Los dos hombre altos, morenos y atractivos que entraron en el restaurante "Papatyalar" avanzaron hacia una mesa para cuatro del fondo del comedor. Ambos fuertes y de semblante serio pasearon sus oscuras miradas por toda la sala mientras tomaban asiento. Oyeron abrirse la puerta del restaurante y vieron entrar al anciano que acudía cada día a dejar un paquete para que el mensajero lo viniera a buscar cuando pudiera. Aquel hombre encorvado de amable sonrisa tenía ese pacto con las dueñas del restaurante: él dejaba su paquete para no tener que ir a la lejana oficina de correos y un mensajero pasaba por él durante el amplio horario del restaurante. El anciano saludó con la cabeza a los dos hombres y volvió a salir a la calle. Lo vieron subirse las solapas de la gabardina tratando de que el viento no cortara más su ajado rostro.
En la cocina Kiraz comentó a su socia Seher:
- Ya están aquí esos dos.
- Déjame ver - dijo Seher asomando la cabeza para poder espiar a los dos tremendos especímenes masculinos sentados en su comedor - 24 horas sin verlo y lo he echado de menos como si hubieran sido 24 años - suspiró Seher con la vista clavada en su ex marido.
- Te entiendo, cuñada. Cuando Ali hace turnos no pasan las horas. Suerte de Osman que me tiene entretenida lo suficiente. Anda, vamos a saludarlos.
Seher y Kiraz se quitaron los delantales, se pasaron las manos por el pelo, avisaron a Baris de que quedaba al cargo de la cocina y fueron hacia la mesa que ocupaban Yaman y Ali.
Yaman supo enseguida que ella se acercaba y levantó la mirada para clavar sus ojos negros en los maravillosamente verdes de ella. Las 24 horas sin verla se le habían hecho eternas. La miró de arriba a abajo reparando en su vestido azul turquesa y en sus altas botas negras. Estaba preciosa y él tenía hambre de ella. Se lo dijo con la mirada y, a juzgar por su repentino rubor, ella lo entendió.
- Bienvenidos señores, ¿les digo los platos del día? - preguntó Kiraz sentándose junto a su marido y besándolo en la mejilla sonriente.
- Están castigados sin comer, cuñada - añadió Seher intentando que su voz sonara fría.
Se había quedado de pie al lado de él mirándolo desde su improvisada estatura. Odio echarte de menos, pensó ella mientras se colaba en sus ojos azabaches. Yo amo nuestros reencuentros, le contestó él abrazándola con sus pupilas.
Yaman tomó una mano de su ex mujer entre las suyas, se la giró y se llevó la palma lentamente a la boca. Sus labios depositaron un dulce beso que luego guardó doblándole los dedos. Ella lo miraba con la vista quizás más brillante que minutos antes y él supo que ese beso había conseguido calentarla tanto como a él.
- Seher, cuñada, siéntate al lado de mi hermano antes de que los dos os derritáis mútuamente y explica por qué estamos castigados sin comer - pidió Ali a Seher.
Seher se sentó al lado de Yaman sin conseguir que su ex marido dejara de guardar en su gran mano la de ella.
- Estimado Komisarium, entendemos que el caso en el que colaborasteis os está suponiendo horas de declaraciones y que están saliendo más hilos de los que tirar y más gente que arrestar pero ¿de verdad no tenéis ni un minuto para un miserable mensaje o, seguramente ya es mucho pedir, una llamada? - acabó la pregunta volviendo la cara hacia Yaman y esperando su respuesta.
Su marido no había apartado los ojos de sus labios mientras ella se quejaba de la falta de noticias. A veces le ocurría y no podía evitarlo. Ella empezaba a hablar y él dejaba de oírla porque algo de ella lo distraía. Se moría por guiar sus labios con los suyos en un beso que compensara las malditas horas sin verla...
- Y por eso, Yaman Kirimli debería quedarse sin comer - acabó amenazando Seher y negando con la cabeza ante la manía de su marido de no escucharla.
- Como yo estoy más acostumbrada a que me ignoren durante las operaciones policiales... - empezó a decir Kiraz levantándose de la mesa.
- Kiraaaaaaz, cariño..... - la interrumpió Ali mirándola con cara de pena, tomándola de la mano y besando su dorso.
- Os serviré el plato del día. Seher ni te levantes, que no has parado ni un segundo en toda la mañana. Quédate con tu marido y tú, Komisarium, acompáñame a la cocina.
Yaman y Seher se quedaron a solas en la mesa y Yaman por fin reaccionó girando en su silla para tenerla más cerca.
- Lo siento. En esa maldita comisaría no entra a penas luz del sol y cuesta ser consciente del paso de las horas. Se trabaja de forma frenética porque ha sido mucho lo descubierto en la redada y con otras investigaciones que se han abierto. Lo siento, de verdad - dijo Yaman triste de repente.
- Se te ve agotado - dijo Seher mirándolo preocupada y poniendo la cálida palma de su mano en la mejilla de él.
- He visto imágenes que jamás querría haber visto y llevo 48 horas sin descansar. Sólo deseo tumbarme esta noche a tu lado y poder dormir abrazado a ti. Sólo necesito eso. A ti - dijo Yaman, luego giró la cara, cerró los ojos y buscó con sus labios los dedos que lo acariciaban.
Seher entendió que esas 24 horas habían estado llenas de dureza y lamentó el reproche que le había hecho. Llevó su mano al fuerte cuello de Yaman para acercarlo y luego unió su boca a la de él para besarlo dulcemente. Cuando fueron capaces de separarse, Seher susurró:
- Ojalá me pudiera ir a casa ya pero tenemos el restaurante completo para las cenas.
- No te preocupes, cariño. Ahora iremos a por Osman y Yusuf y los llevaremos al parque. Sultana y Mamá Nadire deben estar agotadas de esos dos. Y Alí también está deseando abrazar a su hijo tanto como yo al mío, bueno, a Yusuf - acabó diciendo Yaman carraspeando.
Comieron los cuatro juntos y luego las dueñas del restaurante acompañaron a sus maridos hasta la puerta despidiéndose hasta la noche. Los vieron caminar hasta el todoterreno de Yaman y cuando él arrancó y perdieron de vista el coche se dieron la vuelta mirándose y comunicándose como sólo dos mujeres enamoradas de sus hombres podían hacerlo.
Kiraz entonces tropezó con la pequeña mesa que tenían en la entrada del restaurante y el paquete del anciano cayó al suelo. Lo recogió y vio que una esquina se había abierto. Se lo mostró a Seher y ella tomó de un cajón cinta adhesiva para volver a sellar el paquete. Justo cuando acababa de cerrarlo llegó el mensajero habitual y le entregó el paquete con una sonrisa. Fue cuando se dio la vuelta para ir a la cocina que vio en el suelo lo que parecían 3 pequeñas píldoras azules...

Y así nos sigues Mal acostumbrando jaja exelente isa
ResponderEliminarA investigar Lore! Ponte la gabardina y pilla la lupa!
ResponderEliminarNo te nemenos bastante angustia, que ahora nos aparecen pastillas azules 🙈🙈🙈. Que buena eres Abla, nunca dejes de escribir ❤️
ResponderEliminarQué será? Será? 🤣🤣🥰🥰
ResponderEliminarEsta version de misterios me gusta muuuchooo... ahors la pregunta es.. ¿los vas a volver a casar?
ResponderEliminarMuy bonito Isa..pero las pastillas me mato ��en que lío se vuelve a meter Seher y Kirat
ResponderEliminarQué emoción... 👏👏👏 Gracias Isa, espero la continuación.
ResponderEliminarSobre el tema boda... os lo dejo a vosotras. Estos relatos siempre han sido interactivos!
ResponderEliminarBuaaaaaa felicidades!! Otra vez me dejas con ganas de mas... 😘
ResponderEliminarJoer.. joer.. que bien te dosificas. Creas tensión y luego.. a morderse los codos. Pero bueno no seré codiciosa y esperaré pacientemente haciendo puñetas hasta poder averiguar cómo sigue... Bravo brava!!!
ResponderEliminarMe gusta y me intriga!!! Seguire pendiente del II
ResponderEliminarQueremos boda otra vez cuando en la novela las cosas se calmen y lo merezca.....ojalá en la segunda nazmiye te lea un poco 😉😉
ResponderEliminarIncreíble!!! Me gusta mucho estas aventuras de los hermanos. 👏👏👏
ResponderEliminar👏👏👏👏👏👏
ResponderEliminarLo estoy viendo...maridos al rescate. O no, pero me gusta mucho tu cabezita😉 Gracias 😘
ResponderEliminarIsa cada vez mejor en lo policiaco,me encantaa
ResponderEliminar