Seher salió corriendo de la habitación de Yaman y llegó llorando a la suya. Salió a la terraza intentando secar lágrima tras lágrima pero esa pelea dolía demasiado. Se habían gritado como hacía tiempo que no lo hacían evidenciando su desencuentro respecto al tema del dinero. Pero no era sólo el dinero. Entendía la preocupación del él de no dejarlos desamparados a Yussuf y a ella si le pasaba algo. Haber estado tan cerca de morir lo había llevado a hacer esas disposiciones pero Seher no soportaba oírlo decir "si me pasa algo", "si yo no estoy"... Simplemente ya no podría vivir en un mundo en el que él no estuviera. Pero si pasara ella buscaría como sobrevivir, lucharía por Yussuf y no le faltaría de nada. Quizás era demasiado orgullosa y debería pensar en Yussuf pero era oír hablar de dinero y llevársela todos los demonios.
Yaman se paseaba de un lado al otro de su despacho. ¡Kahretsin! (maldita sea). Esta vez le había ido de poco y quizás la Parca un día ya no lo dejara burlarse más de ella. Aunque hubiera renunciado a la violencia como medio para arreglar las cosas, seguía teniendo enemigos. Quería dejar asegurado el futuro de ella y de Yussuf. ¿Por qué ella no lo entendía? Había amasado una fortuna y quería que sirviera para el bienestar de las dos personas que más amaba en la vida. ¡Mujer cabezota y orgullosa! Lo que más lo exasperaba de ella justamente lo hacía amarla más. Yaman se detuvo mirando la puerta por la que ella había huído y suspiró. Se pasó la mano por el pelo y decidió que no podían ir a dormir estando así.
Seher se abrazaba con la manta en la terraza mirando la luna y sabiendo que tenía que volver a la habitación de él. Ninguno de los dos podría dormir con ese vacío en el pecho. Era normal que discutieran pero luego sufrían demasiado porque con cada pelea resurgían sus fuertes genios y acababan gritándose. Y entonces ambos recordaban el pasado sin poderlo evitar dejando que esos demonios volvieran. Seher ya se giraba para ir con él cuando oyó abrirse la puerta de su habitación. Decidió esperarlo en la terraza oyendo sus pasos acercarse y cuando sintió sus fuertes manos abrazarla por detrás suspiró de alivio. Yaman enterró la cara en su pelo y rugió susurrando "affedersiniz (lo siento), debería habértelo explicado antes de hacerlo" y ella le contestó "y yo debería haber entendido el motivo de que lo hicieras". "Al parecer el infinito... conlleva aprender cada día el uno del otro" murmuró Yaman. "Nadie dijo que fuera fácil" contestó Seher.
Yaman la abrazó más fuerte y sus labios buscaron la frágil curva del cuello de ella. Besó su dulce piel y respiró su aroma a... canela. Se llenó los pulmones de ella porque más que aire lo que necesitaba para seguir adelante era a la misma Seher. Siguió con más besos hacia arriba y hacia abajo y ella se estremeció por el contraste del aire frío de la noche con los labios ardientes de Yaman. Puso sus manos frías sobre las de él para acariciarlo y siguió disfrutando de tenerlo cerca, rodeándola con sus fuertes brazos y recostada en su pecho. Cerró los ojos feliz pero ansiaba besarlo para demostrarle que superarían cualquier cosa. Que por mucho que pudieran discutir, su amor infinito lo podría todo.
Seher se giró en sus brazos y llevó las manos a la nuca de Yaman, acarició su pelo negro y lo instó a bajar la cabeza para poder llegar a su boca. ¡Por fin! Apenas hacía unas horas que lo había besado pero después de la pelea le parecían años. Amó sus labios, los acarició, los lamió amorosa y luego buscó su lengua para hacer el beso más intenso, más infinito.
Yaman devolvió los besos de su "gururlu küçük" (pequeña orgullosa) con la misma intensidad pero decidiendo que estarían más cómodos en su cama. Sin dejar de besarla la tomó en brazos y la apretó contra su pecho para entrar y llevarla a la cama. La dejó con todo el cuidado que se tiene con una frágil flor a pesar de saber que ella siempre sería más fuerte que él y se tumbó a su lado para volver a abrazarla. Se miraron emocionados por haber vuelto a probar que no había obstáculos insalvables para su amor eterno. Yaman la miró a los labios y Seher supo que esa noche él dormiría a su lado. Sus labios se encontraron a medio camino y se devoraron con amor, con pasión, con lujuria. Sus manos volaron al cuerpo del otro para buscar, acariciar, reconocer y memorizar.
Yaman la liberó de su vestido y se llenó los ojos con la piel de ella suave y sonrosada. Hundió la cara entre los pechos de ella para saborearla a placer mientras sus manos acariciaban la esbelta espalda arriba y abajo. Rozaba con su barba excitando y mandando descargas de placer al centro de Seher que lo sujetaba por el cuello para amarrarlo a ella. Los labios de Yaman en sus pezones la volvían loca y no quería que parara. "Daha yakin" (más cerca) susurraba Seher y Yaman respondía con más besos infinitos. Lamió el valle dónde latía el corazón de ella y bajó humedeciendo el camino hacia su vientre caliente y terso. Notó que las manos de Seher le desabrochaban la camisa y se la sacaban por los hombros. Sus manos podían calmarlo y excitarlo y ahora lo estaban volviendo loco. El siguió besando y amando pero cuando Seher empezó a luchar con sus pantalones decidió ponérselo fácil y desnudarse él mismo. Y, como cada vez que sus pieles se unían, el calor aumentó consumiéndolos en la locura. Yaman se puso sobre ella aguantándose en los antebrazos para mirarla a sus preciosos ojos verdes y pedirle "Kendini bana birak"(déjate llevar por mi). Seher abrió las piernas y él se acomodó entre ellas como si fuera ahí donde permaneciera. El lugar que le correspondía. Su hogar. La tomó por la cadera y, sin dejar de mirarla a los ojos, entró en ella lento, sin pausa, infinito. Los dos suspiraron intercambiando su aire, mirándose y viendo el placer en los ojos del otro. Yaman asintió en muda respuesta a la muda petición de ella y empezó a moverse, a llenarla, a entrar para luego retirarse y volver a poseerla. Sin dejar de mirarla, con sus labios a milímetros de los de ella haciendo que los besos fueran algo inalcanzable. Entraba, la marcaba, salía y volvía a entrar. Seher lo acompañaba en ese trance, sus caderas subían a buscarlo, lo acunaban, lo retenían pero lo dejaban salir para entrar y llenarla. Seguían mirándose, amándose con la mirada, como siempre, y sus cuerpos seguían aquel baile ancestral que pasó a ser cada vez más frenético, más fuerte, más intenso, más adentro, más infinito... Compartían jadeos cada vez más eróticos, más sexuales, más infinitos... Cuando Seher apretó sus hombros y echó la cabeza hacia atrás gritando suave de placer, Yaman dio las gracias por ser de ella, por pertenecer a esa mujer y se dejó ir, llenándola de nuevo de vida, de calor, de fuego, rugiendo de amor en el cuello de ella. Notó que ella lo apretaba entre sus muslos y no tuvo prisa en apartarse. Sólo miró de recuperar la respiración entre el suave pelo de su mujer.
Seher seguía sin soltarlo y con la mano acariciaba la cicatriz de su costado. Se le llenaron los ojos de lágrimas y Yaman las detectó como sólo un león detecta la vulnerabilidad. Levantó la cabeza y la miró frunciendo el ceño. "Yeter, lütfen, lütfen" (Basta, por favor, por favor) y besó su cara haciendo desaparecer el llanto de ella. Seher posó su mano en la mejilla de él y mirándolo le susurró "senin için askim sonsuz" (mi amor por ti es infinito). Yaman contestó "senin için askim zaman için" (mi amor por ti para el tiempo).
me has matado con kendini bana birak
ResponderEliminar😥😥 cuánto sentimiento junto. Pero nada q el amor no arregle. Precioso.😘
ResponderEliminarLindo isa
ResponderEliminarGracias Isa, “infinitamente precioso”.
ResponderEliminarHermoso 😍 como siempre y mejor cada día es un placer leerte muchas gracias
ResponderEliminarHermoso, gracias 💐
ResponderEliminarMe encanta
ResponderEliminarMe encantó
ResponderEliminarPrecioso como siempre
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