sábado, 2 de enero de 2021

La huída de Yaman (Capítulo 81 de Emanet)

 La huída de Yaman

Después de que Seher le reprochara haber ignorado a Yusuf y haber vuelto a la violencia, Yaman se siente asqueado de sí mismo. Siente que no es capaz de cambiar. Coge su coche y llega a la cabaña en la montaña. Necesita estar solo; alejarse de todo y de todos pero sobre todo: de ella. De ella y sus miradas tristes. De ella y sus lágrimas. De ella y la oportunidad perdida de ser felices juntos. Yaman está sentado en un banco sin ni siquiera sentir el frío cuando oye unos pasos que se acercan. “No puedes huir” oye su voz. Se gira a mirarla y ella lo está observando como quien mira con cuidado a un animal herido. Y así se siente él, como un lobo herido. Seher se acerca con cuidado y se sienta a su lado. “Arif Baba me dijo donde podía encontrarte” le dice ella. “No deberías haberte molestado. Vete. Se acabó. Soy Yaman Kirimli y no hay redención posible. Vete antes de que te destruya.” “Sólo me destruiré si me alejo de ti. Si me alejas de ti. Lütfen, déja que me quede. Danos otra oportunidad. Ni siquiera pudimos aprovechar la primera.” Seher espera su respuesta con el corazón acelerado. “Vete” ruge en tono bajo él. “Si me lo dices mirándome a lo ojos” responde Seher. Pero cuando Yaman se gira hacia ella para intentar apartarla de él por su bien... ella le pone la mano en la mejilla. “Dime ahora que me vaya” lo reta Seher. Yaman abre los labios pero Seher no deja de acariciarle la mejilla y de mirarlo con tanta devoción y él vuelve a cerrar los labios. “Que Allah nos ayude, porque no puedo renunciar a ti” confiesa Yaman y la toma por la cintura para acercarla a él y poder abrazarla como ha deseados los últimos días. Entierra la cara en su suave pelo y suspira. Seher lo abraza emocionada. Lo ama y luchará por él las veces que haga falta. Acaricia su pelo negro sin parar. “Vamos a la cabaña o acabaremos congelados” dice Yaman. Se levanta y la toma en sus fuertes brazos. Ella se acurruca sin dejar de abrazarlo ni por un momento y se dirigen a la cabaña...  


Yaman entra con Seher en brazos a la cabaña y la deja en el suelo. La besa en la frente y se quita el abrigo. La cabaña está muy fría y Yaman se apresura a encender la chimenea mientras Seher busca mantas en el arcón de la esquina. Seher deja las mantas en el sofá y se sienta con las piernas a un lado a ver a su hombre encender el fuego. Lo observa enamorada: su pelo, su fuerte cuello, su amplia espalda, como se le ajustan los pantalones negros... Suspira feliz de estar con él de nuevo porque sin él hasta respirar se le hace difícil.  Yaman se levanta después de mirar satisfecho las pequeñas llamas y se gira a mirar a Seher. Se le acerca como un lobo en busca de una caricia y se arrodilla ante ella. 


Yaman mira intensamente a Seher. Lo ha intentado. Ha intentado huir de ella y su amor para no destruirla con su oscuridad pero ella es más fuerte. Definitivamente ella es más fuerte que él. Acaricia su cara, bordea con sus fuertes dedos sus cejas, nariz, mejilla y llega a sus labios. Es tan hermosa que duele mirarla. Lleva su mano grande tras el cuello de Seher, lo masajea y luego la acerca a su cara para besarla dulcemente. La echa tanto de menos cuando no la tiene cerca... Besa la comisura de su boca, lame su labio inferior, muerde suave... y Seher lo toma por los hombros. Le devuelve beso a beso, mordisco a mordisco y lleva sus pequeñas manos a la espalda masculina. Lo acaricia, lo calma como quien acaricia a un lobo que quiere ser domesticado. Su lobo...


Están empezando a arder al mismo tiempo que los troncos en la chimenea pero necesitan amarse lento. Dejan de besarse para mirarse a los ojos. Se han dicho tantas cosas así, sólo con la mirada. En medio de la gente siempre se han comunicado así. En la cocina con Adalet y Cenger por allí... durante los desayunos... con Yusuf jugando a su alrededor... cuando estaba atados y amordazados en aquella fábrica... Seher muere cada vez que recuerda a Yaman en el suelo herido y sangrando. Yaman muere cuando la recuerda inmóvil en el suelo de aquella maldita casa. Se miran y se comunican, se miran y se lo dicen todo: te amo, no me dejes, vuelve a mi, sin ti no respiro... Seher toca sus mejillas. Apoya su frente en la de él. Decide demostrarle que también ama su fuerza y su forma de defender a los que ama y toma su mano derecha para besar sus nudillos heridos. Los va besando con devoción pero Yaman quiere retirar la mano. No está orgulloso de su debilidad porque sabe que esa rabia es su debilidad mientras que el amor de Seher es su fuerza. Quiere abrazarla, lo necesita y la toma en sus brazos estrechándola con cuidado. Se tumba a su lado y los tapa a ambos con la manta. Quedan frente al fuego...


Yaman tiene a Seher abrazada y sus labios besan su pelo. Sabe que acabará haciéndole el amor pero no tiene prisa. Ambos están mirando el fuego. 

Yaman: ¿Tienes frío? ¿Estás bien?

Seher: Estoy tan bien que no me movería nunca.

Yaman sonríe y pregunta: ¿Y Yusuf? 

Seher golpea su mano: No seas malo. Esta noche se queda con Kiraz...

Yaman con tono fastidiado: Y el Komisarium Bey supongo.

Seher sonriendo: Sí. No os lleváis bien pero quiere a Yusuf.

Yaman: Lo de que no nos llevamos bien es el eufemismo del año sevgilim.

Seher: Repite eso...

Yaman ruge susurrando: Sevgilim...

Yaman mete las manos bajo el grueso jersey de ella y busca su vientre caliente para acariciarlo. Seher se remueve y él sube las manos a sus pechos que amasa amorosamente. Yaman entierra la cara en el cuello de ella para llenarse los pulmones con su olor y sigue acariciando. Ella se aprieta contra él y se mueve para volverlo loco.  


Yaman consigue sacarle el jersey y desabrocharle el sostén para volver a abrazarla fuerte. No quiere que pase frío y lo mejor es piel con piel así que él mismo se quita su jersey negro de cuello alto. Ahora sí. Ahora puede darle todo el calor que ella necesite. Demasiadas veces la dejó fría con sus palabras, sus gritos, su  supuesta indiferencia. Yaman empieza por besar su cuello expuesto y sigue acariciando su pecho. Ella quiere darse la vuelta y lo hace entre sus brazos. Seher se lanza a besarlo y lame los labios masculinos y besa su barba y vuelve a su boca para buscar su lengua y luchar con ella de forma apasionada y a la vez perezosa. Yaman se está volviendo loco porque su pequeña mujer lo tortura de forma deliciosa así que le devuelve pasión con pasión subiéndole la falda y liberándola de la ropa interior. Seher se estremece ante ese avance... 


Seher deja de besarlo y lo mira. “No vuelvas a alejarte de mi. Te necesito con tus sombras y tus luces. Con tu fuerza y con tu debilidad. Eres Yaman Kirimli y mi corazón y mi alma te pertenecen” “No merezco lo que me das, aun me cuesta creer que quieras quemarte conmigo” “sonsuza dek, Yaman Kirimli, sonsuza dek” 

Después de oír eso Yaman se deshizo de los pantalones y acercó a Seher a su calor. La besó mientras se situaba para entrar en ella lento, directo, imparable. La sujetó por la cintura y empezaron a moverse. Bajo la manta el calor aumentaba pero ellos ya ardían en su propio fuego. Se besaron y movieron cada vez con más desespero hasta que Seher gritó y lo abrazó más fuerte. Si no se asía de él se perdería. Yaman la siguió al paraíso y cuando pudo respirar le dijo “te tengo”. “No me sueltes nunca”.”Asla” contesto Yaman. Y se durmieron con sus corazones latiendo al unísono.  

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