Yaman estaba estirado en su solitaria cama mirando el techo de su habitación como si éste albergara las respuestas a las preguntas que le martilleaban la cabeza. El calor de haber estado con ella todavía le duraba y por eso sólo llevaba puesto el pantalón del pijama. Pasó la mano por detrás de la cabeza y siguió dando rienda suelta a sus esperanzas. ¿Y si ella lo hubiera perdonado? Su hermosa ex mujer no había rehuido sus tímidas caricias y eso había hecho brotar la esperanza en su dañado corazón. ¿Y si...?
Yaman se recordó que no tenía derecho siquiera a soñar con una palabra amable de su boca pero su corazón insistía en hablarle: te ha traído un café... te ha devuelto la caricia... sus ojos no han huido de tus besos furtivos...
Se permitió sonreír porque ¿Y si...? Por Allah, su cerebro no paraba de construir escenarios con ella: pasear por la playa de noche, compartir cafés en la terraza de casa, leer juntos historias que los conmovieran, hacer excursiones por el bosque, mirar las estrellas...y hacer el amor. Hacer el amor de nuevo con Seher. Comérsela a besos, cubrirla de caricias y descansar en su cuerpo para por las mañanas despertar mirándose en sus ojos verdes. Su piel volvió a arder con el recuerdo de Seher y cerrando los ojos movió la mano que tenía apoyada en el pecho desnudo. La bajó por su vientre hasta traspasar la cintura del pantalón y encontrarse duro y necesitado de ella. La conjuró en su mente y empezó a liberar su cuerpo.
Yaman llegó al hospital el día que daban de alta a Yusuf pasando primero por la cafetería a buscar dos cafés. Se sentía lleno de energía por ver a su pequeño ya curado y por verla a ella sonreír de nuevo. Justo cuando estaba pensando cómo llamar a la puerta de la habitación ésta se abrió dando paso a Yusuf, ya con la chaqueta puesta, Seher y el doctor. A Yaman se le cayó el alma, que no el café, al suelo. Seher lo miró con cara confundida:
- No sabía que ibas a venir a buscar a Yusuf.
- Pensé en pasar y llevaros a casa. Lo siento, debería haber avisado. Ya te llamaré en otro momento y, cuando te vaya bien, voy a ver a Yusuf o ... - fue interrumpido por el sonido del teléfono del médico.
- Bien, ahora voy - dijo Aslan - Seher perdona pero he de ir a urgencias, no podré llevaros a casa pero seguro que Yaman puede acercaros ¿tamam?
Seher saludó a Aslan con la cabeza pues él ya se giraba hablando por teléfono camino de urgencias. Se dio la vuelta para encarar a su exmarido y sin pensarlo tomó uno de los cafés.
- Sagol - le dijo mirándolo a los negros ojos y tomando un sorbo.
- De nada. Pequeño fuego, parece que os llevo yo a casa - dijo Yaman apartando con dificultad la mirada de los labios de su ex mujer para fijarla en su sobrino.
- ¡Harika! Así te enseño mi habitación, amca.
- Yusuf sólo estaremos en casa de Mamá Nadire unos días, luego hemos de volver a nuestra casa - le recordó su tía.
- Evet, teyze, pero mi habitación en casa de Mamá Nadire también me gusta mucho. ¿Se la puedo enseñar a mi tío? - preguntó Yusuf emocionado.
- Si quiere pasar y tiene tiempo, será bienvenido - dijo Seher mirándolo.
- Quiero y tengo tiempo - respondió Yaman devolviéndole la mirada decidido a no perder oportunidades.
Cuando llegaron a casa de Mamá Nadire Yusuf dio la mano a su tío y andando lento por la operación lo llevó a su habitación. Seher fue a la cocina a preparar la comida pero se quedó parada en el centro. ¿Debía invitarlo a comer? Estarían ellos tres solos y los recuerdos de otras ocasiones parecidas la inundaron. Acabó decidiendo Yusuf gritando desde su cuarto:
- ¡Teyze, mi tío se queda a comer ¿verdad?!
- Pregúntaselo primero, teyzecim... - dijo Seher aguantando la respiración esperando su respuesta.
- ¡Dice que encantado! - volvió a gritar Yusuf.
Seher no pudo evitar reír al oír a Yusuf y se puso a abrir armarios.
Yaman estaba sentado en la cama de Yusuf vigilando que el pequeño descansara y no se moviera demasiado. Miraban un libro de barcos cuando sintió que Seher se paraba a su lado y le ponía un tarro delante en silencio. Él levantó los ojos para cruzarlos con los de ella y cogió el tarro haciendo que sus índices se tocaran. La vio tomar aire y sus negros ojos brillaron en respuesta. Abrió el tarro y se lo devolvió volviendo a robar un aleteo de sus dedos. Ella parpadeó rápido y se dio la vuelta para abandonar la habitación. Yaman sonrió y volvió a señalar uno de los barcos a su sobrino.
Durante la comida apenas se miraron para no avivar más la llama que les quemaba en el pecho a ambos. Dejaron que Yusuf protagonizara todas las conversaciones y ellos se limitaron a escucharlo y animarlo. Después de comer Yaman lo acompañó a su cuarto para que echara la siesta y cuando salió y cerró la puerta despacio la vio al final del pasillo. Llevaba todo el día aguantando las ganas de repasarla de arriba a bajo pero ahora ella estaba de espaldas y él podía apreciar como le sentaba el vestido negro que se había puesto. Hermosa y deseable como una reina permanecía quieta casi como si lo estuviera esperando a él.
Se acercó lentamente sin querer asustarla y se detuvo justo tras ella. No se tocaban pero se sentían. Tenía su suave cuello al alcance de su boca y su cintura llamaba a sus manos. No sabía qué hacer pero el corazón le retumbaba en el pecho lanzando llamas por todo su cuerpo tensándolo. Había algo que hacía tiempo que le debía, algo que debería haber hecho mucho tiempo atrás y lo hizo en ese momento:
- Seher...
Ella vibraba al tenerlo tan cerca, su cuerpo no podía evitar llamarlo y cuando lo oyó pronunciar su nombre sólo pudo cerrar los ojos y apoyarse en su fuerte pecho. Dos años sin él. Dos años sin ser consciente de que lo estaba esperando. A él. Siempre a él. Yaman la abrazó acunándola en su pecho y su cara se refugió en el pelo de ella. Aspiró el aroma que jamás lo había abandonado. Y repitió "Seher..."
Ella puso sus manos sobre las de él y entrecruzaron sus dedos para aferrarse el uno al otro. Yaman bajó más la cara y buscó un punto vulnerable de su cuello para besarlo con devoción. Seher no podía evitar temblar entre sus brazos y él estrechó el círculo para intentar darle calor y todo el amor que sentía por ella. Estaban tan bien uno en brazos del otro que se hubieran quedado a vivir en aquel instante, pero dos años sin sentirse era mucho tiempo y querían hacer realidad todos los sueños que habían tenido estando separados. Yaman la soltó al notar que ella daba un paso pero fue para cerrar la puerta y tomarlo de la mano. Lo llevó al lado de su cama y quedó frente a él mirándolo con sus verdes ojos llenos de dudas.
Él colocó las manos de ella en sus propios hombros, luego bajó la cara para besar sus párpados y borrar todo el dolor causado. Volvió a encerrarla entre sus brazos y su boca viajó de sus ojos a su mejilla para acabar besándola en el beso más dulce y tímido que hubieran compartido jamás. Apenas se rozaban flojito y se respiraban suave. Estaban en medio de un hechizo que querían eternizar a base de no hacer demasiado ruido. Como si lo que estaban haciendo fuera mejor que no despertara al destino. Sus manos se acariciaban temblando de emoción torpemente. Shhhh. Shhhh.
Otro beso suave pero más húmedo inicia un monólogo mudo que el otro oye...
"Toco tu lengua con la mía y mi vientre golpea. Te deseo. Quiero buscar en tu boca el alivio a mi sed porque llevo una eternidad sin beberte y eso casi me cuesta la vida. Recorro con mis manos tu espalda y el vestido que antes he admirado ahora me molesta y me insulta así que bajo la cremallera lentamente. Shhhh cariño. Mis dedos te van marcando a fuego hasta llegar a tu cintura. Hago que el vestido caiga a tus pies y ya tengo en mis manos tus nalgas calientes. Las acaricio, las amaso, adoro tu carne en mis manos, me creo un escultor y tú mi obra de arte. Respondes a mis besos con tus dientes. Mi mujer, mi fiera. Me marcas los labios porque son tuyos y luego los lames calmando la herida imaginaria. Shhhh me digo, tranquilo, has esperado esto demasiado tiempo. Shhhh. Bajo más y tus muslos reciben las yemas de mis dedos. Te dibujo, te recorro, tiemblas y gimes en mi boca. Trago tu placer y bebo con mis labios los tuyos. Pero sé dónde quieres mi lengua por eso la saco de tu boca y recorro con ella el hueco entre sus senos. Mis manos te aprietan a mí y sientes lo duro que me pones, te retuerces contra mi miembro y me enciendes más. Soplo los montes de tus senos húmedos y me regalas más gemidos. Shhhh cariño, no despertemos a los Dioses. Capturo un pezón, lo lamo, lo chupo, succiono y te aferras a mi pelo. Sí cariñó, así te quiero, desesperada. Sigo comiendo de él y tu desesperación te lleva a mi cinturón. Dios, sí. Libérame porque me vas a hacer estallar. Vuelo a tu otro pecho y quiero duro en mi boca el botón rosado que acabo de atrapar. Gimes en mi oído, intentas lamer mi cuello ¿estás caliente? Yo sí. Soy un volcán amor. Por fin mi sexo está en tus manos y lo acaricias con fuerza. Shhhh cariño, por Allah bendito, déjame que respire. Me vas a matar.
Te tumbo en la cama sin paciencia y cubro tu cuerpo con el mío. Nos acabamos de desnudar arrancándonos la ropa. Por fin. Piel con piel, latido con latido. Te como la boca, me muero sin ella. Me besas exigente. Tomo tus muñecas y las llevo por encima de tu cabeza, me miras excitada, te gusta. Con la rodilla abro tus piernas y uno nuestros fuegos que arden juntos. Mi verga te roza, te llama, te pide permiso, tú te abres más y entro en ti de golpe. Dios, amor. Te he echado tanto de menos que creo que he estado muerto y resucito ahora en tu cuerpo. Me pides más, entró más y salgo. Amo este camino de ida y vuelta. Te retuerces porque quieres abrazarme y te libero. Tus manos van a mis nalgas y aprietas impaciente. Te penetro hasta el fondo y te arqueas. Salgo y entro a tus órdenes notando tu carne en mi carne. Hace calor, hace mucho calor cariño. El ritmo nos acelera a ambos, queremos más y más fuerte. Bajo mi mano a la unión de nuestros cuerpos y froto tu clítoris para ver en tu cara llegar el éxtasis. Lo noto, tu orgasmo te recorre y me atraviesa avivando el mío. Te rujo y me suspiras. Nos abrazamos desesperados atrapando nuestro amor justo en el centro. No queremos volver a perderlo. Perderlo de nuevo nos volvería sombras, espectros sin alma. Te siento llorar en mis brazos, te miro y me sonríes. Shhhh no llores, cariño. Seco tus lágrimas con mis dedos. Sé que nos queda mucho por hablar, nos queda mucho por andar pero tenemos toda la vida por delante para aprender a hacerlo. Esta vez lo haremos bien. Shhhh".
Isa!!!! Como haces esto !!! Eres inigualable mujer👏por siempre gracias...
ResponderEliminarAme ♥️♥️♥️
ResponderEliminarMaravillosa reconciliacion.. simplemente se aman.. que no dariamos en la serie por eso.. sigue deleitandonos con tus relatos, y tu novela. Gracias
ResponderEliminarMadre del amor hermoso!!!! Nos quemas como Yaman... 🙈 Buenisimooo
ResponderEliminarCada día más PERFECTO. Eres buenísima!
ResponderEliminar, muchas gracias.
❤️
Shhhh amor, puro amor lo qué se tienen estos dos. Preciosa reconciliación. Gracias😘
ResponderEliminarAmor, puro amor, se tienen estos dos. Preciosa reconciliación. Gracias😘
ResponderEliminarCada día más PERFECTO. Eres buenísima!
ResponderEliminar, muchas gracias.
❤️
Me he relajado, extrañamente y a pesar de la carga erotica que esta ahí, ha sido tan dulce que me he relajado nueva sensación ...me encanta Laura
ResponderEliminarHermoso el relato, muchas gracias Isa!!!
ResponderEliminarQue bella reconciliación..besos Ana de Argentina
ResponderEliminarCuando veremos eso en pantalla, o un besito en los labios !!!
ResponderEliminarDe lo más hermoso que he leído... todo el tiempo escuché la voz del narrador... esa voz tan impresionante, tan varonil, contrastando el tono grave con la dulzura en sus palabras. Me erizó la piel. Lo he leido ya 5 veces y las que faltan.
ResponderEliminarLupita Campuzano
Así me quede yo, SHHHHH!
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