sábado, 2 de enero de 2021

El desván y el yate. (Capítulo 79)

 Desván


Seher se sobresaltó al oír cerrarse la puerta del desván y al darse cuenta de que no estaba atrapada sola. Su respiración se aceleró por el miedo y sujetó el colgante con las manos para calmarse. Su miedo sólo duró lo que él tardó en decirle con voz grave: tranquila, soy yo. Lo tenía tras ella, notaba el calor que desprendía y su voz había sonado peligrosamente cerca de su cuello... Seher se quedó inmóvil. No quería romper ese momento que había empezado con miedo y se había transformado en emoción. Tenerlo trás de sí. Tan cerca... Por Allah. Le llegaba el olor de su loción de afeitar y se estaba volviendo loca. Seguía aferrada al colgante nerviosamente. “¿Estabas buscando algo?” . Seher cerró lo ojos. Esa pregunta junto al aliento caliente de Yaman acariciando su cuello mandó una descarga eléctrica por todas sus terminaciones nerviosas. Se aclaró la voz antes de contestar “Yo... yo... los documentos... la custodia...”

Yaman ardía. Tenía los puños apretados para evitar abrazarla como deseaba para evitar atraerla completamente a su cuerpo excitado...

Yaman sólo se permitió acercar sus labios a la curva del cuello de Seher. Depositó un beso tan suave allí que ella creyó que lo había imaginado. Luego se incorporó, respiró profundo y le dijo: “salgamos de aquí o el yate zarpará sin nosotros” . Seher abrió los ojos entonces y temblando aun avanzó hacia la puerta. 


El yate.


El camino hacia el puerto en el coche fue en total silencio. A Seher le seguía ardiendo el cuerpo de deseo y temía llegar al yate y que Yaman se limitara a darle las buenas noches. Intentó varias veces bajar la ventanilla para que entrara algo de aire fresco pero no acertaba hasta que Yaman la entendió y bajó las ventanillas de ambos. 


Yaman conducía casi como un piloto automático. Notaba el pantalón negro más ajustado que de costumbre y sentía la sangre rugiéndole en las venas. El aire que entraba por la ventanilla del coche apenas aliviaba su calor. La cercanía de Seher en el desván había estado a punto de ponerlo de rodillas. Por Allah si ella le daba las buenas noches al llagar al Yate ardería en el infierno hasta la mañana siguiente. 


Yaman aparcó el mercedes en su plaza y salió rápido del coche. Dio la vuelta hacia el maletero para sacar las dos pequeñas bolsas de viaje y al bajar la puerta vio a Seher parada mirando al mar. Llevaba el vestido verde ajustado que a él tanto le gustaba. Más de una vez se le había ido la vista tras ella al abandonar alguna habitación. Respiró hondo y se le acercó: “Por aquí” dijo mostrándole el camino hacia el yate. Seher lo precedió por lo que Yaman volvía a tenerla andando delante suyo y sus ojos hambrientos la recorrían de arriba a bajo mientras avanzaban. Allah! Esos pantalones lo estaban matando. Un hombre los esperaba para ayudarlos a embarcar per Yaman se adelantó, saltó a cubierta y se giró para ofrecer su mano a Seher. 


Seher miró su mano grande y curtida. Sabía que era áspera por algún roce casual y alguna noche en la soledad de su cuarto había imaginado que esa mano la acariciaba. Ahora la tomó sin vacilar, no como cuando la sacó del almacén. La tomó y la apretó. Lo miró a los ojos y notó que le brillaban enfebrecidos. Supo que los suyos brillaban de igual modo. El hombre de Yaman desapareció y ellos entraron de la mano en el salón del yate. 

“Zarparemos en un rato” lo oyó decir mientras se volvía para tenerla de frente. Yaman estaba imponente de negro. Aquella camiseta revelaba sus fuertes bíceps, su abdomen plano y sus pectorales pronunciados. Seher volvió a temblar pero se acercó a él. Si él se alejaba..si se alejaba lo agarraría por la muñeca. Pero no se alejó, él también dio un paso al frente. De repente eran ambas manos las que estaban entrelazadas. Sus palmas en total contacto y sus dedos unidos y cruzados se aferraban con fuerza. Yaman fijo la vista en los labios de Seher y poco a poco fue bajando su boca al encuentro de esos labios que lo volvían loco. Los tanteó primero. Un beso suave. Otro. Abrió los labios. Besó la comisura de su boca. Ella no cerraba los ojos, lo miraba adorándolo. Yaman se sentía más poderoso que nunca. Llevó las manos de ambos a la parte baja de la espalda de Seher para acercarla más. Volvió a besarla con los labios abiertos y sin apartar la mirada de los ojos de ella, lamió dulcemente su labio inferior... 


Seher no podía evitar jadear suavemente en los labios de él. Los besos de Yaman estaban haciendo que notara su sangre como lava. Notaba el canalillo que su vestido verde dejaba descubierto perlado de finas gotas de sudor. Tenia las manos tras la espalda y a Yaman completamente pegado a ella. Notaba sus pechos pesados, anhelantes de caricias. Su vientre se contraía y sus piernas apenas la sostenían. Intentaba devolver los besos pero Yaman jugaba a acercarse y alejarse y solo a veces conseguía atrapar su labio inferior con los suyos. Yaman le hacía cosquillas con su barba. La rozaba y su piel tan sensible respondía ruborizándose más. 


Yaman dejó de besarla y llevó las manos de ambos a cada lado de la cara de Seher. La tenía contra la pared y bien pegada a su cuerpo. Su miembro cada vez más insistente pedía ser liberado pero Yaman lo último que quería era asustar a Seher. Se dijo que el placer de ella siempre sería lo primero para él. Así que le dio un pequeño mordisco en su labio inferior y llevó su boca al cuello de Seher. Ella se estremeció al sentir la barba de él en esa zona tan sensible y movió la cabeza para facilitar a Yaman mejor acceso. Yaman lamía, besaba y mordía el acalorado cuello como un loco. Respiraba para serenarse y volvía a ella. Ella. Decidió bajar más. Con su lengua caliente encontró el hueco de la clavícula de Seher donde depositó otro beso, otra caricia húmeda y bajó más. 


Yaman liberó las manos de Seher para bajar las mangas del vestido primero por sus hombros, luego por sus brazos y finalmente se las sacó. La miró entonces y le pareció una Diosa allí ante él, semidesnuda, con el vestido colgando de sus caderas y desafiándolo con la mirada. Yaman la adoró entonces posando su boca en el montículo izquierdo de su pecho. Notaba en los labios el fuerte latido del corazón de ella y besó ese latido y lamió la piel junto al encaje. Su boca empezó a vagar de un pecho al otro perezosamente. 


Seher maldecía el tejido de su sostén que impedía que Yaman llegara a donde ella más lo necesitaba. Llevó las manos a las caderas masculinas y lo atrajo más hacia sí, como si eso fuera posible. Seher inclinó entonces la cabeza y susurró en el oido de él: lütfen... lütfen... Yaman rugió en tono bajo. Ella le suplicaba. Y con su ruego a él se le erizó toda la piel sensible del cuello. Apretó su pelvis contra la de ella buscando algo de alivio pero sólo consiguió excitarlos más a ambos. Yaman obedeció entonces a Seher y con los dientes apartó el molesto tejido del pecho de ella. Posó sus labios calientes en la cima rosada y degustó el dulce manjar como si de crema de castañas se tratara. Lamió y prodigó suaves mordiscos a la delicada punta del pecho. Se estaba volviendo completamente loco. 


Seher al notar la caricia echó la cabeza hacia atrás cerrando los ojos y siguió gimiendo ante tanto placer. Su mano derecha había ascendido por la fuerte espalda de él hasta acunar su nuca. Las piernas le temblaban y el vientre se le contraía de necesidad. Yaman había apartado totalmente la tela que cubría sus pechos y la devoraba con succiones que mandaban descargas eléctricas por su cuerpo excitado. Sentía sus pechos cada vez más duros y él no paraba de lamerlos, chuparlos y castigarlos dulcemente con los dientes. 


Seher volvió a suplicar lütfen... lütfen... y esta vez Yaman hizo algo que la descolocó. Abandonó sus pechos ahora erizados por el aire fresco, subió a besarla rápidamente y cayó de rodillas ante ella. Seher tembló y miró a su salvaje amante postrado ante ella como un caballero esperando su nombramiento. Lo miraba fascinada y excitada cuando las manos de Yaman tomaron el vestido olvidado en la cintura de Seher y lo bajó del todo. Él tomó con su fuerte mano primero un tobillo y luego el otro para ayudarla a salir del vestido. Seher semidesnuda y ardiendo no entendía que se proponía hacer Yaman cuando lo vio clavarle la mirada y acercar su boca justo al lado de su ombligo. 


Seher lo oyó decir “relájate amor”. ¿Relajarse? ¿Estaba loco? Por Allah tenerlo arrodillado ante ella era lo más perverso, lo más excitante y lo más hermoso que pudiera ver. Yaman tenía los ojos llenos de tanto amor, de tanta pasión que ella haría lo que él le pidiera. No cerró los ojos. Vio como Yaman posaba sus grandes manos en su cintura y bajaba los dedos arrastrando con ellos la seda de su ropa interior. Sus dedos acariciaban mientras bajaban por sus piernas hasta llegar de nuevo a  sus tobillos. Y volvió a hacer que se deshiciera de la prenda. Seher volvía a jadear, a intentar tomar aire pero la loción de Yaman mezclada con el olor de su piel era lo que entraba en sus pulmones. Siguió mirándolo con los ojos llenos de amor y expectación. Yaman besó de nuevo cerca de su ombligo. La tomaba por la cintura como si creyera que ella iba a escapar. (Ni loca). Trazó un círculo con la humedad de su lengua alrededor del ombligo de ella erizándole la piel de todo el cuerpo. Y entonces empezó a depositar suaves besos en dirección a su pubis. 


El olor de Seher amenazaba con hacer perder la cordura a Yaman pero siguió hacia su objetivo como cuando disparaba sus flechas: de forma certera.


Seher no creía que podría aguantar más sin desvanecerse pero Yaman la aguantaba firmemente por la cintura. Su salvaje amante acarició con la nariz el valle que se adentraba en sus pétalos más sensibles y un espasmo de placer recorrió a Seher. Jadeaba sin cesar y rogaba lütfen ask, lütfen ask sin parar. Yaman sopló suavemente y usó su lengua para acariciar tan dulces pétalos. La pasaba arriba y abajo perezosamente primero más insistente después. Notaba a Seher inquieta y la animó a moverse meciéndola con sus manos. 


Ella supo lo que debía hacer. La vergüenza batallando con el placer pero sabiendo que debía confiar en Yaman y que él la llevaría hasta el final de ese viaje de forma segura. Así pues Seher empezó a moverse al ritmo que las manos y la lengua de Yaman le marcaban. Cada vez más rápido, cada vez más intenso. Empezó a llamarlo a gritar su nombre porque aquello era sobrecogedor. Oleadas de placer empezaron a recorrer su cuerpo y temió morir. Morir en los brazos de Yaman sería la muerte más dulce pero no estaba muerta. Estaba más viva que nunca. El placer seguía recorriéndola aun cuando se dejó caer lentamente y las manos fuertes de Yaman la acunaban hacia su pecho. Seher acabó acurrucada entre las potentes piernas de Yaman que ahora estaba con la espalda apoyada en la pared. Sus brazos la rodeaban tiernos y fuertes a la vez. El apoyaba su firme barbilla en la coronilla de ella y le acariciaba la espalda calmándola. “¿Estás bien?”  lo oyó susurrar. Ella levantó la cabeza para mirarlo a los ojos y él frunció su magnífico ceño al ver lágrimas en los ojos de Seher. Con la mirada volvió a preguntarle mientras sus dedos fuertes aparecían para secarle las lágrimas. “Tranquilo. Son lágrimas de emoción, de amor, no sabía que podíamos crear tanta magia juntos” Yaman tragó y suspiró y solo pudo esconder la cara en el pelo de ella y rugir susurrando: sen seviyorum Seher. 

    



4 comentarios:

  1. Isa, ha sido impresionante! Que momento de tensión! . Después de tantos y tantos libros de novela rosa que has leído, ahora te toca a tí emocionar a los demás.
    Felicidades por los relatos y te animo a que sigas escribiendo así!
    TQ!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Cariño! Muchas gracias por comentar y ya de paso por aguantarme tantos años. TQ!

      Eliminar
  2. Eh leído muchos libro de todo estilo pero creo que no hay nada que envidiar a la escritora de 50 sombras ,el.infierno de Gabriel y otros tantos realmente deberías seguir este camino .

    ResponderEliminar

Gracias por comentar. A la izquierda podéis darle a SEGUIR al blog. Gracias, siempre.

Emily y Harry Potter

  ¡Estrellita! ¿Qué relación guarda La elección de Emily con Harry Potter? Hay dos guiños en mi novela a Harry Potter y su creadora #jkrowli...