Seher estaba esperándolo en el jardín. Yaman la había citado enviándole una nota a través de Yussuf. "A las doce en el gran árbol" Y allí estaba ella con su vestido blanco, arreglada y muerta de frío. Se arrepentía ahora de no haber cogido su chaqueta pero tenía tanto miedo de llegar tarde... De nuevo había estado a punto de perderlo y esta vez no lo habría soportado porque ya eran uno y si uno se iba, él otro lo seguiría. Cerró los ojos suspirando y dando gracias de que todo hubiera acabado bien. Yaman estaba recuperado y en casa. Cuando volvió a abrir lo ojos lo vio a lo lejos. Por Allah que nunca se acostumbraría a la belleza varonil de él. Caminaba como un animal salvaje y elegante que es consciente de su poder. Vestía pantalón negro y camisa blanca y llevaba una rosa de tallo largo en la mano. Tan frágil flor, en tan poderosa y fuerte mano. La cogía con una delicadeza que Seher no podía dejar de apreciar. Ella más que nadie sabía que las manos de Yaman eran capaces de destruir y a la vez de acariciar. Esa rosa no era consciente del privilegio de ser sostenida por la mano de él y Seher casi tuvo celos de ella.
Yaman llegó a su lado y le dedicó una de sus miradas incendiarias. Los ojos negros de Yaman irradiaban amor, admiración y deseo y Seher se estremeció, pero ya no de frío. Era imposible sentir frío si él estaba cerca. Le devolvió la mirada con igual amor, con igual pasión y maravillándose de todo lo que eran capaces de decirse sin hablar. Hacía días que habían llegado a ese punto en el que sólo les bastaba una mirada para decírselo todo. Él le ofreció la rosa como otro símbolo más de sus sentimientos y ella la aceptó para guardarla como si fuera el mismo corazón de Yaman. Seguían comiéndose con los ojos cuando él levantó la mano para apartar un mechón de su pelo pero no se limitó a apartarlo sino que lo acarició con sus fuertes dedos deleitándose en su suavidad. El pelo de ella lo tenía obsesionado. Toda ella era su obsesión. Moriría por ella las veces que hiciera falta.
Con la otra mano la tomó por la cintura porque la sentía demasiado lejos y la acercó a su cuerpo. Un metro era demasiado lejos. Medio metro era demasiado lejos. Nunca estaba lo suficientemente cerca. Seher apoyó las manos en su fuerte pecho y la rosa quedó atrapada casi entre sus corazones. Levantó la cabeza deseando un beso pero él acercó sus labios a su oreja para rugirle susurrando: "Tú me hiciste volver. Te sentía esperándome. Te oía llamándome. Estoy aquí por ti, para ti, para siempre". Volvió a mirarla a los ojos y vio las lágrimas. Le frunció el ceño y le recordó: "Me lo prometiste. No permitiré que nada ni nadie te haga llorar¨.
"Pero son lágrimas de emoción, de alivio, de amor..." le dijo Seher. Yaman le limpió esas lágrimas con los pulgares en la caricia que les habían negado días atrás. Esta vez nadie le impidió acariciar la cara de la mujer de su vida. Y nadie impediría que la besara con todo el amor que llevaba guardando celosamente tanto tiempo. La abrazó para acercarla más aún. Ella pasó sus manos con la rosa por detrás de su fuerte cuello y se fundieron en un beso cargado de promesas. Cada toque de sus labios les hacía desear otro más, otro más, otro más, un beso INFINITO...
Ole tu! 😘
ResponderEliminarHermoso,gracias querida por tus relatos,😘
ResponderEliminarSimplemente... Precioso!
ResponderEliminarExcelente como siempre 🥰
ResponderEliminarHello por aquí diciendo presente🤚🏻
ResponderEliminarSigue sorprendiéndonos. Simplemente.. gracias!!!!
ResponderEliminarTan genial como siempre
ResponderEliminarBrutal, como Yaman😘
ResponderEliminarMe encanta, como todos los relatos que escribes😘
ResponderEliminarPrecioso
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