sábado, 20 de marzo de 2021

La Misión. Segunda Parte.


 "Por fin su hermano se callaba un rato" pensó Yaman mirando a Ali teclear en su ordenador. Llevaban toda la noche preparando la misión y el Comisario no había dejado de enumerarle todo lo que podía salir mal y cómo debía actuar él si pasaba algo. Ali olvidaba a menudo con quién estaba hablando y que su hermano mayor había salido airoso de más de una situación complicada. Yaman se había limitado a dejarlo hablar y disfrutar de la ocasión de dar órdenes y consejos a Yaman Kirimli, como si él necesitara algo de eso. 

    Dio un sorbo a su cuarto café, miró su reloj y viendo la hora que era sacó disimuladamente su móvil. 

    - "Günaydin, askim. Te echo de menos pero sigo con Ali y esto va para largo" - escribió Yaman a Seher. 

    - "Günaydin. Yo también te echo de menos. Pórtate bien con él" - respondió Seher. 

    - "En cuanto pueda te llamo, ¿tamam? Sen seviyorum" - se despidió Yaman con el corazón rebosante de amor. 

    - "Ten cuidado" - respondió ella callando el "te quiero" que se resistía a salir. 

    Seher guardó su móvil y siguió preparando el desayuno con un creciente nudo en el pecho. Suspiró para intentar deshacerlo y se repitió que él estaba en comisaría con Ali y que allí nada podía pasarle. Pero el nudo no se deshizo. 

    

    - Ali ¿quieres decirle al bilgisayar bey (señor informático) que me ha repetido lo mismo tres veces?

    - Yaman, Ibo es agente de policía así que escúchalo o te mando para casa - pidió Ali. 

    - Entendí todo el sistema de rastreo y audio la primera vez que me lo explicó - murmuró Yaman frunciéndole el ceño a Ibo. 

    - Ese sistema es el que va a hacer que esta noche no estés completamente solo. Podremos escucharlo todo y, si algo falla, estaremos contigo en un minuto así que más te vale seguir las instrucciones al pie de la letra. ¿Por qué diablos te pediría ayuda? - se lamentó Ali volviendo a mirar el mapa del puerto de Estambul. 

    Horas más tarde Ali estaba ante una pantalla, con la zona del astillero del puerto ampliada, marcando los puntos donde se situarían los más de 10 agentes de apoyo de la misión, que lo escuchaban atentamente. Cuando aludía a su hermano se refería a él como "el invitado" y cada vez que lo hacía Yaman sonreía y negaba con la cabeza. "Menudo nombre en clave" pensaba Yaman. Ali acabó señalando el lugar donde estaría aparcada la furgoneta negra desde la cual él mismo controlaría la misión y se seguirían los pasos de Yaman hacia el carguero abandonado para el desguace donde tendría lugar la reunión. 

    

    Seher había estado todo el día en el restaurante con Kiraz y el ir y venir constante de clientes había hecho que no estuviera pendiente de su móvil pero, cuando se hizo de noche y se marchó a su casa sin tener noticias de él, no pudo evitar preocuparse. Llegó a casa de Mamá Nadire y después de cenar y acostar a Yusuf tomó el móvil y lo llamó. Apagado o fuera de cobertura. Buscó luego el número de su socia y marcó. 

    - Kiraz, ¿Ali ha llegado ya a casa? - le preguntó nerviosa. 

    - No Seher. Cuando tienen una operación nunca sé cuando volverá y apenas si consigo que me mande algún mensaje pero hace tiempo que asumí que ser la mujer de un policía conllevaba esto. No te preocupes, están juntos y seguro que te llama en cuanto acaben - explicó Kiraz. 

    -  Y ¿por qué no se me deshace el nudo de preocupación del pecho? - preguntó Seher. 

    - Porque lo amas - respondió Kiraz. 


    Faltaban diez minutos para la medianoche cuando un Yaman desarmado y sin móvil se bajó de su coche y se dirigió hacia la verja oxidada y medio abierta que daba entrada al viejo astillero. Hacía frío y el aire que soplaba aumentaba aun más la sensación gélida que le arañaba la cara. La placa de prohibido pasar golpeaba al ritmo del viento y, junto con sus pisadas, era lo único que se oía. A Yaman se le enroscó en la columna el instinto que le acompañaba cuando el peligro acechaba. Aquel instinto era casi como ir armado, le había salvado la vida en más de una ocasión. 

    Una vez traspasada la verja siguió caminando hacia la bandera ondeante que marcaba la situación del carguero. No se veía un alma y no supo si aquello era buena o mala señal. Siguió avanzando hacia la pasarela de hierro que lo llevaría a las entrañas del viejo carguero y la cruzó decidido. Le costó acostumbrarse a la oscuridad que lo engulló al instante pero enseguida distinguió otra puerta bajo la bombilla roja parpadeante del fondo. Su instinto se removió ante tanto silencio pero dio los pasos que faltaban para cruzar esa segunda puerta.

    Alrededor de una desvencijada mesa redonda iluminada por una bombilla colgante se hallaban seis hombres. Conocía a cinco de ellos en mayor o menor grado y los saludó con una inclinación de cabeza, luego se giró rápidamente para coger por el cuello al hombre que se había situado tras él para cachearlo:

    - Tócame y te mato - le siseó al infeliz. 

    - Yaman, has estado fuera mucho tiempo y te hemos perdido el rastro... y la confianza. Es normal - dijo Ozgur Chengoz.

    - Entonces mis millones y yo nos iremos por donde hemos venido - dijo Yaman con voz helada. 

    - No te lo tomes así, anda ven a sentarte y cuéntanos qué has estado haciendo en el extranjero - concedió Chengoz.

    - Estuve en un retiro espiritual - explicó Yaman irónicamente sin faltar a la verdad. 

    - Sí claro. Habrás renovado amistades entre las "familias" europeas... bien hecho. Nosotros por aquí hemos descubierto cómo comprar mercancía barata para venderla cara. 

    - Como empresario me interesa mucho ese descubrimiento. ¿De qué mercancía estamos hablando? - preguntó Yaman. 

    - De una que necesita de tus contenedores legales para ser almacenada hasta su venta - respondió con voz de ultratumba el único desconocido de la mesa. 


    A unos dos kilómetros del carguero Ali escuchaba la conversación mientras Ibo se aseguraba que quedara todo grabado. El comisario estaba más tenso que de costumbre porque en esta ocasión el infiltrado no era un agente de policía sino su hermano. Un hermano que no sabía lo mucho que necesitaba hasta que había estado a punto de perderlo hacía un año. Aquel día en que se le paró el corazón a Yaman él también había perdido varios latidos y por eso ahora no apartaba los ojos del punto azul en la pantalla de rastreo. Fue cuando oyó la monstruosa voz de uno de los reunidos respondiendo a su hermano que poco faltó para arrancarse los auriculares y salir corriendo de la furgoneta. 


    Seher no dejaba de dar vueltas en la cama. Se abrazaba a la almohada que conservaba el aroma de Yaman intentando calmarse y conciliar el sueño pero Morfeo la ignoraba. Finalmente encendió la lamparilla y cogió su móvil. Ningún mensaje, ninguna llamada. Suspiró. Fue a la galería de fotos y buscó las de su boda. El hombre de ojos negros, hermoso como debía serlo el mismísimo demonio, era quien realmente le robaba el sueño. Seher cerró los ojos y trajo a su mente los momentos robados a la noche anterior cuando Yaman le había hecho el amor y había parado el tiempo para ella...

11 comentarios:

  1. 😱😨quién es al que Ali conoció y Yaman no....rayos me dejas en ascuas 😅😅...gracias abla

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  2. Me como los muñones... que extres.. nos dejas con la intriga, esperaremos la tercera parte.

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  3. Ay Isa, cómo me dejas ansiosa esperando la continuación... 👏👏👏👏

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  4. Me
    Encanta ‘ y ya quiero la continuación

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  5. Genia nos pasamos a las novelas de acción pero con romance, me encanta!!!!Laura

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  6. Nunca dejes de escribir amiga espero ver todas las historias convertidas en un libro algún día

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  7. Dios,así hasta el próximo...eres tremenda. Menuda intriga. Solo espero final feliz. Gracias😘

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  8. Nooooo cada vez se me hace mas cortos....Graciaaaas

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  9. Y ahora que hago con la intriga que has dejado niña? Ufff, quien será el personaje que oyó Ali? Ufff, que cada vez te pareces más a Naz 😂

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  10. Nos dejas con ésta intriga...ansiosa por continuar con la tercera parte ��

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  11. Bravo le pones hasta suspendo menos mal que empese a leer tu blog después de que publicaste la siguiente parte por que si no como hago con la espera

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