domingo, 10 de enero de 2021

El sillón blanco y negro



El sillón blanco y negro.

    Seher estaba sentada en su sillón favorito de la mansión con un nuevo libro que Neslihan le había prestado guiñándole el ojo. Seher vio que era de relatos y que la autora era una española llamada Isabel CF. Como Yaman estaba en la empresa y Yussuf en el zoo con Ali y Kiraz se propuso pasar un rato de lectura. Iba ya por el 5º relato y lo único que quería era que Yaman entrara ya por la puerta. 


     Yaman llegó a casa y la vio sentada en su sillón favorito leyendo. Tenía los ojos brillantes y estaba un poco sonrojada. Se acercó a ella y se acuclilló delante. Cuando ella lo miró sofocada él le preguntó preocupado “¿iyisin?”. Seher dejó el libro en la mesita, agarró a Yaman por las solapas de su americana negra y lo acercó para besarlo como una posesa. Yaman sabía a café y a él mismo y Seher no había probado nada tan bueno en su vida. Entre los relatos y el sabor del hombre arrodillado ante ella estaba que echaba fuego. 


    Yaman estaba sorprendido pero ni loco se quejaría por ese recibimiento. Miró de reojo el misterioso libro y luego se concentró en quitarse la americana. Siguió besando a su mujer mientras sus manos grandes acariciaban sus rodillas. Ella le desabrochaba la camisa con manos temblorosas para tocar su piel caliente y fuerte pero no era suficiente. Lo mordió en el labio  cariñosa y luego lamió el mordisco. Yaman cada vez más excitado con el recibimiento se levantó y la levantó a ella. Luego se sentó y la puso en su regazo cabalgándolo. 


    Seher necesitaba respirar y el mejor sitio para hacerlo era el cuello de Yaman. Se llenó de su aroma a hombre “invencible” y besó toda la columna de su fuerte cuello. Y cuando se acercaba a su oreja la lamía suave por fuera y por detrás. Aprovechó para susurrarle frases de los relatos recién leídos y consiguió que él le subiera la falda de golpe. Su ropa interior no corrió buena suerte entre las manos fuertes de él y acabaron rotas (ya llevaba unas cuantas). 


     Seher sonreía porque ver a su león rendido de pasión era afrodisíaco. Siguió mordiendo dulcemente su cuello y él le abrió la camisa para tomar en sus manos aquellos pechos tentadores. Los acarició por encima del encaje, los pellizcó suave, los hizo rotar y su tigresa empezó a demandar más y más moviéndose en su regazo impaciente. Él estaba más que preparado por lo que se desabrochó el pantalón y quedó libre para satisfacerla. Seher bajó la mano hasta asirlo y acariciarlo arriba y abajo pero Yaman la quería a ella. 


     “Yeter!” Rugió él y luego la tomó por las caderas para colocarla y entrar en ella. Los dos suspiraron al sentirse unidos por fin. Seher besó la barba de su mejilla y empezó a moverse contra él. La llenaba por completo. Y emocionalmente también. Yaman la acariciaba loco por todos lados y buscaba los labios de Seher para atraparlos y devorarlos. Por Allah aquella mujer iba a matarlo acelerando de aquella manera. Yaman se movía a su encuentro pero claramente era ella la que mandaba. Apretó los dientes resistiendo el placer que empezaba a atravesarlo desde la espalda y cuando ella gritó pudo liberarse con ella. Juntos. 


     Yaman apoyó la cabeza en el respaldo del sillón y se esforzó por recuperar la respiración acariciando la espalda de su apasionada mujer. Ella volvía a tener la cara en su cuello y de vez en cuando notaba un beso. Sonrió satisfecho volviendo a mirar de reojo el libro. “¿Seviglim qué leías?” preguntó apretándola contra sí. “Cuentos...” contestó ella adormilada. “¿Cuentos para Yussuf”? volvió a preguntar Yaman. “Hayir... cuentos para el tío de Yussuf” y lo miró sonriendo y besando sus apetecibles labios. 













3 comentarios:

  1. Esta semana a los vamos a tener mucho en la habitación jjj

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  2. Uff, hay que tener a los de primeros auxilios cerca, ��

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  3. Jajajaja lo de la autora española es buenísimo
    Bravo por tu sentido del amor

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