El baño turco.
(Relato dedicado especialmente a Tabita y Regine que siempre me pasan pimienta!!!)
Cuando salieron del hospital Yaman pidió a Nedim que los llevara a un hotel en la montaña. Nedim conducía y ellos iban en el asiento trasero. Al oír aquella petición, Seher se volvió hacia él, le apretó la mano que tenían entrelazada y preguntó:
“¿No vamos a casa? ¿Y Yussuf?”
“Yussuf pasará el fin de semana con Kiraz” contestó Yaman llevando la mano de ella a su boca para besarla.
“Y con Alí...” puntualizó Seher sonriéndole.
“Evet. Lo odio menos desde que me dio su sangre” y le frunció el ceño.
“Le debes la vida” dijo Seher acariciando su mejilla.
“No exageres...” y resopló.
Seher recorrió la suite asombrada por su tamaño. Yaman le había dicho que quería acabar de recuperarse allí, con ella. Ya! Recuperarse! Sonrió ella. Alguien la abrazó por detrás y le susurró “Ponte un albornoz. Nos vamos al baño turco” “¿Juntos?” preguntó extrañada. “Evet. Juntos y a solas” Seher ya notó vibrar su vientre con esa respuesta así que fue a obedecerlo. Salió del baño con el albornoz y él ya la esperaba para bajar a la planta donde estaba el baño turco. Yaman llevaba un albornoz negro que dejaba ver parte de sus pectorales y sus fuertes piernas y a Seher se le hizo la boca agua solo de verlo.
Tomaron el ascensor privado y nada más entrar Yaman la envolvió en sus brazos y la apretó contra la esquina de la cabina. La besó en la frente y dejó allí los labios hasta que llegaron abajo y tuvo que soltarla a regañadientes. Seher también se hubiera quedado en el ascensor pero se sentía intrigada por su primera visita a un baño turco. Yaman la acompañó a una puerta y le dijo que debía envolverse en una toalla y salir por la puerta del fondo. La besó y se dio la vuelta de esa manera que a ella la dejaba tonta. Seher se cambió y salió a una sala preciosa y llena de vapor. Aquella sala de alicatados brillantes y ambiente calentito le encantó. En el centro una pequeña piscina la tentaba... Seher sólo llevaba la toalla y por poco se le cae de la impresión cuando se giró y lo vio a él.
Aquel hombre era impresionante. Tan alto y fuerte. Su pelo negro húmedo hacia atrás, su ceño fruncido, sus ojos oscuros y brillantes, sus labios sensuales... Estaba guapísimo y tan sexy solo con aquella toalla blanca rodeando sus caderas... Su cuerpo brillaba del vapor y los ojos de Seher recorrieron hambrientos sus anchos hombros, sus marcados brazos, sus manos grandes y tiernas a la vez, sus pectorales donde ella dormía segura y amada... y siguió bajando la vista por sus abdominales trabajados, su vientre plano, sus oblicuos que desaparecían bajo la toalla... toalla que no disimulaba la parte más caliente de aquel hombre. Seher se excitaba sólo con mirarlo así que cuando él la tocaba directamente se derretía.
Seher lo miró a los ojos tragando con dificultad. Él le devolvió la mirada alzando las cejas y luego le ofreció la mano para guiarla hacia un banco de piedra. “Primero nos tumbamos aquí y se supone que sale música de algún lugar” explicó él. “Yaman Kirimli ten cuidado con la herida y el vendaje” le pidió. “Tú cuidarás de mi. Como siempre” y la besó en la palma de la mano sacando un instante la lengua para acariciarla. Seher notó vibrar su sexo en respuesta y lo miró reprendiéndolo. Se estiraron juntos en aquella piedra caliente mientras respiraban los vapores de eucaliptos y oían una suave melodía. Ambos tenían los ojos cerrados y sus manos habían quedado muy cerca...
Seher estaba relajada por primera vez en días y daba gracias por tener vivo y a su lado al hombre que amaba. Ese hombre estaba ahora acariciando su mano con sus fuertes dedos. Tocaba su palma haciendo círculos lentos, pequeñas caricias en su dorso... y arañaba suave su muñeca surcada de finas venas. Sólo la tocaba ahí y ella ya tenía el corazón y la respiración agitados. Estaba estirada boca arriba y con las piernas dobladas pero tuvo que apretarlas para intentar calmar el anhelo que crecía entre ellas.
Yaman también estaba relajado pero aun estaba más excitado. Seher era su aire y su fuerza y la necesitaba para seguir vivo. Subió acariciando con las puntas de sus dedos por el brazo de ella despertando su piel al deseo. Llegó al hombro femenino y lo rodeó para volver a bajar hasta la muñeca sensible. Volvió a subir perezoso pero esta vez rodeó el hombro y bajó los dedos hasta el borde de la toalla. Podía tocar su suave piel sudorosa y aprovechó para que sus dedos merodearan donde iniciaban el ascenso sus pechos. Seher jadeaba y seguía apretando las piernas pero a ese juego ella también quería jugar por lo que ...
... alargó su brazo hasta posar los dedos en la cadera de él. Los subió por el costado y acarició los músculos entre sus costillas hasta llegar a la axila y ¡Por Allah! Yaman Kirimli tenía cosquillas porque se levantó de golpe, quedó sentado y la tomó a ella en brazos para sentarla en su regazo. “¿Quién lo hubiera dicho?” le sonrió ella burlona. “Yeter!” contestó él mirándola como un león a su presa y empezó a besarla. La tomó por las mejillas y amoldó su boca a la de ella. Mmm no se cansaba nunca de besarla. Demasiados meses deseándolo y sin poder hacer nada. Sus labios se rozaron amorosos y sus lenguas se buscaron lánguidas. Seher moría por el roce de su barba cuando la besaba y se abrazó más a él. Más. Siempre quería más Yaman Kirimli. Acariciaba su amplia espalda, sus hombros, su pecho fuerte y cada vez le subía más la temperatura.
“Lütfen...” y Yaman le bajó la toalla hasta liberar sus pechos. Hundió la cara en el espacio entre ellos para lamer las gotas que le bajaban por ahí. Ella llevó las manos a su nuca para acariciar su pelo. Por fin notó que él se llevaba un pezón a la boca para chuparlo con fuerza y ella volvió a sentir el latido entre sus piernas. Besaba su frente mientras él disfrutaba jugando a lamer y soplar en las cimas de sus pechos. Por Allah que estallaría de amor por ese hombre. “Lütfen...” y se movió en su regazo diciéndole así que lo necesitaba ya, que lo quería dentro de ella. Y él estaba más que preparado porque su miembro latía duro contra ella. “Bir dakika, bir dakika” y se levantó con ella en brazos para andar hacia la piscina central.
Yaman la dejó de pie justo en el borde y arrancó la toalla de ella enredada en su cintura. Seher llevó la mano al borde de la toalla de él y soltó el nudo que la mantenía sujeta. Las toallas cayeron. Se miraron desnudos el uno al otro y se desearon más que nunca. Yaman la tomó de la muñeca (nunca cambiaría) y entraron en la piscina de agua templada. La abrazó y avanzó hasta apoyarla en el borde. Volvió a besarla con la boca abierta y buscando frenético su lengua. Ella se la dio para empezar de nuevo con esos besos eróticos que los calentaban aun más. Yaman llevó las manos bajo su trastero y la montó sobre sus caderas. Ella notaba la punta de su miembro y lo tomó para que entrara de una vez. Por Allah que no tenía paciencia cuando él se ponía en plan perezoso. Mordió su labio inferior para dejarle más claro todavía que quería que la penetrara ya y le soltó un “Hemen!” que ni él lo hubiera gruñido mejor. Yaman la miraba excitado y enamorado a partes iguales. Su gatita se tornaba tigresa y él solo podía obedecerla. Entró en ella de un sólo embiste mientras seguían devorándose la boca.
Se movieron frenéticos uno contra el otro besándose desesperados. El agua salpicando en todas direcciones. Yaman se hundía en ella procurando darle todo el placer que ella merecía y para intensificarlo metió la mano entre sus cuerpos, llegó al punto más sensible de ella y lo acarició mirándola a la cara. Su diosa se retorció de placer rugiendo como una tigresa, arañando sus hombros, y lo arrastró a su propio orgasmo. Por Allah que cualquier día morían de satisfacción. Seher se bajó de las caderas de su amante y aun sin recuperar la respiración le dijo seria “Reza a Allah que no tengas la herida sangrando o nos vamos al hospital” “Hayir! Nos vamos a la habitación y tú me curas” le contestó él entrelazando sus manos en la espalda de ella. “Tamam. Pero ahora tengo hambre” dijo Seher separándose de él para salir y recoger la toalla. Él salió tras ella y Seher volvió a repasarlo, madre mía cómo estaba ese hombre. “¿Qué comeremos?” preguntó Yaman, atándose la toalla a la cintura, pero luego lo dijeron ambos al mismo tiempo: “berenjenas asadas”.

Ufff, que pimienta? Eso es cayena pura! 😂 😘
ResponderEliminarGracias por la dedicatoria, guapa! 😘 🤗
ResponderEliminarJajaja berenjenas asadas para comer...
ResponderEliminarDespués siempre entra apetito
Excelente Isa. No puedes dejar de leerlo.