lentamente observando con e corazón al galope como se abría la puerta. 

    Yaman y Ali aparcaron a dos manzanas del burdel y caminaron el resto del camino. Se acercaron a uno de los coches de policía de incógnito y preguntaron por los movimientos tanto en el burdel como en el edificio adyacente. El agente estaba explicando que los capos habían llegado hacía 5 minutos y que el camión aun tardaría 15 en llegar cuando Ali se giró para informar a Yaman que ellos dos irían a por Seher. Yaman no estaba tras él. ¡Kahretsin! su hermano ya había desaparecido en busca de su mujer. 

    Yaman iba pegado a la pared buscando la maldita puerta de acceso a aquel edificio que ahora veía que era una antigua fábrica.  Dio con la puerta entreabierta y no lo pensó. Su mujer estaba en aquella azotea y podía estar rodeada de matones así que entró dejándose llevar por la impaciencia y la angustia. Avanzó hacia las escaleras y cuando pisó el primer peldaño oyó a alguien tras él. Un fuerte golpe se escuchó en la nave abandonada y, cuando Yaman se giró comprendiendo que el golpe no se lo había llevado él, vio a un tipo en el suelo. Levantó sus ojos negros del esbirro y el corazón se le saltó un par de latidos. 

    La mujer de su vida lo miraba con sus increíbles ojos verdes abiertos de par en par y sujetando una barra de hierro por encima de su cabeza. Por Allah bendito, su increíble mujer lo había salvado y él no pudo hacer otra cosa que acercarse a ella, quitarle la barra de las manos y abrazarla aliviado. 

    - ¿Estás bien? ¿Estás bien? - repetía Seher en shock abrazándolo. 

    - Sí pero dame la mano y salgamos de aquí, Haydé - pidió Yaman tirando de ella hacia la salida. 

    Salieron sigilosamente por la puerta y avanzaron hacia donde Yaman sabía que estaba aparcado el coche de la policía. Ali los vio llegar de la mano y suspiró aliviado. 

    - Yaman, como vuelvas a no seguir mis órdenes te encarcelo y tiro la llave. Seher, ¿estás bien? 

    - Seher está bien - dijo Yaman abrazándola de nuevo contra su pecho - pero el sujeto al que le ha pegado en la cabeza para salvarme no creo que lo esté. 

    - ¿Seher te ha salvado a ti? - preguntó Ali asombrado. 

    - Lo lleva haciendo desde que me conoció - dijo Yaman besando la cabeza de su mujer. 

    - Lo de dar golpes en la cabeza debe ser cosa de cuñadas - masculló Ali antes de seguir - Yaman, meteos en el coche, nosotros vamos a entrar y a acabar con todo esto. 

    Ali habló por radio y empezaron a encenderse luces de coches policía  por todos lados. Apareció un helicóptero sobrevolando el burdel y varios hombres y mujeres policía avanzaron desde varios puntos hacia el maldito lugar. Al cabo de poco tiempo los policías empezaron a salir con gente esposada pero Yaman desde dentro del coche buscaba al maldito psicópata de Rifat Yildirim. Parecía que todo acababa y aquella basura no salía esposada. Cuando estaba por salir del coche para ir él mismo a por aquella rata, Ali abrió la puerta y les informó:

    - Yildirim ha intentado huir y lo han abatido, todos los disparos han ido al mismo lugar - añadió Ali asintiendo hacia su hermano. 

    

    Dentro del coche Seher seguía acurrucada en el pecho de Yaman. Ambos estaban empapados pero ella no habría cambiado su cuerpo por otro lugar más cómodo ni más seco. 

    - Cuando dije que me alegraba de verte unido a tu hermano, no me refería a esto, así que esta ha sido tu primera y última misión ¿tamam? - le dijo Seher a su exmarido con los ojos enrojecidos. 

    - Tamam, seguiré siendo un aburrido empresario. Vamos a nuestro coche y te llevo a casa, necesitas un baño caliente - le dijo Yaman tomando su cara entre las manos y besando su frente. 


    - ¿No están Yusuf y Mamá Nadire? - preguntó Yaman entrando en la casa. 

    - Yusuf y ella dormían en casa de la Sultana, tenían fiesta de peladillas - explicó Seher cerrando la puerta y apoyándose en ella. 

    - Debes estar cansada, será mejor que te des una ducha caliente y...

    - La adrenalina me sigue recorriendo el cuerpo. No podría dormir aunque quisiera y para entrar en calor... - Seher calló y tomando a Yaman de la mano lo condujo a su habitación. 

    - Cariño, me muero por ti pero hoy has pasado por una experiencia agotadora y ... 

    - Evet. Ha sido agotador pensar que quizás no volveríamos a estar juntos. Ha sido agotador pensar que quizás estabas muerto. Lütfen, Yaman - rogó Seher. 

    Luego se acercó a él, se puso de puntillas y apoyando sus manos en sus fuertes hombros le susurró en los labios "lütfen". 

    Yaman notó el calor de su aliento rogándole en la boca y perdió la cordura. La tensión de aquellos días explotó en forma de deseo hacia su mujer por lo que sus manos volaron a su cintura para pegarla a él de forma brusca.  Sus labios capturaron los de Seher para masajearlos lentamente tocándolos luego con la punta de su lengua pidiéndoles paso. Ella abrió la boca y él entró exhalando un suspiro. Sus lenguas bailaron entonces entre mordiscos de amor y necesidad. Seher se aferraba a sus hombros y las manos de Yaman recorrían sus espalda marcándola como suya. 

    La necesitaba desesperado y trató de decírselo chupando sus labios rozando lo violento. Sus manos tomaron sus nalgas y casi se la subió a sus caderas al apretarla contra su miembro. A Seher no parecía importarle aquella súbita batalla porque su lucha por el placer igualaba a la de él. Los botones de la camisa de Yaman salieron disparados cuando ella la abrió impaciente. Seher quería besar su pecho y la camisa era un estorbo entre sus labios y la piel caliente de él. Dejó una lluvia de besos en sus músculos marcados y lamió cariñosa alguna cicatriz. 

    Yaman notaba en el corazón la boca desesperada de su esposa y sus manos volaron a los senos de ella. Bajó de golpe su escote y sus dedos encontraron sus pezones listos para sus caricias. Frotó y retorció lo justo y sintió en el pecho sus jadeos. Seher iba a volverlo loco por lo que levantó su cara y la besó desesperado. Sus dedos siguieron jugando con los botones rosados de sus senos pero ella quería más. 

    Las manos de Seher fueron a la cintura de sus pantalones para rozar con los dedos aquella piel sensible de él bajo su ombligo. Yaman siseó en sus labios y ella sonrió en los de él. 

    - Cariño... - murmuró Yaman. 

    - Te deseo... - respondió Seher. 

    Yaman la arrastró a la cama y la tumbó boca abajo. Acabó de bajarle el vestido y se sentó sobre ella apoyado en las rodillas. Entrelazó sus dedos con los de ella y la aprisionó contra el colchón. Bajó la cara, cerró los ojos y la besó en la nuca aspirando su aroma a vainilla. Siguió besándola en esa parte tan sensible rozándola con su barba mientras su otra mano se escurrió bajo su pecho y llegó hasta el botón duro para estimularlo más. Seher giró la cara en el colchón y lo miró con los ojos ebrios de pasión. Su boca estaba abierta para poder jadear las caricias que él le daba y Yaman se notó aun más duro por ella. 

    - Te necesito... - suplicó Seher. 

    - Todavía no... - dijo él. 

    Yaman descendió por su espalda a base de besos húmedos mientras sus manos bajaban por sus costados. En la cintura de Seher se encontraron la boca y los dedos de Yaman para volver a separarse bajando... Seher se arqueó ante el primer bocado en sus nalgas y una mano de Yaman fue a colarse donde ella más lo deseaba. Aquel hombre la tenía ardiendo de placer y sus dedos tocaban las llamas de su carne frotando y rozando. Cerró los ojos rezando sobrevivir a hacer el amor con Yaman. Siempre era más intenso y siempre creía morir. Su ex marido movía los dedos cada vez más rápido en la humedad entre sus piernas y cada mordisco de él en sus nalgas la acercaba un poco más al abismo del éxtasis. 

    Se retorcía entre su boca y sus dedos cuando él jugó violentamente con su clítoris y ella cayó sin red gritando de placer su nombre. Seher respiraba sin ritmo con la cara contra el colchón. Su cuerpo seguía palpitando de éxtasis mientras Yaman besaba su piel en su camino de subida. Se tumbó por un momento sobre ella y acercó su boca a su oreja para susurrarle ¿estás bien?

    A Seher le encantó tenerlo tumbado sobre su espalda pero se revolvió hasta que él se echó a un lado de ella. La miró confuso y preocupado pero se tranquilizó con la sonrisa llena aun de placer de Seher. Sin abandonar sus verdes ojos llevó las manos a su cinturón para acabar de desnudarse. Ella no le quitaba la vista de encima y eso a él aun lo puso más. Seher no perdió el tiempo y en cuanto él estuvo desnudo se subió a sus caderas para montarlo y someterlo. Su miembro quería entrar en ella pero Seher lo esquivó volviendo loco a Yaman. Bajó su cuerpo para apoyar sus senos en el pecho de él y luego lamió sus labios en un beso erótico y esquivo. Era su venganza y los dos la disfrutarían. 

    Yaman la tomó por las caderas y le marcó los dedos en la carne. La miraba desde abajo frunciendo el ceño y exigiendo que lo tomara dentro de ella porque no iba a aguantar mucho más. 

    - Ahora mujer. ¡hemen! - ordenó Yaman.     

    Seher obedeció porque tenerlo dentro era ya pura supervivencia. Se colocó y bajó su cuerpo mientras él entraba en ella. Se miraban mientras se unían y compartieron varios suspiros de incredulidad. Nunca podían acabar de creer que hacer el amor los hiciera sentir tan completos. Eran las dos piezas que encajaban finalmente y eso los conmovía más allá del sexo y la pasión. Yaman se incorporó y quedó sentado. Abrazó a Seher y ella puso sus manos en sus mejillas acariciando su barba y depositando suaves besos en sus labios. Habían pasado de hacerse el amor a ser el amor. No dejaban de mirarse en verde y negro mientras sus cuerpos empezaban a moverse el uno en el otro lentamente. Se susurraron palabras secretas y se dijeron miradas cómplices. Se estaban fundiendo uno en el otro, entrando y saliendo, acercándose y alejándose. Respiraron puro amor y aceleraron buscando oírse en los ecos del otro. Cada vez más rápido y cada vez más alta la llama hasta que el río de lava los recorrió dejándolos ardiendo siendo sólo uno. 


    No pasaban los segundos porque habían quedado atrapados en el reloj de arena de aquel hombre y aquella mujer. El tiempo quería avanzar pero el amor lo sujetaba. 

"Déjalos" susurraba el amor. 

"He de seguir" respondía el tiempo. 

"Shhhh, déjalos, regálales unos segundos, son suyos, detente" pedía el amor. 

"Un infinito" acabó concediendo el tiempo, casi celoso de aquellos dos mortales. 



   

    

    

    

La Misión. Cuarta Parte.


    
El viernes por la noche todo estaría controlado. Los seis hombres que aspiraban a aumentar su riqueza a base del sufrimiento de niños y niñas habían sobornado a los estibadores del puerto de Estambul. El contenedor sería descargado y la mercancía llevada a un contenedor del "Kirimli Holding" para luego ser transportado por un tráiler al "punto de venta". Nada de esperar 24 horas. La espera conllevaba riesgos y los 6 hombres sin alma ni conciencia no querían correr ninguno. Se reunirían con Yaman Kirimli en el puerto y se asegurarían su máxima cooperación en todo. Tenían un as bajo la manga que no dudarían en jugar para que Kirimli no los traicionara. 


    A Yaman le habían vuelto a colocar en el pelo el sofisticado sistema de audio y rastreo y llevaba horas preparado y esperando a entrar en acción. No le gustaba la inquietud que lo había embargado desde bien temprano y ya tan sólo quería que aquello acabara de una vez. Después de ser liberados los niños y detenidas las alimañas, podría volver a ella porque sentía que se cegaba sin verla y se asfixiaba sin su olor. Seher era su vida y lo que quería de ahí en adelante era vivir. 


    Poco antes de las doce de la noche la lluvia vino a acompañar al frío ya reinante y a repiquetear en los miles de contenedores del puerto de Estambul. Yaman permanecía de pie sin notar el agua que le calaba porque al lado de aquellos seis monstruos debía mostrarse insensible a todo. Todos se miraban de reojo controlándose desconfiados unos a otros pero Yaman era especialmente consciente del hombre de la voz de ultratumba que esa noche dejaría de ser una pesadilla para cientos de niños inocentes. Apretaba los puños vacíos deseando en silencio tener el cuello de esa escoria entre ellos. 


    Unos prismáticos lo enfocaban todo y tras ellos el comisario Ali Kimdir no perdía de vista nada. Los estibadores que Rifat Yildirim creía haber comprado eran leales a la policía y en cuanto se les "sobornó" acudieron a explicarlo todo y a ponerse a las órdenes del comisario. El líder de los estibadores desveló que la señal para que el barco descargara era un apagón parcial en el puerto que dejaría medio a oscuras el lugar por donde saldrían los pequeños hacia el contenedor Kirimli. Así pues, Ali confiaba en tenerlo todo controlado. Todo menos a una persona: Yaman Kirimli. Su hermano debía dejar que lo arrestaran junto a los otros 6 hombres para no delatarse y no debía intervenir en el rescate de los pequeños. Gracias al sistema de escucha, Ali permanecía atento a las palabras de esos 6 monstruos sólo que había un problema: apenas hablaban y cuando Rifat Yildirim por fin lo hizo la sangre se le congeló en las venas. 

    - Kirimli Bey... 

    Yaman movió sus ojos hacia el repugnante ser que lo nombraba. 

    - Kirimli Bey, verás... en cuanto se apaguen las luces nosotros 6 nos iremos hacia el "punto de venta" y tú te quedarás controlando que la transacción acabe bien. Te asegurarás de que tu contenedor acaba sobre mi tráiler. Cuando nosotros veamos llegar la mercancía te avisaremos y recibirás tu parte. Evet, es un cambio de planes de última hora... me gusta innovar.

    - ¿A dónde debe ir  el tráiler? - preguntó Yaman exasperado esperando que Ali estuviera escuchando ese cambio y se preparara para el arresto en cuanto abandonaran el puerto. 

    - Eso no es necesario que lo sepas, Kirimli Bey... - respondió el monstruo. 

    - El tráiler es tuyo, si no llega al "punto de venta" no seré responsable - dijo Yaman sabiendo que el tráiler ya llevaba un sistema de rastreo gracias a un estibador. 

    - Tú sólo supervisa que el contenedor con la mercancía sea llevado al tráiler y si todo sale bien, cobrarás y nadie sufrirá.

    A Yaman no le gustaron las dos últimas palabras pero no quiso  preguntar por no levantar sospechas. 


    De repente gran parte de la zona de descarga del puerto de Estambul quedó en sombras y los 6 "capos" se fueron hacia una furgoneta. Cuando la furgoneta arrancó y enfiló hacia la salida Yaman habló en voz alta:

    - ¿Hermano los has escuchado? - preguntó. Luego se metió las manos en los bolsillos encontrando algo que no estaba allí antes. 

    Yaman frunció el ceño, sacó el móvil desconocido y se lo quedó mirando. La pantalla se iluminó y la imagen de la mujer que amaba apareció para detenerle el corazón. 

    - ¡Alí! ¡Alí! ¡No los detengas! ¿Me oyes? ¡No los detengas! ¡Tienen a Seher! ¡Hermano no los detengas! - gritó Yaman sin dejar de mirar la pantalla del móvil que le habían colocado furtivamente en el bolsillo de su abrigo.


lunes, 22 de marzo de 2021

Seher y Yaman en el 30...

    SEHER 


    Si alguien me hubiera dicho que un día estaría entre tus brazos lo habría llamado mentiroso y si además me hubiera dicho que en tus brazos me sentiría a salvo lo habría llamado loco. Ni mentira ni locura porque ahora sé lo que es tener tu cuerpo pegado al mío, lo que se siente al ser abrazada por ti. Me habría quedado a vivir allí, rodeada de tu aroma y respirando tus miradas confusas. Sentí tu corazón, que yo creí de piedra, latiendo contra el mío y ahora me duermo cada noche con ese batir arrullándome. Me salvaste la vida sacándome de aquella tumba y te la quedaste. Te quedaste mi vida y mis pensamientos. 

    Te sigo temiendo, no creas,  pero más temo lo que siento cuando me miras con tus fríos ojos negros. Como abismos oscuros los califiqué una vez y ahora para mí son como una noche acogedora en la que quiero refugiarme. Durante un segundo, cuando nuestras miradas se cruzan, pienso que eres capaz de ver mi alma y aparto la mirada asustada, pero siempre vuelvo a tus ojos porque para mí ya siempre serán mi puerto seguro. 

    No sabía cómo agradecerte lo que hiciste por mi y, temblando con cada paso que me acercaba a ti, te llevé un café. Ya pensaba que no lo aceptarías cuando tu mano tomó la taza y nuestros dedos se tocaron a la vez que nuestras pupilas... y volví a preguntarme ¿por qué tú? ¿Por qué nadie más que tú acelera mi alma y emociona mi cuerpo? Jamás había sentido algo parecido y asusta pensar que tú, precisamente tú, seas el único capaz de hacerme sentir así. Viva. 

    Cuando eres pequeña y piensas en tu príncipe azul... nunca imaginas que acabarás queriendo mirarte en los ojos del villano del cuento. Que querrás ser luz en su vida tenebrosa, calma en sus pesadillas, agua en su sus recuerdos sedientos... y yo he acabado huyendo de unos amables ojos azules porque sólo en el reflejo de tus iris de noche sin luna me veo a mi misma. Y sólo en tus silencios oigo mi verdadera voz... 


    YAMAN 


    He mentido a Arif Baba. Le he dicho que la salvé para que Yusuf no sufriera cuando habría sido mi corazón el que hubiese sufrido mil infiernos al quedarse sin su luz. Maldigo el día en el que llegó a nuestra vida trayendo con ella todo aquello con lo que no me he atrevido jamás a soñar. Conozco las pesadillas, temo los sueños. Y ella sólo ha venido a mostrarme la crueldad de creer en ellos. 

    La tuve en mis brazos al salvarla y me quemé. Me miró con sus ojos de jade y me perdí en ellos. Su corazón volvió a la vida latiendo junto al mío y resucité. Abrazarla fue el cielo y el infierno y no debe volver a ocurrir pero, cada vez que nos miramos, volvemos a aquel abrazo infinito... Solos. Ella y yo. 

    Cada vez es más difícil. Ahora me mira como a un maldito héroe sin saber que no soy quien la salva, soy quien la condena. Ser importante para mi es estar en el punto de mira. Si dejo que se acerque volverá a estar en peligro pero ¿cómo la alejo? Su voz me deja sin fuerzas, su olor me hace preso. No soy capaz de alejarme de ella sin sentir que me rompo en mil pedazos. 

    Y cuando sus ojos se encuentran con los míos... es como si llevaran años buscándose y no quisieran volver a separarse. A los dos nos tiembla la respiración y nos hormiguean las manos de la necesidad de volver a tocarnos. He mentido a Arif Baba y me miento a mí mismo al pensar que seré capaz algún día de renunciar a ella. 

    

La Misión. Tercera Parte.


     Ali reconoció la voz del mayor proxeneta y pederasta de Tuquía en cuanto la oyó. Era una voz difícil de olvidar y pertenecía a uno de los hombres más odiados por todos los policías turcos. Aquel animal traficaba con niñ@s, l@s compraba, l@s vendía y no había policía que no deseara detenerlo después de haber conocido sus atrocidades. Pero era escurridizo y con contactos en las altas esferas por lo que siempre se les acababa escapando. 

    Su hermano no debía saber quién era o ya lo habría matado con sus propias manos. Rogaba porque Yaman saliera esa noche del carguero sin saber qué era exactamente la mercancía que debía guardar en sus contenedores. Si se enteraba antes de que él pudiera explicarle que debían esperar, nada lo detendría. Mataría a Rifat Yildirim y encima pagaría con cárcel haber librado al mundo de tamaña escoria. Siguió escuchando a ese malnacido hablar de mercancía por los auriculares e intercambió una mirada con Ibo porque él también había reconocido la odiosa voz. 

    Yaman se levantó finalmente de la mesa intentando no reflejar su frustración. Aquel desgraciado de voz cavernosa parecía ser el líder de aquella extraña operación de contrabando y, a pesar de sus preguntas, no había revelado qué mercancía iban a vender quintuplicando el precio de compra. Él hizo como si sólo le importara el dinero y, cuando se dio la reunión por concluida,  siguió las instrucciones de Ali en cuanto a ir directo a su coche y de allí directo a su mansión aunque le costó no ir derecho a la comisaría a buscar su móvil y a hablar con Ali. A partir de esa noche, podría ser seguido y no debía alertar a "sus socios". Confió en que Ali hiciera lo prometido y se pusiera en contacto con Seher para explicarle lo que estaba pasando o, al menos, una parte. 

    "Seher, Yaman está colaborando con la policía y de momento no puede ponerse en contacto contigo. Te pide que confíes en él" fue el mensaje que Ali mandó a su cuñada en cuanto escuchó a su hermano llegar sano y salvo a su casa hacia las cinco de la madrugada. Yaman se metería en la ducha para eliminar de su pelo el sofisticado sistema de escucha y rastreo que Ibo le había colocado y perdería por aquella noche el contacto con su hermano. Le había pedido que fuera cuidadoso, que no buscara a Seher y que esperara que fuera él quien contactara pero Ali sabía que las palabras "paciencia" y "Yaman" no conjugaban bien. Temía que su hermano subestimara a Rifat Yildirim y se pusiera en peligro. 

    Seher se despertó al día siguiente y lo primero que hizo fue mirar su móvil. Un mensaje de Ali que pretendía calmarla lo que hizo fue alterarla más ¿dónde diablos estaba Yaman y qué estaba haciendo? Llamó a Ali y en cuanto éste descolgó le espetó:

    - Ya me estás diciendo dónde está tu hermano y por qué no puede llamarme. 

    - Seher, cálmate. Yaman está bien, está en su casa, pero le he pedido que sea lo más cauteloso posible porque nos está ayudando en una operación muy importante y no quiero que llame la atención sobre sí mismo - explicó Ali de forma calmada. 

    - Ali, estás hablando de Yaman Kirimli. Lo ha hecho todo siempre solo y no sabe seguir órdenes porque siempre ha sido él quien las ha dado. ¿Me estás diciendo que ahora sabe jugar en equipo? - preguntó Seher incrédula. 

    - Evet, Seher, y si lo hace bien libraremos al mundo de algunas personas realmente siniestras - le explicó Ali. 

    - Eso suena a peligroso para él, Ali - dijo Seher aguantando un sollozo.  

    - No voy a dejar que le pase nada a mi hermano. Es por eso que espero de él y de ti que tengáis paciencia. Seher, tú eres lo que más ama y si sabe que puede ponerte en peligro se mantendrá alejado de ti.

    - Ali... acabo de recuperarlo y... por favor... dile... si hablas con él... dile... que siempre lo he esperado y que lo seguiré esperando. ¿Se lo dirás? - rogó Seher. 

    - Claro que sí, cuñada - se despidió Ali. Luego mandó un mensajero a casa de su hermano para devolverle su móvil y darle instrucciones. 


    Yaman se paseaba como un león enjaulado por el despacho de su casa. Llevaba tres días recibiendo instrucciones de Ali por un lado y de Cengoz por otro. El viernes a las 00:00h llegaría un barco al puerto de Estambul y él debería tener un contenedor preparado para albergar durante 24 horas la mercancía además sus socios le habían dicho que él debía supervisarlo todo personalmente. Luego la mercancía sería sacada del puerto para su venta pero Yaman seguía sin saber de qué se trataba. Su hermano le estaba ocultando información y eso, sumado a los días que llevaba sin ver ni hablar con Seher, le estaba carcomiendo. 

    Ambas partes lo tenían a ciegas y él se sentía como un títere. Debía hablar con Ali de inmediato e insistir en tener toda la información o no sabría a qué atenerse en caso de fallar algo. 

    Ali se coló de madrugada en la mansión de su hermano y pagó la osadía en la cocina encañonado por Yaman. 

    - ¿Pero qué haces tratando de colarte en mi casa? - le preguntó Yaman bajando el arma en cuanto supo quien era el intruso. 

    - ¡Kahretsin, abi! Juro que da miedo pensar cómo vas dos pasos por delante de todo el mundo - se lamentó Ali. 

    - Son muchos años de andar solo en la oscuridad y es en las sombras donde aprendes a defenderte antes de ser atacado. Hablando de oscuridad, sácame de ella y cuéntame todo, ¡hemen!  - masculló Yaman dedicándole su ceño fruncido. 

    - Sólo hay una cosa que te he ocultado Yaman - empezó a explicar Ali con cuidado - Sabes tanto de la operación del viernes como yo excepto con qué comercia Rifat Yildirim. 

    - ¿Drogas? ¿armas? ¿dinero falsificado? - preguntó Yaman perdiendo la paciencia. 

    - Niñ@s... - susurró Ali. 

    Yaman creyó no haber oído bien. ¿Su hermano había dicho niñ@s? Se puso pálido y apretó los puños deseando tener entre ellos el cuello del tal Rifat Yildirim. Empezó a respirar con fuerza y con voz del más allá pidió a Ali:

    - Dime que el viernes serán liberados. Dime que no he de quedarme mirando como llevan a es@s niñ@s de un barco a uno de mis contenedores. Dime que no he de quedarme quieto, Ali. 

    - Hermano... - lamentó Ali - deberíamos esperar a ver a dónde los llevan...

    - ¡Y una mierda comisario! ¡Hayir! - gritó Yaman tomando a su hermano por el cuello - No pienso permitirlo, Ali, así que ya puedes tratar de detenerme y encarcelarme porque el viernes por la noche esos niños no entrarán en mi contenedor. ¡De ninguna manera!. 

    - Tamam, tamam, ¡suéltame! - pidió Ali intentando respirar - ya sabía que te opondrías pero mi superior me pidió que lo intentara al menos. El puerto estará rodeado de policías. Gracias a las grabaciones del otro día y a la gente que caerá el viernes podremos meter en la cárcel finalmente a Rifat y a los demás. En cuanto atraque el barco y saquen a los niños intervendremos. 

    - De acuerdo Ali, confío en ti. Y ahora, dame tu móvil porque voy a llamar a mi mujer y ni se te ocurra decirme que no - ordenó Yaman con la mano extendida a su hermano pequeño. 


    - ¿Ali? - respondió Seher a la llamada somnolienta.  

    - No, cariño. Soy yo - dijo Yaman en voz baja y ronca. 

    - ¿Estás bien? ¿Ya ha acabado todo? ¿Vienes a casa? - preguntaba Seher aliviada de oír su maravillosa voz. 

    - Hayir, sevligim, pero no aguantaba más sin escucharte y he confiscado el móvil de mi hermano ¿cómo estáis Yusuf y tú? - preguntó Yaman cerrando los ojos para sentirla más cerca. 

    - Bien, estamos bien pero... estoy...estoy...  preocupada y quiero... necesito... - intentaba hablar Seher pero la emoción le cerraba la garganta. 

    - Yo también lo quiero, mi amor, también lo necesito. Estos días sin verte... - Yaman tragó intentando encontrar las palabras que la hicieran saber lo mucho que la amaba y que la necesitaba. 

    - Siento lo mismo que tú - susurró Seher ahogando un sollozo. 

    - Shhhh, cariño... 48 horas. Sólo 48 horas - rugió Yaman bajito. Luego se despidió de ella - te quiero Seher. 

    - Yaman... - intentó ella cerrando los ojos. 

    - Vuelve a decirlo - pidió él apenas sin poder hablar. 

    - Yaman... - repitió ella cariñosa. 

    - Lo sé, mi estrella del Norte - y colgó. 


    Al otro lado de Estambul, Rifat Yildirim miraba sonriendo la foto en su móvil de una hermosa mujer de ojos verdes...

    

    

    

    

    

    

Emily y Harry Potter

  ¡Estrellita! ¿Qué relación guarda La elección de Emily con Harry Potter? Hay dos guiños en mi novela a Harry Potter y su creadora #jkrowli...