sábado, 1 de mayo de 2021

Barcelona - Estambul (Capítulo 28) (Registro Safe Creative 2105087773903)

 CAPÍTULO 28


Caminaron hacia el piso de Mevly cogidos de la mano y en silencio.  Lo rompió Halil al pasar por un puesto ambulante cuando le preguntó:

- ¿Tienes hambre? Hace rato que pasó la hora de comer.

- Sí, me apetece un bocadillo. De albóndigas estará bien - pidió Mevly sacando su monedero. 

- Yo invito küçük beceriksiz. Siéntate ahí, ahora lo llevo todo ¿ayran para beber? - propuso Halil. 

- Evet - respondió Mevly sentándose en un taburete. 

Gracias a las estufas de pie diseminadas entre las mesas el frío no era tan cortante por lo que Mevly esperó a Halil notando el calorcito que expedían. Mirarlo mientras esperaba el pedido también la hacía entrar en calor. No es que fuera guapo, que lo era, era su magnetismo, su manera de moverse, su voz, cómo la miraba, todo aquello la tenía atrapada y asustada. ¿Qué hacía un hombre como él inteligente y de éxito con ella? se preguntaba Mevly. Parpadeó cuando él se giró con la bandeja y se acercó a la mesa con aquella manera de caminar. 

- Tienes la mirada perdida, pequeña española (en español). 

Mevly rió ayudando a repartir la comida por la mesa. 

- Tu acento español es peor que mi acento turco, doctor - le dijo desenvolviendo su bocadillo. 

- Yo sólo estudié español en el instituto y alguna asignatura en la universidad, lo tengo muy oxidado. Por cierto askim (cariño), te quería preguntar algo. La canción que escuchamos juntos antes de dormirnos ¿qué idioma era? sonaba dulce y triste pero no lo identifiqué - preguntó Halil antes de dar un mordisco a su midye tava (bocadillo de mejillones fritos)

- Se habla en mi tierra, es catalán y pienso hablarlo cuando no quiera que entiendas lo que te estoy diciendo - dijo Mevly mirándolo traviesa. 

- Te responderé en chino, bènzhuo de xiao (pequeña torpe en chino). Oye, en serio, me gustaría bailar esa canción contigo, es casi tan preciosa como tú - le dijo Halil con voz ronca antes de beber un trago de ayran

- Es una de mis canciones favoritas así que cuando quieras podemos bailarla ¿por qué te pones de pie? ¿Halil? - preguntó Mevly al verlo  ponerse de pie móvil en mano. 

Halil la tomó de la mano para que se levantara, buscó la canción que ella le había mandado y le dio al play dejando de nuevo el móvil en la mesa. Pasó sus fuertes brazos alrededor de la cintura de Mevly pegándola a él y la miró buscando entrar en ese mundo que creaban entre los dos. Mevly subió sus brazos a los hombros de Halil y cruzó los dedos de sus manos tras la nuca de él. Podía jugar con algunos de sus mechones mientras se abría el alma para acogerlo y empezar a mecerse juntos. El frío había quedado fuera de ellos porque, uniendo sus miradas, prendían un fuego cálido de refugio para los dos. La voz del malogrado cantante de Sau recitó entre notas “en la tierra húmeda escribo…” y Halil y Mevly cayeron en su propia leyenda escrita con miradas anhelantes. 

Ninguno de los dos habría podido definir lo que sentían estando en brazos del otro, si alguien les hubiera preguntado. Las cuatro o cinco personas sentadas alrededor se limitaron a mirarlos de reojo, como cómplices mudos de aquel hombre y aquella mujer, y el dueño de la food truck les sacó una foto pensando que a la pareja les gustaría tener un recuerdo de ese momento. 

Cuando acabó la canción Halil bajó sus labios para acariciar dulcemente los de la mujer que había logrado mover el eje de su vida. El beso se le enredó en el pecho y Mevly también lo notó, entregando sus labios al hombre que la abrazaba como si fuera para siempre. 

Pasados unos segundos eternos, se separaron como siempre, lentamente, reticentes, y después de despedirse del cocinero y de recibir Halil en su móvil la foto regalada, siguieron su camino hacia el piso de Mevly. 

Caminaban de la mano de nuevo. Ya no podrían caminar uno al lado del otro sin ese contacto, sin ese lazo inseparable. Llegaron al edificio de la calle Dibek y Halil tomó de la barbilla a Mevly:

- Cariño subiré a por mi maleta y me iré a casa. Llevo 4 días fuera y he de ver que esté todo en orden. Aprovecharé para conectarme a mi agenda del hospital y ver cómo tengo el día de mañana ¿tamam? - dijo Halil. 

Mevly asintió y se giró para abrir la puerta del edificio. En el ascensor Halil la abrazó y ella se recostó en él cansada pero feliz. Pensó en lo rápido que se habían acostumbrado a estar juntos, a tocarse y a buscarse con la mirada para entenderse sin palabras. Mevly lo observó arrobada mientras él recogía su maleta y luego, cuando se encontraron frente a frente ante la puerta abierta, volvieron a abrazarse uniendo sus frentes. 

- ¿A qué hora irás mañana al hospital? - susurró Halil. 

- He quedado con Suna a las tres pero si tú comes mañana allí puedo llegar antes y comemos juntos. Osea… si puedes y si quieres - añadió Mevly tímida. 

- ¿Si quiero? - preguntó Halil buscando su mirada - Claro que quiero. Te vendría a buscar mañana para ir juntos al hospital pero yo entro a las 7 de la mañana cariño. ¿Nos vemos a las dos? El primero que llegue que coja mesa ¿tamam? - propuso Halil. 

- Tamam, doctor - asintió ella sonriéndole a sus preciosos ojos negros. 

Halil susurró frustrado por tener que irse pero tocaba poner todo en orden para el día siguiente. Se calmó diciéndose que tenían todo el tiempo del mundo para estar juntos pero ese pensamiento que debería haberlo alegrado lo alteró levemente. Negó para eliminar cualquier pesimismo y salió de casa de Mevly como siempre, de golpe, para no dudar y volver sobre sus pasos. Ante el ascensor, sabiendo que ella no había entrado y que lo miraba, preguntó sin girarse:

- Por cierto askim, no sé el nombre de tu madre.

- Se llamaba Laia - respondió dulcemente Mevly a su ancha espalda. 

La puerta del ascensor se abrió y la del piso de Mevly se cerró. 


Habían pasado juntos apenas 24 horas pero a Mevly le había parecido una semana. El haber estado separados ilógicamente los había acercado y se sentía por primera vez en su vida en una nube. Entendió de repente un montón de películas, canciones, poemas y odas varias al amor.  Halil, su diablo del infierno y ahora dueño de su corazón era el culpable de todo. Con las imágenes de ese maravilloso día bailando en su mente se estiró a echar la siesta pero una hora más tarde tuvo que salir pitando hacia el baño a vomitar. Maldijo el dolor de cabeza que llegaba para aguarle el precioso lunes que había vivido. Cuando se recuperó se arrastró hasta su habitación para meterse en la cama y desear que el día siguiente llegara antes pues ahora tenía el aliciente perfecto para querer que el tiempo pasara más rápido. 

Halil se estaba dando una ducha y su mente no paraba de dar vueltas a la loca idea que lo acompañaba desde la casa de Melek Anne. ¿Y si? no paraba de repetirse. La historia de amor de su tío había tenido lugar treinta años atrás aproximadamente y la mujer de su vida era de Barcelona. Su tío había viajado a esa ciudad semanas atrás para buscarla y no había encontrado ninguna pista, como si hubiera desaparecido, como si estuviera muerta. Y luego estaba el nombre de la madre de Mevly, Laia. Estaba seguro de no haberlo oido en su vida, su tío jamás pronunciaba el nombre de la mujer que lo había sido todo para él pero extrañamente a Halil le parecía familiar. Pasó la mano por el espejo del baño limpiando el vaho y se miró a los ojos por un momento. ¿Y si Mevly era hija de su tío? 

Compartían el color verde de sus ojos y, de forma anecdótica, el gusto por el café con leche. El tema del colgante también lo alteraba. Su tío debía tenerlo y él, en algún momento, debía haberlo visto por eso cuando se quiso hacer un tatuaje antes de entrar en la universidad le vino esa imagen a la cabeza. Nedim Ceyhan había guardado celosamente ese colgante igual que había guardado el nombre de su amada. 

Decidió que indagaría para ver si las piezas de ese puzzle encajaban y la primera pieza sería enseñar una foto de su tío a Melek Anne. No se lo diría a Mevly hasta estar seguro de que ella quería saber quien era su padre y respecto a su tío… si sus sospechas se confirmaban no tenía ni idea de cómo decirle a Nedim Ceyhan que tenía una hija de treinta años, que ella estaba en Estambul y que él estaba irremediablemente enamorado de ella. 

Cuando se metió en la cama tomó su móvil y buscó el contacto de su  küçük beceriksiz, ella no estaba en línea pero le mandó un mensaje igualmente:

- Nuestra distancia sólo se me hace soportable si pienso en el momento de volver a tenerte frente a mí. Te mando la foto que nos han hecho bailando. Dormiré con ese recuerdo por almohada. ¿Qué te parece para no ser poeta?😉 Iyi geceler, askim. 

Halil se quedó dormido con el móvil en el pecho esperando la respuesta de Mevly que no llegó. 


12 comentarios:

  1. Ohhh! Estos dos me tienen enamorada y en un sinvivir. Espero que acaben juntos y felices 🥰🥰

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    1. Yo también lo espero porque con la faena que me están dando...

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  2. Ésto promete, parece qué se juntaran caminos...deseando seguir la historia. Gracias😘

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  3. Amoooo esta historia ♥️♥️♥️

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  4. Que historia más bonita, y llegamos aún punto de mucha intriga. Será o no, el tio de Halil el padre de Mevly? Por qué Mevly no contestó a ese mensaje? Esta bien? Ufff Abla Ufff🥰🥰

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  5. Tú haces muuuuchas preguntas. Pero como mañana subo capítulo siguiente... a ver si ahí hay respuestas...

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  6. Espero el siguiente con ganas e interés.A ver cómo sigue.

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  7. Que intriga.. sublime. Y ese baile. Mmmmm ese baile si. A tus pies. Cómo siempre!!!

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  8. Nuestro chico es listo.. empieza a atacar cabos.. puede ser lo que esta pensando.. nuestra escritora nos mantiene en ascuas.

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  9. Harika! Aparte de aprender turco contigo ahora también chino? 🤣🤣🤣Me encanta como sigue🤗😘

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