viernes, 19 de febrero de 2021

La chaiselongue. (Futuro Emanet)

             Seher y Yaman se despidieron de Ali, Kiraz y el pequeño Osman, cerraron la puerta de su casa y él la tomó de la mano para subir las escaleras. 

        Habían estado los cuatro cenando o, mejor dicho, intentando cenar entre llantos de bebés. El pequeño Osman, de dos meses de edad, dormitaba en su cochecito y cada vez que lloriqueaba Kiraz saltaba para cogerlo y acunarlo mientras intentaba comer al mismo tiempo. Luego lo cogía Alí para que su mujer acabara el plato y conseguía dormirlo y devolverlo al cochecito. Y así toda la velada. 

        Por otro lado, Yaman y Seher habían cenado más tranquilos. La pequeña Kevser se había pasado la cena en su balancín entretenida con su pasatiempo favorito: observar a su padre con el ceño fruncido. La bebé de rizos negros, ojos verdes y sonrisa fácil tenía a sus pies a todos los habitantes de la mansión y a sus padres locos de amor por ella. Casi sabía a quién debía sonreír y a quien "mirar a lo Kirimli" para conseguir lo que quería. 

        Poco antes de concluir la cena apareció Adalet para llevar a la pequeña a la habitación de sus padres y quedarse con ella hasta que ellos subieran. Los hermanos quedaron para el día siguiente ya que Yaman estaba ayudando, como asesor externo, a Ali en una operación contra una banda de narcotráfico y las cuñadas se verían para avanzar en el proyecto de un restaurante en Darica. 

        Yaman y Seher entraron en su habitación y agradecieron a Adalet como siempre que cuidara de su princesa. Cuando la cocinera se fue Seher entró al baño a desmaquillarse y ponerse el pijama. Estaba acabando de cepillarse los dientes cuando volvió a escuchar aquella nana cantada en voz grave y baja. Su marido debía haber cogido a Kevser en brazos y estaría paseándose por la habitación cantándole. 

        Seher sonrió al recordar a Yaman amenazándola si se le ocurría contar a alguien su particular y musical manera de tranquilizar a su hija. No es porque fuera su marido y el amor de su vida pero pensó que su voz era especial. No sólo tranquilizaba a su hija. A ella misma la había calmado muchas veces. Recordó cuando tuvo problemas para respirar y Yaman la ayudaba mirándola y haciendo que respirara con él. También recordó cuando estuvieron secuestrados y ella tuvo que desabrochar su gemelo para que él abriera las esposas. En aquella ocasión Yaman le había pedido que cerrara los ojos y se concentrara en su voz mientras le relataba una escena feliz. La voz de su marido también la había despertado en el hospital después de haberla rescatado... Esa voz era capaz de aterrorizar a sus enemigos, cantar nanas a Kevser y cuentos a Yusuf. 

        Esa voz rugiendo bajito también conseguía que ella se excitara al máximo cuando hacían el amor... Seher acabó de lavarse los dientes y salió sigilosa a la habitación. Yaman estaba dejando delicadamente a Kevser en su moisés y Seher no pudo evitar admirar el trasero de su marido. Él se dio la vuelta y se quedó mirando a su mujer vestida sólo con la parte de arriba de uno de sus pijamas. Se acercó a ella semi-sonriendo y cuando estaba a un suspiro de distancia de su boca la esquivó para entrar al baño.  

        Seher resopló ante el desplante que había hecho que le subiera la temperatura. "Ya te enterarás cuando salgas, Señor Kirimli" pensó ella. Abandonó la habitación hacia el despacho y tomando un libro se sentó cómodamente en la chaiselongue a esperarlo. 

        Yaman salió del baño con el pantalón del pijama y descalzo. Iba secándose el pelo revuelto y mojado sin notar las gotas que le bajaban por el pecho desnudo. Miró por la habitación buscando a su hechicera de verdes ojos a la que pensaba hacer el amor hasta que el cansancio (o el hambre de Kevser) apareciera. No la vio en la habitación y su ceño se acentuó mientras miraba en el despacho. Ella estaba sentada con sus desnudas piernas estiradas en la chaiselongue haciendo como que leía. No lo engañaba lo más mínimo. Estaba ofendida por haberle negado un beso hacía un momento pero ¿aun no sabía ella que si él se paraba a besarla ya no podría hacer nada más? Escondió su sonrisa como pudo y caminó hacia ella. 

        Seher se enderezó cuando lo vio de reojo acercarse como un león y pasó página mostrando más interés en lo que leía. "La legislación internacional para exportaciones e importaciones está recogida en los tratados que..." ¿Qué diablos era aquello? 🙄 pensó Seher.

        - ¿Vas a dejar la hostelería y te vas a unir a mi en la empresa, Sra. Kirimli? - oyó que le preguntaba Yaman con tono burlón. 

        - ¿Qué mejor que uno de tus aburridos libros de dirección de empresas para coger el sueño? - rebatió ella viendo nerviosa como él se situaba tras la chaiselongue. 

        -  Hay maneras más interesantes de quedar agotado para dormir bien que la lectura de mis "aburridos libros" - dijo Yaman apoyando sus grandes manos en los hombros de su mujer. 

        A Seher se le resbaló el libro de las manos pero ni se molestó en cogerlo. Se apoyó en el respaldo, cerró los ojos y suspiró a modo de invitación a que le diera un masaje. 

        Yaman sonrió travieso y empezó a amoldar sus manos a los hombros y brazos de su mujer. Masajeaba bajando, acariciaba subiendo y cuando llegaba al cuello metía los dedos entre su cabello. Con las yemas de sus dedos estimulaba su nuca causando escalofríos que él observaba como un halcón. Volvía a bajar sus calientes manos hacia los codos y al subir rozaba inocentemente sus pechos. Él captaba todas las señales del aumento de excitación de ella y las sentía como propias. Seher separando los labios para suspirar, Seher apretando las piernas para calmar el palpitar de su sexo, Seher echando hacia atrás la cabeza exigiendo su boca, Seher ondulando sus hombros pidiendo que sus manos bajaran a atender a sus pezones tensos... Seher. Sólo ella. Siempre ella. La primera y la única. 

        Yaman obedeció las mudas órdenes de su mujer e hizo resbalar las palmas de sus manos por dentro de la camisa de su pijama hasta llegar a la llanura entre los dos montes ansiosos. Estimuló con los dedos la sensible piel mientras ella seguía echando la cabeza hacia atrás buscándolo. Yaman besó su mejilla para calmarla pero ella giró impaciente la cara para atrapar sus labios y besarlos con los dientes y morderlos con la lengua...

        Por Allah ese beso había catapultado a Yaman al cielo pero quería hacerla arder antes de claudicar él. Respondió al caliente beso de Seher mientras sus grandes manos abarcaban sus pesados pechos y los adoraban. Los pezones se erizaban antes el paso de los dedos fuertes de Yaman y Seher regalaba jadeos a su esposo que cada vez se tensaba más de deseo. 

        La señora Kirimli devoraba la boca de su esposo golosa pero aun quería MÁS por lo que acabó girando y quedando de rodillas hacia el respaldo. Paseó la vista por el amplio pecho desnudo de él y luego sus manos siguieron el camino que habían seguido sus ojos. Tocó aquellos pectorales marcados, acarició sus cicatrices y leyó sus costillas y abdominales arrancando rugidos jadeantes a su poderoso marido. 

        Seher elevó la cara y sus verdes ojos emigraron de los negros de él a sus labios apetecibles. Yaman bajó y la besó arrasando su boca. Las manos de él en la espalda de ella deambularon y las manos de ella... acariciaron la piel caliente de Yaman por encima de la cintura del pantalón. Los traviesos dedos cada vez bajaban más hasta llegar a rozar y estimular el sexo de él prometiendo caricias si quedaba desnudo. La respiración acelerada de su marido le dio permiso para desnudarlo del todo y acceder a su miembro palpitante. Seher besó primero su vientre duro y cálido y cuando bajó hacia el sur su tímida lengua lo acarició para obtener su locura total. 

        Yaman estaba de pie (a duras penas) tras la chaiselongue y su mujer lo acariciaba oralmente de forma tan erótica que tuvo que agarrarse al respaldo para no caer de rodillas. Le succionaba la vida y le lamía su fuego. Por todos los infiernos ella lo hacía arder y si no quería consumirse del todo debía tomar las riendas. Disfrutó apenas un poco más del regalo de la boca de Seher y luego se apartó de ella echándola de menos al instante. Ella le frunció el ceño pero se le suavizó al verlo avanzar desnudo y entender lo que él quería hacer. Yaman la hizo estirarse y se situó en su sitio favorito: entre las piernas de su mujer. La tomó con sus grandes manos por la cintura para colocarla donde él quería, abrió sus preciosas piernas y su boca fue a acoplarse al sexo dulce de ella. Seher tembló con la primera pasada de su lengua y siguió temblando sin poder contenerse con aquellas caricias lascivas que surcaban su sexo arriba y abajo. La boca de Yaman era avariciosa y viajaba, chupaba y lamía buscando más jadeos, más suspiros y más movimientos de cadera femeninos. Todo el poder conseguido durante años lo cambiaba ahora por el premio del orgasmo de su amante. Su ambición era ella y por eso llevó de nuevo sus manos a los pechos de Seher y aceleró con su lengua los toques rápidos en el centro palpitante. La oyó gemir, notó sus piernas tensarse, bebió su elixir y coleccionó otra victoria de ella, de los dos. Besó amoroso su sexo mientras la notaba derretirse entre sus brazos que la buscaban para acunarla. 

        La boca de Yaman subió por su pubis, su vientre y su pecho hasta anclar en el cuello de Seher para aspirar su aroma a vainilla mientras su cuerpo duro y ansioso descansaba en el cuerpo más blando y acogedor de ella. Seher lo abrazó para que sus corazones se acompasaran y acarició su ancha espalda dibujando infinitos entre sus fuertes músculos. Sentía saciado su cuerpo y amada su alma pero no podía sosegarse porque el salvaje engañosamente relajado que yacía sobre ella necesitaba liberar su fuego en ella. Seher bajó las manos por la espalda de Yaman hasta llegar a su duro y firme trasero y lo atrajo hacia ella en una sutil invitación. Notaba su miembro impaciente entre sus piernas y lo quería en su interior, recorriendo sus camino y llenando sus huecos. Completando el puzzle que eran ellos. 

        Yaman levantó la cara y se la quedó mirando. 

        - ¿Lista para parar el tiempo? - preguntó acariciando su mejilla con su barba. 

        - Siempre - respondió Seher con el amor desbordando sus verdes ojos. 

        Su marido se incorporó y quedó de rodillas. La tomó de las manos e hizo que ella también se arrodillara. Le desabrochó los pocos botones que aún resistían y la desnudó por completo. Se abrazaron por un momento para compartir las sensaciones que los atravesaban a ambos y luego Yaman pasó a sentarse en la chaiselongue. Animó a su mujer a sentarse sobre él, las rodillas a cada lado de sus caderas. Sus sexos se encontraron, sus pechos se unieron para compartir latidos y empezaron a comerse los labios uno al otro mientras las manos de uno marcaban al otro como propio. Sus caderas se buscaban para encajar y Yaman entró en ella y ella lo acogió en su profundidad. Eternamente unidos siendo una sola alma se movieron uno en el otro lentamente. No querían perderse un solo roce, un solo suspiro. Piel con piel, calor en calor, sudor de pasión. Seher se elevaba y volvía a él una y otra vez aumentando cada vez más el desespero de Yaman. Se miraban anhelándose a pesar de tenerse. Volvían a besarse y se perdían en ellos. 

        Los besos nunca eran suficientes, las caricias les parecían pocas, las miradas tan breves... y así querían más, se pedían más. Yaman la comía, Seher lo saboreaba. Seher aceleraba porque lo quería todo entero, lo quería más adentro más al fondo. Yaman la atraía desesperado notando en su columna el inicio del orgasmo. Los dos se pidieron "más fuerte" y se lo dieron. Los dos se rogaron "más rápido" y se precipitaron. Los jadeos, rugidos y gemidos se mezclaron en sus bocas y compartieron éxtasis tensándose uno en el otro. Vertiéndose él en ella como lava de vida y, como siempre, parando el tiempo. 

        Yaman recuperaba el aliento entre besos al cuello de su mujer y caricias a su esbelta espalda. Ella volvía a la "vida" amarrada a su amante y disfrutando del roce de su barba en la piel. 

        Yaman tomó la camisa de su pijama y arropó a Seher. La ayudó a incorporarse y luego se levantó él. Por Allah, cada vez que mirara la chaiselongue se pondría malo. Se puso el pantalón del pijama y entonces la oyó. Era un rugido como los suyos pero en versión bebé y el motivo no era ahuyentar enemigos, era hambre. 

        - Tu hija tiene hambre - dijo Yaman empujando cariñoso a su mujer hacia la habitación. 

        - No se oye nada - fue decirlo y escucharse el pequeño lloriqueo. 

        - ¿Cómo lo haces, papá Kirimli? 

        - Es un secreto padre-hija - dijo presumido. 

        - Bien. La amamanto y luego te la paso para que le cantes. 

        - Contigo mirando no - pidió él falsamente avergonzado. 

        - Bien, le pondré las canciones de Halil...

        Yaman buscó su cara para dedicarle su ceño más fruncido y luego se asomó al moisés para coger a su hija en brazos y dejarla a continuación en el pecho de su madre. Se sentó en su lado de la cama y se cruzó de brazos para ver una de las escenas más hermosas que sus negros ojos podían contemplar. 

        Cuando Kevser estuvo satisfecha pasó a los brazos de su padre que, mirando de reojo a su mujer, empezó a susurrar la nana de su hija.


 

            

        

        

17 comentarios:

  1. Ayyyy que bonito, de la pasión, a la ternura. Muy bien ablita, te la estás comiendo, eres una bárbara 😍🥰❤️🇻🇪🏹

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  2. Şahane!! Me dejas sin palabras ...como siempre ... no importa si el capítulo de la serie nos sabe a poco... tú siempre sabes cómo completarlo !!

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  3. Infinito, puzle, lo estoy viendo. Me encanta y la ternura de Yaman arropandola ufffff
    Gracias 😘 Gabriela

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  4. Muchísimas gracias querida Isa, no sé como puedes crear tanta magia... pero muchas gracias por regalarnosla y emocionarnos con cada línea de tus escritos. Dios te bendiga por tu generosidad.

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  5. TRE MEN DO...... relato. 👏👏👏👏👏

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  6. Por fin alguien lo quiere ver salir del baño con el pelo revuelto y mojado! Gracias Isa, tu si que sabes! 😘 🤗

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  7. Sin palabras debería Naz aprender algo de vos😅....espero Halil haga más sugerencias para próximas escenas🤭🤭...gracias abla🌹🌹

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  8. Increíble como siempre es genial cada realato te hace vivir cado momento que describe me encanta

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  9. 😍🔥🔥🔥😍🔥🔥🔥😍🔥🔥🔥

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  10. Dios mío. Es verdad.. Pero no ellos sino nosotras.. Cada vez que salga la chaise longue recordaremos esta escena hot.. Hot y tan llena de ternura y amor. Gracias siempre.. Mi pequeña escritora 🥰🥰

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  11. Como siempre nos llevas al cielo, nos das amor, pasion, deseo.. no solo complementas la serie, haces tu propia serie que nos tiene igual de enganchadas. Gracias.. mil gracias. Lu

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  12. Me encanta, gracias a tus relatos no morimos de ansiedad por la serie. Nos alegras la vida abla. Sigue así ❤️

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  13. I love your fanfics could you make one where yaman is jealous of Selim and Seher proves to him that she only loves him

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  14. Ole nuestra Maxwell catalana, gracias siempre!

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