viernes, 19 de marzo de 2021

La misión. Primera parte.


     Alí se levantó de la mesa al recibir una llamada y su mujer lo miró preocupada como siempre mientras él salía del salón. La cena siguió y, ajenos a los demás, Yaman y Seher se miraban impacientes por poder encontrarse a solas esa noche. El amor les esperaba para renovarse en ellos, porque la distancia y el tiempo los habían puesto a prueba y ellos no se habían rendido. Yaman tenía su mano sobre la de Seher. Por debajo de la mesa, como adolescentes, se acariciaban. Por encima de la mesa se besaban con la mirada, como siempre habían hecho. 

    Alí volvió al salón y mirando a Yaman le hizo un gesto de que saliera con él. Yaman apretó la mano de Seher durante un segundo y se levantó para seguir a su hermano al jardín. 

- ¿Qué pasa Ali? - preguntó Yaman. 

- ¿Conoces a los Cengoz? - preguntó a su vez Ali bastante serio.

- Hace años empecé un negocio con ellos pero cuando me enteré de en qué otras cosas andaban metidos rompí las negociaciones. ¿Qué ocurre con ellos? ¿Están en tu punto de mira, hermano?

- Ellos son sólo un eslabón en una cadena más grande y peligrosa. Debemos infiltrar a alguien en su red o que alguien se les acerque...

- Yo lo haré - dijo Yaman. 

- Ni hablar, abi, sólo te he preguntado por si tenías información útil.

- La tengo y soy el único con el que hablarían. No quieren intermediarios y desconfiarían de alguno de tus hombres. Lo siento pero a veces a los polis se os huele a kilómetros. Yo he estado en el extranjero y nadie fuera de la familia cercana sabe que somos hermanos. Dime lo que quieres que haga. 

- ¿Yaman Kirimli a mis órdenes? - provocó Ali. 

- No te pases. Más bien el hermano mayor enseñando algo al pequeño. 

- Está bien Yaman, acepto tu ayuda pero sólo como informante, nada de infiltrarte, eso sí deberíamos irnos ahora. Ibo está en comisaría con información importante... espera, hermano, creo que he ido demasiado rápido pidiéndote ayuda. Acabas de reencontrarte con Seher no creo que sea buena idea que vengas. Mañana te llamo y te informo - cambió de opinión Ali. 

- Hayir. Hablo con ella y voy contigo - dijo Yaman testarudo. 

Yaman y Ali volvieron al salón. Yaman se detuvo tras la silla de Seher y acercó la cara a su oido:

- Cariño - susurró - ven conmigo a la cocina un momento. 

Seher se levantó preocupada y siguió hasta la cocina a su ex marido que cerró la puerta en cuanto ella entró. 

Yaman se apoyó en la encimera, la tomó de una mano y la atrajo hacia su cuerpo. La amoldó a él con el brazo izquierdo, colocándola entre sus piernas, y apoyó su mano derecha en la mejilla de ella. Seher lo miró sonriendo tímida y dijo:

- ¿No podías esperar hasta esta noche?

Su ex marido la apretó aun más y explicó:

- Ali me ha pedido ayuda con un caso y he de acompañarlo a comisaría pero vendré en cuanto acabe - dijo Yaman colocando un mechón de Seher tras la oreja. 

- De acuerdo, me gusta mucho veros unidos ¿te dejo mi llave por si llegas muy tarde? - preguntó Seher acariciando su ancha espalda. 

- ¿Para qué diablos quiero yo una llave? 

- Para que los vecinos no llamen a la policía al verte usar "tu sistema". 

- Tamam, cariño. No me esperes despierta, te despertaré yo... 

    Yaman reclamó sus labios para darle un beso más corto de lo que hubiera deseado y se alejó en busca de su hermano. 



    Ibo levantó las cejas cuando vio a su jefe aparecer con su hermano "el mafioso" pero, después de oír las explicaciones del comisario, empezó a darles a ambos los detalles de sus descubrimientos. Al parecer varias familias rivales habían dejado a un lado sus conflictos para unirse en una operación tremendamente beneficiosa para todos y, según habían informado a Ibo, había programado un encuentro de los jefes para planear el día de dicha operación.  

    - ¿Sabes cuándo es el encuentro? - preguntó Ali a Ibo. 

    - Mañana por la noche, comisario, pero no sabemos dónde y no creo que lo averigüemos a tiempo - se lamentó Ibo. 

    - ¿Tenéis algún teléfono imposible de rastrear? Haré una llamada - preguntó Yaman. 

    Ali asintió mirando a Ibo y éste pasó un móvil a Yaman que,  después de marcar y esperar, acabó saludando:

    - Buenas noches ¿qué es eso de organizar un partido y no llamar a Yaman Kirimli para jugar? 

    Ali abrió los ojos como platos al escuchar a su hermano hablando con alguien del clan Cengoz. Yaman le dijo a su interlocutor que había estado fuera por negocios pero que había vuelto a Estambul dispuesto a doblar su fortuna. La última frase heló el corazón de Ali. "Tamam, nos vemos mañana por la noche"

    - ¿Estás loco, hermano? No puedes asistir a esa reunión. No voy a permitirlo. Eres un civil por el amor de Allah. 

    - He estado en el ejército. Sé defenderme con armas y sin ellas y lo de deshacerme cuando quiero de tus esposas no es el único truco que domino, abi. Si yendo mañana a esa reunión os puedo dar la clave para detener a toda esa gente ¿cómo voy a no hacerlo? - expuso Yaman. 

    - De acuerdo - cedió Ali - Serán una noche y un día muy largos. Ya no podemos salir de comisaría, hay que prepararte y ver si puedes llevar algún sistema de audio y de rastreo...

    - No Ali. He de volver a hablar con Seher. 

    - Yaman, ni mi esposa conoce detalles cuando estamos en medio de una operación. Has aceptado y no puedes acercarte a ella hasta que esto acabe. 

    - Hermano, no tardaré, pero debo hablar con ella. No voy a mentirle ahora que me ha dado una nueva oportunidad. Sólo le diré que te ayudaré en una misión, no diré nada más, pero he de verla - explicó Yaman con la voz teñida de preocupación. 

    - Tienes una hora - concedió Ali suspirando. 

    - Dos - replicó Yaman saliendo de la sala y dejando a su hermano pidiendo a Allah toda la paciencia del mundo. 


    Yaman había entrado en casa de Mama Nadire de manera sigilosa para no despertar a Yusuf ni a su suegra y ahora estaba sentado en la cama de su ex mujer mirándola dormir y planteándose si despertarla o no. Era preciosa despierta y, dormida, le robaba el aliento. Le estallaba el corazón de amor por ella y por nada del mundo iba a arriesgarse a perder su confianza de nuevo. Apartó un mechón de suave pelo de su frente y la vio parpadear despertándose. 

    - Soy yo - le susurró. 

    - ¿Qué haces ahí? Métete en la cama - le dijo Seher bostezando y tomándolo de la mano para tumbarlo a su lado. 

    - Cariño he de decirte algo - dijo Yaman acariciando su cara de ángel. 

    - ¿Ocurre algo? - preguntó ella sentándose en la cama preocupada. 

    - Sólo que tengo que volver a comisaría a ayudar a esos aprendices a preparar una misión para mañana por la noche. Disfrutaré torturando un poco a mi hermano pequeño - añadió Yaman sonriendo. 

    - ¿Has de volver ahora mismo? - Preguntó Seher amando con su verde mirada los ojos negros de su ex marido. 

    - Tengo tiempo para darte las buenas noches... - Susurró Yaman acercando sus labios a los de su ex mujer. 

    El beso supo que se convertiría en fuego en los labios de ellos. Yaman sujetó su cara para besarla a conciencia y Seher apoyó sus manos en los hombros fuertes de Yaman buscando siempre anclarse a él. 

    La débil luz que entraba por la ventana era testigo de la desesperación de aquellas bocas que se entregaban una a la otra en un beso que no quería fin. Seher quiso desabrocharle la camisa y Yaman puso una mano sobre las suyas. 

    - No podré quedarme contigo después - dijo él. 

    - Pero te tendré y luego dormiré con tu rastro en mi piel, lütfen... 

    Yaman dejó que su mujer (SU MUJER) siguiera desnudándolo y la imitó yendo a por los botones del pijama de ella. Sus dedos desabrochaban y acariciaban ciegos porque ellos habían vuelto a unir sus labios. No quería perder ni un segundo. Si Seher pasaba sus dedos por los pectorales de él, Yaman leía los montes de sus senos en una caricia gemela. Seher le sacó la camisa por los hombros y él hizo lo mismo con ella. Se miraron por unos instantes casi desnudos, casi sin respiración ya. Volvieron sus labios a morderse y sus manos a besarse. 

    Ella tiraba de él, lo quería cubriéndola con su cuerpo fuerte y caliente. El avanzaba sobre ella, la quería debajo acogiéndolo generosa. Yaman fue a devorar su cuello dulce y ella echó la cabeza hacia atrás para sentir sus labios y dientes haciéndola tiritar. Sobraba ropa, siempre sobraba. Se movían ya imitando el baile que estaba por venir pero la impaciencia los inundaba a besos y a caricias. Seher se bajó pantalones de pijama y Yaman la imitó. Esa noche eran como espejos reflejando beso a beso, toque a toque, mirada a mirada. 

    Por fin desnudos y con sus cuerpos reflejándose de nuevo uno al otro respiraron profundo a la vez. Se sentían y se unían en cada respiración. Yaman la miró y luego bajó sus ojos a los pezones de ella. La primera caricia en ellos fue con la mirada, la segunda con la lengua y la tercera los cubrió de cálida humedad. Chuparlos hasta verla a ella retorcerse de placer era su premio más ansiado. Una mano grande y fuerte daba calor en el centro de la espalda de Seher y luego arrastró ese calor hacia abajo. Ella se hallaba en el limbo del placer con la boca de Yaman en sus senos y aquella mano bajando hasta acariciar sus nalgas. Y ella correspondía al reflejo, sus manos en las caderas de su marido (SU MARIDO) apremiándolo como siempre a que la hiciera suya. Yaman no tenía prisa y tenía toda la prisa del mundo porque la oía gemir intentando silenciar al mismo tiempo el placer que sentía. Amantes furtivos que no debían despertar con su amor a nadie. Su amor era de ellos solos y aquella noche debía ser gritado en silencio.

    Yaman abandonó sus senos y subió a mirarla a los ojos. 

    - Déjame entrar amor - le rugió bajito y ella abrió las piernas para acomodarlo entre ellas. 

    Sin dejar de mirarla movió sus caderas para acariciarla con la punta de su miembro. Los pétalos húmedos de ella vibraban con el sexo de él y Seher se mordió el labio inferior de gusto. Aquel hombre la haría correrse a base de miradas oscuras y toques incendiarios y le ordenó bajito:

    - Déjate de juegos Yaman Kirimli, te necesito ya - y le clavó las uñas en los hombros para que no le quedara duda. 

    Yaman sonrió de lado, chupó su labio inferior y la penetró hasta el fondo de una sola embestida. 

    - Dios bendito - gimió Seher arqueándose. 

    - Lo sé - respondió Yaman en su boca. 

    No esperó a que ella lo pidiera, inició la travesía en su cuerpo entrando y saliendo casi del todo y ella le respondió como todo un océano al barco que lo surca. Hacer el amor de aquella manera los volvía locos. Olas meciéndose unas en otras. Yaman avanzando, Seher saliendo a buscarlo. Besos y más besos por todos los rincones de sus bocas. Gemidos regalados, suspirados, rugidos. Eran un mar embravecido, una tormenta de sexo y amor. Más rápido, más intenso, más jadeos. 

    - No pares - pidió ella. 

    - No podría - rugió él. 

    Y más respirarse reflejándose acelerados. Otra vez. Una vez más. Lo tenían a tocar. Seher sintió el orgasmo a olas por su cuerpo. Partía de él, la mojaba a ella, otra ola. Gritó en su hombro apagando la victoria. Yaman entró de nuevo para quedarse y sentirlo con ella. Por Allah bendito moriría cualquier día de placer en sus brazos y moriría feliz. Sus cuerpos reflejaban como el mar la tensión del éxtasis para luego acabar descansados flotando. Yaman besó el cuello de su mujer y levantó la cara para buscar sus amados ojos verdes. Los encontró, se reflejó en ellos y les confesó:

    - Te quiero. 

    Los ojos verdes respondieron llenándose de lágrimas. 

    - Shhhh, tranquila, no pasa nada. Lo entiendo y esperaré toda la vida si hace falta para oírlo. Pero a mí me quema no decírtelo. Te quiero. Y no llores. Lütfen

    Yaman besó sus lágrimas y luego saló sus labios susurrando:

    - Debo irme o vendrá mi hermano a buscarme con toda la caballería. 

    Yaman apartó su cuerpo del de ella rompiéndose como siempre. La tapó con cariño y luego se vistió rápido. Se giró a mirarla y todavía la vio secarse una lágrima rebelde. Cuando iba hacia la puerta la oyó:

    - Ten cuidado. No sé por qué pero ten cuidado. 

    No volvió a girarse porque si lo hacía ella lo leería. Salió despacio y cerró con cuidado la puerta detrás de la cual dejaba su corazón. Fuera donde fuera, su corazón siempre se quedaba con ella. 

    

    

    


    


    


12 comentarios:

  1. Empezamos una aventura...bien estoy preparada...;) Laura

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  2. Preciodo, el inicio de una nueva vida, me sigue maravillando tu capacidad de cambiar la historia "real" y conseguir enganchandonos.. esperamos la continuacion.

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  3. Hermoso 💕 genial 🤩 sigamos así ISA

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  4. Me gusta el giro que dan tus relatos, y los dos hermanos juntos, me encanta. Ojalá tus relatos lleguen lejos y que los lean quien tiene que leerlos y cuando seas famosa que no te olvides de nosotras😏

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  5. SIMPLE Y SENCILLAMENTE MARAVILLOSO!!!

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  6. Me gusta como comienza esta nueva etapa, así debería ser. Gracias siempre

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  7. Mi pequeña escritora hervé tiempo que no comento pq cambi de tensado y estoy hasta arriba, pero sigo leyendo. Y cada vez escribes mejor, y cada vez más poético.. Me encanta. ❤️❤️

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  8. He x escrito fatal. Cambié de trabajo.. Jaja.

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  9. Uffff ISA como siempre bello relato sigue así hermosa.... besos Ana de Argentina

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  10. Cada historia, cada relato atrapa más. Muchas gracias😘

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