martes, 12 de enero de 2021

El sueño de Yaman (Segunda parte) (Capítulo 91)

 

        Aquel beso tan dulce y amoroso se estaba transformando en ardiente y apasionado como siempre les pasaba. Yaman la abrazaba pero sus manos vagaban hacia arriba y hacia abajo de la espalda de Seher, marcándola a fuego, y ella le acariciaba los hombros y el fuerte pecho aferrándose cada vez más. Los toques de la lengua de uno en la del otro iban virando hacia lo erótico y sus cuerpos se buscaban sin cesar. Las respiraciones de ambos cada vez eran más pesadas, más rápidas, más urgentes. Necesitaban saciar la sed que tenían uno del otro. A Yaman le costó la vida apartarla de sí para mostrarle la bolsa que había dejado tras el árbol unas horas antes. Se acercó a la bolsa y cuando la abrió Seher vio un gran saco de dormir. ¿Estaba loco? ¿En el jardín y con ese frío? Iba a protestar cuando él levantó la mano (de ese modo que usaba para parar a cualquiera) y la miró con la misma cara que ponía Yussuf cuando quería galletas. 

        Tamam (de acuerdo). Yaman tenía el mismo poder de convicción que su sobrino y Seher acababa cediendo a las demandas de ambos así que se acercó a él y tomó el extremo del saco para abrirlo y estirarlo en el césped. El árbol iluminado con lo faroles creaba un ambiente mágico y los dos ansiaban dejarse llevar por la magia que creaban juntos. Yaman la miró a los ojos y la tomó de las manos para arrodillarse ambos en el saco abierto. Cuando se tumbaron uno frente al otro, Yaman cerró el saco para crear un mundo para ellos solos. Volvían a comunicarse mirándose, a besarse mirándose, a acariciarse mirándose... pero sus cuerpos cada vez se acercaban más y necesitaban más. Seher apoyaba la cabeza en el brazo de él y su mano reposaba en el pecho de Yaman notando los latidos de su corazón salvaje bajo los dedos. Se acercó a él y unió sus labios a los suyos. Su sabor a café y a él mismo volvió a parecerle afrodisíaco porque la excitación empezó a correrle por las venas tomando el control. Lo besó más exigente; su lengua buscando la de él como poseída. La mano que acariciaba sus latidos entró por debajo de la camisa para acariciar su piel caliente y firme. Y su cuerpo avanzó para pegarse al de él y hacerle sentir su sed y su hambre. Acarició su amplia espalda surcada de músculos y volvió a su pecho para bajar a su duro abdomen y tocarlo con la punta de los dedos...


       Yaman notaba en la piel las manos de ella marcándolo como suyo y llevándolo a la locura y quiso corresponder pasión con pasión. Respondió a sus besos con caricias de sus labios en las comisuras de ella, luego succionaba su labio inferior, luego lamía amoroso su lengua. Le hacía el amor con su boca tratando de demostrarle lo completo que lo hacía sentir. Llevó la mano al cuello de Seher, lo acarició con las yemas endurecidas de sus manos haciendo que se le erizara la piel. Bajó por el escote del vestido y apartando la tela tomó la cima de su pecho para rotar, para pellizcar suave, para excitar con la palma de la mano arriba y abajo hasta que la oyó gemir bajito. Siguió amando sus pechos con caricias, roces y finalmente bajó sus labios para besarlos. Ahora por encima de la tela hasta humedecerla, ahora apartandola para notar su piel en los labios, su calor, su latido, su dulzura. Se volvía loco con el olor de ella y mientras besaba sus pechos llevó la mano hacia abajo. Debía subir ese vestido como fuera porque Seher se movía, necesitándolo cada vez más. La mano de Yaman acarició hacia arriba los muslos de ella a la vez que subía la tela. Llevó la mano hacia su trasero redondo para tomarlo y acercarla más a él. Seher dejó de acariciar su cintura para desabrochar impaciente su pantalón y poder tocar por fin su miembro duro y dispuesto.

 

Yaman intentaba no perder el control, quería satisfacerla por completo y su mano se aventuró debajo de la ropa interior de Seher. Por Allah, ella estaba preparada para él, tan caliente, tan húmeda y tan entregada. Acariciaba sus pétalos suave pero constante y oía sus gemidos en su cuello. Se refugiaba allí y a él le encantaba. Siguió acariciando hasta que ella empezó a suplicar "lütfen, lütfen¨ y a acelerar las caricias a su sexo lo que hizo que Yaman la tomara por la rodilla y la anclara a su cuerpo. Por fin, las puertas de la intimidad eran dulces y dolorosas al mismo tiempo. Compartían el calor de sus cuerpos pero no se unían. Yaman la miró a la cara y le pidió "bana bak" (mírame) y Seher abrió los ojos y se perdió en la mirada oscura y amada de Yaman notándolo abrirse paso en su cuerpo, en ella. La llenó y la colmó como sólo él podía hacerlo. Ella se abrió a él, a su dureza, a su calor y su fuerza. Y mirándose se movieron juntos, se abrazaron y acariciaron buscando un placer que los revivía cada vez que lo vivían. Se respiraban uno al otro y aceleraban juntos. Más rápido, más fuerte ¿Núnca tendrían bastante? Ella gimiendo, él rugiendo pero sin dejar de mirarse. De comerse con la mirada como lo hacían sus cuerpos. Amor, pasión, magia pura. Yaman entró una última vez y Seher llegó al orgasmo cerrando los ojos y ocultando su cara en el cuello fuerte de él. Si él no la sostenía ella se perdería. Yaman había sentido el placer de ella tirando del suyo y le devolvía rugidos amorosos en el oído. Las respiraciones se iban recuperando pero Seher seguía respirándolo, llenándose del aroma de Yaman a Salvaje y a él mismo. El también la respiraba y la abrazaba como se puede abrazar lo más precioso que uno posee. "¿Iyisin?" (¿Estás bien?) preguntó Yaman apartándole el pelo de la cara. "Me haces sentir... eterna... haces que lo nuestro sea... 


            


 


         


        

  

         

        

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