Instrucciones de uso: leer lentamente y con la canción de "Bir tek askim var sana emanet" de fondo. Besitos y gracias, siempre.
Yaman abrió los ojos después de haber dormido profundamente y la vio a dos latidos de distancia. Rindió sus ojos en la cara de ella atrapado por su pelo ondulado, la soñada suavidad de su piel y el ardiente rojo de sus labios. Su belleza lo hipnotizaba y le costaba un mundo siempre apartar la mirada de ella. Notó algo cálido acariciar su brazo izquierdo y, al no estar familiarizado con las caricias, buscó su origen. Ella lo estaba tocando. En su piel descansaban los dedos confiados de Seher. Pensó si esa caricia era la culpable de su sueño tranquilo y sufrió ante la posibilidad. Que su paz dependiera de ella no lo hacía feliz precisamente.
El día anterior los dos habían hablado de algo parecido. Hablado, discutido, peleado... se comunicaban así.
- Entiendo que quieras que Yusuf sea fuerte como tú pero tiene sólo cinco años. Sus miedos han de ser curados con cariño y amor.
- El amor debilita. Ha de aprender a ser fuerte y valiente ante sus miedos - se enfadó él.
- Quizás tú de niño debiste enfrentar solo muchos miedos pero Yusuf no está solo. La máscara de fuerza insensible puede romperse y quedar debajo únicamente el miedo a perder lo que amamos.
Seher abandonó la habitación dejándolo solo con el eco de las palabras de ella.
Más tarde Yaman se había unido al picnic del que disfrutaban Yusuf y su tía en el jardín. Sin llegar a darle la razón a ella, se había sentado para pasar un rato con el niño y para calmarlo con su presencia. Ellos dos apenas habían hablado pero las miradas de ambos no habían cesado de mandarse mensajes: "¿por qué estás tan cerca? te respiro y mi cuerpo se altera"; "no vuelvas a apartarte el pelo así, yo moriría por acariciarlo aunque sólo fuera una vez"; "no me mires, tus iris negros entran en mi alma y espían mis confusos sentimientos"; "calla, porque tus palabras destilan afecto y nunca van destinadas a mi".
Yusuf, sin saberlo, fue el artífice de un momento dulce y a la vez doloroso para sus tíos. Propuso que su tía se dejara ayudar en el tiro con arco. Al escuchar dicha propuesta, ambos vacilaron temiendo no resistir la atracción pero, finalmente, Seher tomó el arco y Yaman tomó aire. Luego se acercó a ella.
Seher se puso el disfraz del orgullo para engañar su anhelo por tenerlo tan cerca. Disimular la emoción culpable que sintió cuando él se paró tras ella la dejaba sin fuerzas. Lo notaba alto y fuerte en su espalda y un loco pensamiento de recostarse en su pecho cruzó su mente. ¿Qué se sentiría siendo amada por él? ¿refugiada en él? ¿acariciada por él? ¿besada por él hasta perder la noción del tiempo? Tuvo que reconstruir rápidamente su disfraz y provocarlo preguntándole:
- ¿Debo imaginar a mi enemigo en la diana?
Yaman había sujetado el arco y sus manos se rozaban levemente alterándolo. Ante la pregunta retadora de ella respondió:
- Si te ayuda a dar en el objetivo, hazlo - respondió Yaman, sabiendo que ese enemigo era él.
Jamás reconocería el dolor que sintió al saber que ella aun lo consideraba así, por lo que frunció el ceño y se limitó a dar instrucciones de cómo sujetar el arco, cómo tensar la cuerda y cómo disparar. Pero su pelo quedaba demasiado cerca como para ignorar el aroma que se le grababa a hierro ardiente. ¡Maldita mujer!.
Sus cuerpos reaccionaban y se reconocían anhelándose como si siglos atrás se hubieran pertenecido y algún "Big Bang" los hubiera separado. Quizás en otra vida se amaron y ahora algún dios travieso los unía como enemigos, pues sólo así se podría explicar el hambre de sus miradas o de besos no dados pero sí recordados.
Seher luchaba contra el calor. Él era fuego y la rodeaba quemándola. Su mano cerca de la suya, su aliento caliente en su cuello, su aroma tomándola de rehén... Seher disparó aquella flecha y a Yaman le dolió el pecho. Volvió a quedar herido por ella y sangre de desesperación manó cuando ella se separó de él.
Pero ahora, con la salida de otro sol, ya nada dolía porque ella lo estaba tocando mientras dormía. En sueños no tenían que disimular, podían soñar juntos.
Seher abrió los ojos lentamente porque había soñado con la felicidad. No recordaba exactamente el sueño pero despertar en paz requería de sueño feliz. Mientras trataba de retener retazos de aquella fantasía se descubrió reflejada en él. Yaman se había quedado dormido con ellos y ella se deleitó observando su cara tan varonil: sus cejas, sus pestañas, sus labios... Nada de ira, nada de ceño fruncido, nada de recuerdos odiosos de un pasado lejano...
Tan embobada estaba mirándolo que tardó en entender dónde reposaba su mano. Demoró varios suspiros en retirarla porque verla sobre el brazo de él le había parecido lo más correcto del mundo. Fueron segundos pero sus dedos quedaron empapados por la calidez de su piel. Fue dejar de tocarlo y añorarlo. Era un sinsentido y Seher acabó huyendo de aquellos instantes levantándose de la cama y corriendo a su habitación. Allí se apoyó en la puerta intentando calmar su respiración y su corazón.
¿Qué la había hecho caer dormida teniendo tan cerca a su enemigo? Y recordó. Yaman había empezado a contar un cuento a Yusuf y su voz grave y levemente ronca la había hechizado. Aquel ogro había creado un cuento de hadas donde Yusuf y ella misma habían caído. Pero definitivamente había sido su inconfundible voz la que la había arrullado hasta hacerla dormir. Su sueño de felicidad se había tejido en las palabras de él. Ahora recordaba el sueño y dolía de lo perfecto que. era.
Se veía a sí misma enamorada e ilusionada vestida con un hermoso traje de novia teñido de mil estrellas brillantes que simulaban la vía láctea. Su pelo estaba recogido y un precioso velo caía de él. En la mano adornada con el anillo de casada sostenía un delicado ramo de margaritas blancas. De repente sonaba el timbre y al abrir la puerta él estaba esperándola. Su mirada llena de amor y anhelo la traspasaba y ella avanzaba hacia él. Se miraban como amantes largamente separados que finalmente se habían encontrado. Yaman la tomaba de la mano y la acercaba más a su fuerte cuerpo. Luego su cara descendía y la besaba en la mejilla haciéndola temblar de amor.
El sueño avanzaba y ambos se encontraban uno en brazos del otro. Una dulce y nostálgica canción los mecía en un íntimo baile. La mirada de Yaman descansaba en la verde mirada de Seher. Estaban en casa porque uno era el hogar del otro. Y en los brazos del otro hallaban la fuerza para luchar, el consuelo para aceptar y la felicidad del compartir.
Seher se sonrojó al recordar cómo había acabado su sueño. Los dos a solas en su habitación se habían ido acercando lentamente, con cuidado, en silencio. Yaman la había tomado por la cintura y Seher había apoyado las manos en su pecho. Sin dejar de mirarse, Yaman había bajado la cabeza y sus labios habían suspirado un beso en los de ella. La emoción los recorría de arriba a abajo y del uno al otro, invadiéndolo todo. Sus bocas se tocaban y se reconocían intercambiando fuegos artificiales mudos y brillantes. El trueque de besos un poco más húmedos y miradas un poco más salvajes lo endurecían a él y la ablandaban a ella por lo que Yaman la abrazaba cada vez más fuerte y Seher lo acariciaba cada vez más rendida.
Hicieron el amor como si el tiempo les perteneciera. Quedaron detenidos todos los relojes de la casa y el universo dejó de girar. Los besos duraron toda la noche, las caricias no hicieron paradas y los susurros fueron su canción. Se amaron intensamente pero la luz del día fue cruel y llegó para volver a separarlos y ... despertarlos.
Yaman abrió la puerta de su habitación y oyó que se abría la de ella. Levantó la mirada y la vio avanzar hacia él con aquel pañuelo anudado a su hermoso cuello y lo envidió. No dijo nada, habló ella:
- Gracias por la noche de ayer...
Yaman la miró temiendo que ella se hubiera colado en sus sueños también. Como si no fuera suficiente tenerla presente durante el día. Siguió callando cobardemente.
- Quiero decir... gracias por el cuento que contaste a Yusuf... el del Gigante...
- Sólo fue un cuento - respondió seco.
Seher lo miró con ojos brillantes y contestó despertando por segunda vez...
- Claro, sólo fue un cuento de hadas...
Seher bajó la mirada embargada de repente por la tristeza y giró para entrar en la habitación de Yusuf.
Yaman recuperó la respiración y se tocó el lugar donde ella lo había acariciado...

😭😍precioso me encanta...tienes un don Isa ..muchas gracias
ResponderEliminarAdoro estas escenas...ahora más;) Laura
ResponderEliminarOhhhh! Qué hermoso! Pero tienes abandonados a Halil y Mevly!
ResponderEliminarEsta noche te subo el capítulo 15 Eugenia! un abrazo!
EliminarBravo!! Añadiste lo que le faltaba a la historia!!!! 👏👏👏👏
ResponderEliminarDulce y suave, graciass!!
ResponderEliminarAmo tus relatos alegran mis días ♥️♥️♥️
ResponderEliminarÇok, çok güzel! Teşekkür ederim. 🥰🥰
ResponderEliminarYa estoy hechando de menos, el siguiente. Y sigo soñando en que algún dia llegará el libro... Ere muy buena mi Abla. Me gustó muchísimo.. 🤗🤗🤗
ResponderEliminarGracias Abla hermoso como siempre🥰😍❤️🇻🇪🏹
ResponderEliminarPrecioso, como siempre consigues llenar los huecos que nos faltan. Gracias!
ResponderEliminarGracias abla entre relato y relato se me hacen eternos ya
ResponderEliminarUfff la parte qué nos faltó ver. Gracias😘
ResponderEliminarSiempre sabes sacar lo más esencial de ellos, me encanta😘🤗
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