Este relato va dedicado a Remedios Navas con mucho cariño. Ponte buena Abla, que te echamos de menos en el chat.
Desde la aparición de los servicios sociales la noche anterior había estado angustiada y con la proposición de él de huir los tres al extranjero aún se había preocupado más. Las acusaciones de Zuhal de ser una interesada cazafortunas no habían ayudado a calmarla precisamente y su último enfrentamiento con ella la había dejado muy alterada. Yaman lo había oído todo y había echado de la habitación a Zuhal hecho una furia.
Seher temblaba intentando explicarle a él que ella no era como Zuhal decía. Por Dios, él no creería que era una cazafortunas ¿verdad? Ella estaba allí por Yussuf y lo que había llegado a sentir por el tío de Yussuf era amor. No tenía ya dudas de que ese nerviosismo ante él era amor. Cuando se le aceleraba el corazón al verlo era amor. Echarlo de menos cuando no estaba en casa era amor. Haber querido morir con él cuando lo hirieron era amor. Estar dispuesta a huir con él para siempre era amor. Pero ¿y él? ¿Qué sentía?
Seher era consciente de que había algo entre ellos. Sabía que Yaman la deseaba y todas las veces que habían estado juntos ella había sentido una conexión especial. Se paraba el tiempo cuando hacían el amor. Él era su infinito pero jamás le había dicho que la amaba. Casarse con Yaman Kirimli, dormir y despertar a su lado cada mañana, que fuera el padre de sus hijos... vivir para siempre como lo habían hecho en el piso de alquiler, todo aquello a Seher le parecía la definición de felicidad pero ¿sería ella suficiente para él?
A veces se sentía poca cosa a su lado. Al fin y al cabo él había conseguido construir un imperio de la nada y podría tener a la mujer que quisiera. Seher recordaba ahora cuando le dijo que no había que desperdiciar la pasta de dientes y que Yussuf debía aprender eso. Yaman había contestado orgulloso que Yussuf era un Kirimli y nunca tendría la necesidad de ser ahorrativo. ¿Qué pintaba un hombre como él con una esposa como ella? Seher se abrazó a la almohada llorando porque Yaman, con su "propuesta de matrimonio", le había puesto al alcance de la mano tanto la felicidad de estar con él para siempre como la desdicha de no saber nunca si él la amaba por ella misma. ¿Qué debía hacer?
Yaman estaba en la terraza de su habitación mirando la oscuridad con las manos aferradas a la balaustrada. Siempre se había sentido cómodo en esa oscuridad. La conocía. Sabía a qué atenerse. Qué enemigos encerraba. Su vida había transcurrido entre tinieblas, solitaria pero familiar. Y luego había llegado ella, cegándolo con su luz, su bondad, su generosidad y su amor. Y su mundo oscuro se había tambaleado hasta amenazar con desmoronarse ante la luz. Verla llorar y sufrir lo mataba por dentro y en un momento desesperado por no perderla, por darle seguridad, le había pedido que se casara con él. Él, que no daba un paso sin haberlo pensado antes, que no tomaba una decisión sin haberla estudiado minuciosamente, había pedido a Seher que se casara con él de la manera más torpe y precipitada posible.
En cuanto se dio cuenta de la cara de confusión de ella le había dicho que pensara la respuesta, la había soltado y había abandonado la habitación. Notaba aun en las palmas de sus manos la suavidad de la piel de sus mejillas y cerró los puños para retener esa suavidad y el aroma a galletas de limón de su cuello. La noche anterior habían dormido separados y los acontecimientos de ese día los habían mantenido tensos y nerviosos. Yaman ya no sabía estar en su cama sin ella, hasta el sueño lo evadía si ella no dormía a su lado.
Entró de nuevo y fue al vestidor a desnudarse y ponerse el pantalón del pijama. Le pareció oír la puerta y cuando se giró ella estaba en la entrada de la habitación. Llevaba su pijama lila y el pelo húmedo y se le notaban aun los ojos enrojecidos de llorar. Igualmente le pareció la mujer más hermosa de la Tierra. Yaman notó en el pecho cómo se le encogía el corazón al verla así pero se limitó a esperar a que ella hablara o actuara.
Seher había decidido no pensar, sólo sentir y su corazón la había llevado al cuarto de él. El día había sido muy duro y sólo sabía de un sitio donde podría descansar en paz y era el cálido y fuerte pecho de él. Yaman estaba frente a ella descalzo y sólo con los pantalones del pijama. Le pareció un Dios oscuro de fuertes músculos y semblante serio. Sus negros ojos brillaban mirándola y parecía que apretaba la fuerte mandíbula en señal de autocontrol. No lo quería controlado, lo quería apasionado, lo necesitaba y mientras se acercaba a él temiendo quizás ser rechazada lo miraba con cautela.
Yaman no aguantó esa mirada. No quería verla asustada, bastante la asustó ya en el pasado y ahora le desgarraría el alma saber que él era el culpable de ese temor en sus bellos ojos verdes. Avanzó los dos pasos que lo separaban de ella y la abrazó por la cintura. Su pelo olía a vainilla y lo besó devoto y rendido. Ella apretó sus brazos alrededor del cuello de Yaman para retenerlo, para siempre si era posible. Ambos notaron como sus corazones pasaban a latir al mismo ritmo; se acompasaban y sincronizaban. Sus corazones se comunicaban como ellos no eran capaces de hacer con palabras. Sus cuerpos se lo habían dicho todo, sus bocas callaban. Siempre el miedo a lo desconocido, a sufrir. Yaman temiendo la luz, Seher temiendo no ser capaz de hacer desaparecer toda la oscuridad. Yaman buscó su mirada para decirle que la entendía, dolía como mil infiernos pensar que ella podía rechazar su propuesta, pero la entendía.
- Tú...
- Yo...- empezó Seher.
- Hayir (no), lütfen (por favor) no digas nada. Es una respuesta demasiado importante como para que me la des sin estar segura.
Seher lo miró perdida pero él volvió a abrazarla para cogerla en brazos y apretarla contra su fuerte pecho. Avanzó hacia la cama y la tumbó con cuidado. Estaba incorporándose cuando ella le tendió la mano para que él no se apartara. Yaman apagó las luces y se tendió al lado de la mujer que amaba. Seher buscó enseguida el calor de su cuerpo apretándose contra él y cuando él pasó un brazo por detrás de su espalda ella apoyó la cara en su pecho. El tiempo se detuvo y se volvió infinito; como siempre pasaba. Yaman acariciaba dulcemente la espalda de ella y ella respiraba tranquila en su pecho, ambos mirando la luz de la luna que entraba por el ventanal.
Seher quiso depositar un beso en aquel pectoral marcado y cómodo pero el aroma de Yaman la inundó de golpe y el calor que hasta entonces era confortable pasó a ser inquietante. Sus labios no se separaron de su piel sino que vagaron por todo el plano de su fuerte pecho. Seher cerró los ojos mientras depositaba besos suaves. El olor de Yaman cada vez la afectaba más avivando la llama que palpitaba dentro de ella. Sacó la lengua y probó su piel pero como su olor la afectaba, su sabor la trastornaba de deseo. Siguió besando y lamiendo y notó que Yaman apretaba el abrazo y dejaba salir el aire de golpe. Seher se irguió para llegar al otro pectoral y mimarlo de la misma manera. Estaba prácticamente sobre él y se acomodó de rodillas para llegar a su vientre duro con labios, lengua y dientes.
Yaman acariciaba su pelo respirando cada vez más fuerte. La miraba acariciarlo y besar su cuerpo y la excitación lo recorría como lava hirviendo. Seher llegó a la cintura del pijama y lamió su piel bajando con sus manos el pantalón hasta que Yaman la ayudó a quitárselo. Quedó desnudo y a merced de aquella sirena de ojos verdes que lo cautivaba y excitaba con sus caricias. La vio seguir bajando hasta que sintió su traviesa boca en su sexo y ahí no pudo contener los rugidos de placer. Aguantó unas cuantas caricias de la boca de ella pero decidió que era su turno y tomándola por la cintura con sus grandes manos la tumbó a su lado y fue él quien quedó encima de ella. Mirándola a los ojos con el ceño fruncido la libró de los pantalones y los lanzó fuera de la cama. Llevó sus dedos al primer botón de la camisa y fue desabrochando y rozando su piel al mismo tiempo. Ella le aguantaba la mirada pero de sus labios abiertos salían gemidos de placer y expectación. Yaman abrió la camisa y se la sacó impaciente para devorarle los pechos hinchados y los pezones duros. Se volvió loco besando y chupando. Succionaba poseso oyéndola jadear de gusto. Erizaba su piel con el roce de su barba y supo que al día siguiente ella tendría la piel enrojecida. Cuando desayunaran juntos pensaría en ello y se lo haría saber con la mirada.
Bajó los labios por el abdomen femenino adorándolo con dientes y lengua y llegó a su intimidad. Allí acarició con la nariz y oyó otro jadeo más fuerte. Sonrió y sacó la lengua para amarla allí con erótica pereza. Chupaba, lamía y ella se agarraba a las sábanas retorciéndose de placer. Pero esa noche Seher quería unirse a él mirando sus ojos negros así que tiró de su pelo para que subiera y pudieran decirse todo con la mirada. Yaman se apoyó en los codos para no aplastarla y movió la cadera para que ella le diera paso. Seher se abrió mirándolo con la cara iluminada de placer y amor y por fin sintió su miembro duro y grande entrando en ella. Se aferró a sus fuertes brazos porque aquel placer amenazaba con hacerla estallar y ella quería estar con él. Para siempre. Yaman la miraba con ojos entrecerrados del esfuerzo y del placer y se movió contra ella duro e implacable. No quería que ella tuviera dudas y sabía que con su cuerpo podía demostrar lo que sus labios no sabían. Entró y salió de ella marcándola, amándola, llenándola. Ella alzaba las caderas para atraerlo para recibirlo para ser su hogar infinito. Yaman embistió otra vez y los dos casi gritaron. Seher susurró "más" y él obedeció volviendo a entrar en ella para darle toda su alma. Seher estaba a punto de correrse y cuando él volvió a empujar ella sintió pura magia recorrer su cuerpo convulso. Le temblaba todo por el éxtasis que sólo él podía regalarle. Sus gritos lo guiaron y Yaman se enterró en ella entregándole su vida misma. Su oscuridad cada vez con menos sombras y más luz. Si ella lo rechazaba... Yaman cerró los ojos y bajó poco a poco para cubrirla por entero y ocultar su cara en el cuello de ella. Respirarla tras poseerse uno al otro ya era un hábito. Que no se lo quitara por Allah. Si Seher lo rechazaba seguiría vivo. Seguiría vivo a los ojos de los demás pero muerto por dentro. La abrazó sin salir de ella. Seguían unidos íntimamente cuando se quedaron dormidos.
Antes del amanecer Seher supo que debía abandonar aquella cama. Quería ir a buscar consejo con Babá Arif antes de enfrentar esos ojos negros y por eso lentamente se apartó del hombre que había cambiado su vida. Dolía siempre que se apartaba de él pero era necesario para poder tomar la decisión correcta para ambos. Lo miró dormir. Su pelo revuelto, sus enormes y expresivos ojos negros cerrados mostrando esas pestañas impresionantes, sus labios sensuales entreabiertos, su fuerte espalda marcada con más de una cicatriz...
Seher suspiró y tomando su pijama para ponérselo en el despacho abandonó luego la habitación para ir a vestirse. Una hora más tarde Yaman despertó notando el frío. No. No. Giró la cabeza y no la vio. Tocó la sábana y su frialdad se le coló en la sangre. Supo que ella lo había abandonado de madrugada y se sintió miserable. A los 7 años le había dolido pero ahora dolía mil veces más. Lo sentía, sentía que ella no estaba en la casa así de fuerte era su lazo. La maldijo. Se levantó furioso y se vistió. Su mirada fue hacia el arco y las flechas acercándose para arrancarlo de la pared y salir luego a intentar serenarse entrenando. Cuando ella volviera, porque volvería, esperaba haber sido capa de armar de nuevo la muralla que ella había ido derribando. La necesitaría para poder soportar el NO.

Me encantan tus relatos!!!
ResponderEliminarLa dulce Remedios leerá tu hermosa publicación y volverá a nuestro chat.
Abrazos
Me dejas fascinada como siempre con tus relatos Isa, haces que la espera del siguiente capítulo sea más llevadera ... ☺️
ResponderEliminarMaravilloso cómo siempre, espero ver algo parecido en el capítulo del Lunes....me encanta. Muchas gracias 😘
ResponderEliminarMe ha encantado!!!
ResponderEliminarGracias!!!! Me encantó, como siempre
ResponderEliminarIsa mi amor, q manera tan bonita de escribir, te pasaste con este relato. Demasiado hermoso. Gracias, estoy segura q a nuestra Remedios le fascinará también 🥰😍❤️🇻🇪
ResponderEliminarEl final me encogió el corazón, solo pensar que yaman podría volver a sufrir por una mujer, porla mujer que ama. Si seher le dijera que no yaman se volvería a encerrar en su caparazón y se transformaría en un h hombre aún más x temible y terrible.. Pero nosotras sabemos la x respuesta de seher y la cara de yaman reflejará la felicidad que tanto se merece. Gracias mi pena escritora.. Me estoy imaginando a halil leyéndote.. Jaja 🥰🥰❤️❤️
ResponderEliminarHermoso querida Isa,⚘
ResponderEliminarBuenísimo Isa.
ResponderEliminarA Remedios le va a encantar y se va a emocionar.
Gracias amiga/abla💙
Me encanto!!!! Ya estoy ansiosa por la continuación
ResponderEliminarMe encanta abla, como siempre! A Reme le encantará,muy bonito de tu parte dedicarle ese relato. Un abrazo a Reme y un beso a ti abla.
ResponderEliminarMaravilloso, intimo, especial.. triste pero es la antesala de la alegria. Muchas gracias Isa!
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