martes, 1 de junio de 2021

SilHal. (Capítulo 33)


    

Sila notaba bajo la palma de la mano los fuertes latidos del corazón de Halil esperando su respuesta. También el brillo de sus ojos negros descansaba en sus labios, pendiente de su sí o su no. Recordó las palabras de Halil cuando le había pedido que viviera con él la primera vez, amanecer y anochecer juntos, y comprendió que eso era lo que llevaba soñando desde que escuchó su voz siete años atrás. 

    – Evet – susurró Sila sonriendo al hombre que la tomaba por la barbilla con tanta delicadeza, si bien sus brazos, la seguían sosteniendo de forma posesiva. 

    Halil cerró los ojos aliviado y buscó su boca para sellar en ella una promesa silenciosa de protegerla. 

    – Todo irá bien – juró Halil con voz grave. 

    – Claro que sí, siempre y cuando no te enfades cuando Lilah se suba a la cama a dormir entre nosotros... – bromeó Sila. 

    Notaba a Halil inquieto, como un león a la espera de descubrir dónde está la amenaza, y no lo entendía pues su padre ya conocía su relación y se había marchado resignado. Tampoco había peligro de que Nazmiye tomara represalias contra ellos por estar juntos, lo había dejado muy claro. Así pues, ¿qué temía Halil? 

    – Mañana debemos volver a Beyoglu para las tomas de noche, pero durante el día te acompañaré a tu piso para que recojas lo más necesario y lo traigas a casa ¿tamam? – la besó y siguió – Y ahora, será mejor que durmamos. 

    Halil se estiró sin dejar de abrazarla y Sila se acomodó entre sus brazos. Las caricias de él en su espalda la arrullaron hasta que no pudo mantener más los ojos abiertos y se adentró en un sueño de amor que la arropó hasta el amanecer. 



    Sila despertó y no lo encontró a su lado. Cuando se sentó en la cama oyó ruido en la cocina y, alegre, se levantó para ir al armario. Tomó prestada una camiseta amarilla de Halil, se la puso y bajó las escaleras para ir a dar un beso de buenos días a su atractivo compañero de piso.

    - ¡Kahretsin! - lo oyó maldecir Sila al llegar a la cocina. Hablaba por teléfono y se revolvía el pelo frustrado, por lo que se subió a un taburete a esperar a que él colgara y le explicara qué sucedía. 

    Halil se giró y, al verla, la miró como si las noticias recibidas lo hubieran desesperado. 

    - De acuerdo, Serkan, ahora hablaré con Sila, gracias por llamar - se despidió Halil.

    - ¿Qué ocurre? - quiso saber Sila, preocupada. 

    Halil se guardó el móvil en el bolsillo de los vaqueros y, en vez de acercarse a Sila, dio un par de pasos hacia atrás hasta apoyarse en la encimera de la cocina. Si se acercaba a ella y, además, viéndola sólo con su camiseta, no resistiría meterse entre sus piernas y olvidar las sombras que los acechaban. 

    - El RTÜK ha llamado a Karamel y Nazmiye ha llamado a Serkan. Nuestra productora no quiso llamarme directamente en consideración a mi viperino accidente, pero ha pedido a Serkan que haga de mensajero. 

    - Halil no entiendo nada. ¿Por qué llegaría un aviso del RTÜK? En Emanet no hay sexo, no hay bebidas alcohólicas, la sangre la difuminan... - comentó una confusa Sila.

    - Al parecer, nuestro estimado Consejo Supremo de Radio y Televisión (RTÜK) se ha pasado el verano muy enfadado con varias producciones como "Sen Çal Kapimi" y otras por vulnerar la moral. Y además, consideran que Kerem y Hande se han mostrado demasiado cariñosos en redes. No quieren más cosas como esa. El día del ataque de la víbora alguien grabó la escena, Sila. Tú te habías quitado la chaqueta, me tenías abrazado en tu regazo y alguien muy conservador ha creído necesario avisar que los actores principales de Emanet "mantienen una relación y no la ocultan a su compañero menor de edad".

    - ¿¿¿Neeee??? ¿Me estás diciendo que después de superar nuestros propios miedos y las reticencias de tu padre, ahora debemos seguir ocultándonos por la censura? ¿Y dicen que somos inmorales ante Berat?  - Sila quería gritar de la furia y la impotencia que sentía, luego añadió - Esto ha salido de la víbora de Gulderen.

    -  Cariño... - empezó Halil sin querer explicar a Sila que, no sólo había un traidor en el set, si no que además  alguien había tratado de herirla dos veces. Podían no ser la misma persona. 

    - ¡Halil Ibrahim Ceyhan, no te atrevas a defenderla! - lo amenazó señalándolo con el dedo - Está enamorada de ti y lo último que le apetece es vernos felices dentro y fuera del set. 

    - No creo que haya sido Gul - dijo Halil en voz baja pensando más en el tema horno y serpiente que en la pataleta de la modelo. 

    - Se me ha quitado el hambre - espetó Sila bajándose del taburete y haciendo el amago de volver al piso de arriba. No pudo dar ni dos pasos porque Halil la atrapó y la atrajo contra su pecho desnudo para abrazarla desde atrás.     

    - Sila... no tenemos pruebas. Cuando las tengamos, tomaremos las medidas necesarias contra esa persona ¿tamam? - musitó Halil contra el cuello de vanilimón de ella. 

    - Uhum... - suspiró Sila. Halil jugaba sucio. Sus manos ya se estaban colando bajo la camiseta y a ella empezaban a temblarle las piernas. 

    - ¿Vamos a desayunar? - preguntó Halil lamiendo su piel. 

    - ¿Vamos al sofá? - respondió Sila moviéndose contra él buscándolo... 


    La mañana se convirtió en tarde después de sexo, maletas, mini mudanza y comida en casa de los padres de Sila. Para cuando llegaron a Beyoglu faltaban dos horas escasas para el anochecer. Sila y Halil bajaron al jardín de la casita de madera guardando las distancias y mirando alrededor desconfiados. Era una verdadera pena no poder estar cómodos entre sus compañeros por culpa de una persona resentida con la vida. Sila entró en la casa para hablar con Meral (la madre de Berat) y con su pequeño compañero de rodaje, al mismo tiempo,  Halil se acercó a Serkan para mantener una pequeña charla mientras los compañeros preparaban la hoguera de una de las escenas. Primero grabarían las que intervenía Berat, para que éste pudiera irse a casa temprano y luego sólo las que aparecían Halil y Sila. 

    – ¿Sabemos cuántas personas estaban en la mansión el día que Sila se quemó? – preguntó Halil a su director. 

    – Todo el elenco principal más el set de la comisaría, Halil. Las dos unidades principales suman más de 100 personas entre actores y equipo técnico. Ese día, yo mismo pregunté si alguien había visto algo...  y no obtuve respuesta clara. 

    – ¿Y el otro día en el bosque? Dejando de lado a Sila, Berat y a mí mismo, los demás eran equipo de exteriores. ¿Nadie vio a algún extraño con una bolsa o donde diablos transportara la víbora? – se exasperó Halil viendo negar a Serkan. 

    – Supongo que tampoco hay ninguna pista de quién ha llamado al RTÜK para calumniarnos... Joder Serkan ¿quieren que me aleje de ella justo cuando está en peligro? 

    – Lo siento, amigo. Seguiremos con los ojos abiertos, de momento ya he visto más guardias de seguridad entre las caravanas y todo el mundo ha de llevar la identificación de Karamel. 

    – Tamam, ahí llegan Sila y Berat ¿con qué empezamos?

    – Te toca sorprenderla y encañonarla, luego ellos duermen y tú vigilas, llega la policía... y sintiéndolo mucho, volvéis al bosque para la escena de la hoguera. Nos va a tocar trasnochar, Halil.

    – Mientras no hayan más sorpresas... – deseó el actor. 


    – Halil Abi ¿estás bien? – preguntó Berat siendo alzado por Halil. 

    – Claro, Berat ¿vamos a grabar? – le sonrió su compañero.



   Después de que Serkan gritara acción, Berat y Sila se hicieron los dormidos bajo las ramas que hacían de improvisado refugio a la vez que Halil avivaba el fuego. Luego Sila se acercaba a Halil y sus personajes mantenían un tenso diálogo sobre el futuro de Yusuf tras huir de servicios sociales. Después de acabar la última escena con Berat, el pequeño se despidió con un abrazo de sus dos compañeros favoritos y se fue con su madre. A Halil y Sila todavía les quedaba la escena en la que Yaman la encierra en la casita y él se pasea furioso por el jardín. Tras dar Serkan el ok a la escena desde detrás de su pantalla, todos se pusieron a recoger mientras Sila y Halil se cambiaban y desmaquillaban. El set de exteriores fue desapareciendo y cuando Halil y Sila salieron de la caravana ya a penas quedaban compañeros. Halil tomó de la mano a Sila, a pesar de la mirada de ella, para ir hacia el coche, tenía prisa por dejar aquel maldito escenario con su odioso bosque. Sólo quería llegar a casa, hogar ahora de los dos, y relajarse con su novia. 

    El coche no arrancaba. Halil volvió a apretar el botón de encendido pero su mercedes se negó a encenderse. Miró a Sila sin querer alertarla y bajó del coche para ir a levantar el capó. No sólo le apasionaban los coches por su carrocería y velocidad, también era aficionado a su mecánica por lo que encendió la linterna de su móvil y echó un vistazo. ¿Un cable suelto?, pensó. Joder, no estaba suelto, estaba cortado, maldijo para sí. 

    Le dijo a Sila que esperara en el coche, que bajaba al set a ver si quedaba alguien que los acercara a casa pero cuando llegó al final de las escaleras, las luces de dentro y fuera de la casita de madera se apagaron de golpe. El corazón se le puso a mil por hora. A penas veía las escaleras para volver a subirlas de dos en dos y llegar al coche y a Sila. La había dejado sola. 

    Sila se estaba peleando con su móvil, moviéndolo arriba y abajo tratando de encontrar la cobertura que perdían en cuanto llegaban a Beyoglu. Nada. Ni datos ni, por supuesto, internet. Offf. Salió del coche y miró hacia la carretera viendo como se alejaba la última caravana de la unidad de exteriores. Genial, esperaba que Halil hubiera encontrado a alguien. Miró otra vez su móvil esperanzada de que hubiera un rayito de cobertura cuando a su alrededor todo quedó a oscuras. No era asustadiza, después de todo era una chica de Izmir y sus padres las habían educado como guerreras, pero no pudo evitar que su corazón se acelerara al no ver prácticamente nada ni ver a Halil por ningún lado. 

    Casi le dio un ataque cuando Halil apareció corriendo a su lado y la abrazó como si hubiera temido perderla. 

    – Cariño ¿qué ha pasado? No tengo cobertura ...  ni aire en los pulmones, Halil, Halil, afloja... – Sila lo miró alarmada cuando él dejó de apretujarla  – ¿qué te pasa? 

    – Nada, mi amor, lo siento – se disculpó Halil por haberla asustado – creo que ha caído la red por un fallo eléctrico en alguna torre cercana. Mi móvil tampoco tiene cobertura y toda la zona está a oscuras, además el coche no arranca. 

    – Con suerte la hoguera de antes estará encendida y la chabola de ramas nos dará cobijo durante la noche... – trató de bromear Sila abrazando a Halil – ¿nos marcamos un SehYam esta noche? mañana pescas algo en el río... 

    – Cariño, prefiero comprobar si la puerta de la casita está abierta y dormir en una cama, ven, ¡Haydé! – la tomó de la mano, enfocó el camino con su móvil y bajaron las escaleras que llevaban a la casita. 

    A Halil todo aquello no le gustaba para nada. Lo de la torre eléctrica podía ser casualidad pero lo del cable de su coche no. Acercó más a Sila a su cuerpo y siguió bajando con cuidado. 

    Llegaron a la puerta logrando no tropezar con ninguno de los tiestos de flores y encontraron que la casita estaba cerrada. 

    – No llevarás puestos los gemelos de Yaman ¿verdad? Mira que son útiles... – dijo Sila. 

    – No cariño, pero llevo la navaja suiza de Halil, anda, aparta – Halil se agachó y manipuló varias veces la cerradura hasta oír el click que le permitió abrir la puerta. Se echó hacia atrás e hizo ademán a Sila de que entrara ella primero. 

    Una vez dentro, Sila fue directa a la pequeña nevera recordando que varios compañeros habían decidido dejar allí algunos refrescos. Si la luz tardaba en volver lo de dentro se echaría a perder. 

    – Al menos no moriremos de sed – Sila enseñó las bebidas a Halil. 

    – De hambre tampoco, el cuenco de nueces sigue lleno – le mostró Halil. 

    – Bien pues vamos a cenar, cariño – dijo Sila tratando de aligerar el ambiente. Halil no dejaba de mirar por las ventanas de reojo pero ella se había dado cuenta. Otra vez estaba en plan león pero en cuanto acabaran de "cenar" ella pensaba domesticarlo...

    Sila se metió en el baño tras la frugal cena. Se miró al espejo y se mordió los labios, luego se pellizcó las mejillas y se soltó el pelo agitando la cabeza. Nada de maquillaje, sólo un poco de su perfume, se dijo. Desabrochó dos botones más de la camisa rosa que llevaba y decidió que le sobraban los vaqueros. El suelo era de madera y notaba un poquito de fresco así que se dejó los calcetines blancos puestos para andar por la casita. 

    Cuando salió del baño, lo vio de pie mirando por el cristal de la puerta con un brazo apoyado en el marco. Otra vez vigilaba la noche. Ver su alto y fuerte cuerpo entre sombras la derritió por dentro y ser consciente de cómo se le ajustaba la camiseta y los vaqueros negros la hizo temblar de anticipación. Era cierto que sólo había hecho el amor con él pero Sila sabía que la pasión que sentía con Halil no la sentiría con nadie más. La admiración como adolescente se convirtió en atracción como mujer porque aquel hombre tenía algo a lo que todavía no le había logrado poner nombre ¿carisma?

    Se acercó a él y lo abrazó por la cintura hasta posar sus manos en su vientre duro. Sonrió con la cara apoyada en su ancha espalda mientras movía sutilmente los dedos. 

    – Sila... 

    – Olvida lo que he dicho antes de "marcarnos un SehYam"... ellos no pueden hacer lo que nosotros... así que me quedo con nuestro "SilHal"... – dijo Sila colando sus dedos bajo la camiseta de Halil para acariciar la piel sobre sus abdominales. 

    – Cariño, será mejor que te vayas a la cama – dijo él sin volverse. 

    Sila creyó haberlo oído mal. 

    – ¿Cómo? – preguntó en voz baja. 

    – Ve a dormir, yo me quedaré en el sofá – seguía sin mirarla.

    ¿La estaba rechazando? Debía ser eso porque el corazón se le hizo pequeñito en el pecho y un nudo impidió que dijera nada más. Retiró sus manos del cuerpo de Halil, se dio la vuelta y caminó lentamente hacia la única habitación de la casita. Sólo a través de leves sombras encontró una sábana que olía a limpio, se hizo un ovillo en el centro de la cama y se tapó. Dolía. Y no entenderlo redoblaba el dolor. Trató de atrapar el primer sollozo pero no lo logró. Cerró los ojos esperando que él no lo hubiera escuchado y el segundo gemido sí logró silenciarlo. 

    Halil movió la butaca para ponerla delante de la puerta, al menos si alguien quería entrar debería saltar primero. Tras comprobar que las ventanas estuvieran bien cerradas, se sentó en el sofá, apoyó los codos en las rodillas y se sujetó la cabeza cansado de darle vueltas a las mismas preguntas. Al final sólo quedaba una ¿por qué Sila? 

    Eso había sido un sollozo, se extrañó Halil. ¿Sila estaba soñando? ¿tendría una pesadilla?, se levantó y fue hacia la habitación con cuidado. La vio de espaldas en medio de la cama y se sentó en el borde. 

    – Cariño ¿estás bien? – susurró. 

    Otro gemido. 

    – Sila, bana bak... – le pidió poniendo su gran mano en el hombro de ella para girarla. 

    A penas se veía nada pero sí captó el brillo con reflejos verdes de las lágrimas de Sila. 

    – Yo sólo... sólo quería... – murmuró Sila avergonzada. 

    Al Halil le costó, pero al final entendió lo que había ocurrido. Se llamó imbécil mentalmente y luego acercó a Sila para abrazarla. 

    – Lo siento, lo siento, estaba preocupado y no... soy un idiota – la besó en la frente y le secó las lágrimas con los pulgares. 

    Le pasaba la mano por la espalda en una muda disculpa cuando reparó en varias cosas. La suavidad y el aroma de su pelo, el calor que desprendía su cuerpo contra el suyo, la desnudez de sus piernas y la respiración de ella rebotando en su propio cuello. No pudo controlarlo, la oleada de deseo que lo recorrió lo dejó sin aliento. Sila lo dejaba sin aliento. Puso una mano en su cadera desnuda y la movió en círculos al mismo tiempo que bajó la cara para buscar su boca y rozar sus labios. La situación de peligro, la adrenalina y el deseo se combinaron y el beso de Halil se volvió posesivo e intenso. Hundió su lengua en búsqueda de la de ella para lamerla y redimirse. 

    Sila le devolvió el beso igual de excitada, a veces empujando y a veces mordiendo los labios de él logrando pequeños rugidos. Sintió la mano de él colarse bajo la camisa para acariciarla arriba y abajo y su piel renació al tacto de él. Temblando se tumbó para esperarlo. Halil se sacó la camiseta en un sólo movimiento y ella vio oscilar los músculos de sus brazos haciéndosele la boca agua. Cuando él se tumbó a su lado ella giró para tenerlo de frente y acariciar la barba de su fuerte mandíbula. Se acercaron y volvieron a suspirarse besos mientras sus manos se tatuaban mil caricias. Necesitaban estar desnudos y se deshicieron de la ropa que les quedaba para poder regalarse calor y deseo. Con cada unión se aprendían para luego, al separarse, olvidar la lección. Era la manera de que cada vez fuera como la primera y por eso siempre sentían que se reencontraban tras haberse buscado. 

    Sila subió su pierna por la cadera de él para robarle más calor y Halil prendió fuego a sus senos con sus manos de pianista. Se acercaron más, tanto que consiguieron ser uno. Exhalaron gemidos de placer a medida que se movían uno en el otro y acabaron rugiendo el mismo éxtasis. Abrazados, despertaron del placer. 

    – Sila...

    – ¿Mmm?

    – Te quiero. No lo dudes nunca, lütfen

    – Sonsuza kadar (para siempre), Halil... 

    Para siempre, se repitió él mientras esperaba a que ella se durmiera para taparla y volver al sofá del comedor, a retar a la noche. 


    MAÑANA SILA Y HALIL DESCANSAN Y LA GUIONISTA LOCA TAMBIÉN. GRACIAS SIEMPRE POR VENIR CONMIGO... 😍

    

    




13 comentarios:

  1. Me tienes en un sinvivir. Quién será la loca o el loco que le quiere hacer salita Sila???

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  2. Isaaaa mañana no hay relato !??😳😳😳😳😣... Me dejas en continuará

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  3. Merecido descanso, pero los extrañaremos a los 3 ❤️

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  4. Joer qué bueno... Jajaja yo ya estoy chiflada... Quien será la mano negra. Menos mal que hay censura pero no para los momentos de ellos. Gracias!!!!

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  5. Me tiene intrigada quien es el o la,( mas yo diria que la) quiere hacer daño a sila mmmm
    Muchas gracias isa como siempre
    🥰🥰🥰💐💐💐💐👏👏👏👏

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  6. No seee, pero tengo mis sospechas 🙄 yo no me quiero molestar pero me hacen molestar 🥰😍❤️🇻🇪❤️

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  7. Sino es la mosquita muerta de Gulderen directamente, tiene un aliado, sobre todo por lo de la 🐍, porque lo del horno, ella estaba en el set. Neyda.

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  8. No hay peor enemigo que el despecho, pero ese sentimiento no sabe que no hay mejor defensa que el amor.. y nuestra pareja ya son uno, su amor los ha unido frente a todo y todos..

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  9. Necesito un hombre así, cuidando de mi!.
    No quiero pensar quien puede ser el que les está haciendo esto, pero vaya capull@.
    Un besin

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  10. Buenisimo!!! Que intriga y sobre todo que pasion!!!

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