sábado, 27 de febrero de 2021

Yaman se rinde. (Andreina, Lu y María Lentulus, Yaman os hace caso)

     A Yaman se le había acabado la paciencia consigo mismo y había decidido rendirse. El hombre que tenía el corazón curtido de luchar toda la vida ahora mismo optaba por huir de todos, pero especialmente de ella. Lo había intentado. Allah sabía que había intentado decirle que la amaba pero o pasaba algo o alguien les interrumpía o ella misma boicoteaba su confesión (y eso ya debería haberle dado una pista). Yaman se frotó la cara sintiéndose impotente y miserable. Si había una palabra que odiaba ahora mismo era formalidad.

    Ya ni recordaba el momento en el que su duro corazón dejó de palpitar por él para empezar a hacerlo por ella y aunque trató de alejarla de él creyendo que así la salvaba luego cambió para poder merecer su amor. Pero ese amor nunca llegaba. 

    Primero pensó que los nervios de su mujer se debían a su inexperiencia. Ahora recordaba el día de la boda y no la recordaba ni feliz ni sonriente. También lo achacó a los nervios. Pero ya no. Era tocarla y ella tensarse. Era abrirse a ella y ella poner cualquier excusa para salir corriendo. 

    Se había hecho ilusiones pensando que ella también lo amaba pero que necesitaba más tiempo para hacerse a la idea. Tenían un largo camino por delante como él mismo había dicho pero la noche pasada lo había entendido. Seher lo admiraba y confiaba en él pero para él eso ya no era suficiente. Sabía que no tendría más remedio que asumirlo pero necesitaba unos días lejos de ella para hacerse a la idea. Para hacerse a la idea de que jamás tendría de ella más que su agradecimiento. Vivir en la misma casa con la mujer que amaba pero sin ser correspondido. Sin poder acariciarla como deseaba, besarla hasta hacerla gemir, hacer el amor con ella parando el tiempo... 

    Yaman cogió la pequeña bolsa de mano y salió de la habitación. No encontró a nadie en su camino hacia el mercedes así que arrancó y se fue. Cuando llegó a la casa de la montaña de Arif Baba sacó el móvil y vio que no tenía ningún mensaje, ninguna llamada y todavía se hundió más. Genial. Abrió la app de mensajes y escribió "He tenido que salir de la ciudad. No sé cuando volveré. Si tienes algún problema confía en Cenger."

    Seher se había levantado temprano para ir a visitar a su madre Nadire. Luego había pasado por el hospital por si Iqbal necesitaba algo y para hacerle compañía un rato. Cuando por fin salió del hospital se acercó a una tienda cercana y compró berenjenas. Esa noche pensaba hacerle su cena favorita y sorprenderlo preparando la mesa en su despacho. Había comprendido que debía dejar de correr. Su madre había vuelto a insistirle en que Yaman necesitaba confesar lo que sentía por ella y que ella también debía ser valiente y decirle que lo amaba. Por él debía superar sus miedos porque lo que sí la asustaba de veras era la posibilidad de perderlo

    Llegó a la mansión sonriendo y entró a la cocina casi bailando de alegría y expectación. Era temprano para cocinar las berenjenas así que se puso a preparar los ingredientes para hacer pisis. Los acompañaría de queso y mermelada como les gustaba a ambos. 

    - Seher, hija, ¿qué estás cocinando? - le preguntó Adalet entrando en la cocina. 

    - Esta noche mi marido y yo cenaremos en el despacho. Es pronto para preparar las berenjenas pero me he puesto a hacer la masa de los pisis - contestó Seher mirándola con una amplia sonrisa.

    - Pero Seher... - empezó Adalet confundida. 

    - ¡Oh! Tengo que pedir a Neslihan que se ocupe de Yusuf esta noche. 

    - Pero Seher, Yaman Bey ha salido de viaje - dijo Adalet con cuidado. 

    - ¿De viaje? No. Debes haberte confundido porque él no me ha dicho nada - y se volvió para buscar el tarro de la harina. 

    Adalet salió de la cocina preocupada y fue en busca de Cenger para explicarle lo que pasaba. Cenger frunció el ceño y le dijo que él se encargaba. 

    - Señora Seher... - dijo el mayordomo entrando en la cocina. 

    - Buenos días Cenger - dijo Seher trabajando la masa. 

    - Yaman Bey ha salido de viaje esta mañana temprano y me ha pedido que esté a su disposición para solucionar cualquier problema que pudiera surgir - dijo el mayordomo mirándola cauto.

    - No entiendo. Lo deben haber llamado esta mañana muy temprano porque cuando me he levantado él ya no estaba y ... Mi móvil. Me lo dejé cargando en la habitación. Ay Allah, quizás me haya llamado - balbuceó Seher saliendo rápidamente de la cocina en dirección a su habitación. La habitación de los dos. 

    Seher entró en el despacho y lo notó frío. Eso la hizo detenerse confusa y asustada de repente. No supo porqué sus ojos fueron hacia el escritorio de él y se detuvieron en la pluma que ella le había regalado. No se la había llevado. Su corazón se le encogió en el pecho cuanto desenchufó el móvil para encenderlo. Un mensaje de él: "He tenido que salir de la ciudad. No sé cuando volveré. Si tienes algún problema confía en Cenger." 

    Seher leyó el mensaje 10 veces como una estúpida y así era como se sentía. Estúpida, estúpida, estúpida se repetía a sí misma. ¿Por qué sentía que lo había perdido? Se sentó en el lado de él de la cama y se secó una lágrima que había escapado sin su permiso. ¿Su lado de la cama? Si apenas había dormido una noche allí y fue porque Yusuf los visitó en plena noche. ¿Dónde había dormido él? Ella se durmió estando él en el despacho pero al despertar no se había fijado en su lado de la cama. 

    Estúpida. Un hombre maravilloso que había sido capaz de cambiar por amor a su sobrino. Un hombre capaz de dar la vida por ella. Un hombre que con sólo mirarla la hacía sentir como la princesa del cuento de Yusuf. El amor de su vida se había ido cansado de sus dudas y seguramente sin sospechar siquiera lo mucho que lo amaba. ¿Cómo iba a sospecharlo si ella misma era incapaz de demostrarlo? ¿Sería demasiado tarde? Buscó Yaman Kirimli en su móvil y lo llamó pero el mensaje de "fuera de cobertura" se burló de ella. 

    Seher se levantó y llamó a Nedim para averiguar dónde había ido su marido porque algo le decía que él no se había ido por negocios. Efectivamente Nedim no tenía ni idea del viaje de Yaman. Decidió jugársela y preparó una bolsa. Tomó un taxi y fue a ver a Arif Baba. El anciano no sabía si Yaman podría estar en su casa de la montaña pero le dijo a Seher que si iba y él estaba allí que pensara muy bien qué iba a decirle porque Yaman podía haber vuelto a su "camino conocido". Le entregó su copia de la llave y le deseó buena suerte. 

    Horas más tarde, la joven pagó al taxista y bajó con su bolsa para avanzar hacia la puerta de la casita. Pensó en cuan diferentes eran las cosas de la última vez que había estado allí con él y con Yusuf. Abrió la puerta y entró en la salita. Lo primero que notó fue su olor. Un leve aroma a Invictus flotaba y seducía su olfato haciendo que sus ganas de verlo se hicieran insoportables. Acababa de dejar su bolsa en el sofá cuando una sombra grande cayó sobre ella aprisionándola contra la pared. Se encontró de repente reflejada en los negros ojos de su marido que la interrogaban llenos de ira. 

    - ¿Qué haces aquí? - rugió Yaman y siguió - ¿No tienes suficiente con no abandonar mis pensamientos? ¡Necesito huir de ti! ¡Necesito no verte, no olerte, no necesitarte! ¡Maldita seas! Era todo mucho más fácil cuando mi corazón era una maldita piedra pero llegaste y le diste vida y a partir de ahí todo dolió - Yaman paró para coger aire y soltar - ¡VETE!. 

    Seher lo miraba y le dolía su dolor. Se maldijo por haber sido tan imprudente con el amor de su marido. El corazón de Yaman era valioso y debería haberlo cuidado pero su propio miedo la había incapacitado para reaccionar como él merecía. Se prometió a sí misma no volver a fallar. 

    Iba a explicarse pero de repente la boca de Yaman selló la suya en un beso hambriento y necesitado a partes iguales. A Seher le tembló todo; su respiración se aceleró y aspiró de él para poder devolverle los besos con la misma ansia. Las grandes manos de Yaman surcaban su espalda y anclaban en su trasero amarrándola a él sin saber que ella jamás querría alejarse. Sus lenguas se rozaban amorosas como si probaran el mejor de los sabores. 

    Seher había soñado con sentir el roce de su barba en la piel y su sueño se estaba haciendo realidad. Un beso se encadenaba con el siguiente, una caricia empezaba donde acababa la última. Sólo unas horas separados y dejaban de respirar. 

    Yaman abandonó su boca para surcar su cara y anclar en su cuello de olor a vainilla. Se inundó de ella y su corazón dejó de sangrar lágrimas negras. La tenía entre sus brazos. Ella había venido a buscarlo, a estar con él. Ella, que había luchado como una leona para cambiarle las sombras por luces, estaba allí para seguir obrando su magia con él. Él también sabía hacer magia y eso iba a hacer con ella. 

    Sacó la lengua para lamer caliente su cuello y la sintió estremecerse y agarrarse fuerte a sus brazos. Con una mano apartó el cuello de su vestido para besar su hombro y acariciarlo con la barba. Seher gemía bajito y casi sollozaba de placer y alivio. No lo había perdido. La estaba amando con todo su cuerpo y ella aceptaba aquel regalo para guardarlo para siempre dentro de ella. Besó su pelo de ligero aroma a limón mientras él besaba el hueco de su clavícula. Beso pagado con beso, caricia pagada con caricia. 

    Yaman bajó sus fuertes manos por la caderas de Seher, acarició con las yemas de sus dedos hacia abajo y al subir llevó el vuelo de su vestido. Soplaba su aliento en el escote de ella prometiendo más calor. Seher sentía sus dedos erizándole la piel y sólo quería acercarse más a él. A su fuerza. Yaman siguió subiendo el vestido hasta que se lo sacó y la dejó en ropa interior ante él. La miró a los ojos, se relamió, bajó sus negras pupilas por cada centímetro de su piel desnuda y Seher sintió las caricias de sus brillantes ojos en lo más hondo. Sus bocas casi se tocaban extrañándose pero no podían dejar de mirarse y aprenderse el uno al otro. Siempre esa necesidad de memorizarse, por todos los momentos en los que no habían podido hacerlo. 

    A Yaman le dolían las manos por tocarla más, así que sus palmas acunaron sus pechos para rotar y excitar. Lo consiguió oyendo más altos los gemidos. La veía unir sus piernas calmando latidos y él se ponía más duro. Por Allah, esa mujer le arrancaba la fuerza sólo con estar, sólo con existir. Acarició su nariz con la suya, usó su lengua para humedecer sus labios y besó su comisura sólo con un roce. Aquello la estaba volviendo loca. Seher dejó de agarrarse a él para empezar a desabrocharle la camisa verde. Le molestaban los botones, impedían ver su pecho perfecto de imperfectas marcas de heridas. Se besaban a roces uno al otro, ella lo desnudaba impaciente,  él la tocaba donde su corazón latía. 

    Sus caderas se buscaron una a la otra para unirse, tentarse, provocarse. Hacía calor. Sonaban suspiros. La empotró un poco más, ella debía notar cómo lo ponía. Sus piernas se separaron queriendo acunarlo. Caliente. Ya no bastaban roces. Se comían la boca desesperados. Se tocaban y al tocarse cayó la camisa de él al suelo, luego el sostén de ella. Yaman la sujetó por las caderas y ella se enroscó en las de él para que pudiera caminar hacia el sofá y se sentara con ella encima. Sus pechos desnudos quedaron ante él y Yaman abrió la boca para besarlos creando fuertes suspiros. Mordió sus pezones y las manos de Seher fueron a su pelo para sujetarlo y despeinarlo a caricias. La tenía bien sujeta por las caderas y la amasaba pero ella se rebelaba moviéndose y volviéndolo un poco más loco. 

    Seher arañó su marcado pecho y bajó las manos para llegar a sus pantalones. Molestaban su vista y a él debían apretarle terriblemente. Decidió ser buena esposa y liberarlo. Sonrió en su pelo ante su propia decisión y siguió desabrochando para liberar el miembro grande y duro de su marido. Él dejó de chupar un momento para coger aire al notar las manos de ella en su sexo. Cerró los ojos para sentir más sus manos moviéndose en su carne excitada y rugió susurrando entre sus pechos. 

    Seher lo tocó en toda su longitud y Yaman gimió. Su marido devolvió el placer pasando su lengua por su escote, cuello arriba hasta llegar a sus labios y morderlos suavemente. La mano de Seher apretó y el gemido de Yaman barrió la boca de ella. Seher nunca habría pensado que podría sentirse tan poderosa. Dar placer a su marido era hermoso y erótico. Verlo con los ojos cerrados gimiendo de éxtasis la tenía hipnotizada. No podía apartar la mirada de la cara de su marido. Ni el mejor escultor podría recrear sus fuertes facciones. Era hermoso, era salvaje y era suyo. Volvió a recorrerlo con la mano y él volvió a rugir en su boca. Lo amaba. Para siempre. Hasta su último aliento. Ella misma rompió el elástico de su ropa para poder sentirlo en ella. Lo quería dentro, lo quería ya. 

    - Lütfen...

    Yaman se colocó para entrar en ella y la miró a los ojos mientras la poseía. Avanzó y llegó hasta el fondo arrancándole a su mujer un gemido ahogado. Era increíble cómo se acoplaban. Tan intenso, tan profundo, tan infinito. Seher necesitaba moverse sobre él y empezó despacio. Se apoyaba en sus fuertes hombros, subía y bajaba, gemía y respiraba, bebía su mirada oscura y lo iluminaba con la suya. El rugía de placer, se acercaba, la besaba, se apartaba, la miraba. 

    Llegaron al punto de no retorno. Debían acelerar o morirían de anhelo. Se miraron, se besaron, se miraron de nuevo. Sus sexos se unían y se separaban, se mecían juntos. Las manos de ella apretaron sus hombros, las de él apretaron sus caderas. Se comunicaron hablando en jadeos. Más rápido y se perdieron finalmente uno en el otro. El orgasmo compartido creció y estalló y lo intentaron conservar abrazándose fuerte. Yaman esparció besos por toda la cara de su mujer y ella los selló de sonrisas. 

    Unieron sus frentes y cerraron los ojos. Seher se estremeció y Yaman alargó el brazo atrapando la manta. La cubrió y crearon un nido íntimo donde susurrarse:

    - No vuelvas a irte. No vuelvas a dejarme. No vuelvas a castigarme así. Lütfen. 

    - No podía más. 

    - Lo sé. Lo siento. 

    Las lágrimas cayeron en el pecho de él golpeando su piel. Llamando. El corazón de Yaman respondió abriéndose. 

    

    


12 comentarios:

  1. Espectacular, herido, me encantó.....

    ResponderEliminar
  2. Ufff, y es todo lo que puedo decir...Laura

    ResponderEliminar
  3. Creo q la perdonó muy rápido, pero él tiene un corazón enorme y generoso, además la ama incondicionalmente. Uffff Yaman bay uffff. Gracias mi Isa, eres un amor 😍🥰❤️🇻🇪🏹

    ResponderEliminar
  4. Hasta que no sienten que se pierden no hacen nada, por una vez ella tenia que verle irse.. sentir que lo perdia, asumir que ese hombre es suyo pero tiene que cuidarlo, despertar y marcarle a fuego que lo ama y por supuesto Yaman.. off off off incendia lo que toca. Isa eres nuestro soplo de alegria... ademas somos egoistas y queremos que sigas deleitandonos con tus relatos. Gracias Isa me ha encantado.. y puesto a mil!🥰🥰

    ResponderEliminar
  5. Abla, te ha quedado super. Gracias 😊

    ResponderEliminar
  6. Concuerdo con Andreína jajaja la perdono muy rápido era hacerla sufrir un poco más 🤭y por lo menos el se merecía escuchar de boca de ella lo que tenía que decir....pero aún así me ha encantado mucho mucho super como todos abla ISA......att diana😘😘

    ResponderEliminar
  7. Isa muchas gracias por este y todos tus relatos, lo incluyo en mi lista de favoritos. Gracias por crear tanta magia y hacernos soñar.

    ResponderEliminar
  8. Como siempre tus relatos NUNCA defrauda, gracias a la!

    ResponderEliminar
  9. Que tenor 🔥🔥🔥 me encanta 😻

    ResponderEliminar
  10. Madre mía..si esto pasará no habría negatividad en el chat😀 Muy bonito Isa..Gracias

    ResponderEliminar
  11. Me ha encantado Isa. Ojalá en la serie ella se decida a hacer lo mismo.

    ResponderEliminar

Gracias por comentar. A la izquierda podéis darle a SEGUIR al blog. Gracias, siempre.

Emily y Harry Potter

  ¡Estrellita! ¿Qué relación guarda La elección de Emily con Harry Potter? Hay dos guiños en mi novela a Harry Potter y su creadora #jkrowli...