sábado, 30 de enero de 2021

LAS ESTRELLAS DE ESTAMBUL. (Capítulo 105)

    A medianoche Estambul brilla como si fuera un mar reflejando las estrellas que lo cubren. La ciudad de los tres nombres duerme mientras un hombre y una mujer la contemplan desde un mirador que guarda miles de historias aun por contar. El hombre y la mujer han llegado allí después de un largo día en el que han ganado su batalla más importante: obtener la custodia de su sobrino huérfano. 

    El camino hasta esta precisa noche ha estado lleno de obstáculos. Ambos empezaron odiándose a muerte; se retaron con ira; se desafiaron desconfiados; incluso se traicionaron vengativos, sin embargo el amor por ese maravilloso niño los obligó a convivir y a conocerse a pesar de ellos mismos. 

    Meses compartiendo ambos un Legado de amor y jugando a odiarse cuando el paso de los días iba transformándolo todo. El tiempo quemaba relojes y se burlaba de ellos. El destino sabiendo en todo momento que sus almas estaban atadas desde la primera mirada airada que se dedicaron. Y ellos creyendo que se temían sin saber que realmente temían más perderse el uno al otro. Se rescataron de la muerte, se curaron heridas, fueron testigos de las lágrimas del otro deseando secarlas pero sin atreverse a hacerlo. 

    La venda del dolor sufrido es opaca como noche sin luna y tarda en caer pero finalmente sus ojos empiezan a ser libres para ver. Para verse. Sólo les queda desprenderse de sus últimos miedos: el abandono él, la oscuridad ella. Él empezó el viaje hacia ese mirador con un pasado cargado de cicatrices, violencia y abandono, ella con uno lleno de amor y bondad a pesar de la soledad impuesta por una vida de pérdidas. 

    Las estrellas arriba y Estambul abajo esperan a que el hombre y la mujer venzan sus miedos y rompan esas cadenas invisibles que impiden que se sientan libres de amarse. Están cerca el uno del otro pero no se tocan. Ella le muestra la Estrella del Norte, la que guía en el camino de vuelta al hogar, Él le agradece haber sido para él como esa estrella... Por fin sus ojos coinciden al mirarse y vuelven a comunicarse, a decirse lo que sus labios retienen. 

    Sus labios... sus labios se llaman y ellos acuden porque nunca pueden evitarlo. Él pone su mano grande y curtida de mil batallas tras el cuello de ella y la atrae para rozar apenas sus labios. Ella cierra lo ojos y siente en ese contacto frágil toda la dulzura que él oculta y que sólo muestra a pocos elegidos. Los labios de ella tiemblan en los de él y rozan húmedos su cálido aliento. Intercambian respiraciones emocionadas mientras él disfruta la suavidad del pelo de su amada en su mano. La mano que empuñó tantas armas ahora sólo quiere acariciar y ser asida con amor. 

    Ella cree que se desvanecerá en cualquier momento si ese beso no muta en caricias así que se aparta de él después de un último roce y se levanta. Él se levanta también frunciendo el ceño que ella tanto ama y la mira interrogándola temeroso. Ella lo toma de la mano, mira Estambul, luego el cielo estrellado y le pide que la lleve a casa. Él se despide también de la ciudad y las estrellas para seguir a su particular Estrella del Norte a donde ella quiera guiarlo. Ella ha pedido que la lleve a casa y él toma la dirección hacia el lugar donde realmente se ha sentido EN CASA. Cuando él aparca el coche ante el pequeño apartamento que compartieron durante unos días con su sobrino como una verdadera familia, la mira y sabe que esa es la dirección correcta. 

    Ambos se toman de la mano para ir hacia el lugar donde crearon un efímero hogar. Al entrar, él inmediatamente quiere encender las luces para disipar las sombras que ella teme, pero ella lo detiene. 

    - Contigo nunca hay oscuridad - susurra ella mirándolo a sus ojos negros.  

    - Sólo tú haces que no me sienta solo - ruge bajito él. 

    No se han soltado y con sus manos unidas entran en la habitación iluminada por las luces de Estambul. Se quedan de pie uno frente al otro queriéndose decir tanto pero, atrapados en la trampa del orgullo herido, callan. 

    En un pacto silencioso prometen declararse a base de caricias y así lo hacen. Él hunde sus grandes manos en el cuello de ella para apartarle el pelo y enmarcar su bella cara. Se acerca y la besa. Ella apoya las manos en sus fuertes hombros en un intento de librarlos del peso que soportan desde la infancia. Siente el beso de él por todo el cuerpo anidando finalmente en su pecho. Su alma tiembla y hace temblar la de él. Abren sus bocas para tomar aliento, lo intercambian y llenan sus pulmones de la esencia del otro. Unen sus lenguas en un baile erótico lleno de amor que desprende seísmos de placer por sus cuerpos. Él inclina la cabeza para besarla desde otro ángulo y lame amoroso sus labios. Ella acaricia su pecho y empieza a desabrochar su camisa negra para llegar a la piel caliente que necesita tocar. Las manos de él imitan a las de ella y avanzan hacia la espalda femenina para batallar con la cremallera que les franquea el paso. 

    Se desnudan lentamente y paran para acariciar cada pulgada de piel que va quedando libre. No quieren perder ningún roce, deben aprovecharlos todos; así de codiciosos se han vuelto. Los besos se vuelven . Las prendas van cayendo al suelo y sus ojos van devorándose centímetro a centímetro, memorizándose. Ella toca el pecho de él, siente el latido fuerte bajo la palma de su mano. Él piensa que efectivamente su corazón está en manos de ella. 

    Él amasa sus pechos y con los pulgares juega con sus pezones ganando jadeos que resuenan en la habitación y en su interior. Ella muerde su hombro con tanto erotismo que él copia la caricia en el cuello de ella. La lentitud de besos y caricias los está volviendo locos de deseo pero el placer oscila en forma de infinito sin principio ni fin y quieren prolongarlo. Él da un paso y une su cuerpo al de ella empujándola a la cama con su altura y su aura salvaje. Ella se deja empujar y cae sabiendo que la recompensa es tenerlo a él encima de ella, dentro de ella, en ella. Se rinde

    Se rinde a él entre sus piernas besando sus muslos con devoción, aferrado a sus caderas y haciendo que ella arquee su espalda de placer. El fuego de su boca gana piel hasta llegar a su sexo húmedo y prenderlo todo a su paso. La lengua de su amante recorre pétalos, lame huecos y chupa con fruición el lugar donde convergen todas las sensaciones. Ella tiene el éxtasis tan cerca que eleva sus caderas buscándolo. Él come de ella como náufrago sin alimento por años. Más y más y más hasta que siente sus vibraciones acelerarse y la nota tensarse como su arco cuando llega al orgasmo. 

    Él sube por su cuerpo y se instala en ella. Siente en su miembro las ondas de placer que aun recorren el de ella y cierra los ojos antes de ocultar su cara en el cuello de olor a vainilla. La respira, coge aire y se coloca a las puertas de su verdadero hogar. Ella siempre será su hogar. La penetra lentamente sintiendo recorrerlo puro placer, llega hasta el fondo y se retira iniciando el vaivén que los enajena a los dos. Entra, sale y besa la piel que late bajo su oreja; entra, sale y lame saboreando el hueco de su clavícula; entra, sale y muerde cariñoso su barbilla; entra, sale y llega a su boca suculenta para comerle los labios y amarla a besos. El baile de sus cuerpos se hace frenético buscando la dulce muerte llena de vida que supone correrse juntos y no paran hasta compartir gritos, gemidos y rugidos de liberación

    Estambul y las estrellas han notado el seísmo en el aire de cuando dos almas se unen en una sola y logran parar el tiempo. 

    Él se retira lentamente echándola ya de menos. Ella siente que le roba algo al alejarse. Quedan abrazados, de lado, las frentes unidas, los ojos cerrados. ¿Cuándo sentirán que ya no hay que temer nada más? El mal los acecha y quizás por eso no quieren arriesgarse a dar voz a su amor. Como si así pudieran esconderlo, cuidarlo y protegerlo. Lo que no saben, de lo que no son conscientes, es de que su amor ya resiste TODO porque se forjó a fuego lento convirtiéndose en infinito. 

    



Nochevieja de 2021.

 Estambul. Nochevieja 2021.


Yaman se paró en medio del pasillo de la primera planta cerca de la barandilla. Desde ese punto podía divisar el salón principal de la mansión. Jamás hubiera imaginado reunir a tanta gente en su casa para el banquete de Nochevieja. Y si las Navidades pasadas alguien le hubiera dicho que un año más tarde estaría a punto de cenar con esas personas, ese alguien habría acabado encerrado en el cuarto de la caldera.  

Pasó lista a aquella curiosa colección de invitados. La lista la encabezaba ella, Seher,  su esposa, su compañera, su alma. Estaba ahora mismo acabando de arreglarse en la habitación que compartían desde su inusual boda en marzo de ese año que acababa. Yaman pensó que a su esposa no le hacía falta arreglarse demasiado para tenerlo a sus pies. Sonrió sabiendo que Yusuf estaría entreteniéndola, hablando sin parar y poniéndose y quitándose la pajarita del traje. Estaba encantador con un smocking exacto al de su tío favorito y por supuesto llevaban idénticas pajaritas. Yaman se estremeció un poco al recordar el momento en el que su mujer había insistido en colocársela bien. Por Allah era un milagro que el banquete no hubiera tenido que retrasarse por culpa de la pajarita, las traviesas manos de Seher y su propia poca voluntad. Yaman se aclaró la garganta y volvió a lucir su famoso ceño fruncido. Vio pasar a Neslihan llevando fuentes de comida y a Firat siguiéndola con la mirada. Vaya vaya, ¿así que Firat no siempre venía a la Mansión a visitar a la familia…? Luego lo acorralaría y le preguntaría por sus intenciones para con Neslihan, no iba a permitir que hicieran daño a esa joven. Adalet estaba sentada en el sofá descansando después de todo el día cocinando con la ayuda de Seher y Kiraz y Arif Baba le estaba contando algo. Yaman esperaba que su viejo mentor no le hablara a la cocinera tal y como solía hablarle a él o la pobre Adalet no entendería nada. La verdad es que parecía encantada con lo que oía. ¿Otro romance? ¡Por el amor de Allah! ¿Quién iba a decirlo? La Mansión Kirimli llena de amor… 

Yaman acomodó bien lo que llevaba entre sus brazos y volvió a mirar hacia abajo. Ziyah estaba de pie y miraba por el ventanal. Se le veía tranquilo después de un año duro: el divorcio, la terapia… pero su terapeuta lo estaba ayudando mucho. Aquella psicóloga española aparecía y a su hermano le cambiaba la cara. De hecho Yaman suponía que Ziyah estaba mirando hacia afuera porque ella aún no había llegado. Otro que había caído en las redes del amor. Allah todopoderoso pensó y agitó la cabeza con resignación. Oyó la puerta y al poco apareció Selim seguido de Kara e Ibo, iban cargados con más fuentes de comida. A Selim pareció que le resbalaba una bandeja pero la policía se adelantó para evitar que se le cayera y de paso sonreír al sopas, perdón, al amigo de su mujer. Todavía le costaba un poquito aceptarlo pero había aprendido que el amor conllevaba no matar a los amigos de la mujer que uno amaba. Alguna cosa negativa debía tener. ¿Y Nedim? No seguiría metido en el despacho ultimando contratos antes de que acabara el año ¿no? Su amigo y mano derecha no tenía remedio a ver si también lo alcanzaba la flecha del amor y se relajaba un poco. 

Enfrente de Adalet y Arif Baba hablaban sin parar la madre de Firat y aquella abuela que lo ponía de los nervios. Se había pasado el día esquivándola todo lo que pudo. Cada vez que lo veía lo trataba de acorralar pero ni loco iba a ceder a esa abuela lo que ella quería. 

    Kiraz salió entonces de la cocina, estaba muy graciosa tan pequeñita y tan embarazada. Estaba tan torpe que Cenger había escondido las piezas de arte valiosas ante de que llegara ella con su acompañante. Dicho acompañante se levantó al verla ir hacia él solícito y rebosando amor para atenderla. Yaman lo miró fijamente. Su ceño se frunció un poco más. Ese hombre en el que tenía ahora la mirada puesta había sido otra sorpresa del 2021. Otro hermano. Un hermano desconocido por años. Su hermano pequeño y su enemigo durante largo tiempo. El hombre con el que había jugado al gato y al ratón cuando sus negocios no eran tan limpios como lo eran ahora. Con la ayuda de Nedim y Seher esos negocios eran totalmente legales e incluso Yaman había colaborado para atrapar a varias bandas de narcotráfico. Acciones tan nobles le habían ido granjeando el respeto de su hermano pequeño pero lo que definitivamente hizo salir a flote la verdad de su parentesco fue una bala, mejor dicho, dos balas. Después de su boda con Seher, apareció Arsak en sus vidas. Fueron unos días de tensión que casi le cuestan su estrenado matrimonio. Con Nedim planearon una trampa para el delincuente. Lo que Seher llevó mal y casi hace que lo abandone fue enterarse de que el mismo Yaman se había ofrecido como carnaza. Seher estaba tan preocupada y enfadada que contó los planes a su hermano Firat y éste al ver lo peligroso del asunto lo contó al Komisarium Alí. 

    Pero Yaman siempre iba tres pasos por delante de la policía (algo que le encantaba recordar a su hermano pequeño para hacerlo rabiar). Yaman ya había obtenido la confesión de Arsak gracias al micro que llevaba en su reloj cuando entraron en al almacén Alí y sus compañeros. Se desató el infierno, volaron las balas y quiso el destino que Yaman y Alí quedaran espalda con espalda luchando en el mismo bando. Recibieron el balazo ambos al mismo tiempo. Yaman en el costado. Alí peligrosamente cerca del corazón. Ese día las ambulancias volaron hacia el hospital seguidas de varios coches de policía. Kiraz estaba en la cocina del piso de Alí cuando sintió que el corazón se le aceleraba sin motivo. Seher acababa de hacerse un test rápido de embarazo cuando se le cayó al suelo del baño. Se llamaron la una a la otra, sabían que había pasado algo. Después de llamar a Firat y confirmar las malas noticias acabaron abrazadas en la sala de espera del hospital. Seher sufriendo por Yaman, Kiraz por su komisarium. En un momento dado el cirujano salió y se acercó a Firat. Alí corría peligro si no recibía una transfusión pero su sangre era del tipo más raro y no sería fácil. Nedim explicó que Yaman tenía ese tipo de sangre. El cirujano dijo entonces que Yaman estaba despierto y queriendo salir de la UCI así que le preguntarían. En cuanto el cirujano habló con Yaman éste lo supo. Ese tipo de sangre… enseñó su brazo al cirujano consintiendo sin hablar en que le sacaran la sangre necesaria para salvar a su enemigo pero más tarde pidió una prueba a través de Nedim. 

    Su hermano. Alí era efectivamente su hermano. El motivo por el que su madre los había abandonado para huir con su amante. Quizás en otro momento Yaman hubiera sentido ira contra Alí pero ya no. El amor de Seher había atenuado su rabia y sus rencores hasta tal punto que lo que sintió al confirmarse la noticia fue paz. No sabía qué sentiría Alí al enterarse de quién había donado la sangre para salvarle la vida ni que sentiría al saber el parentesco. Que los dos hermanos hoy estuvieran juntos celebrando nochevieja y que llevaran meses de relación fraterna y mucha complicidad fue un logro conjunto de Seher y Kiraz. Yaman puso cara de ogro cuando Alí levantó la vista y lo vió allí parado. Alí ya leía las expresiones de su hermano mayor como si se hubieran criado juntos así que le sonrió con burla y con los ojos lo avisó de que Seher estaba tras él con Yusuf de la mano. 

    Yaman se dio la vuelta entonces con su preciada carga en los brazos y Seher se deshizo de amor al ver a su salvaje Yaman con la pequeña Kevser en brazos. Esa niña tenía 10 días pero ya tenía a su padre atrapado en sus pequeñas manos. Yusuf se aproximó a su pequeña hermana (la adopción era un hecho desde hacía días) y la besó en su pequeña y dulce mejilla cuando su padre se agachó para facilitarle la tarea. 

    - ¿Estás listo? - Preguntó Seher. Yaman respiró fuertemente y contestó: 

    - Si no hay más remedio…

    Seher le sonrió y le prometió compensarlo más tarde,  tomó a Yusuf de la mano pasó la otra mano por la cintura de su marido y bajaron los cuatro al banquete de Nochevieja. 

    Unas horas más tarde gritaron la cuenta atrás y se felicitaron el año nuevo 2022. Hubieron muchos abrazos, muchas miradas cómplices, algunas escapadas a la cocina a buscar cosas que no hacían falta, algún intento por parte de la Tía de Alí por tener a Kevser en los brazos (Yaman volvió a impedirlo), hubieron miradas divertidas de las cuñadas al ver a Yaman y a Alí apartar con cara de espanto los pimientos verdes, hubieron postres deliciosos y finalmente y cuando todos los invitados se habían ido, hubo mucha pasión en la habitación del Sr. y la Sra. Kirimli. 

    



jueves, 28 de enero de 2021

Estamos prometidos (Capítulo 104)

    


    Yaman había volcado en ese beso todo el amor que sentía por la mujer que iba a ser su esposa esperando que ella entendiera que para él no era un matrimonio de conveniencia. Para él no habían habido más personas en aquel momento; sólo ellos dos. Ya la sentía suya, para siempre, y poder acariciar su cara para besar su frente libremente lo había catapultado a la felicidad más completa. Quería creer que ella había sentido lo mismo que él: que el tiempo se paraba. 
    Seher había notado el pecho a punto de estallarle de emoción cuando él la había tomado por el cuello suavemente con sus grandes manos para besarla dulcemente en la frente. Se le habían cerrado los ojos dejando a los demás fuera de ese "mundo de dos" que conseguían crear. Desde jovencita había soñado con su compromiso, pero jamás había imaginado que lo viviría con un hombre como él. Siempre que intentaba definirlo no hallaba las palabras adecuadas y se quedaba corta. Él simplemente era el hombre cuyo amor paraba el tiempo. 
    Se separaron poco a poco mirándose intensamente y enviándose promesas secretas en esas miradas. Yaman la tomó entonces de la mano firmemente para volverse hacia mamá Nadire y agradecerle la velada. Tenía prisa por estar a solas con su prometida y al infierno si los demás se daban cuenta. Seher abrazó (como pudo) a su madre y hermano y siguió hacia la puerta a Yaman. Allí se pusieron todos los abrigos y salieron a la fría noche de enero. 
    En el coche Yaman no paraba de lanzar miradas ardientes a su futura esposa (no dejaba de llamarla así en su mente) y Seher cada vez estaba más sonrojada. El único que habló durante el camino de vuelta era Yusuf desde el asiento trasero, sentado entre Ziyah e Iqbal, resumiendo la velada a su manera. Estaba encantado con que su tío hubiera bebido café con sal y con que le hubieran dado las tijeras para cortar la cinta de los anillos. 
    Al llegar a la mansión todos se dieron las buenas noches pero Seher y Yaman acompañaron a Yusuf a su habitación para acostarlo. El pequeño no paraba de hacer planes para cuando "fueran sus padres" y hasta que Yaman no prometió leerle un cuento no se calmó un poco. 

    - Os dejo solos - dijo Seher después de besar la frente de Yusuf. 

    Luego miró a Yaman a los ojos y le susurró:

    - Creo que me costará quitarme sola este vestido - y salió de la habitación cerrando suavemente la puerta. 

    Si había querido excitarlo con esa frase lo había logrado. 

    - Tu tía es un demonio disfrazado de ángel - susurró Yaman incómodo.

    - ¿Mi tía es un demonio? ¡Es una princesa, amca!

    "Evet", pensó Yaman, "mi princesa". Se alegró cuando al poco de empezar a leer Yusuf ya se había quedado dormido así que apagó la lamparita y salió en silencio. No fue a su habitación porque su futura mujer lo necesitaba para ayudarla a desnudarse... A Yaman se le puso cara de lobo travieso en cuanto llamó con los nudillos a su puerta. 
    
    - Pasa - dijo Seher expectante. 
    
    Él no había tardado nada en leer el cuento pero a ella se le había hecho muy largo. Llevaba deseándolo desde que había abierto la puerta en casa de mamá Nadire y lo había visto tan guapo con el ramo de flores en la mano. Su belleza masculina la impactaba cada día. Era como si no se acostumbrara a verlo y con cada encuentro se enamorara de nuevo de él. Lo amaba por la persona que era pero físicamente la atraía de una manera tan salvaje que la asustaba y la excitaba a partes iguales. Sólo ahora entendía que eso le había pasado desde la primera vez que lo había visto. 
    Lo oyó entrar y cerrar la puerta pero no se dio la vuelta sino que se apartó el pelo a un lado mostrándole el cuello vulnerable y la cremallera del vestido. Sintió como él se paraba tras ella y notó su aliento en el cuello. Se le cerraron los ojos de expectación y deseo. 
    Yaman la tenía delante de él ofreciéndole su cuello suave y con olor a vainilla y por poco cae de rodillas. Levantó una mano para apartar más su pelo y se entretuvo acariciándolo y mirándolo hipnotizado. Seher notaba sus dedos en la sensible piel y sintió hincharse sus pechos de ansia. El mas mínimo roce de Yaman conseguía excitarla y alterarla hasta acabar suplicando. Yaman bajó los labios y los abrió para besar dulcemente el cuello de su prometida al mismo tiempo que sus manos tomaban la cremallera para empezar a bajarla lentamente. La sintió temblar y sonrió como un demonio travieso. Volvió a besar su cuello delicioso y acarició la espalda de ella al paso de sus dedos fuertes. La cremallera ya estaba bajada y Yaman veía su espalda desnuda a excepción del cierre del sostén verde esmeralda. 
    Por Allah, siempre que quería seducirla acababa él siendo el seducido, el esclavo, el que caía rendido ante ella y su belleza. Llevó las manos a los hombros frágiles  para apartar el vestido y poder bajarlo por su cuerpo. Lo bajó por sus brazos oyéndola suspirar entrecortado y cuando llegó a sus caderas casi se le para el corazón al ver lo que Seher llevaba por ropa interior. Un tanga del mismo color que el sostén hizo que Yaman abriera los ojos al máximo. El vestido se escapó de sus manos que se habían quedado sin fuerza de repente y acabó en los pies de ella. Seher salió del vestido y se giró para encararlo con ojos llenos de deseo. 
    
    - No tengo claro si te ha gustado la sorpresa - dijo ella. 
    - Dime que has comprado docenas - rugió Yaman devorándola con la mirada de arriba a bajo. 
    - Súbele el sueldo a Neslihan por haberme recomendado la tienda - dijo Seher sonriendo y acercándose más a él.
    - Acabo de triplicárselo, ven aquí - ordenó él acercándola de golpe a su cuerpo excitado. 

    Seher se excitó aun más al estar semidesnuda contra el cuerpo de él aun vestido con el traje de la velada. Pero lo quería desnudo y excitado así que se puso de puntillas para llegar a sus labios calientes y masculinos. Lo besó con la boca abierta demostrándole lo mucho que lo deseaba y le quitó la chaqueta. Mientras mordisqueaba su labio inferior haciéndolo rugir bajito, lo liberó de la corbata y empezó a desabrochar los botones de la blanca camisa. Iba descubriendo cada vez más piel de su pecho marcado y las manos se detenían a acariciarlo codiciosas. Puso la palma de la mano donde notaba el latido de su corazón de guerrero y lo miró a los negros ojos llena de anhelo. Jamás dejaría de anhelarlo de aquella manera casi dolorosa. Lo sabía. Era para siempre. Aunque doliera, aunque hubieran momentos oscuros ese amor ya era eterno. Yaman la tomó por el cuello como había hecho esa misma tarde pero no para besarla en la frente, esta vez abrió los labios para saborear los de ella y comerle toda la boca salvaje. La fue empujando con su cuerpo hacia la cama hasta que la tuvo tendida y rendida. 
    Allí siguieron besándose como si no les quedara tiempo. Siempre ese miedo a perderse. Yaman hundía su lengua una y otra vez para acariciar y lamer la de ella. Seher se impacientaba y quería liberarlo de lo que le quedaba de ropa hasta conseguirlo por fin y tenerlo desnudo contra su cuerpo. Offf pensaron los dos al sentirse unidos y calientes. Se mordieron dulcemente uno al otro mientras se tocaban apasionados. Seher pasaba sus manos por la ancha espalda de él, luego palpaba sus músculos y bajaba hasta su duro trasero para apretarlo contra ella. Yaman acariciaba los pechos de ella y con los dedos torturaba sus pezones hasta dejarlos duros y dulces. Bajó una mano por su vientre hasta hundirla bajo el tanga y hallar los pétalos húmedos e hinchados de Seher. Usó los dedos para acariciarla y presionar su clítoris hasta lograr esos gemidos que lo volvían loco. 
    Seher buscó dulce venganza llevando su mano al miembro de él ya grande y duro para acariciarlo arriba y abajo hasta lograr su respuesta en forma de rugidos. 
    Se miraron a los ojos mientras sus caricias se intensificaban y Seher notó que él le bajaba el tanga con impaciencia para luego apartarle las piernas con su rodilla y encajarse en ella. Seher se abrió más para que él entrara en ella y notó como se hundía en ella hasta el mismo centro de su ser. Por Allah no había nada igual a tener a ese hombre dentro de ella amándola de aquella forma intensa e infinita. Yaman buscó sus ojo y empezó a moverse contra ella apoyado en sus codos. Un beso húmedo. Empujaba directo. La miraba amoroso. Otro beso en la comisura. Volvía a entrar hasta empotrarla. La miraba memorizándola.  Se lamían embelesados. Otra unión desesperada. Seher ya no sabía ni como se llamaba y sólo acertaba a suplicar "lütfen" mientras él no dejaba de entrar y salir de ella robándole la vida misma. Yaman aceleró y ella lo recibió en una carrera cada vez más rápida que les arrancó rugidos y gemidos de gusto cuando se corrieron al mismo tiempo. Era increíble que aquellos suspiros apasionados no despertaran a nadie. 
    Yaman se dejó caer sobre ella para recuperar el aliento en su cuello y ella lo abrazó mientras recuperaba el suyo. Unidos se sentían completos. El tiempo se detenía. Yaman se apartó entonces abrazándola para llevarla con él y poder buscar la sábana para cubrirlos. Seher buscó apoyar su mejilla en el corazón de él. Sólo se oían sus respiraciones calmadas ya, en paz. 
    Yaman acariciaba distraído la espalda de ella cuando se le ocurrió preguntarle:
    - ¿Has elegido ya el vestido?
    - No. Iré a una tienda que me ha recomendado...
    - ¡No lo digas! Neslihan. 
    - Evet. Es una chica de recursos. Me prestó el libro de relatos que tanto te gustó, me cuenta historias de los chats en los que está y de las chicas que conoce allí y que le dan unos consejos increíbles ah! y allí le recomendaron la tienda de vestidos de novia. El nombre de la tienda ya promete bastante.     
    - Sorpréndeme - pidió Yaman. 
    - Pasión Turca. 

Gracias de nuevo Cati y administradoras por abrirnos el Chat Emanet porque unisteis en un mismo lugar a muchas mujeres amantes de las telenovelas turcas que han acabado formando una gran familia de amigas. Y gracias porque con vuestra labor desinteresada nos traéis infinidad de novelas, películas y series que nos hacen soñar. Con lo importante que es en estos días poder hacer eso: SOÑAR. Gracias!

miércoles, 27 de enero de 2021

Por aparentar...(Capítulo 103 Emanet)


    
Yaman estaba en la terraza mirando las luces de la ciudad y oyó que ella se acercaba. Cogió aire y se giró para recibirla y al verla comprendió que coger aire ya no le servía para calmarse. Ella seguía con aquel vestido que se había puesto para ir a comer con él y el maldito vestido volvía a llamar su atención. Seher se había puesto un vestido camisero ajustado en la cintura y debajo sólo llevaba medias. Las botas altas alargaban sus piernas inspirando fantasías en Yaman. Él jamás la había visto tan sexy y llevaba todo el día sin poder apartar la vista del borde de ese vestido. La falda se movía demasiado cuando ella caminaba y a Yaman lo alteraba cómo se ajustaba la tela a las piernas de ella. Gracias a Allah Seher se había cubierto con su chaqueta gris para salir a la terraza y la forma de sus pechos ya no era tan evidente a la vista de él. 

    Seher se acercó a Yaman para explicarle que había hablado con Mamá Nadire pero lo vio tan tremendamente guapo que se quedó con la boca abierta sin soltar palabra. Él seguía llevando el traje con corbata de la tarde y ella perdía el hijo de sus pensamientos sólo con verlo. Pensar que ese hombre atractivo como el pecado fuera a ser su marido la ponía nerviosa, nerviosa y ansiosa. 

    - ¿Pasa algo? - preguntó él. 

    - Emmm - soltó ella despistada con la vista en el hueco de su cuello - he hablado con Mamá Nadire y nos recibirá mañana para el compromiso. 

    - Perfecto pero ahora mismo tenemos otro problema. Mi cuñada está en su balcón y nos mira con cara de sospechar que este compromiso no es real. Deberíamos despejar sus dudas de alguna manera - explicó Yaman mirándola fijamente con sus ojos negros brillando. 

    - ¿Qué sugieres? - preguntó Seher notando como su corazón se aceleraba de anticipación. 

    Yaman dio un paso decidido y quedó tan cerca de ella que sus fríos alientos empezaron a mezclarse. La miró intensamente. Subió sus manos hasta el cuello femenino y lo rozó con los dedos erizando la piel que tocaba. Luego apartó el cabello echándolo hacia atrás y bajó las grandes manos por los brazos de Seher. 

    Ella notó el calor que emanaba de esas manos y se le abrieron los labios de anhelo. Levantó la cara hacia él esperando un beso de esos labios masculinos que la volvían loca pero él se acercó lentamente y pegó su boca a su mejilla. Seher cerró los ojos para sentir esa boca y esa barba hacerle cosquillas excitando su piel. 

    Él no separaba los labios de su mejilla sino que los movía en dirección a su boca y ella giró la cara para encontrarlos pero justo cuando iba a besarlo él se apartó para susurrarle:

    - No te muevas, mi cuñada sigue mirando. 

    - Uhummm - susurró ella hipnotizada sintiendo su cercanía, su calor y su boca tan cerca de la de ella. 

    Seher sentía la seducción de él por todo el cuerpo. Palpitaba en su interior el deseo porque la besara en la boca de pleno. Quería saborear en él el café que sabía que había tomado. Se moría por comérselo a besos pero el muy pillo arrastraba sus labios lejos de su boca, hacia su oreja como si fuera a confesarle un secreto.

    - Tócame - le rugió bajito haciendo estallar sus terminaciones nerviosas. 

    Seher subió la mano para acariciar cariñosa la barba de su fuerte mandíbula y acabó tocando los labios de Yaman con la yema de sus dedos. Él dio un respingo y se la quedó mirando con ojos ardientes. 

    - Yeter! (Suficiente). 

    - Pero tú has dicho... y tu cuñada está...

    Yaman la cogió de la mano con fuerza y la obligó a seguirlo. Sin soltarla se dirigió de vuelta adentro de la mansión, la arrastró hasta las escaleras y a la mitad paró para acorralarla contra la pared y rugirle cerca de la boca:

    - Llevas todo el día provocándome, futura Sra. Kirimli. Este vestido se te ajusta demasiado, es demasiado corto y no para de moverse haciendo que no pueda concentrarme en nada más. 

    - Quítamelo - susurró ella bajito contra los labios de él. 

    Yaman se apartó frunciendo el ceño y notando de repente que los pantalones empezaban a apretarle. Tiró de ella otra vez escaleras arriba y enfiló hacia su cuarto con grandes zancadas. Abrió la puerta, entraron y cerró de un portazo, luego hizo girar a Seher y la acorraló con su cuerpo. ¿Intentaba intimidarla? pensó Seher divertida. 

    Ella levantó la cara retándolo a besarla. Miró con deseo los labios de él y abriendo la boca se lamió el labio inferior. Los ojos de Yaman ardieron mirando esa boca dulce que lo llamaba con promesas eróticas pero si él había sufrido de amor y deseo todo el día, ella también tendría que esperar. Apoyó una mano en la puerta y la otra la llevó al escote del maldito vestido. Apoyó su índice en el hueco de su cuello y bajó hasta el primer botón. Movió el dedo a derecha e izquierda subiendo por un pecho y volviéndolo a bajar para pasar al otro. No llegaba a donde ella quería y Seher ahora lo miraba con odio fingido y pulsaciones en lo más íntimo. 

    Seher apretaba los puños sintiendo la caricia de su dedo y queriendo más. El muy pícaro mantenía sus deseados labios a centímetros de los suyos y ella se moría por beber de ellos. Aquel juego erótico la ponía a mil y él lo sabía. Su cara de "SoyYamanKirimliYSeQueMeDeseas" la ponía de los nervios. De los nervios de las ganas de comérselo. Se rindió a su seducción cerrando los ojos, apoyando la cabeza en la puerta y abriendo los labios para exhalar el aire que él le robaba con el toque de sus dedos. 

    Le desabrochó un botón del vestido, movió los dedos arriba, abajo, derecha e izquierda. Otro botón desabrochado y otra caricia bajo sus pechos pesados y anhelantes. Otro botón y sintió sus dedos prender fuego en su vientre ya caliente. Notó como desabrochaba el cinturón del vestido y otro botón cedió para que los dedos calientes de Yaman jugaran con su ombligo y su piel sensible. Seher había empezado a temblar cuando lo oyó gemir "tan hermosa" cerca de su cuello. Siguió gimiendo con los ojos cerrados y notó otro botón soltarse. Sus dedos bajando al liguero que sujetaba sus medias eran como lava en su piel. Notó que su fuerte mano recorría el borde del liguero y lo agarraba. ¿Se lo arrancaría? No. Parecía haberle gustado lo que había encontrado bajo el vestido y su mano fuerte y caliente llegó a su monte de Venus para rozar, retar y seducir. 

    Los gemidos de Seher tenían a Yaman duro como una piedra y no pudo resistirse a buscar con la boca sus pezones ocultos tras blonda negra. Sacó la lengua para acariciarlos, degustarlos como un delicioso manjar y morderlos suavemente. Ella temblaba, se retorcía y unía las piernas intentando aplacar el palpitar de su sexo que clamaba por más caricias. Yaman siguió mimando aquellas cimas enhiestas con su boca mientras su mano bajaba más, entraba más, encontraba la perla sensible y la frotaba codicioso. Seher jadeaba en busca de aire porque tenerlo en sus pechos y en su sexo la estaba llevando al éxtasis así que tuvo que agarrarse a sus bíceps para que no se le doblaran las piernas. 

    La mano de Yaman frotó más rápido, más fuerte, más insistente. 

    La boca de Yaman succionó más profundo, más húmedo, más intenso. 

    Cuando él notó que ella se correría la sujetó con su fuerte brazo para sostenerla en su éxtasis. Seher tembló al sentir toda aquella descarga de placer recorrerle el cuerpo en oleadas. Si él no la sostuviera... pero lo hacía. Siempre lo hacía. Ella se aferró a su fuerza y enterró la cara en el cuello de él. Invictus. Invencible. Lo era desde siempre y todas sus cicatrices daban fe de ello. Su olor la arrulló mientras recuperaba la respiración. Besó su fuerte cuello y se abrazó a su cintura. 

    Yaman la notó débil por el placer y la cogió en brazos para llevarla a la cama. La dejó de pie para poder quitarle el vestido ya totalmente abierto y decidió no quitarle nada más. Esa ropa interior negra  parecía casi un homenaje a él y sonrió. Ella lo estaba mirando con los ojos velados por el orgasmo experimentado y parecía medio ida. Iba a besarla en la nariz pero lo sorprendió llevando las manos a su corbata. Sus dedos habían cobrado vida y en un parpadeo le había quitado la corbata, la chaqueta y abierto la camisa. 

    Su futura esposa (le encantaba como sonaba esa palabra) le estaba besando el pecho y pasando las manos por los músculos del abdomen pero él llevaba listo hacía rato; justo desde el momento en el que la había visto con el maldito vestido (pensaba comprarle una docena) así que la tomó por la barbilla para besarla y entretenerla mientras él acababa de desnudarse. En cuanto se irguió desnudo ante ella, Seher lo empujó para que se tumbara en la cama y luego trepó por su cuerpo besando, lamiendo y acariciando hasta sentarse sobre él.     

    Yaman la miró desde abajo. Su mujer (qué largas se le iban a hacer aquellas dos semanas) lo montaba como una reina apoyando las palmas de las manos en su fuerte pecho. Sus sexos se buscaban y él la tomó por las caderas para entrar en ella y cortar esa agonía. "Offff" pensó Yaman. Para él estar dentro de ella era parar el tiempo así que la apremió a moverse, a lograr su infinito juntos. Seher se movió buscando volverlo loco y cuando lo vio cerrar sus grandes ojos negros supo que lo estaba consiguiendo. Sentía las fuertes manos en sus caderas acompañándola y aceleró el ritmo. Yaman empezó a rugir cada vez más y Seher buscó el placer de ambos incansable. Más rápido, más fuerte y los dos gritaron al llegar juntos a un orgasmo que los dejó sin aire. Lo recuperaron poco a poco mientras Seher se acurrucaba en su pecho y los brazos de Yaman la estrechaban firmemente. 

    Seher notó como él los cubría con la sábana y se acomodó más encima de él. Pensaba dormir así toda la noche. Entre sus brazos y sobre su pecho. Sintió un beso en el pelo y sonrió feliz. 

    - ¿Crees que hemos convencido a tu cuñada? - preguntó somnolienta Seher. 

    - A ella no lo sé, a mi me has convencido del todo. 

    Pero Seher ya no lo oyó porque se había quedado dormida. 

    - Sen seviyorum, Seher Kirimli - susurró bajito Yaman. Luego suspiró, abrazó mas fuerte a su futura esposa y se durmió. 

    

    


domingo, 24 de enero de 2021

EVET! (Capítulo 101 Emanet)

     Seher había abandonado la cama caliente de Yaman con una mezcla de sentimientos que iban de la tristeza, por dudar y hacerle daño a él, a la determinación por tomar la mejor elección para ella y para Yusuf. Había llegado al bosque a visitar a Arif Baba y después de saludarlo se había sentado en la pequeña mesa a esperar su té. Arif Baba se sentó ante ella sin preguntarle qué hacía allí porque sabía que esperando ella empezaría a hablar. Seher le contó los acontecimientos de los últimos días con los servicios sociales pero cuando quiso hablar del acercamiento entre Yaman y ella sus palabras se volvieron torpes. Arif Baba sonrió y habló:

    - Querida Seher, este acercamiento no es cosa de los últimos días. 

    Seher lo miró sorprendida pero Arif Baba levantó la mano para que no lo interrumpiera y siguió:

    - Hace años que conozco a Yaman y que suele visitarme en busca de consejos, a veces los sigue y a veces no, como hace cualquier hijo.   Hace 5 meses a Yaman le ocurrió algo que yo sabía que iba a cambiarlo todo para él. Algo con lo que él no se había enfrentado todavía a pesar de haber enfrentado de todo en su vida. Te conoció a ti. Querida Seher, para Yaman ese acercamiento del que me hablas empezó hace 5 meses cuando apareciste en su casa y lo retaste. Jamás nadie se le había enfrentado y menos por amor, por amor a un niño huérfano al que Yaman ama más que a nada junto con su hermano Ziyah. Y tú se lo querías arrebatar, Seher. 

    - No empezamos con buen pie Arif Baba - dijo Seher sonriendo tímidamente. 

    - Esa es la metáfora del siglo querida. Desde el principio Yaman fue sintiendo admiración por ti, por tu determinación, por tu fuerza. Jamás te rendiste y él fue entendiendo que erais iguales. No te sorprendas. Ambos sois capaces de dar la vida por aquellos a los que amáis. Lo que no parecíais entender ninguno de los dos es que también erais capaces de dar la vida el uno por el otro. Tú paraste la bala que iba hacia él. El pidió perdón por primera vez en su vida para salvar la tuya y te desenterró con sus propias manos. Una vez dije a Yaman que debía encontrar su motivo, algo que diera sentido a su vida volviéndola eterna, volviéndola infinita. Ya lo ha encontrado. Hace 5 meses que lo encontró, Seher. Tú eres su motivo. 

    Seher notaba caer las lágrimas por sus mejillas. No podía creer que Yaman hubiera empezado a sentir algo por ella desde hacía tanto tiempo. 

    - ¿Pero cómo es posible? - preguntó confundida.

    - Hija mía. ¿Por qué crees que Yaman no soporta a tu amigo el de las sopas? ¿O a cualquier hombre que se te ha acercado con intención de cortejarte? Por celos, aunque no lo admitirá jamás. Yaman se ha resistido al amor por miedo a lo desconocido. ¿Quién lo ha amado? Nadie. Seher, Yaman te ama y ahora eres la única persona que puede destruirlo por completo o darle la felicidad que nunca ha tenido. Tienes en tus manos el corazón, el alma y la vida de ese hombre. ¿Qué vas a hacer?

    - Ayer... me pidió que me casara con él.  Bueno mas bien me lo ordenó pero estábamos tan asustados por la posibilidad de perder a Yusuf que yo pensé...

    - Hayir (no). No dudes del motivo por el que te lo pidió. Amor infinito, amor capaz de parar el tiempo.

    - Gracias Arif Baba. Haré lo posible por hacerlo feliz. 

    - Es muy fácil. Tan sólo ámalo. Lo merece, hija. 

    Y Seher abandonó el bosque para ir a dar su respuesta a Yaman. 

    Yaman llevaba horas en el jardín disparando flecha tras flecha sintiendo que cada una de ellas lo aligeraba un poco más de la ira que lo embargaba desde que había abierto los ojos esa mañana. Debía deshacerse por completo de la rabia. No era justo que cuando ella volviera lo viera como al hombre al que conoció 5 meses atrás porque ya no era ese hombre, pero tampoco llegaría a ser el hombre que por unos días había creído que sería: padre y esposo. El NO de ella cortaría para siempre esa posibilidad. Seguiría siendo el tío de Yusuf y a ellos dos sólo les uniría el amor por su sobrino. Cogió otra flecha suspirando resignado y se la quedó mirando. Lo irónico es que ni siquiera le sorprendería el NO. Tan acostumbrado estaba a ellos... pero durante unas horas esa noche había soñado con un EVET (sí). Había soñado despierto con ella entre sus brazos y mirándola la había imaginado vestida de blanco a su lado, feliz y amándolo tanto como él la amaba a ella. Su sueño había seguido y la había imaginado embarazada llevando a Yusuf de la mano y sonriéndole a él. En su sueño veía a una niña de pelo negro y ojos verdes que lo llamaba papá. 

    La flecha había empezado a temblar en su mano y cuando fue consciente la soltó como si quemara, al igual que sus sueños, quemados. De repente se le erizó la piel de la espalda. Ella había vuelto. Cogió aire doliéndole el pecho y se agachó a coger la flecha para dispararla. La colocó metódicamente en la cuerda, la tensó, apuntó y disparó. Mientras siguiera ese ritual todo estaría controlado. La oyó acercarse. Kahretsin! pensó pero siguió lanzando. 

    - Merhaba... - saludó tímidamente Seher  - "qué guapo está hoy con esos pantalones y ese chaleco - pensó a continuación. 

    Yaman no contestó. Estaba mortalmente serio y concentrado en la diana. La ignoraba pero ella sabía que la sentía, igual que ella lo sentía a él. Seher pensó que ya habían estado en esa situación. Ella hablándole y él disparando ignorándola. Aquella vez ella había acabado desmayándose ante la diana cuando creyó que él la había disparado. "Muy bien" pensó Seher y empezó a caminar hacia la diana con paso decidido. Giró y lo miró apoyada en la madera. Seher pensó entonces que aquella flecha lejana realmente no había fallado. La había clavado a él hacía 5 meses impidiendo que se separaran. La había clavado a su corazón. 

    Seher sonrió a su futuro marido y lo vio fruncir más el ceño. Luego vio como él hundía los fuertes hombros y bajaba el arco hasta apuntar al suelo. Seher empezó a caminar de vuelta sin dejar de sonreír dulcemente hasta que quedaron frente a frente. No se tocaban pero se aguantaban la mirada  sintiendo esa unión nacida de la ira y transformada en amor. 

    - Evet - susurró Seher. 

    - ¿Ne? - preguntó Yaman. 

    - Sí, me casaré contigo Yaman Kirimli. 

    Y Yaman hizo lo que no había hecho jamás. Cayó de rodillas ante ella y apoyó su frente en el suave vientre de Seher. Ella puso sus manos en la cabeza de Yaman y acarició su negro pelo con cariño, luego se arrodilló también para abrazarlo y que sus corazones volvieran a sincronizar sus latidos. Estaban mirándose felices y enamorados y sus labios estaban a punto de unirse cuando alguien llegó y se tiró encima de ellos.

    - Amcaaaaa, teyzeeeee. 

    



    

sábado, 23 de enero de 2021

Cásate conmigo. (Capítulo 100)


   Este relato va dedicado a Remedios Navas con mucho cariño. Ponte buena Abla, que te echamos de menos en el chat.

 "Cásate conmigo" le había pedido él hacía unos minutos. Seher no paraba de repasar la escena una y otra vez en su mente. Después de haberle dicho eso él la había soltado y se había apartado de ella dándole espacio. Seher se había quedado callada porque no le salían las palabras en ese momento y es que ese día había sido muy estresante. 

    Desde la aparición de los servicios sociales la noche anterior había estado angustiada y con la proposición de él de huir los tres al extranjero aún se había preocupado más. Las acusaciones de Zuhal de ser una interesada cazafortunas no habían ayudado a calmarla precisamente y su último enfrentamiento con ella la había dejado muy alterada. Yaman lo había oído todo y había echado de la habitación a Zuhal hecho una furia. 

    Seher temblaba intentando explicarle a él que ella no era como Zuhal decía. Por Dios, él no creería que era una cazafortunas ¿verdad? Ella estaba allí por Yussuf y lo que había llegado a sentir por el tío de Yussuf era amor. No tenía ya dudas de que ese nerviosismo ante él era amor. Cuando se le aceleraba el corazón al verlo era amor. Echarlo de menos cuando no estaba en casa era amor. Haber querido morir con él cuando lo hirieron era amor. Estar dispuesta a huir con él para siempre era amor. Pero ¿y él? ¿Qué sentía? 

    Seher era consciente de que había algo entre ellos. Sabía que Yaman la deseaba y todas las veces que habían estado juntos ella había sentido una conexión especial. Se paraba el tiempo cuando hacían el amor. Él era su infinito pero jamás le había dicho que la amaba. Casarse con Yaman Kirimli, dormir y despertar a su lado cada mañana, que fuera el padre de sus hijos... vivir para siempre como lo habían hecho en el piso de alquiler, todo aquello a Seher le parecía la definición de felicidad pero ¿sería ella suficiente para él? 

    A veces se sentía poca cosa a su lado. Al fin y al cabo él había conseguido construir un imperio de la nada y podría tener a la mujer que quisiera. Seher recordaba ahora cuando le dijo que no había que desperdiciar la pasta de dientes y que Yussuf debía aprender eso. Yaman había contestado orgulloso que Yussuf era un Kirimli y nunca tendría la necesidad de ser ahorrativo. ¿Qué pintaba un hombre como él con una esposa como ella? Seher se abrazó a la almohada llorando porque Yaman, con su "propuesta de matrimonio", le había puesto al alcance de la mano tanto la felicidad de estar con él para siempre como la desdicha de no saber nunca si él la amaba por ella misma. ¿Qué debía hacer? 

    Yaman estaba en la terraza de su habitación mirando la oscuridad con las manos aferradas a la balaustrada. Siempre se había sentido cómodo en esa oscuridad. La conocía. Sabía a qué atenerse. Qué enemigos encerraba. Su vida había transcurrido entre tinieblas, solitaria pero familiar. Y luego había llegado ella, cegándolo con su luz, su bondad, su generosidad y su amor. Y su mundo oscuro se había tambaleado hasta amenazar con desmoronarse ante la luz. Verla llorar y sufrir lo mataba por dentro y en un momento desesperado por no perderla, por darle seguridad, le había pedido que se casara con él. Él, que no daba un paso sin haberlo pensado antes, que no tomaba una decisión sin haberla estudiado minuciosamente, había pedido a Seher que se casara con él de la manera más torpe y precipitada posible. 

    En cuanto se dio cuenta de la cara de confusión de ella le había dicho que pensara la respuesta, la había soltado y había abandonado la habitación. Notaba aun en las palmas de sus manos la suavidad de la piel de sus mejillas y cerró los puños para retener esa suavidad y el aroma a galletas de limón de su cuello. La noche anterior habían dormido separados y los acontecimientos de ese día los habían mantenido tensos y nerviosos. Yaman ya no sabía estar en su cama sin ella, hasta el sueño lo evadía si ella no dormía a su lado. 

    Entró de nuevo y fue al vestidor a desnudarse y ponerse el pantalón del pijama. Le pareció oír la puerta y cuando se giró ella estaba en la entrada de la habitación. Llevaba su pijama lila y el pelo húmedo y se le notaban aun los ojos enrojecidos de llorar. Igualmente le pareció la mujer más hermosa de la Tierra. Yaman notó en el pecho cómo se le encogía el corazón al verla así pero se limitó a esperar a que ella hablara o actuara. 

    Seher había decidido no pensar, sólo sentir y su corazón la había llevado al cuarto de él. El día había sido muy duro y sólo sabía de un sitio donde podría descansar en paz y era el cálido y fuerte pecho de él. Yaman estaba frente a ella descalzo y sólo con los pantalones del pijama. Le pareció un Dios oscuro de fuertes músculos y semblante serio. Sus negros ojos brillaban mirándola y parecía que apretaba la fuerte mandíbula en señal de autocontrol. No lo quería controlado, lo quería apasionado, lo necesitaba y mientras se acercaba a él temiendo quizás ser rechazada lo miraba con cautela. 

    Yaman no aguantó esa mirada. No quería verla asustada, bastante la asustó ya en el pasado y ahora le desgarraría el alma saber que él era el culpable de ese temor en sus bellos ojos verdes. Avanzó los dos pasos que lo separaban de ella y la abrazó por la cintura. Su pelo olía a vainilla y lo besó devoto y rendido. Ella apretó sus brazos alrededor del cuello de Yaman para retenerlo, para siempre si era posible. Ambos  notaron como sus corazones pasaban a latir al mismo ritmo; se acompasaban y sincronizaban. Sus corazones se comunicaban como ellos no eran capaces de hacer con palabras. Sus cuerpos se lo habían dicho todo, sus bocas callaban. Siempre el miedo a lo desconocido, a sufrir. Yaman temiendo la luz, Seher temiendo no ser capaz de hacer desaparecer toda la oscuridad. Yaman buscó su mirada para decirle que la entendía, dolía como mil infiernos pensar que ella podía rechazar su propuesta, pero la entendía. 

    - Tú...

    - Yo...- empezó Seher. 

    - Hayir (no), lütfen (por favor) no digas nada. Es una respuesta demasiado importante como para que me la des sin estar segura. 

    Seher lo miró perdida pero él volvió a abrazarla para cogerla en brazos y apretarla contra su fuerte pecho. Avanzó hacia la cama y la tumbó con cuidado. Estaba incorporándose cuando ella le tendió la mano para que él no se apartara. Yaman apagó las luces y se tendió al lado de la mujer que amaba. Seher buscó enseguida el calor de su cuerpo apretándose contra él y cuando él pasó un brazo por detrás de su espalda ella apoyó la cara en su pecho. El tiempo se detuvo y se volvió infinito; como siempre pasaba. Yaman acariciaba dulcemente la espalda de ella y ella respiraba tranquila en su pecho, ambos mirando la luz de la luna que entraba por el ventanal. 

    Seher quiso depositar un beso en aquel pectoral marcado y cómodo pero el aroma de Yaman la inundó de golpe y el calor que hasta entonces era confortable pasó a ser inquietante. Sus labios no se separaron de su piel sino que vagaron por todo el plano de su fuerte pecho. Seher cerró los ojos mientras depositaba besos suaves. El olor de Yaman cada vez la afectaba más avivando la llama que palpitaba dentro de ella. Sacó la lengua y probó su piel pero como su olor la afectaba, su sabor la trastornaba de deseo. Siguió besando y lamiendo y notó que Yaman apretaba el abrazo y dejaba salir el aire de golpe. Seher se irguió para llegar al otro pectoral y mimarlo de la misma manera. Estaba prácticamente sobre él y se acomodó de rodillas para llegar a su vientre duro con labios, lengua y dientes. 

    Yaman acariciaba su pelo respirando cada vez más fuerte. La miraba acariciarlo y besar su cuerpo y la excitación lo recorría como lava hirviendo. Seher llegó a la cintura del pijama y lamió su piel bajando con sus manos el pantalón hasta que Yaman la ayudó a quitárselo. Quedó desnudo y a merced de aquella sirena de ojos verdes que lo cautivaba y excitaba con sus caricias. La vio seguir bajando hasta que sintió su traviesa boca en su sexo y ahí no pudo contener los rugidos de placer. Aguantó unas cuantas caricias de la boca de ella pero decidió que era su turno y tomándola por la cintura con sus grandes manos la tumbó a su lado y fue él quien quedó encima de ella. Mirándola a los ojos con el ceño fruncido la libró de los pantalones y los lanzó fuera de la cama. Llevó sus dedos al primer botón de la camisa y fue desabrochando y rozando su piel al mismo tiempo. Ella le aguantaba la mirada pero de sus labios abiertos salían gemidos de placer y expectación. Yaman abrió la camisa y se la sacó impaciente para devorarle los pechos hinchados y los pezones duros. Se volvió loco besando y chupando. Succionaba poseso oyéndola jadear de gusto. Erizaba su piel con el roce de su barba y supo que al día siguiente ella tendría la piel enrojecida. Cuando desayunaran juntos pensaría en ello y se lo haría saber con la mirada. 

    Bajó los labios por el abdomen femenino adorándolo con dientes y lengua y llegó a su intimidad. Allí acarició con la nariz y oyó otro jadeo más fuerte. Sonrió y sacó la lengua para amarla allí con erótica pereza. Chupaba, lamía y ella se agarraba a las sábanas retorciéndose de placer. Pero esa noche Seher quería unirse a él mirando sus ojos negros así que tiró de su pelo para que subiera y pudieran decirse todo con la mirada. Yaman se apoyó en los codos para no aplastarla y movió la cadera para que ella le diera paso. Seher se abrió mirándolo con la cara iluminada de placer y amor y por fin sintió su miembro duro y grande entrando en ella. Se aferró a sus fuertes brazos porque aquel placer amenazaba con hacerla estallar y ella quería estar con él. Para siempre. Yaman la miraba con ojos entrecerrados del esfuerzo y del placer y se movió contra ella duro e implacable. No quería que ella tuviera dudas y sabía que con su cuerpo podía demostrar lo que sus labios no sabían. Entró y salió de ella marcándola, amándola, llenándola. Ella alzaba las caderas para atraerlo para recibirlo para ser su hogar infinito. Yaman embistió otra vez y los dos casi gritaron. Seher susurró "más" y él obedeció volviendo a entrar en ella para darle toda su alma. Seher estaba a punto de correrse y cuando él volvió a empujar ella sintió pura magia recorrer su cuerpo convulso. Le temblaba todo por el éxtasis que sólo él podía regalarle. Sus gritos lo guiaron y Yaman se enterró en ella entregándole su vida misma. Su oscuridad cada vez con menos sombras y más luz. Si ella lo rechazaba... Yaman cerró los ojos y bajó poco a poco para cubrirla por entero y ocultar su cara en el cuello de ella. Respirarla tras poseerse uno al otro ya era un hábito. Que no se lo quitara por Allah. Si Seher lo rechazaba seguiría vivo. Seguiría vivo a los ojos de los demás pero muerto por dentro. La abrazó sin salir de ella. Seguían unidos íntimamente cuando se quedaron dormidos. 

    Antes del amanecer Seher supo que debía abandonar aquella cama. Quería ir a buscar consejo con Babá Arif antes de enfrentar esos ojos negros y por eso lentamente se apartó del hombre que había cambiado su vida. Dolía siempre que se apartaba de él pero era necesario para poder tomar la decisión correcta para ambos. Lo miró dormir. Su pelo revuelto, sus enormes y expresivos ojos negros cerrados mostrando esas pestañas impresionantes, sus labios sensuales entreabiertos, su fuerte espalda marcada con más de una cicatriz... 

    Seher suspiró y tomando su pijama para ponérselo en el despacho abandonó luego la habitación para ir a vestirse. Una hora más tarde Yaman despertó notando el frío. No. No. Giró la cabeza y no la vio. Tocó la sábana y su frialdad se le coló en la sangre. Supo que ella lo había abandonado de madrugada y se sintió miserable. A los 7 años le había dolido pero ahora dolía mil veces más. Lo sentía, sentía que ella no estaba en la casa así de fuerte era su lazo. La maldijo. Se levantó furioso y se vistió. Su mirada fue hacia el arco y las flechas acercándose para arrancarlo de la pared y salir luego a intentar serenarse entrenando. Cuando ella volviera, porque volvería, esperaba haber sido capa de armar de nuevo la muralla que ella había ido derribando. La necesitaría para poder soportar el NO. 



miércoles, 20 de enero de 2021

EL PISO DE ALQUILER

     Seher estaba acabando de colocar la ropa de Yussuf en su armario cuando oyó su móvil sonar. Lo sacó del bolsillo y leyó "Yaman Kirimli llamando" cosa que hizo aparecer una enorme sonrisa en sus labios. Descolgó y lo saludó:

    - Günaydin, Yaman Kirimli.

    - Günaydin, Yussufun Teyseze. 

    - Este tema tenemos que hablarlo algún día - lo regañó Seher.  

    - Cuando llegue a casa... ¿Has mirado qué hace falta? Creo que he comprado de todo pero no quiero arriesgarme a tu ira - provocó Yaman. 

    -  ¿Cuándo has pasado a ser tú el que me teme a mi? - preguntó Seher sonriendo. 

    - Cuando me di cuenta de que me había... ♥️ -Yaman dejó de hablar de golpe. 

    - ¿Si? Creo que se ha cortado por un momento - dijo Seher. 

    - Decía que he intentado comprar todo lo más natural, orgánico y biológico de la tienda - explicó Yaman. 

    - Yaman Kirimli haciendo la compra... (y cambiando de tema) si no traes fruta y verdura no entras en casa - bromeó ella. 

    - Quizás se haya colado algo extra... 

    - A saber qué será - dijo Seher resoplando. 

    - No tardo nada... - y colgó. 

    Seher se quedó mirando la pantalla del móvil con el ceño fruncido (ya casi lo hacía tan bien como él) y lo guardó para ir a preparar a Yussuf. Mamá Nadire llegaría pronto para llevarlo al parque. 

    Yaman iba conduciendo y pensando en por qué siempre acababa por no decirle claramente a Seher lo que sentía. Le había ocurrido varias veces y era como si saltara un sistema de seguridad dentro de él cada vez que quería decirle que la amaba. Se sentía más cómodo camuflando su amor en metáforas, en poemas de otros, en pequeños regalos 🍫.. pero a medida que pasaban los días sabía que esas palabras  debían ser dichas. No las podía dejar encerradas dentro de él para siempre porque ella merecía escucharlas de sus labios. Llegó a la calle donde estaba el piso alquilado y aparcó. Sacó las bolsas y subió para llamar. 

    Seher acudió a abrir la puerta después de haberse puesto perfume, haberse vuelto a peinar y haberse pellizcado las mejillas. "Por Allah que estaba guapísimo" pensó al verlo ante ella cargado con bolsas. Se había cambiado de ropa y los vaqueros negros ajustados atraían la mirada de ella como un imán. Esa sudadera le hacía los hombros más anchos aún y la chaqueta roja contrastaba con su pelo negro. Ese pelo despeinado en el que ella disfrutaba hundiendo sus dedos. 

    - ¿Me vas a dejar entrar o va a ser como la otra vez? Anoche no me mandaste a dormir al coche... - dijo Yaman mostrando las bolsas y, de paso, marcando bíceps. 

    Seher se apartó y lo siguió a la cocina mientras sus ojos bajaban por la espalda de él hacia el lugar donde esos vaqueros le quedaban "TRE MEN DOS". Empezaba a hacer calor, mucho calor, y Mamá Nadire no había llegado aún a por Yussuf. Fue pensar en él y aparecer corriendo para colgarse de su tío. Yaman había soltado las bolsas en la mesa y se giró al oír al pequeño llamarlo. Le preguntó por qué estaba tan arreglado y su sobrino le explicó que iría al parque con la Babam Nadire. Yaman, al oirlo, cruzó una mirada muy explícita con la tía de Yussuf que se sonrojó y empezó a abrir bolsas para esquivar la oscura mirada de él. La miraba y ya la tenía temblando de deseo. Seher inspeccionó las bolsas y vio que había bastante fruta y verdura pero la última bolsa era un festival de golosinas y comida precocinada. 

    - La última bolsa casi puedes devolverla entera - le dijo sin mirarlo. Mirarlo era desearlo y Yussuf ya hacía bastantes preguntas y comentarios. 

    - La última bolsa es la que vale la pena, pero si no quieres el chocolate con avellanas ya me lo como yo ¿verdad, ates parçasi? - acabó preguntando Yaman a Yussuf. 

    - Mmm quizás podamos salvar algo - dijo Seher empezando a colocar todo en armarios y nevera. 

    Yaman atendía a Yussuf y lanzaba miradas de reojo a su tía, que volvía a mostrarse tímida. Lo volvía loco esa combinación de vergüenza en público y descaro en privado que mostraba ella. Oyeron el timbre de la puerta y Yussuf tomó a su tío para arrastrarlo a la entrada y abrir a mamá Nadire. A la mujer se le agrandó la sonrisa al ver allí a Yaman cuidando de su ahijada y de Yussuf porque sabía con certeza que esos dos se amaban con locura. Decidió entrar un momento a esperar que Yussuf fuera a buscar su mochila y se pusiera la chaqueta. 

    - Adelante Sra. Nadire - dijo Yaman invitándola a entrar. 

    - Gracias, no tardaremos en irnos. Yussuf prepara tus cosas - dijo mamá Nadire. 

    Yaman se preguntó si la Sra. Nadire le había guiñado un ojo o si se lo había imaginado y la siguió al salón. Seher apareció para abrazar a su madre y preguntarle si quería un café a lo que la buena mujer accedió sentándose en el sofá. Yaman siguió a Seher hasta la cocina con intención de ayudarla pero acabó cogiéndola del brazo para acercarla contra su cuerpo y susurrarle al oído:

    - No entretengas demasiado a la Sra. Nadire que Yussuf tendrá ganas de salir a jugar. 

    - No sé yo quién tiene más ganas de jugar si tu sobrino o tú - le dijo Seher apartándose. 

    - No entiendo lo que quieres decir además he traído la tablet con la información de los colegios para Yussuf y poder tomar una decisión - explicó Yaman con cara angelical. 

    Seher lo miró con cara de ¿en serio? y acabó de preparar el café para llevarlo al salón. Allí Yussuf ya estaba listo y mamá Nadire tuvo que tomarse su café a la carrera ante la impaciencia del pequeño. 

    - Bien, nos vamos. Yussuf, haydi (venga)! 

    - Pasadlo bien - los despidió Seher en la puerta. 

    En cuanto se dio la vuelta lo vio apoyado en el respaldo del sofá con los brazos cruzados mirándola de esa manera que... offf. Seher cerró los ojos un momento para no ceder a la tentación y lo sorprendió haciéndole un gesto con la mano para que la siguiera, enfilando hacia su habitación. Yaman abrió los ojos encantado y caminó tras ella paseando su mirada por toda la retaguardia de Seher deseándola más, si es que eso era posible.  Cuando llegaron a la habitación de ella, Seher lo recibió poniéndole en las manos la caja de herramientas y, señalando con la cabeza la cama, le explicó:

    - La cama se ha roto. 

    - Pues yo no he sido porque anoche lo hicimos contra la pa...

    - ¡Yaman Kirimli!- lo interrumpió Seher - ¿Podríamos mirar de arreglarla? ¿Lütfen?

    - Tamam (ok) pero por precaución esta noche quizás deberíamos...

    - Yeter! (basta). Voy a hacer la comida. Pórtate bien, Kirimli - y Seher pasó por su lado dándole un rápido beso en la mejilla aprovechando que él tenía las manos ocupadas. 

    Yaman no tardó en localizar el problema y arreglarlo, luego guardó la caja de herramientas y fue hacia la cocina a por una recompensa. Se quedó en la puerta con el hombro apoyado en el marco y los brazos cruzados. Mirarla llenaba de paz un hueco en su pecho que jamás había notado vacío. Seher iluminaba su oscuridad y daba sentido a su existencia. Era verla y saber por qué había nacido, para amarla. 

    Seher sabía que él la estaba mirando y respiró profundo. Tanto ella como él eran siempre conscientes de dónde estaba el otro y lo extraño es que esto pasaba desde que se conocieron. Aun odiándose se reconocían, se comunicaban, era algo que trascendía el tiempo porque la primera vez que se miraron todo encajó de alguna manera en la vida de los dos. Como si dos piezas de un puzzle imposible se encontraran sin saber que se buscaban. 

    Seher se giró cuchara en mano y se acercó a él soplando el contenido humeante. 

    - Prueba - le ordenó mirándolo a los ojos. 

    - Çok lezzetli (muy sabroso) - contestó él con la mirada llena de amor. 

    Seher se había quedado quieta, con la cuchara en la mano, porque ver a Yaman chupando la cuchara de aquella manera la había puesto a cien. Sólo podía devolverle la mirada a ese dios turco que la tenía completamente hechizada. El corazón y la respiración se le aceleraron al mismo tiempo y lo vio bajar la cabeza hacia ella lentamente, como un león antes de saltar pero justo en ese momento sonó el timbre y ambos se separaron, una hacia los fogones, el otro hacia la puerta. 

    Yaman recibió a Mamá Nadire y a Yussuf invitándolos a pasar a la mesa y no quiso escuchar excusas de la mujer de que se iba. Mandó a Yussuf a lavarse las manos y volvió a la cocina a ayudar a Seher. Se sentaron los cuatro a comer y, mientras Yussuf explicaba sus aventuras en el parque, Yaman y Seher no dejaban de intercambiar miradas de amor. Cogían la sal al mismo tiempo. Cogían la jarra del agua al mismo tiempo. Sus dedos no dejaban de rozarse una y otra vez. Mamá Nadire se preguntó al verlos cuánto tardarían en anunciar su matrimonio y sonrió para sí. 

    Después de comer, Mamá Nadire se despidió de ellos feliz de ver la preciosa pareja que hacían. Yussuf bostezaba y Yaman lo cogió en brazos para llevarlo a su cuarto a que echara la siesta mientras Seher recogía la cocina y hacía café. Llevó una taza al salón y se sentó en el sofá a esperarlo. Cuando Yaman se sentó a su lado ella se acurrucó en sus brazos y respiró su aroma apoyando la cara en el pecho de él. Aquello debía  ser el Paraíso pensaban los dos. Yaman tomaba el café con la mujer que amaba acurrucada en su pecho y se sentía el hombre más feliz de la Tierra ¿cuánto duraría aquella paz?

    Duró 10 minutos. Sonó el timbre y al abrir Yaman se encontró a Mamá Nadire, al Komisarium, a la abuela del trapo en la cabeza, a Firat y a Kiraz en la puerta. Se dio cuenta de que los estaba mirando con el ceño fruncido cuando notó que Seher le ponía la mano en el brazo atrayendo su atención. ¿Qué hacía toda aquella gente allí? ¿No podían pasar una tarde tranquilos? Seher lo pellizcó y él relajó el ceño al instante intentando una sonrisa y dejándolos pasar. La casa de Mamá Nadire se había inundado y Firat había pensado en que pasara la noche en el piso de Seher (Yaman quiso matar a su cuñado por aquella idea ¿cuñado? ¿CUÑADO?). Alí, Kiraz y la abuela habían tenido que salir de su casa mientras la fumigaban por no sabía qué plaga y hasta después de cenar no podían volver a su casa. 

    Seher y Yaman dejaron a las visitas en el salón y volvieron a la cocina a hacer más cafés y tés. Yaman cerró la puerta de la cocina y tomó de la mano a Seher para atraerla a su cuerpo y abrazarla. Apoyó la frente en la suya y le rugió susurrando:

    - Dime que esto no pasará a menudo cuando estemos ca - cayó de repente. 

    - Seher ¿te ayudo? - se oyó a Kiraz tras la puerta. 

    Yaman miró con cara de lástima a Seher y suspiró resistiéndose a soltarla. Ella se puso de puntillas, lo besó rápido, sabiéndole a poco a ambos, y salió de los brazos de Yaman para volver a los fogones. Yaman giró (de esa manera) y abrió la puerta a Kiraz. Una hora más tarde Yaman estaba de pie apoyado al lado de la ventana mirando a las dos ancianas hablar, apartó la mirada y vio al odioso komisarium contar algo a Firat y lanzando miradas (las mismas que él lanzaba a Seher) a Kiraz que tenía en sus rodillas a Yussuf y hablaba de recetas con Seher. La estampa era tan familiar que en vez de irritarlo lo tranquilizaba. Cenaron todos juntos y por fin empezaron a irse los "invitados". Seher iba a acompañar a Mamá Nadire a su cuarto cuando Yaman acercó sus labios a su oreja y le susurró:

    - Cuando duerman. 

    - Cuando duerman - contestó ella bajito. 

    Yaman había contado un cuento a Yussuf y lo había puesto a dormir, luego volvió al salón y vio que Seher había preparado los dos sofás para ellos. "¿Por qué no alquilé el piso de 3 habitaciones?" lamentó Yaman para sí. Seher estaba preciosa con su pijama de flores pero contaba las horas que faltaban para poder quitárselo. Le siguió el juego acostándose en el sofá opuesto sin dejar de mirarla. 

    Seher lo vio tumbarse en el sofá, cruzar los tobillos, poner las manos bajo la cabeza y mirarla con cara de resignación. Ella preparó el otro sofá pero luego se acercó al de Yaman, levantó el nórdico y se tumbó al lado de él dejándolo mudo de asombro. 

    - ¿Qué haces? - preguntó Yaman apartándose de ella como si quemara. 

    - Mamá Nadire toma pastillas para dormir, Yussuf está rendido de cansancio y tú llevas todo el día tras de mí con esas miradas y esos roces accidentales poniéndome a mil, así que Kirimli Bey, vamos a compartir sofá.

    Seher metió las manos por debajo del pijama de Yaman para acariciar su piel caliente y sus músculos marcados y atrapó sus labios para besarlo como llevaba todo el largo día deseando. Yaman respondió también llevando sus manos grandes por debajo del pijama para acariciar su vientre suave y subir luego a coger sus pechos. Descubrió que los pezones de ella ya estaban duros y anhelantes de caricias y jugó con ellos logrando que ella suspirara de placer. Devolvió el beso buscando la lengua de ella con la suya y empezando un baile erótico que los encendió aún más. Seher levantó la pierna para subirla a la cadera de él y acercarse más. 

    - ¿Y esta prisa? - preguntó él en sus labios. 

    - Culpa - beso - tuya - beso - Kirimli - y metió la mano bajo el pijama de él para tomar su miembro ya duro e impaciente  y torturarlo con caricias hacia arriba y hacia abajo. 

    Yaman jadeó rugiendo en su boca y sus manos fueron a librarla de la parte de abajo del pijama y ropa interior. Sus dedos aprovecharon para acariciar sus piernas y viajar luego a sus muslos acercándose cada vez más a su sexo suave, caliente, húmedo y dispuesto. Acariciarla allí a él lo llevaba a la locura y más cuando ella también lo acariciaba íntimamente. Tocarse así el uno al otro los estaba llevando al éxtasis y sus besos empezaron a sincronizarse con aquellos toques eróticos que los enfebrecían cada vez más. Seher abrió los ojos y clavó su verde mirada en los ojos negros de su amante. Sentía las descargas de placer viajando por todos lados, desde su boca hasta sus pechos pesados para acabar en su sexo mimado por las manos de él. No podía más, le costaba controlar sus jadeos y su cuerpo pedía ser satisfecho con el cuerpo de él. Lo quería dentro y lo quería ya. Lamió el labio de Yaman y suplicó "Lütfen" mirándolo necesitada de él. Yaman le devolvió la caricia a su boca y se tumbó sobre ella. "Ábrete para mi". 

    Seher separó sus rodillas para que él se acomodara y cuando sintió sus sexos unirse se mordió los labios para no gritar de alivio. Yaman besó su boca de inmediato y la penetró certero hasta el fondo. Se bebió su grito y se retiró para volver a enterrarse en ella. El placer amenazaba con ahogarlo y siguió besándola porque era la única manera de acallar los gemidos de placer de ambos. Seher cruzaba las piernas tras la espalda de él para retenerlo sin impedirle moverse como se movía siempre él (elegante, certero, divino...) y con las manos en su espalda lo apremió más. Las embestidas de Yaman la estaban llevando al Nirvana, no sabía donde acababa ella y donde empezaba él. Yaman empujaba y ella lo recibía. Yaman entraba y ella salía a su encuentro. Otra vez y otra vez más, sudorosos se buscaban hasta que Seher notó su orgasmo llegar y estallar en mil pedazos. Sus manos se aferraron a sus bíceps marcados por aguantar su peso sobre ella y él supo que podía empujar y dejarse ir. La llenó de él, sintió recorrerle el placer por todo el cuerpo y la aplastó contra el sofá para ocultar su cara en el cuello de ella. Allí recuperaba el aliento y así sería siempre. Respirarla mientras sentía en la espalda sus manos acariciarlo perezosa era su momento infinito. 

    - Gitme - pidió Seher cuando notó que él se retiraba. 

    - No me voy. No te dejo respirar. Sólo me aparto ¿tamam? - la tranquilizó él tumbándose a su lado y tapándolos a ambos. 

    - No te vayas nunca Yaman Kirimli - rogó ella girando más hacia él y besando su fuerte cuello que olía a él y a Invictus. 

    - Asla - y la besó en la frente pensando en cómo iba a pedirle a esa mujer que fuera su esposa. 

   




    

Emily y Harry Potter

  ¡Estrellita! ¿Qué relación guarda La elección de Emily con Harry Potter? Hay dos guiños en mi novela a Harry Potter y su creadora #jkrowli...