lunes, 31 de mayo de 2021

SilHal. (Capítulo 32)


    

    Sila había salido de los brazos de Halil en cuanto los primeros rayos de sol se colaron por la ventana. Repasó con la mirada el vendaje de él, comprobando que no sangraba, y vio que la vía de la otra mano seguía bien puesta. Se inclinó para rozar con sus labios su frente y luego se giró para ir al baño a arreglarse. Cuando volvió, encontró a Halil despierto, sentado y respondiendo mensajes desde su móvil. Le quedaba bien hasta un pijama de hospital, pensó Sila, paseando sus iris por la base del fuerte cuello y el inicio de los pectorales de él. 

     - Günaydin, Halil Bey... - sonrió Sila.

    - Lo serán cuando acabes de acercarte y me beses. Lo de antes en la frente no ha contado - dijo malhumorado sin mirarla. 

    - Ya veo que estás en "modo Yaman" - lo provocó llegando hasta él para besarlo. 

    Halil dejó el móvil, la sujetó por la nuca y la acabó de acercar para devorar sus labios perfectos. Estaban perdiéndose cada vez más en el beso, cuando alguien llamó a la puerta haciendo que Halil soltara un furioso "gel" (adelante) a quienquiera que los había interrumpido. 

    Sila se apartó como pudo de Halil y dio un paso atrás, mirando hacia la puerta y viendo entrar a Huda. La sonrisa de bienvenida para su cuñada se le congeló en los labios al ver tras ella a Hazar Ceyhan. Sus verdes ojos buscaron rápidamente los de Halil, sintiéndose atrapada y sin saber cómo reaccionar, pero él se limitó a levantar la mano pidiendo la de ella y entrelazar sus dedos con los suyos.

    Sila supo que hasta ahí habían llegado sus buenas intenciones de esquivar el enfrentamiento directo con el padre de Halil; ya no podía evitar que el anciano supiera quien era ella. Cuando miró a Huda, su cuñada asintió con la cabeza dándoles a ambos su apoyo incondicional. 

    – ¿No hay aquí demasiada gente? – espetó Hazar clavando sus ojos en las manos unidas de su hijo y la tal Sila. 

    – No sobra nadie, papá – respondió Halil, acercando aun más a Sila a su lado. 

    – Abi, nos hemos encontrado con tu doctora y, si la analítica de esta mañana sale bien, podrás irte a casa – le comunicó Huda apoyando la mano en el brazo de su hermano. Halil la miró y agradeció su evidente muestra de respaldo.

    Justo en ese momento entraron la doctora y un enfermero para sacar sangre a Halil y hacerle un rápido reconocimiento. Sila, Huda y Hazar debieron abandonar la habitación y esperar en el pasillo. El padre de Halil no ocultaba el rictus severo de sus labios pero Sila trataba de ignorarlo hablando con Huda. Una vez salieron la doctora y el enfermero, los tres se disponían a volver a la habitación, cuando Hazar tomó a Sila del brazo.

    – Ayer callaste ante mi pregunta de si eras su novia pero, al tomarte de la mano, mi hijo me ha dado la respuesta, ahora me dirás...

    – Cariiiñooo – se oyó una voz por el pasillo. 

    Oh, Dios mío, pensó Sila viendo acercarse a su madre con una bolsa sin duda llena de tuppers. 

    – Mamá ¿cómo sabías que estábamos aquí? – preguntó Sila abrazando a su madre alegrándose más que nunca de estar entre sus amorosos brazos. 

    – Tengo mis contactos Sila... ¡oh!, merhabalar, – saludó a las otras dos personas la señora Turkoglu.

    – Anne, ella es Huda, la hermana de Halil – dijo Sila nerviosa, señalando a su cuñada – y él es... 

    – Es mi padre, Hazar Ceyhan – intervino Huda amablemente mirando a su progenitor con un claro mensaje. 

    – Es un placer – sonrió la madre de Sila – pero estoy impaciente por ver a mi valiente yerno. 

    – ¡Estoy aquí! Solo – gritó Halil desde dentro de la habitación. 

    – Haliiil de mi vida y de mi corazón – dijo la anne entrando y yendo directa a abrazar al novio de su hija –  nunca podré agradecerte lo suficiente que salvaras a mi Sila de ese bicho – gimoteó la señora sin dejar de estrujarlo. 

    – Nada que agradecer – añadió Halil mirando fijamente a Sila, parada cerca de la puerta. 

    – No volveré a quejarme jamás cuando Sila ponga tus canciones, iré a todos tus conciertos y compraré todo lo que saques. Y te votaré en toooooodas esas encuestas que hacen en las "güeps" al más guapo, al más talentoso y al más valiente. Seré tu fan número uno, hijo mío – prometió la anne, faltándole sólo pellizcarle la mejilla. 

    – Ese puesto creo ya que lo tiene su hija – rió Halil con su suegra. 

    – Bueno pues seré la número dos, ¡oh! mira lo que te he traído – la madre de Sila dejó una bolsa en el regazo de Halil que se encogió de repente evitando que la bolsa diera donde no debía. 

    – Borek de queso... – susurró Halil emocionado mirando dentro de la bolsa. 

    – Nuestra madre también lo hacía – susurró Huda, notando tensarse a su padre cerca de ella. 

    – ¡Oh! pues hay para todos – sonrió compasiva la madre de Sila entendiendo las palabras que no se pronunciaban. 


    – ¿Qué hacías tú en el rodaje? – espetó en voz baja Hazar a Sila. Ella apartó la mirada de la tierna escena entre Halil y su madre y la dirigió a Hazar Ceyhan dispuesta a responder con la verdad, pero alguien se le adelantó. 

    – Sila estaba en el rodaje porque, además de mi novia, es la protagonista de Emanet. Soy afortunado de trabajar y aprender con ella cada día. Le sobra talento, belleza, humildad y generosidad y tengo la inmensa suerte de que me haya confiado su corazón - las palabras de Halil fueron a abrazar el corazón de Sila, que lo miró emocionada. 

    – ¡Qué bien habla mi yerno! – aplaudió la madre de Sila - y qué orgulloso debe estar tu padre de ti. No sólo eres un gran artista, Halil, también eres una persona maravillosa y no puedo alegrarme más de que Sila y tú os hayáis encontrado. 

    Halil bajó la mirada y trató de tragar el nudo de emoción que las palabras de su suegra habían provocado. ¿Su padre orgulloso de él?, pensó irónicamente. Sintió a Sila a su lado y las manos de los dos volvieron a buscarse para entrelazarse. 

    El momento tenso y emotivo a partes iguales, lo rompió la enfermera con su llegada y el anuncio de que la analítica estaba correcta y, por tanto, el paciente podía irse a casa. Hazar Ceyhan abandonó entonces la habitación de su hijo y esperó fuera a que salieran los demás, suponiendo que la actriz se quedaría dentro con su hijo. Efectivamente, aquella joven no salió tras su madre y Huda. 

    - Bueno, yo voy para casa que hoy vienen mis nietos a comer. Después de los hijos, los nietos son lo más grande que nos manda Allah ¿no cree Ceyhan Bey? ¿Tú tienes niños, Huda? - se interesó la madre de Sila. 

    - Una niña recién nacida - respondió una orgullosa Huda. 

    - ¡Allah la libre del mal de ojo 🧿! - deseó la señora girando luego hacia Hazar, para acabar de lanzarle todo su arsenal - ¡Que feliz debe sentirse de tener dos hijos tan maravillosos y una nietecita! Ojalá Halil y Sila se casaran pronto y nos bendijeran con dos o tres nietos ¿verdad Ceyhan Bey? Allah, allah, ya los estoy viendo, de pelo negro y ojos verdes offf - casi sintió pena del tono pálido que adquirió el rostro de Hazar Ceyhan, pero la felicidad de Sila y Halil era más importante - Aunque claro, como padres comprensivos nos tocará esperar a que sus carreras estén más afianzadas. Al fin y al cabo, somos padres de dos grandes actores ¿no es así, Ceyhan Bey? 

    La madre de Sila palmeó el hombro del padre de Halil, sonrió como hacen las leonas ante quien se atreve a asustar a sus cachorros y se dio la vuelta como una reina para abandonar el hospital 👏🏼👏🏼👏🏼

    

    Aquella noche, en el ático de Halil, los cuidados de Sila aún fueron más amorosos que en el hospital, dejándolos a ambos sudorosos y abrazados bajo las sábanas. Halil casi acariciaba un sueño cuando oyó vibrar su móvil. Se separó con cuidado de la mujer que dormía sonriente a su lado y bajó las escaleras, caminando hacia el ventanal de su ático. Saludó a Serkan, mientras el cielo de Estambul competía con el Bósforo en oscuridad. 

    – Efendim, Serkan. 

    – ¿Cómo estás, amigo?

    – Mejor, ya recuperado, gracias.

    – ¿Estás solo? ¿Puedes hablar? 

    Halil miró hacia arriba. 

    – Sí, estoy solo.

    – Me ha llamado el especialista en reptiles y me ha avisado de que la serpiente que te mordió estaba fuera de su hábitat. En pocas palabras, me ha dicho que alguien la soltó allí poco antes de iniciarse la escena. La última comida del bicho lo indica. 

    Halil empezó a pasearse como un león enjaulado.

     – Pero ¿cómo? y ¿por qué? - trató de no rugir Halil, volviendo a ver a Sila a punto de ser mordida por la víbora.

    – No lo sé, Halil.

    – Dios mío Serkan, estuvo a punto de atacar a Sila... – Halil se detuvo de golpe y apoyó una mano en el ventanal, su mirada oteando la oscuridad como si pudiera encontrar una respuesta en la noche. Un frío repentino se le enroscó en el pecho cuando recordó la quemadura de Sila – Serkan... el horno encendido... – Halil se pasó desesperado la mano por el pelo.  

    – Parece que la de ayer no es la única víbora que se nos ha colado en el set, amigo, y va a por Sila. Reforzaremos la seguridad y hablaré con Tarik Tunay, el representante de Sila, para que revisen el correo y los regalos que recibe por si se tratara de algún fan desquiciado. 

    – Tamam, abi. Yo me ocuparé de la seguridad de Sila fuera del set. Hasta mañana. 

    Halil subió los escalones de dos en dos, dejó el móvil en la mesita y se quedó de pie mirando a la mujer que había esperado toda su vida. No se iba a quedar de brazos cruzados aguardando a que volvieran a tratar de hacerle daño. En eso, su personaje y él eran iguales. Los dos enamorados por primera vez, los dos dispuestos a hacer lo que hiciera falta por las mujeres que amaban. 

    Halil se metió en la cama y apoyó la espalda en el cabecero. Sila, al notar que se movía, lo buscó entre sueños para abrazarse a él y reposar la cabeza en su amplio pecho. Los furiosos latidos del corazón de Halil la alertaron e hicieron que ella abriera lo ojos y se encontrara con los de él, totalmente oscuros y desafiantes. Se sorprendió al sentir que Halil la abrazaba protector y, al ver su ceño fruncido, le susurró acariciando su pecho. 

    – Cariño ¿qué te ocurre? 

    – ¿Qué has decidido? – su voz sonó ronca. 

    – ¿Cómo? – preguntó Sila sin entender. 

    Halil la tomó de la barbilla para levantar el hermoso rostro hacia él. 

    – ¿Qué has decidido? ¿Vendrás a vivir conmigo? 

    Aquella noche, al deseo de compartir con ella su vida, se sumó la  urgente necesidad de protegerla.

    

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viernes, 28 de mayo de 2021

SilHal. (Capítulo 31)

 


Aquella tarde de septiembre, la ambulancia volaba por las calles de Estambul, sorteando no sólo coches si no también la muerte del paciente que trasladaba. Al sanitario que atendía al actor herido, se le encogió el corazón con las lágrimas que nacían sin parar de los verdes ojos de la mujer, por lo que le dijo que ya podía tomar de la mano al herido. 

    Le habían dicho que eran actores pero él no era mucho de tele, las guardias no le dejaban demasiado tiempo para hobbies y, cuando lo tenía, lo dedicaba a seguir formándose. Intuyó que la actriz era algo más que compañera de reparto del herido, por la manera en la que entrelazó sus dedos con los de la mano de él y por cómo su mirada de jade observaba cualquier cambio en el rostro del paciente. 

    Llegaron al "Hayat Agaci Hastanesi" (Hospital el Árbol de la Vida😉) y Sila no soltó su mano hasta que un enfermero le barró el paso justo antes de la puerta de urgencias. Trató de calmarse, sacó su móvil para mandar varios mensajes y realizó una llamada. 

    – Hola Huda, no te asustes pero Halil ha tenido un pequeño accidente en el rodaje. Estoy con él en el hospital. 

    – ¿Qué le ha pasado a mi hermano? – se alteró Huda. 

    – Le ha mordido una serpiente venenosa pero en el lugar del rodaje mismo le han inyectado el antídoto... – explicaba Sila cuando su cuñada la interrumpió. 

    – Sila has de hablar con alguien inmediatamente, diles que Halil tiene anemia hemolítica. Vamos para allá – le dijo Huda y colgó. 

    Sila corrió a admisiones para comunicar la información que su cuñada le había dado y asegurarse de que alguien la pasara a quien estuviera atendiendo a Halil. Luego volvió a la sala de espera de urgencias, se sentó y buscó información en google sobre la enfermedad de Halil y lo que suponía que lo hubiera mordido una víbora. 

    Fue palideciendo a medida que leía y no le daba tiempo a secarse unas lágrimas cuando otras ya le corrían por la cara. Por el amor de Dios, Halil no había dudado en capturar a la serpiente al verla a ella en peligro, sin tener en cuenta que a él la mordedura le supondría más riesgo que a ella. Lütfen, cariño, lütfen, aguanta, repetía Sila meciéndose en la silla de urgencias. 

    – ¿Familiar de Halil Ibrahim Ceyhan? – le preguntó una doctora desde la puerta de la sala. 

    – Soy su novia – dijo Sila levantándose rápidamente. 

    – Somos su padre y su hermana – sentenció alguien tras la doctora. 

    – De acuerdo, familiares de primer grado primero. Pueden pasar a verlo, pero sólo 10 minutos. 

    Antes de seguir a la doctora, Huda la miró con cara de pena y le susurró.

    – Luego te cuento...

    Sila había comenzado a temblar no bien había escuchado aquella voz declarar su parentesco con Halil. Aquel hombre volvía a dejarla al margen, indigna de estar al lado de su hijo, y a ella no le quedó más remedio que luchar contra las ganas de correr al lado del amor de su vida. Sin pensar, y sintiendo sólo la necesidad de escuchar la voz de su madre para consolarla, la llamó. 

    – Hola cariño ¿qué tal por Beyoglu? 

    – Anne... estamos en el hospital... a Halil lo ha mordido una víbora y está en urgencias. Él... vio que me iba a morder a mi y... la cogió para evitarlo y... lo mordió a él... No sé cómo está y tengo mucho miedo de perderlo – la última palabra le salió regada en lágrimas. 

    – Mi niña... dime qué hospital es y vamos para allá. 

    Sila trató de recomponerse porque entendió que lo último que debía pasar era que su madre y el padre de Halil coincidieran en un lugar cerrado y pequeño como aquella sala de espera. 

    – No estoy sola – se apresuró a explicar – su padre y su hermana acaban de llegar y están con él. Cuando salgan me informarán y te llamaré ¿tamam? No quería preocuparte, pero durante un momento me he dejado llevar por el miedo y necesitaba oír tu voz, mamá. 

    – ¿Estás segura, Sila? Te tiembla la voz y debes estar deshidratada de tanto llorar, no nos cuesta nada acercarnos, cariño – la mimó su madre. 

    – No, mamá. Es sólo que... Halil... yo... lo amo tanto que no puedo... – calló, para coger aire que paliara el dolor agudo de su pecho – lo siento, mamá. 

    – Sila... todo irá bien. Confía en los médicos y en la fuerza de Halil. Él también te quiere y peleará por quedarse contigo. 

    – Tamam, anne. Te llamo luego. 

    Después de hablar con su madre, Sila salió de la sala y del hospital para tomar aire y tratar de calmarse. Allí la encontró Huda minutos más tarde, provocando que Sila mirara asustada tras su cuñada buscando al padre de Halil. 

    – Tranquila, se ha quedado en la sala, ha dado la casualidad de que estaba en casa cuando has llamado – le dijo Huda tomándola de la mano. 

    – ¿Cómo está, Huda? – preguntó Sila desesperada. 

    – Está consciente y estable, pero no habla mucho... Según la doctora, el primer síntoma es dolor por todo el cuerpo y eso lo ha dejado bastante fatigado. Ha tenido suerte de que le administraran el antídoto antes de que pasara media hora, y que le drenaran el veneno también ha sido determinante. Se recuperará, Sila. 

    – ¿Sabes si puedo pasar a verlo? – preguntó Sila evitando sollozar. 

    – Tu nombre es lo único que ha sido capaz de decir, así que si te ve, mejorará antes. ¡Hayde! – la animó su cuñada. 

    Sila mandó un mensaje a su madre y otro a Serkan, luego recorrió el pasillo sin intención de mirar hacia la sala de espera pero, cuando ya creía haber escapado de ser abordada, oyó claramente su nombre. La educación y el respeto hacia los mayores, que le habían inculcado desde pequeña, pesó demasiado y se detuvo. Giró lentamente y, tratando de respirar tranquila, entró en la sala de espera. 

    Recordaba al padre de Halil de la foto de boda de Huda y de haberlo visto brevemente en la camilla del hospital, cuando lo llevaban a su habitación. Ahora, tras las gafas ahumadas, unos ojos que nada tenían que ver con los de su hijo, la miraron con una mezcla de horror y decepción. Tardíamente recordó que, en algún momento del día, se había quitado la chaquetilla malva que llevaba de su caracterización como Seher, dejando a la vista su frase tatuada en su hombro derecho. ¿Entendería alemán el padre de Halil?, se preguntó Sila.

    – ¿Tú eres Sila? – preguntó el anciano, obviando cualquier tipo de saludo. 

    – Sí. 

    – ¿Su novia? – volvió a preguntar esta vez obviando a Halil. 

    Sila no quiso afirmar ni negar su relación con Halil y esperó las siguientes palabras de Hazar Ceyhan, sin esquivarle la mirada y levantando levemente el mentón. Al fin y al cabo, era hija de su madre, se recordó Sila con orgullo. 

    – Ya veo, entonces no eres nadie – Hazar no perdió más tiempo con ella y se volvió a sentar tranquilamente. 


    Sila no recordaba una palabra que definiera con más desprecio a un ser humano. "Nadie". Pero en aquel momento ella no tenía tiempo para acusar el ataque de aquel hombre, porque lo único que quería y necesitaba era ver a Halil. 

    Cuando entró en el box de urgencias, tras serle permitido el paso, se acercó lentamente a la cama donde él dormía. Su antebrazo estaba vendado y un gotero le proporcionaba medicamento. Se le veía bastante pálido por lo que lo oscuro de su pelo y barba destacaban todavía más. Amaba sus pestañas y amaba los brillantes ojos negros que solían mirarla enamorados. Halil era hermoso como un ángel caído y ella se maravillaba cada día de que alguien tan talentoso y tan atractivo como él, correspondiera a sus sentimientos. 

    Tocó su frente, notándola sin rastro de fiebre, y acarició con sus dedos su espeso cabello, echándoselo hacia atrás. Acercó una silla y se sentó a su lado; quiso tomarlo de la mano pero temió mover la vía del suero, así que se limitó a acariciar levemente los dedos de él con los suyos. A penas unos sutiles roces cuando lo que su corazón gritaba era que lo abrazara para no soltarlo. 

    – Sila... – oyó su increíble voz y vio que su negra mirada la buscaba. 

    – Hola cariño, estoy aquí ¿necesitas algo? – le preguntó mirándolo por fin a los ojos. 

    – Sólo a ti... – susurró Halil – ¿estás bien? – quiso saber él. 

    Sila se preguntó si Halil temía que su padre y ella se hubieran encontrado y quiso tranquilizarlo. 

    – Sí, claro, ahora que estoy contigo, todo está bien. Todo el equipo te manda saludos, me ha dicho Serkan que estaban todos muy preocupados y mi familia también quería venir, pero les he dicho que no hacía falta... 

    – Shhh, estás nerviosa. Siempre hablas mucho... y rápido cuando estás alterada – Halil giró la mano con cuidado para entrelazar sus dedos con los de ella. 

    – Bueno, me has asustado un poquito, Halil Bey – le sonrió Sila con el corazón en los labios – no vuelvas a hacer algo así ¿tamam?

    – Eso no te lo puedo prometer... Tardé demasiado en encontrarte y no voy a perderte por nada ni por nadie – dijo Halil sin dejar de mirarla fijamente. 

    Nadie... otra vez aquella palabra. 

    La doctora apareció para anunciar que trasladaban a Halil a planta y que Sila debía salir, pero luego sus ojos se fijaron en las manos unidas de los dos y añadió cómplice.

    – Su novia podrá estar con usted una vez lo subamos a la habitación. 

    Sila sonrió a Halil y todavía sonrió más al ver que él no la soltaba. Lo riñó con la mirada y él le frunció el ceño antes de desanudar sus dedos. 


    Sila salió del box caminando directamente hacia la salida del hospital. Fuera ya prácticamente había anochecido y cayó en la cuenta de que no había comido nada desde el desayuno. Su cuñada debió haberlo supuesto porque apareció a su lado con una lata de refresco y un bocadillo. 

    – Gracias, Huda.

    – ¿Has estado con él? – le preguntó su cuñada, tocándola en el brazo. 

    – Sí. Ahora lo subirán a la habitación. Quiero estar con él, Huda, pero...

    – Yo me encargo de mi padre. ¿Ha hablado contigo? – preguntó su cuñada preocupada. 

    – Me preguntó si yo era Sila. Pero no me considera nadie importante en la vida de Halil – dijo Sila mirando la lata de refresco. 

    – Pues tendrá que aceptar que precisamente eres la persona más importante en su vida. Voy a decirle que tome un taxi, que yo me quedo con Halil y luego me iré para que estéis solos ¿tamam?

    – Gracias. No me podría haber tocado mejor cuñada. 

    – Bueno, ya que no has tenido mucha suerte con el suegro, tendré que compensarte – Huda la abrazó tras sus palabras y volvió para engatusar a su padre y lograr que se fuera. 


    Sila aprovechó para comer mientras su cuñada perpetraba su plan. Luego recibió un mensaje de ella que decía "misión cumplida" y, sonriendo, tomó el ascensor hasta la planta donde habían ingresado a su novio. Llamó a la puerta y entró encontrándose a un enfadado Halil.

    – ¿Se ha atrevido a hablarle mal a Sila? – rugía con dificultad tratando de incorporarse.

    – No lo sé. Yo no estaba... oh, Sila, adelante. Yo ya me iba – Huda se agachó para besar la mejilla de su hermano, luego besó también a Sila y salió de la habitación dejándolos solos. 

    Sila corrió al lado de Halil al verlo a medio sentarse. 

    – ¿Pero qué haces? Túmbate ahora mismo – lo empujó por el hombro. 

    – Sé que algo ha pasado, Sila. ¿Qué te ha dicho mi padre? – la tomó de la mano con cuidado – no me rehúyas la mirada, amor. Por favor. 

    – Sólo me ha preguntado si yo era Sila. Le he dicho que sí. Luego me ha preguntado si era tu novia y me he limitado a mirarlo sin responder. Y entonces se ha sentado, ignorándome  – y despreciándome, añadió para sí misma. 

    – A veces hieren más sus silencios que sus palabras. Lo sé muy bien. Dejémosle fuera de esta habitación y fuera de nosotros – pidió Halil levantando su mano para que ella se la tomara. 

    Sila confió en Halil y puso su mano entre sus fuertes dedos sin esperar que él tirara de ella y la atrapara con su brazo. 

    – Halil, suéltame, tu herida... – trató de reñirlo, pero había quedado medio tumbada sobre su pecho y sus labios estaban tentadoramente cerca. 

    – La zona del mordisco está dormida, no me duele. Y como ves en la otra mano ya sólo está la vía sin suero... lo único que te pido, si vas a hacer de enfermera esta noche, es un beso – pidió acariciando sus labios con su oscura mirada. 

    Sila había pasado tanto miedo durante el día que besarlo sería como renacer. Se sentó mejor en el borde de la cama, se inclinó y unió sus labios a los de Halil perdiéndose en él y en su forma de besarla. Halil atrapaba sus labios entre los suyos, succionando levemente y haciendo que su vientre se derritiera de calor. La adrenalina provocada por el miedo mutó en corrientes de deseo, que empezaron a recorrerla al ritmo que marcaba de la lengua de él en su boca. Sila trató de separarse pero el férreo brazo de Halil no permitió que se separara ni un suspiro. La siguió besando como si llevara sin probarla un año y no 24 horas.

    Halil había pensado, justo antes de caer inconsciente aquella mañana, que no podría volver a tenerla entre sus brazos. Ese habría sido su último lamento si el antídoto no hubiera llegado a tiempo. No más abrazos a Sila, no más besos de Sila. 

    Jamás volvería a dar por sentado nada, porque en un segundo todo podía cambiar y perder lo que más amaba. Casi se había vuelto loco cuando vio a la otra serpiente avanzar hacia Sila y daba gracias a sus reflejos por haberlo ayudado a coger al animal a tiempo. Con el peso de Sila, el veneno de la víbora habría tardado poco en extenderse por su sangre matándola, y a él con ella. 

   Quiso besarla para siempre, que fuera un beso que empezara y no acabara. La acercó más a donde su corazón latía por ella y movió su gran mano por su espalda y más abajo. 

    – Halil – murmuró excitada en sus labios – puede entrar alguien. 

    – No si yo no los llamo y ahora mismo no los necesito para nada. Sólo te necesito a ti – la besó en la comisura. 

    – Pero debes descansar para recuperarte – dijo Sila, pero sin apartarse del todo de la boca de Halil. 

    – Nada como esto para olvidar la cercanía de la muerte – usó el chantaje emocional sin remordimientos – túmbate a mi lado, lütfen

    En cuanto estuvieron cara a cara y Sila pensó que Halil se relajaría, él movió la mano arriba y abajo de su cadera para aprenderse su cuerpo. La falda fue quedando cada vez más arriba y el escote de su camiseta cada vez más abajo. Ahora el veneno que lo recorría era el del deseo por la vida y por Sila y ella era su antídoto. Se besaron conscientes de que se podían haber perdido y se acariciaron sin tener suficiente. Sila bajó la mano por su pecho, rondó su vientre y acabó tomándolo para darle placer. Él la imitó acariciando el valle entre sus senos y bajando también  hacia lugares más ocultos y sensibles. 

    Mientras sus lenguas se buscaban, sus manos hallaban rincones dónde darse placer y amor a partes iguales. Compitieron en gemidos y ganaron los dos un éxtasis compartido, que los dejó susurrándose "te quieros" entre lágrimas de amor. 


    HA SIDO UN CAPI UN POCO... "HOSPITALARIO" PERO LO HAN ARREGLADO AL FINAL. YA SABEIS QUE LOS TURCOS SE RECUPERAN SIEMPRE EN TIEMPO RÉCORD. 

    GRACIAS POR LLEVAR ESTA HISTORIA A LAS 10.000 LECTURAS EN WATTPAD. ¡SOIS LAS MEJORES! (Y NO ES PELOTEO 😇) ¡FELIZ FIN DE SEMANA!

   

NOTA: El tatuaje de Sila es la palabra en alemán "schmelzlichschön" que se traduce como "belleza que se derrite" pero que yo interpreto como "belleza pasajera". Sila se recuerda en su tatuaje que lo importante es quien eres, no tu aspecto exterior que irá desvaneciéndose con el paso del tiempo. 

SilHal. (Capítulo 30)

 


    La mañana siguiente al estreno televisivo de Emanet, Sila se despertó oliendo algo delicioso, y no era café. Su nariz acariciaba el cuello de Halil y su aroma le daba los buenos días haciéndola desear despertar así el resto de su vida. Besó la fuerte vena que latía en sus labios y subió hasta llegar bajo su oreja. Decidió emular a una vampiresa mordiéndolo dulcemente, pero su víctima despertó y ella acabó bajo un Halil que la miraba todavía adormilado. No tan adormilado, se alegró Sila al cabo de unos segundos, sintiéndolo acomodarse entre sus piernas.  

    – Günaydin, cariño – murmuró Halil. Luego se puso a esparcir leves besos por la cara y cuello de Sila, para acabar haciéndolos más intensos conforme bajaba por su escote. El olor de ella también lo volvía adicto.

    – Mmm, günaydin, Halil Bey, no te detengas, lütfen...

    – Uhumm, ¿qué hora es? – preguntó acariciando con su barba los preciosos senos de ella. 

    – Mmm, no... tengo... uff...  ni... idea... – se movió Sila para compartir su excitación con él. 

    – Pues tenemos que estar a las 8 en la casita de madera de Beyoglü – respondió Halil arrastrando sus labios hacia el pico rosado que lo llamaba para ser mordido. 

    – Mmm, odio que seas tan responsable... ufff – dijo Sila arqueándose para sentir más la boca de Halil en su pecho, sin dejar de acariciar la firme espalda de él. 

    Ignoraron de mutuo acuerdo el hecho de que el tiempo no se detenía pero, finalmente, Sila alargó una mano hacia la mesita y giró el móvil. Entre jadeos susurró en la oreja de Halil que aun tenían tiempo y eso bastó para retomar su despertar de amor. Mil besos, quinientas caricias y un orgasmo compartido después, se levantaron perezosos para ducharse y vestirse. 

    – ¿Qué tendrá tu madre para desayunar? – preguntó Halil bajando las escaleras y recordando el borek de queso de la madre de Sila. 

    – Sabiendo que te quedabas a dormir, seguro que ha preparado algo especial – dijo Sila despreocupada, sin ver el sonrojo en la cara de su novio. 

    – Cariño... no me digas eso cuando estoy a punto de tener que mirarla a la cara... – pidió Halil abochornado. 

    – ¡Niños! ¡Günaydin, pasad a desayunar! – los recibió la madre de Sila nada más abrir la puerta. 

    – Mamá, Günaydin, nos aprovecharemos de ti y te robaremos el desayuno pero tenemos que salir pitando hacia Beyoglu. 

    – Halil, he hecho borek de queso... uy, tú estás muy rojo ¿no estarás enfermo? ¡agáchate!, ¡Haydé! – le tomó la temperatura en la frente – pues no, fiebre no tienes...

    – Mamá, Halil está perfecto... – soltó Sila yendo hacia la cocina llenar el termo de café y preparar dos tuppers.    

    – Tú sabrás, hija... – murmuró su madre haciendo que Halil mirara al suelo, enrojeciendo todavía más. 

    

    Una vez decidido que irían en un sólo coche, Halil le pasó las llaves de su mercedes a Sila para que condujera ella. Era curioso que siendo un apasionado de los coches, cuando estaba con Sila, prefiriera verla a ella conducir. Siendo sincero consigo mismo, debía admitir que le gustaba mirarla, hiera lo que hiciera.

    – ¿Qué miras, Halil Bey? – preguntó Sila.

    – A mi preciosa chófer – respondió Halil sin apartar sus ojos negros de su perfil. 

    – Mmm, ¿dejas conducir tu coche a cualquiera? – quiso saber Sila. 

    – No. Jamás. Pero tú no eres cualquiera... – y se acercó a pasarle un mechón de pelo tras la oreja. 

    – No me distraigas... – advirtió Sila. 

    – Estaba pensando... – empezó Halil – que me ha encantado cómo me has despertado esta mañana. 

    – Evet – sonrió Sila – ojalá despertáramos así siempre.

    – Pues hagámoslo, amanezcamos juntos envueltos en besos cada día. 

    – ¿? ¿Cómo? – preguntó Sila confusa sin dejar de mirar la carretera. 

    – Ven a vivir conmigo, Sila, y yo despertaré en ti cada mañana y tú te dormirás en mí cada noche. 

    Sila se quedó muda. ¿Halil acababa de proponerle vivir juntos? ¿en su ático? ¿estaba loco?

    A Halil se le fue desvaneciendo la sonrisa a medida que los segundos avanzaban y el silencio de Sila no se rompía. ¿Qué había dicho de malo? Estaban enamorados y a duras penas aguantaban estar separados así pues ¿qué había de extraño en desear vivir juntos? A él ya no le preocupaba que su padre se enterara y, si bien tampoco quería aparecer en los medios por temas ajenos al trabajo, no le importaba que todo el mundo supiera que se querían y que eran pareja. ¿Seguía Sila dolida por las palabras de su padre? ¿pretendía continuar ocultando la relación?

    Si alguno de los dos iba a hablar, la ocasión se perdió con la aparición de la unidad de exteriores ante ellos. Sila aparcó al mismo tiempo que Berat bajaba del coche de su madre al otro lado de la calle. El niño salió corriendo hacia ellos y se lanzó a los brazos de Halil gritando entusiasmado. 

    – ¡Hoy veremos a la serpiente, Halil Abi!

    – Evet y no te veo muy asustado – le sonrió Halil. 

    – ¿Asustado? No ha dormido en toda la noche de la emoción. Seguro que se la quiere traer a casa – explicó Meral a los compañeros de su hijo. 

    Halil no quiso buscar la mirada de Sila y con Berat en brazos avanzó con cuidado entre cables, generadores, cajas y demás material que hacía posible el rodaje en exteriores. 

    Sila se limitó a mirar la ancha espalda de Halil y caminar tras ellos tres hacia las escaleras que bajaban al jardín de la casa de madera. Allí esperaba Serkan, megáfono en mano, para hacerse oír como siempre que grababan en exteriores. 

    – Bien no tenemos tiempo que perder. Las escenas de Yusuf en servicios sociales iban antes pero nos avisaron que la cabaña quedaba libre y que, o grabábamos ya, o luego ya no podríamos alquilarla. 

    Después de presentar a la actriz invitada que haría de abuela con Alzheimer empezó el rodaje de algunas escenas en la casita. Sila y Halil se concentraron en sus actuaciones pero Sila no dejaba de buscar sus ojos negros cada vez que oían "corten". Sentía no haber dicho nada a la petición de él pero la había pillado por sorpresa. Ir a vivir con él no era una decisión para tomarla sin pensar y en el trayecto de casa al trabajo. Ella seguía reticente a que el padre de Halil supiera que la novia de su hijo era actriz y se enterara por la prensa o por la televisión. Ahora que ya habían empezado a salir cada día en canal 7, las redes estarían encima de los miembros del equipo y debían ser más precavidos que nunca.


    Debían dejar la casita y trasladarse al río cercano, pues en la casa ya sólo quedaban por rodar las escenas en las que era de noche y aun faltaba para eso. Esperando a que el equipo técnico acabara de prepararlo todo, Halil vio a varios compañeros cansados, entre ellos su novia, y decidió acercarse a la caravana donde sabía que había sillas plegables. Cogió unas cuantas y las llevó a una zona que quedaba a la sombra, para que al menos no tuvieran que estar sentados sobre piedras.


    Sila estaba repasando el guión sentada precisamente sobre una piedra cuando lo vio acercarse cargado con las sillas. Se levantó para ayudarlo pero Halil negó con la cabeza. 

    – Ya puedo yo, ven, siéntate – le dijo él abriéndole una silla. 

    – Halil... – lo llamó bajito – ¿tú no te sientas?

    –  No. Voy al río a grabar un "saludo" y luego me meto para la escena de pesca – explicó dándose ya la vuelta para irse. 



    No soportaba verlo así, se dijo Sila, cuando Halil le ocultaba sus ojos negros era como si le negara sus sentimientos. La dejaba fuera otra vez. Cuando acabaran las grabaciones del día y pudieran volver a casa (¿ a cuál de las dos?) hablaría con él. No es que no quisiera vivir con él, ella se moría por compartir la vida con el hombre del que llevaba años enamorada, pero debían tener paciencia. Sólo necesitaba tiempo. Ella se lo había dado y ahora pedía lo mismo de él. Esperaba que él lo entendiera. 

    A unos cien metros de distancia Halil estaba metido casi hasta la cintura en el río. Llevaba la rama que él mismo había convertido en improvisado arpón de pesca, y trataba de concentrarse en atrapar un  pez. Al igual que a su personaje, a él también lo calmaba concentrarse en una sola cosa dejando lo demás fuera. No tenía su piano cerca, pero bien le valía el seguir con la mirada al escurridizo bicho y tratar de no pensar en el rechazo de Sila a vivir juntos. 

    Cuando oyó "corten" y salió del río sus compañeros le aplaudieron al ver el pez al final del arpón. Halil siguió caminando y vio a Sila y Berat preparados para la siguiente escena. Escucharon las indicaciones de su director y Halil se sentó a la espera de que Sila empezara a aplicarle un supuesto ungüento curativo en el brazo. Se miraron justo antes del "acción", él con preguntas en sus ojos azabaches y ella con futuras respuestas que él no entendió. 

    – Halil, el saludo ha quedado perfecto. Cuando te he visto saltando por las piedras he rezado para que no te resbalaras, aunque como toma falsa hubiera quedado genial – comentó su redactora. 

    – Vaya, muchas gracias, suerte de mis reflejos – murmuró el actor. 

    – Ha llegado el cuidador de animales o especialista de animales, nunca sé cómo llamarlos ¿venís a conocer a vuestra compañera de la próxima escena? – preguntó Serkan haciendo el ruido de una serpiente. 

    – ¿No servía una de plástico? – preguntó Sila frunciendo los labios.

    – Yupiiiii – gritó Berat corriendo tras Serkan. 

    – ¿Estás bien? – preguntó Halil a Sila. 

    – No lo sé. Los insectos me aterran pero nunca he tenido una serpiente cerca – dijo Sila dudando. 

    – Quizás sea ella la que no quiera trabajar con nosotros y se vaya reptando indignada – dijo Halil caminando hacia el claro del bosque donde estaban los demás.     

    – Sila sonrió ante el siempre extraño sentido del humor de su novio y lo siguió para conocer a su compañera de bífida lengua. 


    Aquella mañana, alguien había hablado con otro experto en serpientes para hacer un macabro trato por lo que, en el lugar de rodaje, quizás la serpiente que actuaría no sería la esperada por actores y resto de equipo de Emanet. 

    Finalmente, y tras ver a Halil enredar en su brazo a la bicha, Sila se atrevió a confraternizar con su compañera de reparto. Pensó que aquella no era la única actriz de sangre fría con la que compartía protagonismo pero sacó a "Gul" de su mente para rascar la cabeza de Yilan 🐍. Estaba fresquita y no era desagradable al tacto, pensó Sila al sentir a Yilan pasearse por su brazo. Supo que Halil la miraba y buscó sus ojos para sonreírle orgullosa de sí misma, pero de nuevo vio la pregunta "¿Ne dan olmasin?" (¿por qué no?) rondar sus iris y quiso decirle que hablarían después. Sólo que el especialista en serpientes, el contratado por Karamel, se acercó para llevarse a Yilan y colocarla para el inicio de la grabación.     

    La escena empezaba con Yaman y Yusuf caminando por el bosque y, en un momento dado, cuando Yaman se daba cuenta de que Seher no los seguía, salía corriendo en su busca. La encontraba finalmente arrodillada recogiendo hierbas y a punto de ser atacada por una serpiente. Oyeron a Serkan gritar acción, pero de lo que no se dieron cuenta era de que aún más cerca de donde se había agachado Sila había otra serpiente, no tan simpática como Yilan. 

    Halil llegó corriendo a la escena y vio a la reptante actriz acercándose a Sila, una cámara lo enfocaba a él y otra grababa a su novia recogiendo hierbas. Algo se movió de repente a la izquierda de Sila y no era Yilan, frunció el ceño y cuando vio lo que era le faltó tiempo para acercarse y coger por el cuello a la doble de Yilan. Demasiado tarde vio que las rallas de las escamas no eran iguales. Los cámaras dejaron de grabar, Sila se quedó sentada viendo cómo el especialista se acercaba corriendo a por Yilan y Halil rugió al notar el mordisco de la serpiente venenosa.

    – ¡Joder! ¡Halil no te muevas! – gritó el especialista acercándose a él. Pasó a Yilan a un compañero y se acercó a Halil, al que le empezaban a fallar las piernas, para ayudarlo con la espontánea y no invitada actriz que le clavaba los colmillos. 

    Sila lo veía todo a cámara lenta pero ver la mueca de dolor de Halil la sacó del trance. Quiso acercarse a él pero lo vio caer de rodillas junto al especialista. Alguien la tomó por los brazos y la alejó. 

    – ¡Hayir! ¡Halil! – gritó en brazos del técnico de sonido. 

    – ¡Llamad a emergencias, decidles dónde estamos y que se trata de un mordisco de una víbora otomana (existe realmente 😣)! ¡Y que vuelen con el antídoto! ¡Vamos, vamos, vamos! – ordenaba el especialista. 

    – ¡Halil! – gritaba Sila llorando desesperada. 

    El especialista no tuvo más remedio que matar a la peligrosa serpiente y una vez apartada avisó a un casi inconsciente Halil de que le iba a hacer un corte para drenar la mayor cantidad posible de veneno. Halil notaba un sudor frío por todo el cuerpo y cada vez más debilidad. Los gritos de Sila llamándolo lo mantenían consciente porque no quería que ella se preocupara, pero casi no la veía.

    Sila logró soltarse y correr al lado de Halil. Se arrodilló y lo abrazó para que él reposara su cabeza en su regazo, luego miró al especialista rogando en silencio qué podía hacer.  

    – Si puedes lograr que siga despierto... – pidió el experto mientras drenaba el veneno de la herida del antebrazo de Halil. 

    Sila agachó la cabeza y besó la sudorosa frente de él. Con una mano le acariciaba el pelo mientras le pasaba la otra por la barba de su mejilla. 

Fue consciente de los compañeros que llegaron alarmados pero no le importó. El único que le importaba era el hombre que tenía entre sus brazos. 

    – Oye cariño – empezó a hablarle nerviosa pero cariñosamente, tragándose las lágrimas – ¿sabes una cosa? Siempre me pareció que el peluquero de tu vídeo "kendini bana birak" te odiaba. ¿Cómo permitiste que te peinaran así? Bueno, peinado horrible, igual me pareciste un dios y me enamoré más de ti. Y en el vídeo de "Kaybettim" ¿a santo de qué habían de aparecer esas dos? ¿eh? con los guapos que estáis Tarik y tú, no sé por qué no podíais salir vosotros dos solos... Bueno, a Tarik no lo devoraba con los ojos... a ti sí...

    Sila lo veía tratar de sonreír pero las comisuras de su preciosa boca no se curvaban a penas. Lo abrazó más fuerte, escondió la cara en el cuello de Halil para esconder un beso y, cuando casi no podía contener las ganas de llorar, su corazón se aceleró de esperanza al oír las sirenas que llegaban por el camino al bosque. Levantó la vista un momento del rostro cada vez más peligrosamente relajado de Halil y la alegró ver que entre los compañeros no estaba Berat. Miró a Serkan y éste le dijo que el niño no había visto nada y que iba de camino a su casa. El director dispersó a su equipo en cuanto la ambulancia llegó al descampado. Sila vio salir a un sanitario que voló hacia ellos, sacó una jeringuilla e inyectó el suero antiofídico en el brazo de Halil. 

    Tuvo que separarse de él para dejar que lo tumbaran en la camilla y le colocaran oxígeno. Cuando lo metieron en la ambulancia también le pusieron un gotero con suero y, temiendo que se fueran sin ella, se giró rápidamente hacia Serkan. No le hizo falta hablar, pues su director se adelantó a ella. 

    – Vete con él y cuando sepas algo me llamas ¿tamam?

    – Gracias... – musitó Sila, antes de subir a la ambulancia. 


    GRACIAS POR LLEGAR HASTA AQUÍ. A HALIL LE HA MORDIDO UNA SERPIENTE Y A MI LA MIGRAÑA DESDE AYER, POR ESO EL CAPI LLEGA TAAAAARDE. OZUR DILERIM ABLAS. 

    Nota: Yilan es serpiente en turco y la víbora otomana existe. Igual que el Dios turco, ese también existe 😉

    


    


     






    

    

    

    

    

martes, 25 de mayo de 2021

SilHal (Capítulo 29)

 


   - ¿Se darán cuenta si desaparecemos? - susurró Halil besando el pelo de Sila, sin querer parar de abrazarla. 

    - Déjame pensar... ¿dos asientos vacíos en primera fila?... nooo, no creo - negó traviesa Sila, sin soltarse del cuello de Halil.  

    Halil entonces buscó su boca para un beso rápido y la miró con el ceño fruncido.  

    - Tamam. Sal tú primero y toma el ascensor, yo daré un rodeo. ¡hayde! - ordenó, dejando ir a su novia de mala gana. 

    - Seré fuerte y trataré de ignorarte Halil Bey, görüsürüz... - se despidió Sila saliendo del cuartito. 



    Sila estaba cruzando el vestíbulo cuando le sonó el móvil.

    – Efendim anne.

    – ¡Cariñoooooo tengo la casa llena de familia y vecinos que han venido a ver el primer capítulo de Emaneeeeet!. ¡Ay mi niña! ¡Qué orgullosos estamos todos de ti!. Dale un beso a Halil..., bueno, otro más, o sea, que le desees suerte de nuestra parte y a todos los demás ¿tamam?

    – Tamam, anne. Y gracias... por todo – dijo Sila tratando de no emocionarse. 

    – Tu hermana, off, que te diga que te quiere, y tus sobrinos, off, no me dejan hablar. Bueno cariño, nos vemos esta noche. 

    – ¿¿¿Esta noche??? – preguntó Sila – ¿mamá? – offf mamá, esta noche no, pensó Sila.



    Acabó de entrar en la sala y se acercó a la mesa de Gulay (Iqbal), Zeynep (Neslihan) y Melih (Ali). Entre los nervios del estreno, los que le acababa de provocar su madre y la frustración por el deseo insatisfecho, se le cerró el estómago y no tomó nada de las bandejas. Estaba de espaldas a la puerta, pero supo exactamente el momento en el que Halil entró en la sala. La electricidad que la recorría ante su cercanía era difícil de ignorar. No se giró a buscarlo con la mirada y trató de seguir la conversación de sus compañeros, sin embargo el bueno de Melih tuvo que llamarlo.

    – Halil, ven, llegas tarde pero puedes comerte lo que Sila no ha tocado – se giró hacia su compañera y le preguntó – ¿tan nerviosa estás, Sila?

    Sila se hizo a un lado para dejarle espacio a su chico sin mirarlo, luego respondió a Melih

    – Pues hasta hace un momento, tenía hambre pero algo me ha hecho olvidarme de la comida – dijo Sila. 

    – Eso son nervios – aseguraron Gulay y Zeynep al mismo tiempo. 

    – O el amor... – murmuró Halil sin mirarla – dicen que el amor te quita el hambre. 

    Sila lo pisó con disimulo y él soltó un gruñido bajo. 

    – Eso será con las mujeres, compañero, yo fue conocer a mi mujer y subir 10 kilos – dijo Melih.

    – Sí, yo también como bastante últimamente... – soltó Halil tomando un aperitivo y, dejándolos con la boca abierta, se fue hacia la mesa donde hablaban los dos directores y la productora ejecutiva. 

    – ¿Ha dicho que está enamorado? – preguntó Gulay sonriendo. 

    – No, sólo que come más – respondió Zeynep encogiéndose de hombros. 

    – Sila ¿estás bien? – se preocupó Melih al ver toser a su compañera, como si el agua se le hubiera ido por otro sitio. 

    Al cabo de cinco minutos, Sila vio a Nazmiye haciéndole señas para que se acercara a su mesa... donde Halil seguía hablando con sus directores. Se disculpó con sus amigos y avanzó hacia la mesa de los "jefes",  tratando de no cruzar su mirada con la del hombre tremendo que la devoraba mientras caminaba. Hoy está juguetón, se dijo Sila sonriendo a Nazmiye. 

    – Sila, anda, come algo, que con todos los capítulos que tenéis por delante hay que ganar fuerzas – le ordenó su "jefa". 

    – Y, exactamente, ¿de cuántos capítulos estamos hablando? – preguntó Sila llevándose un dolma a la boca. 

    – Pues la primera temporada son 205,  pero en total calculo que serán ... 😱

    Plank plank plank, se oyó el repicar de una bandeja estrellándose contra el suelo.

    – Madre mía ¿tantos? – murmuró Sila.  

    – ¿Quieres perderme de vista rápido, Sila Turkoglu? – la picó Halil.

    – Haliiiiiiil, hola, y hola a todos los demás, ¿dónde te habías metido? – preguntó Gulderen llegando a la mesa y aferrando el brazo de Halil.     

    – Hola Gul... deren – acabó de saludar Halil, mirando de reojo a su novia. 

    –  Estoy hecha un manojo de nervios – declaró la actriz apretando el brazo de Halil de la emoción. 

    – Oh, Halil, ¿ese no era el brazo que te dolía esta mañana? – preguntó Sila a su novio con un parpadeo inocente. 

    – Cierto, uff, perdona Gul... deren – se zafó de las zarpas de la modelo y se frotó el supuesto "dolor", mientras miraba con ojos entrecerrados a su celosa chica.  

    – Hablando de esta mañana – intervino Ayhan – me ha dicho Serkan que la escena del tiro con arco ha quedado de muerte. 

    – Cierto, ha faltado poco para morirme – dijo Halil pensando en lo que le había costado contener su deseo por Sila. 

    Sila volvió a toser y Halil le dio unos suaves golpecitos en la espalda. 

    – Nos están haciendo señales para ocupar los asientos – indicó Ayhan. 

    

        En la primera fila, Sila y Halil se sentaron uno al lado del otro. Melih se acercó para sentarse junto a su amigo pero su "partenaire" se le adelantó y tomó asiento al lado de Halil. Melih vio la cara de furia de Sila, la de miedo de Halil y, tratando de ocultar una sonrisa, fue a sentarse al otro lado de Sila. 

    – Compañera – le susurró. Cuando vio que Sila se giraba a escucharlo, continuó – No hay nada que temer de Gulderen, Halil está loco por ti...

    – Sí, ya... pero hazme un favor, Melih.  Cuando puedas, le pones a Gul pegamento extrafuerte en la verruga esa que tiene que ponerse cada día – habló bajito Sila. 

    – No puedo hacer eso, amiga – se apenó Melih. 

    – Bueno, siempre me queda desearle a su personaje una muerte cruel... - pronosticó, sin saberlo, Sila. 

    Cuando las luces se apagaron, en la gran pantalla apareció la publicidad de una conocida marca de joyas, seguida de la maravillosa música de Minör.  


    Sila se emocionó y, por un momento buscó la mano de Halil en la oscuridad. Él cruzó los brazos sobre su pecho para dejar su mano oculta y aferró la de Sila para que no la apartara. Y así, con sus dedos robándose pequeñas caricias, fueron testigos del estreno de la serie que los lanzaría a la fama internacional. 

    – Creo que en el primer encuentro entre Yaman y Seher, él ya se enamora de ella – le susurró Halil a Sila. 

    – Evet, y ella lo mira con miedo pero diría que, por dentro, está pensando lo tremendo que está el tío de Yusuf - respondió Sila también entre susurros.

    - Gracias, cariño - sonrió Halil creído. 

    - Hablaba de Yaman... - dijo Sila apretando su mano. 

    - Mañana me compro gomina - amenazó Halil. 

    - Ni se te ocurra - le advirtió su novia. 

    -Shhhhhh - pidió Gul celosa. 

    Halil no dejó de acariciar con su mano la de Sila, durante los casi 60 minutos del episodio, y fue ella la que se soltó cuando se encendieron las luces. Se miraron durante un segundo pero enseguida se vieron rodeados de compañeros del equipo que los felicitaban y, a la vez, eran felicitados. La alegría corría por todos los miembros del equipo Emanet (actores, directores, productores, guionistas, cámaras, maquillaje y post-producción...) En un momento dado, todos fueron callando al ver que Nazmiye se acercaba a su pareja protagonista.

    - Sila, Halil, quería daros las gracias. Habéis logrado dar vida a Yaman y a Seher de forma magistral, tal y como yo esperaba pero, lo que ha sido una sorpresa y por lo que más agradecida estoy, es por haber conseguido que adivinemos desde la primera escena, la historia de amor épica que nos espera. Los espectadores verán miradas de odio, de miedo, de desconfianza... pero cuando esas miradas duran más de lo normal, cuando se escapan a mirar los labios del otro o cuando se buscan aunque sea para retarse... ahí es cuando todos vamos a aguantar lo que haga falta por ver su final feliz. 

    Sila y Halil se miraron emocionados y cuando se volvieron a Nazmiye ella añadió en voz baja.

    - Sí, eso también ha sido una sorpresa... 💘


    

    Halil estaba hablando con el asistente de sonido cuando un mensaje le vibró en el móvil.     

    SILA: Iremos a mi piso. Mis padres esperan que pase a verlos para felicitarme. 

    Halil le frunció el ceño a la pantalla, luego levantó la mirada para buscarla y, cuando la localizó en el grupo de Ozgue, Oguz y Tolga, esperó a ver si ella lo buscaba también. Nada. Ni caso. Respondió a su mensaje.  

    HALIL: ¿Estás loca? ¿Quieres que pasemos a saludar a tus padres y luego nos vayamos como si nada a tu piso, QUE ESTÁ ENCIMA DE EL DE ELLOS, a... 

    SILA: ¿Qué te preocupa, Halil Bey? 

    HALIL: Cariño, de verdad, llevo días deseándote como un desesperado, hoy por poco me vuelvo loco, y ¿pretendes que te haga el amor estando tus padres en el piso de abajo? 

    Cuando Halil la buscó, esta vez ella sí lo estaba mirando. La muy bruja se limitó a encogerse de hombros. Volvió a coger su móvil. 

    HALIL: Despídete de todos y ve hacia tu coche. ¡Hemen!

    SILA: Te noto impaciente, Halil Bey... TAMAM


    Sila se despidió de sus compañeros, felicitó y recibió más felicitaciones y salió del edificio en busca de su coche. Miró hacia la puerta por si veía salir a Halil pero él apareció hablando con Gulderen y Melih.

    –  Oh, Halil ¿me podrías acompañar a casa? – preguntó Gulderen haciendo un puchero.

    Halil abrió los ojos como platos, miró a Sila, que lo taladraba desde el aparcamiento, y luego miró a su amigo gritando SOCORRO con la mirada. 

    – Yo te llevo, Gul, me coge de camino – se apiadó Melih. 

    – Gracias, yo tengo un poco de prisa – se excusó Halil empezando a alejarse. 

    – Más bien MUCHA prisa, amigo, hasta mañana – sonrió Melih. 

    – Hasta mañana, Halil – masculló entre dientes la modelo viendo hacia dónde caminaba Halil. 

    Cuando llegó a la altura de su coche, y trató de ignorar a Sila para disimular, la oyó burlarse:

    – Hilil, ¿mi pidriis iquimpiñir i quisi?

    – Tú ríete, ya veremos si te ríes luego. ¡Haydé!

    Sila y Halil se metieron en sus coches y veinte minutos más tarde fueron recibidos como héroes en la puerta de la casa de Sila. Oh Dios mío, pensó Sila al bajar de su coche y ver la pancarta colgada en la verja que rodeaba la casa. ¡FELICIDADES  SILHAL!.

    – ¿Qué es eso? – le preguntó Halil acercándose a ella tras aparcar. 

    – Eso es mi familia y su manera de decirme que me quieren – sonrió Sila. 

    – Vale, cariño – asintió Halil tomándola de la mano – Pero ¿quién es Silhal? 

    – Nosotros. Tú y yo – dijo Sila tirando de él hacia la puerta de sus padres. 

    

    – ¡FELICIDADES! – gritó la familia Turkoglu en cuanto Sila y Halil cruzaron la puerta. 

    Las mismas personas con las que Halil había cenado la primera noche se acercaron a felicitarlos y a preguntarles por el estreno. Se sentaron educadamente, a pesar de las ganas que tenían de salir corriendo escaleras arriba. 

    – Halil, cariño, menos mal que ya te conocíamos porque menudas caras de mala leche pones. Das miedo. ¿No te duele la frente después de tanto hacerte el enfadado? – le preguntó anne después de ponerle un té delante.  

    – Pues, tras meses ensayando ante un espejo, la verdad es que no... ¡eh hola! – saludó al bulldog francés que se le subió al regazo.

   – Teyze, a tu mascota también le gusta tu novio – corearon los sobrinos de Sila. 

   – No es mi novio – negó Sila colorada.

        Halil la miró, sin dejar de rascar a Lilah tras las orejas, y le frunció el ceño. 

    – Mira abuela, ¡pone cara de Yaman! – gritaron los niños. 

    – Sí bueno, Halil es de los que se lleva el trabajo a casa – murmuró el padre de Sila. 

    – Ya es tarde y Sila y Halil deben estar cansados de tantas emociones – dio por concluida la velada la madre de Sila. Su hija la miró con ganas de besarla por entender que querían estar a solas (su madre siempre lo sabía todo). Así que todos acabaron al cabo de un rato en la puerta despidiéndose unos de otros. Anil y su familia se fueron y la madre de Sila los miró, les guiñó un ojo y cerró la puerta dejándolos solos en el descansillo. Luego la puerta volvió a abrirse y el padre de Sila puso en brazos de Halil a la pequeña Lilah. 

    – Al bicho os lo lleváis. Iyi geceler – y volvió a cerrar la puerta. 


    Halil miró a la bull dog y luego a su novia. Volvió a fruncir el ceño y murmuró:

    – Cariño... ¿no tienes la sensación de seguir en una telenovela? A veces pienso que nuestra vida real también tiene una guionista. Una bastante loca, por cierto. Es como si después de que Serkan gritara corten, alguien gritara acción. 

    – Lo que creo, Halil Bey, es que la abstinencia te ha enloquecido – le dijo Sila girando hacia las escaleras y empezar a subirlas contoneándose, quizás un poco más de lo normal. 

    Sila no encendió las luces pero sí prendió un par de velas que tenía en un mueble del comedor. Halil dejó a la mascota en el suelo y de repente se le acumuló en el pecho todo lo que había echado de menos a aquella mujer. Sólo con verla moverse por el salón, la sangre se les espesó en las venas. Notó el rugido de su deseo creciendo y pidiendo ser liberado y cruzó la oscura sala, parándose tras ella mientras Sila encendía una tercera vela. Volvían a estar como aquella mañana, durante la lección de tiro con arco, pero esta vez Halil sí pudo acariciar los brazos de Sila y ella por fin pudo recostarse en su pecho. Se quedaron unos segundos así, disfrutando del abrazo y de estar juntos y a solas tras días eternos viviendo de llamadas. Halil cerró los ojos llenándose del aroma del cabello de Sila, la estrechó más contra su cuerpo y la meció como si estuvieran bailando su propia canción de amor. Sila acarició sus fuertes antebrazos y se dejó llevar por la melodía silenciosa que tocaba el cuerpo de él. 

    Todo lo caótico quedó fuera y robaron ese momento para sentirse el uno al otro lentamente.  

        – Creí que íbamos a devorarnos en cuanto estuviéramos a solas... – susurró Sila. 

        – Y ahora lo único que queremos es que todo vaya despacio, hasta detenerse... – besaron sus palabras el cuello de Sila. 

        – Contigo nunca quiero que pase el tiempo – dijo Sila girando entre sus brazos, para poder atrapar el brillo azabache de sus ojos. 

        – Voy a besarte y a hacer que dejemos de escuchar el tic tac... – la avisó Halil antes de bajar sus labios en busca de los de ella. 

        Cómo un beso tan lento era capaz de acelerar el aire y la sangre no lo sabían. Tan sólo se dibujaron los labios abandonándose en cada roce y queriendo quedarse a vivir en los suspiros del otro. No tenían suficiente, seguían escuchando el tic tac, y sus lenguas se invadieron para acariciarse, sus manos quisieron piel ardiente y sus cuerpos se acercaron más buscando la forma del otro. El sofá más cercano los acogió para que se amaran durante toda la noche y allí Halil la desnudó del todo, la besó del todo y la conquistó del todo. Sila también necesitaba tenerlo sobre ella y lo ayudó a desnudarse para recibirlo en su cuerpo sediento. Halil dejó de besarla para mirarla a los ojos mientras entraba en ella, necesitaba ver el momento exacto en el que los ojos de Sila lo hacían preso. 

    Cuanto más lentamente se movían uno en el otro, más lejanos sonaban los relojes. Y cuando al fin llegó el silencio del tiempo, ellos se estremecieron entre suspiros besados y te quieros. 


    GRACIAS COMO SIEMPRE POR LLEGAR AQUÍ CONMIGO. MAÑANA ESTA GUIONISTA LOCA NO SE PUEDE COLAR EN EL SET (NO HABRÁ CAPITULO) PERO EL JUEVES PROMETO VOLVER A GRITAR ACCIÓN CUANDO SERKAN GRITE CORTEN. 

    MAÑANA TOCA SUBIR CAPIS DE BARCELONA-ESTAMBUL. GRACIAS, SIEMPRE. 


    

    

    



Emily y Harry Potter

  ¡Estrellita! ¿Qué relación guarda La elección de Emily con Harry Potter? Hay dos guiños en mi novela a Harry Potter y su creadora #jkrowli...