Seher intentó abrir la maleta pero se le enganchó la manga en el cierre. Miró a Yaman pidiéndole ayuda silenciosamente y él se acercó para liberar su jersey sin que se le rompiera. Su error fue que se acercó demasiado a ella.
Llevaba meses admirándola, semanas deseándola y días con el derecho a hacerla suya. Quería confesarle su amor, quería que comprendiera que para él ese matrimonio era completamente real porque Él hacía tiempo que lo tenía claro. Se había enamorado de ella poco a poco sin darse cuenta y a pesar de sí mismo. La desconfianza había bailado con el cariño y este último había ido arrasando con las bases de su vida. Cuando descubrió lo fácil que sería para él dar la vida por ella entendió que su corazón y su existencia ya no le pertenecían. Seher era ahora la dueña de su alma oscura, de sus recuerdos amargos y de sus heridas, las visibles y las invisibles, y Yaman quería que fuera la dueña también de su futuro.
Allah sabía que llevaba días intentando decirle que la amaba pero o pasaba algo o alguien les interrumpía o ella misma boicoteaba su confesión. Quizás había llevado lo de la formalidad demasiado lejos para no asustarla y el juego le había salido mal. Pero ahora, en ese hotel por fin tendría la oportunidad de abrirle su corazón.
Iba a hacerlo. De verdad. Iba a decirle por fin "Sen seviyorum" pero se acercó demasiado a ella para ayudarla con la manga. De repente estaba tras ella con su deseable cuerpo pegado al suyo, con su aroma a vainilla desafiando su respiración y con su pelo llamándolo como las sirenas a los marineros incautos. A Yaman se le aceleró su corazón de piedra y se le ralentizó la sangre en la venas. Cerró los ojos y se rindió al embrujo de estar a solas con la mujer que amaba. Los teléfonos no sonarían y la puerta no se abriría. Solos. Al fin.
Pegó por completo su duro cuerpo al de ella y cubrió sus delicadas manos con las suyas. Con sus palmas acarició el suave dorso de las de ella y rezó para que Seher no se apartara del círculo que creaban sus fuertes brazos. La sintió temblar pero no se movió. Seher no se iba, no huía, sólo esperaba...
Seher esperaba... Por fin había decidido dejar de huir y confiar en él. Lo tenía pegado a su espalda y no podía dejar de notar su duro pecho, sus fuertes muslos y su miembro caliente en su trasero. Se mordió el labio inferior a la espera de más caricias. Más. Las palmas de sus manos habían dado calidez a las suyas más frías y ahora se moría por saber cómo Yaman acabaría calentándola entera.
Vio su mano abandonar la suya para subir por su brazo acariciando hasta su hombro. Supo que él había apartado su cabello quedando su cuello expuesto y luego notó que él pasaba sus fuertes dedos por entre las hebras de sus mechones. Yaman había acariciado su pelo en otras ocasiones para luego mirarlo como en trance y eso hacía ahora. Oyó su respiración en la nuca y notó su aliento caliente erizarle la piel. Abrió la boca para inspirar porque aquél hombre le robaba hasta el aire. Empezaba a notar los senos pesados y la intimidad sensible.
Yaman jugaba con el pelo de su mujer entre sus dedos. Esa suavidad lo atraía y, como su marido, se sintió libre de disfrutarla al fin. Movió su mano izquierda sobre la de ella en una sutil y erótica caricia y a la vez sopló en su cuello para luego acariciarlo con la punta de su lengua. El sabor a vainilla lo volvió un poco más loco y acabó besando ese olor queriendo que lo inundara. La respiró, besó y mordió amoroso hasta que le llegó un suave jadeo. A ella le gustaba, bien. Seher se arqueó ligeramente exponiendo más su cuello, mostrando más sus senos y rozando diabólicamente con sus caderas el sexo de él. Yaman resopló controlándose pero sus manos fueron directas a los pechos de su mujer.
Sus cuerpos pegados. La boca de él en el cuello de ella. Las manos de él amasando por encima de la ropa los pechos llenos de su mujer. Él respiraba cada vez más rápido, ella casi no podía respirar. El corazón de él aceleraba, el de ella se saltaba los latidos. El cuerpo de Yaman avanzaba, el de ella retrocedía. Se buscaban, se rozaban, se excitaban.
Los dedos de él entraron bajo el jersey de Seher echando de menos su piel caliente, merodeando en su vientre suave y ascendiendo hacia el encaje de su sostén para retirarlo. Más suspiros inundaron aquella habitación como banda sonora de amor para aquel hombre y aquella mujer que se amaban y necesitaban desde hacía una eternidad. Seher tiritaba con el tacto de Yaman, sus dedos habían apartado tela molesta y encontrado sus pezones duros y suplicantes para acariciarlos, pellizcarlos delicadamente y aprendérselos al tacto.
Ella estaba totalmente rendida a él. No pensaba, sólo sentía. Su barba excitando su piel, su cuerpo abrigándola, sus manos despertándola. Era él por toda ella. Pero lo quería EN ella. Quiso darse la vuelta pero sólo pudo girar la cabeza para que sus miradas se encontraran. Los ojos negros de Yaman ardían de fuego oscuro y los verdes de Seher vibraban en muda llamada. Yaman se negaba a abandonar su pecho pero acercó su boca a la de ella para lamerle el labio inferior. Ver su lengua regalarle tal caricia mandó una descarga de placer al sexo de ella que la obligó a apretar los muslos intentando calmar aquel palpitar salvaje. Seher no sabía cuánto aguantaría de pie porque el placer la dejaba débil y se apoyaba en él, en su fuerza infinita. Se contoneó para mostrarle su entrega y él respondió haciendo que ella notara su dureza palpitante.
Siguió mirándolo suplicante y lo que recibió fue la retirada de sus dedos de sus pezones. Preguntaron sus ojos verdes y respondieron sus manos, bajando por sus piernas lentamente arrastrando la falda y la ropa interior hacia abajo. Cuando la falda estuvo en el suelo, Yaman se arrodilló tras ella. La expectación de Seher por estar semidesnuda y tenerlo detrás hizo que se humedeciera más todavía. Aquello era erótico, aquello era prohibido, aquello era maravilloso. Sintió un mordisco suave en el muslo y cogió aire de golpe. Las manos de Yaman grandes y fuertes habían vuelto a colarse por debajo de su jersey para acariciar su espalda y cintura sensibles mientras su boca se pegó a su cadera. Por Allah bendito, aquella lengua suya le regaló besos húmedos que se acercaban a su trasero. Seher cerró los ojos y aspiró de golpe. Las cosquillas de su barba nómada iban por detrás de su cintura, trasero y caderas volviéndola loca de deseo. La marea de placer subía y bajaba por su cuerpo arrasándolo todo a su paso.
Casi quería llorar de la necesidad de tenerlo. Él era como una sombra tras ella que acariciaba lugares secretos, amasaba su piel y su carne y escribía poemas en su alma. Aquella sombra robaba jadeos, exigía movimientos atrevidos y expandía éxtasis por cada célula de su cuerpo. Yaman se levantó y se mantuvo tras ella respirando fuertemente. Le dolía su miembro de necesidad y su corazón de anhelo pero aún no había recuperado en caricias toda la deuda. Había una deuda de amor y alguien tenía que pagarla.
Yaman apoyó la frente en la nuca de Seher. Respiró su pelo y llevó sus manos al primer botón de su camisa azul oscuro. Fue desabrochando los botones sabiendo que ella lo oía pero no veía lo que hacía. El leve sonido se mezclaba con sus respiraciones en suspense. Llegó a la cintura y se sacó la camisa del pantalón para luego sacársela y lanzarla sobre la cama. Ella vio la camisa aparecer sobre el edredón y lo supo medio desnudo. Aquel pecho surcado de músculos y cicatrices acunaba su espalda a base de calor. Un calor que ella sentía cada vez más abrasador.
De repente unos dedos se posaron en su columna para bajar vértebra a vértebra hacia abajo. Seher suplicó susurrando porque aquella tortura estaba durando demasiado y se le escaparía la vida si él no le hacía el amor de inmediato. Aquella mano furtiva bajó hasta acariciar sus muslos pidiendo que se abrieran. Separó las piernas obediente y los pliegues de su sexo húmedos como una rosa del rocío de la mañana recibieron una caricia. Del latigazo de placer tuvo que apoyarse en su pecho y saberlo desnudo multiplicó nudos de necesidad por su cuerpo. No aguantaría aquello, no podría. Moriría en sus brazos...
Sus dedos rozaban, ahora suaves ahora insistentes, los rincones sensibles arrancando sollozos de placer que se expandían sin fronteras por ella. Mientras aquella mano la mimaba la otra la sujetaba por la cintura y, menos mal porque se sentía derretirse. La cúspide del placer la estaba esperando a pocas caricias de distancia y Yaman la arrastró allí al ordenarle:
- Quítate el jersey.
Seher no sabía si sus manos serían capaces de hacerlo pero se lo sacó por la cabeza rápidamente porque una orden de Yaman Kirimli no se cuestionaba, simplemente se obedecía. Yaman no prolongó más su cobro de la deuda. Movió sus dedos codiciosos y encontró el brote más frágil para amarlo una y otra vez. Seher se movió porque era imposible no mecerse contra ese amor acariciante y sollozó su orgasmo girando la cabeza para besárselo a Yaman.
Yaman lo recibió dando la deuda por saldada. Ahora le tocaba a él pagar. Siempre pagaría y pagaría con gusto por haber recibido tal regalo en forma de mujer hecha para él.
La tenía entre sus brazos recuperándose entre besos y caricias perezosas cuando la sintió estremecerse. La tomó en brazos y apoyó una rodilla en el colchón para tumbarla en medio de la cama. Iba a apartarse cuando ella enredó sus brazos en su cuello y lo atrajo evitando que se separaran.
La besó y rugió en sus labios:
- No me voy a ningún lado.
Seher lo miró secuestrando su negra mirada y vigilándolo mientras él se separaba y quedaba de pie al lado de la cama. Llevó sus fuertes manos al cinturón de su pantalón y lo desabrochó sin apartar sus pupilas de las de su mujer. Su mujer. Todavía le rebotaba en el pecho el eco de su EVET y lo haría hasta el día de su muerte.
Yaman la retó a seguir mirando mientras él se deshacía de lo que le quedaba de ropa y ella aceptó el reto sin apartar la vista ni un segundo del cuerpo de su marido. La vio morderse el labio y pasear sus verdes ojos por toda su piel. Aquella mirada no hizo sino ponerlo más duro y hacerlo rugir respirando. Volvió a la cama y se tumbó al lado de su esposa. Se miraron los labios el uno al otro y se perdieron. Como imanes sus bocas se unieron para compartir el beso húmedo y caliente que necesitaban. Yaman la tomó por la cintura y la acercó a él. Sus pieles podían besarse también al son de sus bocas y eso hicieron.
Aquella necesidad, aquel anhelo debía venir de otras vidas porque no podía caber en la que estaban viviendo. La primera vez que se vieron se odiaron pero se reconocieron y sólo debían andar el camino marcado para VOLVER a estar juntos.
Los besos se sumaban uno tras otro. Dos, tres, cien. Jamás tendrían suficiente. Yaman se separó para mirarla y preguntar:
- Confías en mí?
- Evet.
Yaman respiró y la besó mordiendo su labio superior, luego succionó cariñoso su lengua y salió de su boca para llevar sus labios atrevidos por su mejilla y llegar a su oreja. Besó y lamió cariñoso al mismo tiempo que sus manos la giraban entre sus brazos también entre caricias. El baile se detuvo cuando Yaman quedó tras ella. En esa posición sólo podían besarse si Seher seguía con la cara girada y lo hizo para no perderse ni un solo beso de su marido. Él tenía ahora la palma de su mano en el corazón de ella acariciando sus latidos. Después de atrapar unos cuantos su mano prodigó caricias a sus pechos que ya las esperaban como campos fértiles el riego de la lluvia. Volvieron a hincharse y los pezones de ella volvieron a endurecerse ante la expectativa de nuevas sensaciones.
Seher era incapaz de estar quieta en esa posición. El calor que sentía en la espalda la abrigaba y la despertaba. Debía echarse hacia atrás, buscarlo, tentarlo, llamarlo...
Se veían a sí mismos en las pupilas del otro. Un hombre acunaba con su cuerpo a su mujer. La besaba, su mano acariciaba sus pechos excitándola una y otra vez y sus caderas la conquistaban en movimientos antiguos como el tiempo. El calor aumentaba, la música de sus respiraciones cada vez se oía más, Seher jadeaba y Yaman rugía. Sus pieles se leían y se tarareaban una canción sin letra. El miembro de Yaman se internaba cada vez más buscando su hogar caliente y acogedor entre las piernas de ella. Ella se abría respondiendo un "estoy aquí para ti, jamás volverás a estar solo". Yaman tomó su rodilla para anclarse a ella y poder penetrarla. Lo hizo y ambos se respiraron de repente. Aquello era demasiado. Cualquier día se desintegraban de amor. Yaman avanzó y la penetró más hondo, la besó más hondo, la amó hasta lo más profundo de su cuerpo. Ella lo aceptó, le dio la bienvenida, lloró de alivio. Yaman se retiró besando sus lágrimas y volvió a entrar en ella. La misma bienvenida, estaba en casa. Volvió a salir y a entrar como un mar en una orilla. Empujaba una y otra vez besando sus gemidos de placer, devolviendo rugidos de posesión. Su mujer, su mujer, su mujer. Evet, Evet, Evet.
Seher mordió sus labios desesperada y él llevó su mano de nuevo a su sexo para calmarlo. Calmarlo y agitarlo en una vorágine de placer sin fin. Acarició más, rozó rápido. Penetró hasta quedar fundido a ella. Fusionados. Se corrieron juntos, unidos, porque ya nada podían vivirlo separados.
¿Seguían respirando o habían muerto de placer? Yaman la abrazó desde atrás saliendo de ella y añorándola. Seher había dejado de besarlo cuando tomar aire se hizo necesario. Ella se acurrucó más (imposible) en él y él buscó con el brazo parte del edredón para taparse. Se había hecho de noche y algunas estrellas brillaban de envidia al verlos. Otras bendecían ese amor que tantos siglos había atravesado porque ¿acaso alguien pensaba que aquellas dos almas no se habían amado una y otra vez a través del tiempo? Se habían encontrado siempre y siempre lograban detener el tiempo.
- Sen seviyorum.
(Silencio)
Excelente como siempre 🔥🔥🔥😘
ResponderEliminarMe encanto ❤️❤️🔥🔥
ResponderEliminar🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥🔥😍😍😍😍😍😍😍😍😍😍
ResponderEliminarDe mis favoritos, súper equilibrada conversación, pensamiento, romanticismo y la parte más hot, bravo!!!Laura
ResponderEliminarMe encanta
ResponderEliminarUno de los mejores qué he leído. Brutal. Gracias 😘
ResponderEliminarWow Isa......estoy de verdad impresionada! Qué hermoso y apasionado relato, estoy sin habla, sentí tantas cosas a la vez. Te felicito! Y creo que ya podes tener tu propia novela, con tu inspiración y elocuencia literaria.....sos estupenda abla!!!
ResponderEliminarGuauuu ISA como siempre un placer leer tus relatos....nada más lejos de la pura realidad que viven 2 personas que se aman desde sus corazones ....besos ISA mil gracias
ResponderEliminarAbla como siempre hermoso divino algo así paso cuando vimos el capitulo de hoy solo que no tan explícito jaja me ha encantado😘😘
ResponderEliminarIncreíble, logras que lo visualice mientras Leo...
ResponderEliminarMe gusta mucho estos relatos
ResponderEliminarMagnífico Isa. El mensaje de las almas que se reconocen a través del tiempo me ha impactado (imagino que sabrás bien porqué). Qué bien lo describes, como lo transmites...
ResponderEliminarDe los más bonitos que has escrito...
Felicidades, siempre un placer leerte😍
Me has dejado el corazon sin latir.. gracias por el relato, has plasmado el amor, sin fisuras, puro.. Lu
ResponderEliminarIsa eres la mejor!!!!me ha encantado, sen seviyorum una jartá (soy Paqui juliá del chat de Emanet)
ResponderEliminarMagistral Isa, me has dejado sin palabras y remuerta de amor. Felicidades!
ResponderEliminarEstoy IMPACTADA ufffff. Estás desatada abla Jajajajajajaja. Pero q manera tan bonita tienes de relatar los hechos. Una vez más, lo has LOGRADO 🥰😍❤️🇻🇪🏹
ResponderEliminarMe quedo corta agradeciendo vuestros comentarios. Muchas gracias por leerme, por apoyarme y por tomaros un tiempito para comentar. Me ayudáis mucho comentando. Sois mis brújulas porque la verdad es que escribo "a ciegas" así que de nuevo gracias por marcarme el camino mis yamaníacas queridas.
ResponderEliminarBuenisimoooooooooooo
ResponderEliminarBuenisimoooooooooooo
ResponderEliminarExcelente!!! Nos transportas al lugar y al momento justo!!!!
ResponderEliminarMe ha encantado, gracias por compartir tu arte querida Isa😚
ResponderEliminarGracias abla por regalarnos algo tan bonito. La verdad no tienes nada que envidiar a otros escritores eres espléndida! Sen seviyorum!
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