Celos (2ª parte)
Yaman estaba en su despacho hablando con Nedim por teléfono. Al día siguiente tendría lugar la venganza. Ojo por ojo, diente por diente. Su semblante estaba mortalmente serio cuando colgó porque esa conversación con Nedim le había recordado más que nunca la necesidad de alejar a Seher de su mundo. No sabía como sobreviviría a una vida tan cerca y a la vez tan lejos de ella. Siempre juntos pero eternamente separados.
Seher entró sin llamar a su despacho. Se había puesto un vestido verde ajustado y sus tacones negros. Llevaba el pelo suelto como sabía que a él le gustaba. Había visto la tormenta en sus ojos y no eran solo celos. Algo estaba a punto de ocurrir y tenía miedo. No sabía desde que dirección vendría el peligro solo sentía que necesitaba aplacar a su león, esa mirada oscura debía desaparecer de sus ojos o podría perderlo para siempre.
Él estaba sentado y se giró al oírla entrar, apoyó su brazo derecho en el escritorio y la miró ceñudo desde abajo. A Seher casi la divirtió ver como a pesar de su cara de león furioso, sus ojos la recorrían con deseo. Avanzó hacia él y se medio sentó en el escritorio apoyando las manos en la fría superficie. Se retaban con la mirada al mismo tiempo que se declaraban el uno al otro.
Seher: Sea lo que sea, no irás, no lo harás.
Yaman: No hay nada que puedas hacer.
Seher: Sólo me queda intentar parar las balas con amor.
Yaman levantándose lentamente como un león: No funcionará
Seher lo miró más segura de sí misma que nunca. Se movió a la izquierda y quedó justo frente a él, apoyada en el escritorio. Llevó las manos a su fuerte pecho y lo acarició hacia los hombros apartando su americana. La pasó por sus potentes hombros y se la bajó por los brazos. Amaba su cuerpo, cada centímetro de su fuerza contenida y odiaba cuando lo necesitaba y no lo tenía. No quería perderlo, por Allah que no le pasara nada. Lo miró con amor en sus ojos pero los de él seguían oscuros y tristes y decididos. No pudo soportarlo y se pegó a él para abrazarlo. Hoy olía a Sauvage, salvaje, su salvaje. Metió las manos por debajo de aquel jersey gris oscuro para acariciarle la piel caliente de su vientre musculoso. Usó las uñas para arañar suavemente su pecho y le pareció que la respiración de él ya no era tan normal. Movió los dedos hacia sus axilas y las bajó por los costados de músculos duros hasta descansar en la cintura del pantalón. Ahí estaba su punto débil. Una caricia por la piel que quedaba por encima del cinturón y el siseaba furioso de no poder controlar su excitación. Seher siguió paseando los dedos por esa zona de piel caliente y besó su mandíbula cubierta por la barba.
Yaman ardía. En ese campo de batalla ella siempre ganaba. Decidió darle lo que necesitaba. Lo que ambos necesitaban. La pasión alejaría su mente de lo que ocurriría al día siguiente. Bajó la cabeza hasta encontrar sus labios para poder besarla a conciencia. Sus fuertes manos la tomaron por la cintura y la acabaron de subir al escritorio. La besaba más fuerte de lo normal. No pensaba contenerse y si ella se asustaba y huía de él, mejor. Abrió los labios para devorarla con la boca abierta y no cerró los ojos retándola a que ella también los mantuviera abiertos. Sacó la lengua para lamer primero su precioso labio superior y luego el inferior. Ella jadeó entre sus labios. Perfecto. Un mordisco en su suave barbilla. Otro jadeo. Un roce de lenguas. Más jadeos, de los dos. Seguían mirándose. Las manos de Yaman subieron de golpe el vestido hasta la cintura de ella y bajaron también de golpe el escote. Nada de dulzura, nada de delicadeza. No llevaba sostén. Perfecto. Perfectos. Los brazos de ella atrapados en las mangas. Su prisionera. Indefensa. Yaman la seguía mirando oscuro, excitado y la abrazó amarrándola a su cuerpo duro. Bajó poco a poco su cara hasta poder depositar breves besos en la base del cuello se Seher. Ella echó un poco la cabeza hacia atrás para ponérselo fácil (¿creía él que la asustaba? Él era un león pero ella era su leona). Se rindió totalmente a él, a lo que él quisiera hacerle. Y lo que él ahora hacía era volverla loca de pasión y calor lamiendo, succionando y besando amorosamente las cimas duras de sus pechos. Los relámpagos de placer partían de la boca de Yaman y se repartían por todas sus células. Las piernas de Seher empezaron a subir por los muslos de él queriendo anclarse a su cintura. Lo necesitaba y dijo la palabra mágica “lütfen”.
Seher creía que moriría de tanto placer. Su boca vagando en sus pechos, sus manos... por Allah ¿qué hacía? Yaman levantó la cabeza un segundo para ver la cara de ella cuando metió la mano por el elástico de su ropa interior verde jade y la acarició decidido. Sus dedos buscaban atrevidos, acariciaban, rozaban, estimulaban la sensible rosa íntima de ella. Ahora más lento, ahora más rápido. Ahora un poco más fuerte. Seher tuvo que apoyar las manos en el escritorio para poder moverse con él. Con esa mano que la estaba guiando y llevando al cielo. Allah bendito. Se sentía lava caliente en sus dedos. La seguía tocando, la seguía mirando apasionado y furioso a la vez. Quería ver como ella se entregaba totalmente y lo hizo. Sintió su mano moverse más atrevida, más rápida, sus dedos más hábiles, su pulgar pulsando en su zona más vulnerable y entonces llegó el estallido de placer infinito. Seher gritó varias veces sin poder evitarlo. Aquel hombre la tenía medio tumbada en su escritorio, semidesnuda, sudada, saciada y seguía con sus caricias para acompañarla de vuelta al mundo real.
Con los ojos cerrados y totalmente relajada oyó que él se deshacía de su ropa. Bien. Ella no quería que aquello acabara sin tenerlo dentro. Yaman la cogió en brazos y la llevó al sofá. La estiró suavemente y la cubrió con su cuerpo. Se apoyó en sus fuertes antebrazos para mirarla. Jamás se cansaría de mirar sus ojos verdes, sus labios, su pelo... Volvió a clavar sus ojos negros en los verdes de ella. Seguía serio... tomó su cara suave para guiarla a su boca y empezar de nuevo a atormentarla con sus labios, dientes y lengua. Ella le correspondía con todo el amor y pasión que tenía dentro. Yaman se apoyó en su brazo izquierdo y bajó el derecho por entre los cuerpos de los dos notando el calor que creaban juntos. Llegó de nuevo al centro suave de ella y le separó las piernas para situarse él. Entró en ella sin vacilar, directo y hasta el fondo. Aquello le dio tanto placer que volvió a repetirlo. Y a repetirlo. Por Allah! ella estaba hecha a su medida. Para él. Su mujer. Repitió el movimiento y notó que ella lo buscaba. El cuerpo de Seher lo buscaba como el de él al de ella. Siguieron moviéndose. Yaman la llenaba, ella lo recibía, las miradas una en la otra, otra embestida, más placer, otro movimiento, el cielo a tocar, calor... corazones acelerados, jadeos que se superponían y ambos de repente estallaron. El rugió varias veces y ella lo abrazó con lágrimas de emoción. Nada podía ser más bello que la unión de sus cuerpos, de sus almas. Yaman como siempre ocultaba su cara en el cuello de ella. Necesitaba respirarla para calmarse. También ocultaba así sus ojos de ella porque nada había cambiado. La venganza debía llevarse a cabo y él era el encargado de ejecutarla. Notó a Seher abrazarlo, intentaba retenerlo. Él alargó un brazo para tomar una manta y taparlos a ambos. Luego besó su pelo y la abrazó hasta que la notó dormida. El sol no había salido cuando Yaman y sus hombres abandonaban en sus todoterrenos la Mansión Kirimli.
Excitante; bien relatado, describes audazmente la fusión de esa rabia de él, provocada por los celos y el deseo de ambos que se convierte en pasión desmedida. Isa me encanta.
ResponderEliminarSigo y sumo... a por el otro