domingo, 27 de junio de 2021

Septiembre... (Relato SehYam)

 



       – Pero Seher, Yaman no mató a Kevser. Fue Iqbal. 

    Aquellas palabras de Ziyah remataron su corazón; un corazón que hacía semanas que no latía ni sentía. Llevaba siendo apenas un espectro desde que le disparó, matándose a sí misma en aquel bosque y respirando únicamente por Yusuf, pero ahora las palabras de su cuñado la hundían todavía más hondo en el abismo oscuro en el que era su vida sin él. Si su marido no había matado a su hermana...

    – ¿Por qué? – preguntó casi sin fuerzas, tratando de que no se le resbalara el móvil. 

    – Para salvarme a mí. Él creyó que yo había matado a Kevser en una de mis crisis pero cuando me recuperé pude contarle la verdad. 

    ¿La verdad?, pensó Seher, colgando la llamada. La verdad llegaba tan tarde... Tarde para su amor y tarde para su vida. 

    Él no la había denunciado y por eso había podido vivir tranquila en Antep con Mamá Nadire y Yusuf, pero tampoco la había ido a buscar al salir del hospital. Llevaban semanas sin saber el uno del otro a pesar de vivir pensándose, sintiéndose y extrañándose en la distancia. ¿Y ahora? ¿Qué se suponía que debía hacer ella al saber que le había disparado siendo inocente? Él se había sacrificado por su hermano, condenándolos a ambos a una vida sin amor. Él había vuelto a decidir por los dos se dijo Seher y, al hacerlo, la había empujado a una demencia capaz de hacer que disparara al único hombre que era capaz de amar. 

    De repente se dio cuenta de que ya no se sentía muerta, había vuelto a la vida y estaba llena de rabia. Sólo él, Yaman Kirimli, era capaz de llevarla del cielo al infierno, de la luz a la oscuridad, de la apatía al odio.  Porque Seher odiaba amarlo, odiaba echarlo de menos, odiaba su olor perdurar en su piel y odiaba el recuerdo de sus besos...

    Yaman llegó a su casa como cada día, temiendo atravesar la puerta y que el silencio le hincara sus garras. No escuchar los gritos de Yusuf ni la voz de ella lo vaciaba cada día un poco más, pero era su condena por haber renunciado a ellos y con esa pena debía sobrevivir cada día. Subió las escaleras después de decidir que no haría ni el intento de comer y se encaminó hacia su habitación. Sólo quería estirarse en el sofá, abrazado como un niño a la chaqueta lila de ella, a su olor, y conjurar su imagen para que lo visitase en sueños. 

    La necesitaba. Cada día más. Vivir sin ver brillar sus ojos de jade no era vida, era una maldita agonía y sabía que las fuerzas lo abandonaban con cada puesta de sol. Abrió la puerta de su habitación y se detuvo cerrando los ojos. No podía ser, otra vez la veía frente a él y otra vez ella desaparecería en cuanto se acercara, pero en esta ocasión, cuando abrió sus atormentados ojos, ella no se esfumó. Lo saludó. 

    – Merhaba, Yaman Kirimli – sus palabras no temblaron a pesar de la emoción de tenerlo ante ella. 

    – Seher... – su nombre fue lo único que acertó a decir él, mientras la miraba con todo el amor del mundo desbordando sus salvajes ojos. 

    – Vaya... sólo nos ha costado un año llamarnos por nuestros nombres, bravo. No te robaré mucho tiempo, Yusuf está con Adalet y sus cosas ya están colocadas de nuevo en su cuarto... 

    – ¿Has vuelto? ¿Habéis vuelto? – la interrumpió Yaman dando dos pasos hacia ella. Los mismos que ella dio hacia atrás. 

    – Yusuf ha vuelto, yo me voy en cuanto te apartes de la puerta – dijo Seher con voz vacía y costándole la vida mantenerle la mirada. 

    – ¿A dónde? ¿Qué quieres decir con que Yusuf ha vuelto pero tú te vas? ¡No puedes irte, otra vez no! – gritó él con los puños apretados y luchando por no acercarse a ella. 

    – Voy a entregarme a la policía. Ahora sé que traté de matar a un hombre inocente. Déjame pasar – acabó con un nudo en la garganta que no fue capaz de tragar. 

    – No voy a permitirlo. No vas a entregarte y, ahora que al parecer sabes la verdad, vamos a empezar de nuevo... – otro paso adelante. 

    – ¡¿Otra vez?! ¿Cuántas veces vamos a empezar de nuevo? ¡Me mataste en aquel bosque! ¡Yo te disparé pero fue mi corazón el que dejó de latir y ya no me quedan fuerzas! ¡Amarte duele demasiado! – le gritó todas las lágrimas que le quedaban por llorar pero, en vez de hacerlo retroceder, sólo consiguió acabar sollozando atrapada entre sus fuertes brazos. 

    – Por favor, por favor – repetía Yaman en su cabello mientras sus brazos volvían a aprenderse su cuerpo – no me dejes. Otra vez no, lütfen Seher, lütfen...

    – Déjame marchar... es un amor imposible... – rogó Seher con los puños en el pecho de él. Luego levantó la mirada para que sus ojos verdes se despidieran de sus iris negros pero, en vez de decir adiós, acabaron rindiéndose de nuevo a su oscuridad. 

    – No es un amor imposible, es un amor inevitable – rugió él justo antes de que sus labios bajaran para atrapar los de su esposa. 

    Estar el uno en brazos del otro hizo que estuvieran a punto de morir de dulce anhelo mezclado con esquiva felicidad. Yaman resucitó en los labios de su mujer y Seher renació en los de él. Se besaron sin descanso todos los besos que habían soñado estando separados. Besos prometidos y no dados, besos dibujados cuando sus miradas se perdían en la nada. 

    Yaman la abrazaba no queriendo despertar y ella acariciaba su pelo alargando el sueño. La boca de su esposa lo estaba volviendo loco y tuvo que tumbarla de una vez en la cama para aplacar su deseo. Seher mordía sus labios ansiosa, lo deseaba, lo necesitaba y tampoco podía esperar. Habían esperado demasiado. 

    Se desnudaron entre susurros secretos y miradas calientes hasta estar piel con piel sobre la cama de sábanas negras, luego sus ojos se buscaron para confesárselo todo: te quiero, te deseo, no me dejes, quédate conmigo...

    Yaman trazó con sus labios un camino infinito entre la boca de Seher y sus senos logrando suspiros y arañazos de placer en su espalda. Ella respondió abriendo sus piernas y acogiendo su potente cuerpo entre ellas. El calor estalló sin que pudieran controlarlo y Yaman entró en ella desesperado por volver a aprendérsela, a recordarla, a conquistarla... Sus embestidas resonaron en gemidos de placer compartidos y sus besos se calentaron y humedecieron hasta volverlos locos. Cada uno tatuó en la piel del otro su nombre mientras el éxtasis los recorrió finalmente hasta dejarlos exhaustos y temblorosos. Hacer el amor siempre era como una carrera contra el tiempo y en un beso dejaron de contar los segundos para arroparse y volver a acariciarse palabras de amor. 

    

    

11 comentarios:

  1. A ver si aprende Nazmiye a hacer las cosas en condiciones 🥰😘

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  2. Prefecto!!! Cuanto daríamos porque fuese así? Me encanta, me encanta.... Que buena eres mi Abla. 😘😘

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  3. Éste es el capítulo 206 y fin de temporada. Gracias😘

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  4. Con urgencia debes enviarle a la psicópata de Nazmiye, tu extraordinario relato de lo que es un drama-romance y así aprender agarrar parco.🇻🇪🇨🇴💞

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  5. Me encanto ♥️♥️♥️ Que continúe

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  6. Si repites algo muchas veces acaba sucediendo.... Ojalá fuese así.. coñe que bien escribes hija mía... Gracias. 😍👏👏👏👏👏👏👏

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  7. Bueno bueno bueno... quede exhausta al termino del relato..😅🤣🤣 Puro fuego 🔥🔥🔥 Mil gracias Isa, me haces tan feliz con lo que escribes.

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  8. Muy bueno,es fascinante leer lo que escribes,trasladas sentimientos de manera perfecta es imposible no sentir una mezcla de emociones con cada capítulo, eres una gran escritora.

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  9. Madre de Dios, esto si que es una escena de amor, arrepentimiento, pasion, y reencuentro de un amor infinito

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  10. Ay Usa que bonito ojalá sea así..gracias

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  11. Que relato más lindo y apasionado. Mañana cuando inicie la 2da temporada ojalá que la Naz nos de aunque sea la milésima parte de esta. Excelente, si la Naz te leyera, ufff.🇻🇪🇨🇴💞

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