Yaman salió corriendo hacia la zona de descarga esperando encontrar allí a su hermano. Le temblaba la mano que sostenía el móvil y cada vez que miraba la foto de ella y leía el mensaje que la acompañaba quería gritar de impotencia. Los estibadores y los policías que se hacían pasar por estibadores también estaban llegando al contenedor descargado para que la tripulación del barco no sospechara y avisara a Rifat. Yaman giraba sobre sí mismo buscando a Ali y cuando apareció corrió hacia él. - Voy a matarlo, Ali. Encontraré a Seher y mataré a ese animal - rugía Yaman.
- Déjame ver la foto - pidió Ali alargando la mano.
El comisario pasó por alto el temblor de los dedos de Yaman al entregarle el móvil. En la pantalla aparecía Seher amordazada, con sus manos a la espalda y las piernas atadas. Parecía estar en un terrado pues estaba mojada y la foto había captado el movimiento de su pelo. El mensaje bajo la foto era el siguiente: "de la azotea al suelo hay seis plantas, si no hay problemas, las bajará por la escalera, si hay problemas..."
- Hay que enseñarle esto a Ibo de inmediato. Yaman, la encontraremos - dijo Ali apoyando una mano en el hombro de su hermano.
Ali levantó la mirada a tiempo de ver cómo sacaban a los niños del contenedor y hacían como que los llevaban al otro. El contenedor Kirimli subiría al tráiler vacío. El conductor, después de confesar cuál era el punto de venta, era llevado en esos momentos esposado hacia un coche oscuro mientras un policía subía al tráiler para conducirlo.
Yaman y Ali se dirigieron hacia la furgoneta negra donde estaba Ibo.
- ¿Cuál es el punto de venta? - preguntó cada vez más nervioso Yaman.
- Un burdel a las afueras de Estambul. Varias patrullas de la secreta están dirigiéndose hacia allí, se mantendrán alejados hasta que lleguen los "jefes" y vean llegar el tráiler. Les he dicho que se limiten a vigilar Yaman, no harán nada hasta que tengamos a Seher - explicó Ali.
Llegaron a la furgoneta y subieron uno delante del otro. Ibo tomó el móvil y enseguida descargó la foto de Seher en el ordenador. Amplió la foto y en otra pantalla apareció un mapa satélite de la zona del burdel. Ibo trataba de saber si el terrado de la foto era el mismo del burdel o era de un edificio cercano. ¡Bingo! Era el edificio justo al lado. Alí se alegró de tener a ese hombre como compañero pues era de los mejores rastreando.
- Dame un arma - pidió Yamah antes de bajar de la furgoneta.
Ali miró a su hermano mayor y éste le devolvió la mirada. Se entendieron y Ali le pasó una semiautomática que Yaman guardó en su cinturón. Ambos hermanos se dirigieron hacia el coche de Yaman mientras Ali volvía a dar instrucciones por radio.
Seher se encontraba sola en aquella azotea. Los hombres que la habían secuestrado en su camino de vuelta a casa desde el restaurante la habían amordazado, atado y dejado bajo la lluvia de Estambul. Después de gritar y maldecir durante todo el trayecto finalmente se había calmado. Había conjurado la imagen del hombre que amaba y se había repetido a sí misma que él estaría bien, que el hecho de que ella estuviera allí no quería decir que Yaman estuviera muerto.
- Vas a venir, lo sé - pensaba Seher una y otra vez.
La joven recordó entonces cuando ambos habían estado amordazados y atados en aquella fábrica víctimas de la locura del profesor ukelele. Yaman había logrado calmarla con su voz y había conseguido que ella le sacara el gemelo para poder abrir las esposas... Seher empezó a respirar más rápido cuando recordó los abalorios de su pulsera y separó sus manos todo lo ancho que permitieron las esposas. Tanteó con los dedos de una mano la pulsera hasta dar con uno de los abalorios con forma de pequeña llave. Se dijo que no perdía nada por intentarlo y cerrando los ojos pensó en él, en el olor de su cuello, en el sabor de sus labios y en el brillo de sus ojos.
Sintió inundarla la calma que él siempre conseguía construir para ella y fue manipulando el cierre de las esposas. No se lo creyó cuando notó que una muñeca quedaba liberada y cuando vio que podía separar las manos rió nerviosa. Su ex marido estaría orgulloso de ella, pensó quitándose la mordaza. Intentó abrir la otra esposa pero no pudo así que la dejó colgando y a toda prisa se desató los tobillos. La lluvia le caía por la cara y se la apartó junto con el pelo pegado. Se acercó alerta a la puerta del terrado y pegó la oreja por si escuchaba voces. Ante el silencio, tomó la maneta y la giró lentamente observando con e corazón al galope como se abría la puerta.
Yaman y Ali aparcaron a dos manzanas del burdel y caminaron el resto del camino. Se acercaron a uno de los coches de policía de incógnito y preguntaron por los movimientos tanto en el burdel como en el edificio adyacente. El agente estaba explicando que los capos habían llegado hacía 5 minutos y que el camión aun tardaría 15 en llegar cuando Ali se giró para informar a Yaman que ellos dos irían a por Seher. Yaman no estaba tras él. ¡Kahretsin! su hermano ya había desaparecido en busca de su mujer.
Yaman iba pegado a la pared buscando la maldita puerta de acceso a aquel edificio que ahora veía que era una antigua fábrica. Dio con la puerta entreabierta y no lo pensó. Su mujer estaba en aquella azotea y podía estar rodeada de matones así que entró dejándose llevar por la impaciencia y la angustia. Avanzó hacia las escaleras y cuando pisó el primer peldaño oyó a alguien tras él. Un fuerte golpe se escuchó en la nave abandonada y, cuando Yaman se giró comprendiendo que el golpe no se lo había llevado él, vio a un tipo en el suelo. Levantó sus ojos negros del esbirro y el corazón se le saltó un par de latidos.
La mujer de su vida lo miraba con sus increíbles ojos verdes abiertos de par en par y sujetando una barra de hierro por encima de su cabeza. Por Allah bendito, su increíble mujer lo había salvado y él no pudo hacer otra cosa que acercarse a ella, quitarle la barra de las manos y abrazarla aliviado.
- ¿Estás bien? ¿Estás bien? - repetía Seher en shock abrazándolo.
- Sí pero dame la mano y salgamos de aquí, Haydé - pidió Yaman tirando de ella hacia la salida.
Salieron sigilosamente por la puerta y avanzaron hacia donde Yaman sabía que estaba aparcado el coche de la policía. Ali los vio llegar de la mano y suspiró aliviado.
- Yaman, como vuelvas a no seguir mis órdenes te encarcelo y tiro la llave. Seher, ¿estás bien?
- Seher está bien - dijo Yaman abrazándola de nuevo contra su pecho - pero el sujeto al que le ha pegado en la cabeza para salvarme no creo que lo esté.
- ¿Seher te ha salvado a ti? - preguntó Ali asombrado.
- Lo lleva haciendo desde que me conoció - dijo Yaman besando la cabeza de su mujer.
- Lo de dar golpes en la cabeza debe ser cosa de cuñadas - masculló Ali antes de seguir - Yaman, meteos en el coche, nosotros vamos a entrar y a acabar con todo esto.
Ali habló por radio y empezaron a encenderse luces de coches policía por todos lados. Apareció un helicóptero sobrevolando el burdel y varios hombres y mujeres policía avanzaron desde varios puntos hacia el maldito lugar. Al cabo de poco tiempo los policías empezaron a salir con gente esposada pero Yaman desde dentro del coche buscaba al maldito psicópata de Rifat Yildirim. Parecía que todo acababa y aquella basura no salía esposada. Cuando estaba por salir del coche para ir él mismo a por aquella rata, Ali abrió la puerta y les informó:
- Yildirim ha intentado huir y lo han abatido, todos los disparos han ido al mismo lugar - añadió Ali asintiendo hacia su hermano.
Dentro del coche Seher seguía acurrucada en el pecho de Yaman. Ambos estaban empapados pero ella no habría cambiado su cuerpo por otro lugar más cómodo ni más seco.
- Cuando dije que me alegraba de verte unido a tu hermano, no me refería a esto, así que esta ha sido tu primera y última misión ¿tamam? - le dijo Seher a su exmarido con los ojos enrojecidos.
- Tamam, seguiré siendo un aburrido empresario. Vamos a nuestro coche y te llevo a casa, necesitas un baño caliente - le dijo Yaman tomando su cara entre las manos y besando su frente.
- ¿No están Yusuf y Mamá Nadire? - preguntó Yaman entrando en la casa.
- Yusuf y ella dormían en casa de la Sultana, tenían fiesta de peladillas - explicó Seher cerrando la puerta y apoyándose en ella.
- Debes estar cansada, será mejor que te des una ducha caliente y...
- La adrenalina me sigue recorriendo el cuerpo. No podría dormir aunque quisiera y para entrar en calor... - Seher calló y tomando a Yaman de la mano lo condujo a su habitación.
- Cariño, me muero por ti pero hoy has pasado por una experiencia agotadora y ...
- Evet. Ha sido agotador pensar que quizás no volveríamos a estar juntos. Ha sido agotador pensar que quizás estabas muerto. Lütfen, Yaman - rogó Seher.
Luego se acercó a él, se puso de puntillas y apoyando sus manos en sus fuertes hombros le susurró en los labios "lütfen".
Yaman notó el calor de su aliento rogándole en la boca y perdió la cordura. La tensión de aquellos días explotó en forma de deseo hacia su mujer por lo que sus manos volaron a su cintura para pegarla a él de forma brusca. Sus labios capturaron los de Seher para masajearlos lentamente tocándolos luego con la punta de su lengua pidiéndoles paso. Ella abrió la boca y él entró exhalando un suspiro. Sus lenguas bailaron entonces entre mordiscos de amor y necesidad. Seher se aferraba a sus hombros y las manos de Yaman recorrían sus espalda marcándola como suya.
La necesitaba desesperado y trató de decírselo chupando sus labios rozando lo violento. Sus manos tomaron sus nalgas y casi se la subió a sus caderas al apretarla contra su miembro. A Seher no parecía importarle aquella súbita batalla porque su lucha por el placer igualaba a la de él. Los botones de la camisa de Yaman salieron disparados cuando ella la abrió impaciente. Seher quería besar su pecho y la camisa era un estorbo entre sus labios y la piel caliente de él. Dejó una lluvia de besos en sus músculos marcados y lamió cariñosa alguna cicatriz.
Yaman notaba en el corazón la boca desesperada de su esposa y sus manos volaron a los senos de ella. Bajó de golpe su escote y sus dedos encontraron sus pezones listos para sus caricias. Frotó y retorció lo justo y sintió en el pecho sus jadeos. Seher iba a volverlo loco por lo que levantó su cara y la besó desesperado. Sus dedos siguieron jugando con los botones rosados de sus senos pero ella quería más.
Las manos de Seher fueron a la cintura de sus pantalones para rozar con los dedos aquella piel sensible de él bajo su ombligo. Yaman siseó en sus labios y ella sonrió en los de él.
- Cariño... - murmuró Yaman.
- Te deseo... - respondió Seher.
Yaman la arrastró a la cama y la tumbó boca abajo. Acabó de bajarle el vestido y se sentó sobre ella apoyado en las rodillas. Entrelazó sus dedos con los de ella y la aprisionó contra el colchón. Bajó la cara, cerró los ojos y la besó en la nuca aspirando su aroma a vainilla. Siguió besándola en esa parte tan sensible rozándola con su barba mientras su otra mano se escurrió bajo su pecho y llegó hasta el botón duro para estimularlo más. Seher giró la cara en el colchón y lo miró con los ojos ebrios de pasión. Su boca estaba abierta para poder jadear las caricias que él le daba y Yaman se notó aun más duro por ella.
- Te necesito... - suplicó Seher.
- Todavía no... - dijo él.
Yaman descendió por su espalda a base de besos húmedos mientras sus manos bajaban por sus costados. En la cintura de Seher se encontraron la boca y los dedos de Yaman para volver a separarse bajando... Seher se arqueó ante el primer bocado en sus nalgas y una mano de Yaman fue a colarse donde ella más lo deseaba. Aquel hombre la tenía ardiendo de placer y sus dedos tocaban las llamas de su carne frotando y rozando. Cerró los ojos rezando sobrevivir a hacer el amor con Yaman. Siempre era más intenso y siempre creía morir. Su ex marido movía los dedos cada vez más rápido en la humedad entre sus piernas y cada mordisco de él en sus nalgas la acercaba un poco más al abismo del éxtasis.
Se retorcía entre su boca y sus dedos cuando él jugó violentamente con su clítoris y ella cayó sin red gritando de placer su nombre. Seher respiraba sin ritmo con la cara contra el colchón. Su cuerpo seguía palpitando de éxtasis mientras Yaman besaba su piel en su camino de subida. Se tumbó por un momento sobre ella y acercó su boca a su oreja para susurrarle ¿estás bien?
A Seher le encantó tenerlo tumbado sobre su espalda pero se revolvió hasta que él se echó a un lado de ella. La miró confuso y preocupado pero se tranquilizó con la sonrisa llena aun de placer de Seher. Sin abandonar sus verdes ojos llevó las manos a su cinturón para acabar de desnudarse. Ella no le quitaba la vista de encima y eso a él aun lo puso más. Seher no perdió el tiempo y en cuanto él estuvo desnudo se subió a sus caderas para montarlo y someterlo. Su miembro quería entrar en ella pero Seher lo esquivó volviendo loco a Yaman. Bajó su cuerpo para apoyar sus senos en el pecho de él y luego lamió sus labios en un beso erótico y esquivo. Era su venganza y los dos la disfrutarían.
Yaman la tomó por las caderas y le marcó los dedos en la carne. La miraba desde abajo frunciendo el ceño y exigiendo que lo tomara dentro de ella porque no iba a aguantar mucho más.
- Ahora mujer. ¡hemen! - ordenó Yaman.
Seher obedeció porque tenerlo dentro era ya pura supervivencia. Se colocó y bajó su cuerpo mientras él entraba en ella. Se miraban mientras se unían y compartieron varios suspiros de incredulidad. Nunca podían acabar de creer que hacer el amor los hiciera sentir tan completos. Eran las dos piezas que encajaban finalmente y eso los conmovía más allá del sexo y la pasión. Yaman se incorporó y quedó sentado. Abrazó a Seher y ella puso sus manos en sus mejillas acariciando su barba y depositando suaves besos en sus labios. Habían pasado de hacerse el amor a ser el amor. No dejaban de mirarse en verde y negro mientras sus cuerpos empezaban a moverse el uno en el otro lentamente. Se susurraron palabras secretas y se dijeron miradas cómplices. Se estaban fundiendo uno en el otro, entrando y saliendo, acercándose y alejándose. Respiraron puro amor y aceleraron buscando oírse en los ecos del otro. Cada vez más rápido y cada vez más alta la llama hasta que el río de lava los recorrió dejándolos ardiendo siendo sólo uno.
No pasaban los segundos porque habían quedado atrapados en el reloj de arena de aquel hombre y aquella mujer. El tiempo quería avanzar pero el amor lo sujetaba.
"Déjalos" susurraba el amor.
"He de seguir" respondía el tiempo.
"Shhhh, déjalos, regálales unos segundos, son suyos, detente" pedía el amor.
"Un infinito" acabó concediendo el tiempo, casi celoso de aquellos dos mortales.