Seher estaba acabando de colocar la ropa de Yussuf en su armario cuando oyó su móvil sonar. Lo sacó del bolsillo y leyó "Yaman Kirimli llamando" cosa que hizo aparecer una enorme sonrisa en sus labios. Descolgó y lo saludó:
- Günaydin, Yaman Kirimli.
- Günaydin, Yussufun Teyseze.
- Este tema tenemos que hablarlo algún día - lo regañó Seher.
- Cuando llegue a casa... ¿Has mirado qué hace falta? Creo que he comprado de todo pero no quiero arriesgarme a tu ira - provocó Yaman.
- ¿Cuándo has pasado a ser tú el que me teme a mi? - preguntó Seher sonriendo.
- Cuando me di cuenta de que me había... ♥️ -Yaman dejó de hablar de golpe.
- ¿Si? Creo que se ha cortado por un momento - dijo Seher.
- Decía que he intentado comprar todo lo más natural, orgánico y biológico de la tienda - explicó Yaman.
- Yaman Kirimli haciendo la compra... (y cambiando de tema) si no traes fruta y verdura no entras en casa - bromeó ella.
- Quizás se haya colado algo extra...
- A saber qué será - dijo Seher resoplando.
- No tardo nada... - y colgó.
Seher se quedó mirando la pantalla del móvil con el ceño fruncido (ya casi lo hacía tan bien como él) y lo guardó para ir a preparar a Yussuf. Mamá Nadire llegaría pronto para llevarlo al parque.
Yaman iba conduciendo y pensando en por qué siempre acababa por no decirle claramente a Seher lo que sentía. Le había ocurrido varias veces y era como si saltara un sistema de seguridad dentro de él cada vez que quería decirle que la amaba. Se sentía más cómodo camuflando su amor en metáforas, en poemas de otros, en pequeños regalos 🍫.. pero a medida que pasaban los días sabía que esas palabras debían ser dichas. No las podía dejar encerradas dentro de él para siempre porque ella merecía escucharlas de sus labios. Llegó a la calle donde estaba el piso alquilado y aparcó. Sacó las bolsas y subió para llamar.
Seher acudió a abrir la puerta después de haberse puesto perfume, haberse vuelto a peinar y haberse pellizcado las mejillas. "Por Allah que estaba guapísimo" pensó al verlo ante ella cargado con bolsas. Se había cambiado de ropa y los vaqueros negros ajustados atraían la mirada de ella como un imán. Esa sudadera le hacía los hombros más anchos aún y la chaqueta roja contrastaba con su pelo negro. Ese pelo despeinado en el que ella disfrutaba hundiendo sus dedos.
- ¿Me vas a dejar entrar o va a ser como la otra vez? Anoche no me mandaste a dormir al coche... - dijo Yaman mostrando las bolsas y, de paso, marcando bíceps.
Seher se apartó y lo siguió a la cocina mientras sus ojos bajaban por la espalda de él hacia el lugar donde esos vaqueros le quedaban "TRE MEN DOS". Empezaba a hacer calor, mucho calor, y Mamá Nadire no había llegado aún a por Yussuf. Fue pensar en él y aparecer corriendo para colgarse de su tío. Yaman había soltado las bolsas en la mesa y se giró al oír al pequeño llamarlo. Le preguntó por qué estaba tan arreglado y su sobrino le explicó que iría al parque con la Babam Nadire. Yaman, al oirlo, cruzó una mirada muy explícita con la tía de Yussuf que se sonrojó y empezó a abrir bolsas para esquivar la oscura mirada de él. La miraba y ya la tenía temblando de deseo. Seher inspeccionó las bolsas y vio que había bastante fruta y verdura pero la última bolsa era un festival de golosinas y comida precocinada.
- La última bolsa casi puedes devolverla entera - le dijo sin mirarlo. Mirarlo era desearlo y Yussuf ya hacía bastantes preguntas y comentarios.
- La última bolsa es la que vale la pena, pero si no quieres el chocolate con avellanas ya me lo como yo ¿verdad, ates parçasi? - acabó preguntando Yaman a Yussuf.
- Mmm quizás podamos salvar algo - dijo Seher empezando a colocar todo en armarios y nevera.
Yaman atendía a Yussuf y lanzaba miradas de reojo a su tía, que volvía a mostrarse tímida. Lo volvía loco esa combinación de vergüenza en público y descaro en privado que mostraba ella. Oyeron el timbre de la puerta y Yussuf tomó a su tío para arrastrarlo a la entrada y abrir a mamá Nadire. A la mujer se le agrandó la sonrisa al ver allí a Yaman cuidando de su ahijada y de Yussuf porque sabía con certeza que esos dos se amaban con locura. Decidió entrar un momento a esperar que Yussuf fuera a buscar su mochila y se pusiera la chaqueta.
- Adelante Sra. Nadire - dijo Yaman invitándola a entrar.
- Gracias, no tardaremos en irnos. Yussuf prepara tus cosas - dijo mamá Nadire.
Yaman se preguntó si la Sra. Nadire le había guiñado un ojo o si se lo había imaginado y la siguió al salón. Seher apareció para abrazar a su madre y preguntarle si quería un café a lo que la buena mujer accedió sentándose en el sofá. Yaman siguió a Seher hasta la cocina con intención de ayudarla pero acabó cogiéndola del brazo para acercarla contra su cuerpo y susurrarle al oído:
- No entretengas demasiado a la Sra. Nadire que Yussuf tendrá ganas de salir a jugar.
- No sé yo quién tiene más ganas de jugar si tu sobrino o tú - le dijo Seher apartándose.
- No entiendo lo que quieres decir además he traído la tablet con la información de los colegios para Yussuf y poder tomar una decisión - explicó Yaman con cara angelical.
Seher lo miró con cara de ¿en serio? y acabó de preparar el café para llevarlo al salón. Allí Yussuf ya estaba listo y mamá Nadire tuvo que tomarse su café a la carrera ante la impaciencia del pequeño.
- Bien, nos vamos. Yussuf, haydi (venga)!
- Pasadlo bien - los despidió Seher en la puerta.
En cuanto se dio la vuelta lo vio apoyado en el respaldo del sofá con los brazos cruzados mirándola de esa manera que... offf. Seher cerró los ojos un momento para no ceder a la tentación y lo sorprendió haciéndole un gesto con la mano para que la siguiera, enfilando hacia su habitación. Yaman abrió los ojos encantado y caminó tras ella paseando su mirada por toda la retaguardia de Seher deseándola más, si es que eso era posible. Cuando llegaron a la habitación de ella, Seher lo recibió poniéndole en las manos la caja de herramientas y, señalando con la cabeza la cama, le explicó:
- La cama se ha roto.
- Pues yo no he sido porque anoche lo hicimos contra la pa...
- ¡Yaman Kirimli!- lo interrumpió Seher - ¿Podríamos mirar de arreglarla? ¿Lütfen?
- Tamam (ok) pero por precaución esta noche quizás deberíamos...
- Yeter! (basta). Voy a hacer la comida. Pórtate bien, Kirimli - y Seher pasó por su lado dándole un rápido beso en la mejilla aprovechando que él tenía las manos ocupadas.
Yaman no tardó en localizar el problema y arreglarlo, luego guardó la caja de herramientas y fue hacia la cocina a por una recompensa. Se quedó en la puerta con el hombro apoyado en el marco y los brazos cruzados. Mirarla llenaba de paz un hueco en su pecho que jamás había notado vacío. Seher iluminaba su oscuridad y daba sentido a su existencia. Era verla y saber por qué había nacido, para amarla.
Seher sabía que él la estaba mirando y respiró profundo. Tanto ella como él eran siempre conscientes de dónde estaba el otro y lo extraño es que esto pasaba desde que se conocieron. Aun odiándose se reconocían, se comunicaban, era algo que trascendía el tiempo porque la primera vez que se miraron todo encajó de alguna manera en la vida de los dos. Como si dos piezas de un puzzle imposible se encontraran sin saber que se buscaban.
Seher se giró cuchara en mano y se acercó a él soplando el contenido humeante.
- Prueba - le ordenó mirándolo a los ojos.
- Çok lezzetli (muy sabroso) - contestó él con la mirada llena de amor.
Seher se había quedado quieta, con la cuchara en la mano, porque ver a Yaman chupando la cuchara de aquella manera la había puesto a cien. Sólo podía devolverle la mirada a ese dios turco que la tenía completamente hechizada. El corazón y la respiración se le aceleraron al mismo tiempo y lo vio bajar la cabeza hacia ella lentamente, como un león antes de saltar pero justo en ese momento sonó el timbre y ambos se separaron, una hacia los fogones, el otro hacia la puerta.
Yaman recibió a Mamá Nadire y a Yussuf invitándolos a pasar a la mesa y no quiso escuchar excusas de la mujer de que se iba. Mandó a Yussuf a lavarse las manos y volvió a la cocina a ayudar a Seher. Se sentaron los cuatro a comer y, mientras Yussuf explicaba sus aventuras en el parque, Yaman y Seher no dejaban de intercambiar miradas de amor. Cogían la sal al mismo tiempo. Cogían la jarra del agua al mismo tiempo. Sus dedos no dejaban de rozarse una y otra vez. Mamá Nadire se preguntó al verlos cuánto tardarían en anunciar su matrimonio y sonrió para sí.
Después de comer, Mamá Nadire se despidió de ellos feliz de ver la preciosa pareja que hacían. Yussuf bostezaba y Yaman lo cogió en brazos para llevarlo a su cuarto a que echara la siesta mientras Seher recogía la cocina y hacía café. Llevó una taza al salón y se sentó en el sofá a esperarlo. Cuando Yaman se sentó a su lado ella se acurrucó en sus brazos y respiró su aroma apoyando la cara en el pecho de él. Aquello debía ser el Paraíso pensaban los dos. Yaman tomaba el café con la mujer que amaba acurrucada en su pecho y se sentía el hombre más feliz de la Tierra ¿cuánto duraría aquella paz?
Duró 10 minutos. Sonó el timbre y al abrir Yaman se encontró a Mamá Nadire, al Komisarium, a la abuela del trapo en la cabeza, a Firat y a Kiraz en la puerta. Se dio cuenta de que los estaba mirando con el ceño fruncido cuando notó que Seher le ponía la mano en el brazo atrayendo su atención. ¿Qué hacía toda aquella gente allí? ¿No podían pasar una tarde tranquilos? Seher lo pellizcó y él relajó el ceño al instante intentando una sonrisa y dejándolos pasar. La casa de Mamá Nadire se había inundado y Firat había pensado en que pasara la noche en el piso de Seher (Yaman quiso matar a su cuñado por aquella idea ¿cuñado? ¿CUÑADO?). Alí, Kiraz y la abuela habían tenido que salir de su casa mientras la fumigaban por no sabía qué plaga y hasta después de cenar no podían volver a su casa.
Seher y Yaman dejaron a las visitas en el salón y volvieron a la cocina a hacer más cafés y tés. Yaman cerró la puerta de la cocina y tomó de la mano a Seher para atraerla a su cuerpo y abrazarla. Apoyó la frente en la suya y le rugió susurrando:
- Dime que esto no pasará a menudo cuando estemos ca - cayó de repente.
- Seher ¿te ayudo? - se oyó a Kiraz tras la puerta.
Yaman miró con cara de lástima a Seher y suspiró resistiéndose a soltarla. Ella se puso de puntillas, lo besó rápido, sabiéndole a poco a ambos, y salió de los brazos de Yaman para volver a los fogones. Yaman giró (de esa manera) y abrió la puerta a Kiraz. Una hora más tarde Yaman estaba de pie apoyado al lado de la ventana mirando a las dos ancianas hablar, apartó la mirada y vio al odioso komisarium contar algo a Firat y lanzando miradas (las mismas que él lanzaba a Seher) a Kiraz que tenía en sus rodillas a Yussuf y hablaba de recetas con Seher. La estampa era tan familiar que en vez de irritarlo lo tranquilizaba. Cenaron todos juntos y por fin empezaron a irse los "invitados". Seher iba a acompañar a Mamá Nadire a su cuarto cuando Yaman acercó sus labios a su oreja y le susurró:
- Cuando duerman.
- Cuando duerman - contestó ella bajito.
Yaman había contado un cuento a Yussuf y lo había puesto a dormir, luego volvió al salón y vio que Seher había preparado los dos sofás para ellos. "¿Por qué no alquilé el piso de 3 habitaciones?" lamentó Yaman para sí. Seher estaba preciosa con su pijama de flores pero contaba las horas que faltaban para poder quitárselo. Le siguió el juego acostándose en el sofá opuesto sin dejar de mirarla.
Seher lo vio tumbarse en el sofá, cruzar los tobillos, poner las manos bajo la cabeza y mirarla con cara de resignación. Ella preparó el otro sofá pero luego se acercó al de Yaman, levantó el nórdico y se tumbó al lado de él dejándolo mudo de asombro.
- ¿Qué haces? - preguntó Yaman apartándose de ella como si quemara.
- Mamá Nadire toma pastillas para dormir, Yussuf está rendido de cansancio y tú llevas todo el día tras de mí con esas miradas y esos roces accidentales poniéndome a mil, así que Kirimli Bey, vamos a compartir sofá.
Seher metió las manos por debajo del pijama de Yaman para acariciar su piel caliente y sus músculos marcados y atrapó sus labios para besarlo como llevaba todo el largo día deseando. Yaman respondió también llevando sus manos grandes por debajo del pijama para acariciar su vientre suave y subir luego a coger sus pechos. Descubrió que los pezones de ella ya estaban duros y anhelantes de caricias y jugó con ellos logrando que ella suspirara de placer. Devolvió el beso buscando la lengua de ella con la suya y empezando un baile erótico que los encendió aún más. Seher levantó la pierna para subirla a la cadera de él y acercarse más.
- ¿Y esta prisa? - preguntó él en sus labios.
- Culpa - beso - tuya - beso - Kirimli - y metió la mano bajo el pijama de él para tomar su miembro ya duro e impaciente y torturarlo con caricias hacia arriba y hacia abajo.
Yaman jadeó rugiendo en su boca y sus manos fueron a librarla de la parte de abajo del pijama y ropa interior. Sus dedos aprovecharon para acariciar sus piernas y viajar luego a sus muslos acercándose cada vez más a su sexo suave, caliente, húmedo y dispuesto. Acariciarla allí a él lo llevaba a la locura y más cuando ella también lo acariciaba íntimamente. Tocarse así el uno al otro los estaba llevando al éxtasis y sus besos empezaron a sincronizarse con aquellos toques eróticos que los enfebrecían cada vez más. Seher abrió los ojos y clavó su verde mirada en los ojos negros de su amante. Sentía las descargas de placer viajando por todos lados, desde su boca hasta sus pechos pesados para acabar en su sexo mimado por las manos de él. No podía más, le costaba controlar sus jadeos y su cuerpo pedía ser satisfecho con el cuerpo de él. Lo quería dentro y lo quería ya. Lamió el labio de Yaman y suplicó "Lütfen" mirándolo necesitada de él. Yaman le devolvió la caricia a su boca y se tumbó sobre ella. "Ábrete para mi".
Seher separó sus rodillas para que él se acomodara y cuando sintió sus sexos unirse se mordió los labios para no gritar de alivio. Yaman besó su boca de inmediato y la penetró certero hasta el fondo. Se bebió su grito y se retiró para volver a enterrarse en ella. El placer amenazaba con ahogarlo y siguió besándola porque era la única manera de acallar los gemidos de placer de ambos. Seher cruzaba las piernas tras la espalda de él para retenerlo sin impedirle moverse como se movía siempre él (elegante, certero, divino...) y con las manos en su espalda lo apremió más. Las embestidas de Yaman la estaban llevando al Nirvana, no sabía donde acababa ella y donde empezaba él. Yaman empujaba y ella lo recibía. Yaman entraba y ella salía a su encuentro. Otra vez y otra vez más, sudorosos se buscaban hasta que Seher notó su orgasmo llegar y estallar en mil pedazos. Sus manos se aferraron a sus bíceps marcados por aguantar su peso sobre ella y él supo que podía empujar y dejarse ir. La llenó de él, sintió recorrerle el placer por todo el cuerpo y la aplastó contra el sofá para ocultar su cara en el cuello de ella. Allí recuperaba el aliento y así sería siempre. Respirarla mientras sentía en la espalda sus manos acariciarlo perezosa era su momento infinito.
- Gitme - pidió Seher cuando notó que él se retiraba.
- No me voy. No te dejo respirar. Sólo me aparto ¿tamam? - la tranquilizó él tumbándose a su lado y tapándolos a ambos.
- No te vayas nunca Yaman Kirimli - rogó ella girando más hacia él y besando su fuerte cuello que olía a él y a Invictus.
- Asla - y la besó en la frente pensando en cómo iba a pedirle a esa mujer que fuera su esposa.
I loved this story so much I look forward to more in the future!
ResponderEliminarHermoso
ResponderEliminarComo siempre mi niña.. Precioso. A un momento me asuste y pensé aparecera la tia? Besitos Régine
ResponderEliminarMaravilloso Isa, como siempre, una mezcla perfecta de amor y pasión 😍🥰❤️🇻🇪
ResponderEliminarCon rugido en su boca, me matas! Esplendido todo como siempre! Harika!
ResponderEliminarComk siempre, tus relatos son excelentes!!
ResponderEliminarMe quedo sin palabras para describir lo maravillosos que son tus relatos,esa mezcla de amor y pasión...
ResponderEliminarMe encanto 😘😘
ResponderEliminarEsos toques de humor me parecen geniales y los de pasión se salen
ResponderEliminarComo siempre es un gustazo leerte
Gracias
Bello como siempre isa ....haces que me enamore más de Yaman gracias
ResponderEliminar