Ali reconoció la voz del mayor proxeneta y pederasta de Tuquía en cuanto la oyó. Era una voz difícil de olvidar y pertenecía a uno de los hombres más odiados por todos los policías turcos. Aquel animal traficaba con niñ@s, l@s compraba, l@s vendía y no había policía que no deseara detenerlo después de haber conocido sus atrocidades. Pero era escurridizo y con contactos en las altas esferas por lo que siempre se les acababa escapando.
Su hermano no debía saber quién era o ya lo habría matado con sus propias manos. Rogaba porque Yaman saliera esa noche del carguero sin saber qué era exactamente la mercancía que debía guardar en sus contenedores. Si se enteraba antes de que él pudiera explicarle que debían esperar, nada lo detendría. Mataría a Rifat Yildirim y encima pagaría con cárcel haber librado al mundo de tamaña escoria. Siguió escuchando a ese malnacido hablar de mercancía por los auriculares e intercambió una mirada con Ibo porque él también había reconocido la odiosa voz.
Yaman se levantó finalmente de la mesa intentando no reflejar su frustración. Aquel desgraciado de voz cavernosa parecía ser el líder de aquella extraña operación de contrabando y, a pesar de sus preguntas, no había revelado qué mercancía iban a vender quintuplicando el precio de compra. Él hizo como si sólo le importara el dinero y, cuando se dio la reunión por concluida, siguió las instrucciones de Ali en cuanto a ir directo a su coche y de allí directo a su mansión aunque le costó no ir derecho a la comisaría a buscar su móvil y a hablar con Ali. A partir de esa noche, podría ser seguido y no debía alertar a "sus socios". Confió en que Ali hiciera lo prometido y se pusiera en contacto con Seher para explicarle lo que estaba pasando o, al menos, una parte.
"Seher, Yaman está colaborando con la policía y de momento no puede ponerse en contacto contigo. Te pide que confíes en él" fue el mensaje que Ali mandó a su cuñada en cuanto escuchó a su hermano llegar sano y salvo a su casa hacia las cinco de la madrugada. Yaman se metería en la ducha para eliminar de su pelo el sofisticado sistema de escucha y rastreo que Ibo le había colocado y perdería por aquella noche el contacto con su hermano. Le había pedido que fuera cuidadoso, que no buscara a Seher y que esperara que fuera él quien contactara pero Ali sabía que las palabras "paciencia" y "Yaman" no conjugaban bien. Temía que su hermano subestimara a Rifat Yildirim y se pusiera en peligro.
Seher se despertó al día siguiente y lo primero que hizo fue mirar su móvil. Un mensaje de Ali que pretendía calmarla lo que hizo fue alterarla más ¿dónde diablos estaba Yaman y qué estaba haciendo? Llamó a Ali y en cuanto éste descolgó le espetó:
- Ya me estás diciendo dónde está tu hermano y por qué no puede llamarme.
- Seher, cálmate. Yaman está bien, está en su casa, pero le he pedido que sea lo más cauteloso posible porque nos está ayudando en una operación muy importante y no quiero que llame la atención sobre sí mismo - explicó Ali de forma calmada.
- Ali, estás hablando de Yaman Kirimli. Lo ha hecho todo siempre solo y no sabe seguir órdenes porque siempre ha sido él quien las ha dado. ¿Me estás diciendo que ahora sabe jugar en equipo? - preguntó Seher incrédula.
- Evet, Seher, y si lo hace bien libraremos al mundo de algunas personas realmente siniestras - le explicó Ali.
- Eso suena a peligroso para él, Ali - dijo Seher aguantando un sollozo.
- No voy a dejar que le pase nada a mi hermano. Es por eso que espero de él y de ti que tengáis paciencia. Seher, tú eres lo que más ama y si sabe que puede ponerte en peligro se mantendrá alejado de ti.
- Ali... acabo de recuperarlo y... por favor... dile... si hablas con él... dile... que siempre lo he esperado y que lo seguiré esperando. ¿Se lo dirás? - rogó Seher.
- Claro que sí, cuñada - se despidió Ali. Luego mandó un mensajero a casa de su hermano para devolverle su móvil y darle instrucciones.
Yaman se paseaba como un león enjaulado por el despacho de su casa. Llevaba tres días recibiendo instrucciones de Ali por un lado y de Cengoz por otro. El viernes a las 00:00h llegaría un barco al puerto de Estambul y él debería tener un contenedor preparado para albergar durante 24 horas la mercancía además sus socios le habían dicho que él debía supervisarlo todo personalmente. Luego la mercancía sería sacada del puerto para su venta pero Yaman seguía sin saber de qué se trataba. Su hermano le estaba ocultando información y eso, sumado a los días que llevaba sin ver ni hablar con Seher, le estaba carcomiendo.
Ambas partes lo tenían a ciegas y él se sentía como un títere. Debía hablar con Ali de inmediato e insistir en tener toda la información o no sabría a qué atenerse en caso de fallar algo.
Ali se coló de madrugada en la mansión de su hermano y pagó la osadía en la cocina encañonado por Yaman.
- ¿Pero qué haces tratando de colarte en mi casa? - le preguntó Yaman bajando el arma en cuanto supo quien era el intruso.
- ¡Kahretsin, abi! Juro que da miedo pensar cómo vas dos pasos por delante de todo el mundo - se lamentó Ali.
- Son muchos años de andar solo en la oscuridad y es en las sombras donde aprendes a defenderte antes de ser atacado. Hablando de oscuridad, sácame de ella y cuéntame todo, ¡hemen! - masculló Yaman dedicándole su ceño fruncido.
- Sólo hay una cosa que te he ocultado Yaman - empezó a explicar Ali con cuidado - Sabes tanto de la operación del viernes como yo excepto con qué comercia Rifat Yildirim.
- ¿Drogas? ¿armas? ¿dinero falsificado? - preguntó Yaman perdiendo la paciencia.
- Niñ@s... - susurró Ali.
Yaman creyó no haber oído bien. ¿Su hermano había dicho niñ@s? Se puso pálido y apretó los puños deseando tener entre ellos el cuello del tal Rifat Yildirim. Empezó a respirar con fuerza y con voz del más allá pidió a Ali:
- Dime que el viernes serán liberados. Dime que no he de quedarme mirando como llevan a es@s niñ@s de un barco a uno de mis contenedores. Dime que no he de quedarme quieto, Ali.
- Hermano... - lamentó Ali - deberíamos esperar a ver a dónde los llevan...
- ¡Y una mierda comisario! ¡Hayir! - gritó Yaman tomando a su hermano por el cuello - No pienso permitirlo, Ali, así que ya puedes tratar de detenerme y encarcelarme porque el viernes por la noche esos niños no entrarán en mi contenedor. ¡De ninguna manera!.
- Tamam, tamam, ¡suéltame! - pidió Ali intentando respirar - ya sabía que te opondrías pero mi superior me pidió que lo intentara al menos. El puerto estará rodeado de policías. Gracias a las grabaciones del otro día y a la gente que caerá el viernes podremos meter en la cárcel finalmente a Rifat y a los demás. En cuanto atraque el barco y saquen a los niños intervendremos.
- De acuerdo Ali, confío en ti. Y ahora, dame tu móvil porque voy a llamar a mi mujer y ni se te ocurra decirme que no - ordenó Yaman con la mano extendida a su hermano pequeño.
- ¿Ali? - respondió Seher a la llamada somnolienta.
- No, cariño. Soy yo - dijo Yaman en voz baja y ronca.
- ¿Estás bien? ¿Ya ha acabado todo? ¿Vienes a casa? - preguntaba Seher aliviada de oír su maravillosa voz.
- Hayir, sevligim, pero no aguantaba más sin escucharte y he confiscado el móvil de mi hermano ¿cómo estáis Yusuf y tú? - preguntó Yaman cerrando los ojos para sentirla más cerca.
- Bien, estamos bien pero... estoy...estoy... preocupada y quiero... necesito... - intentaba hablar Seher pero la emoción le cerraba la garganta.
- Yo también lo quiero, mi amor, también lo necesito. Estos días sin verte... - Yaman tragó intentando encontrar las palabras que la hicieran saber lo mucho que la amaba y que la necesitaba.
- Siento lo mismo que tú - susurró Seher ahogando un sollozo.
- Shhhh, cariño... 48 horas. Sólo 48 horas - rugió Yaman bajito. Luego se despidió de ella - te quiero Seher.
- Yaman... - intentó ella cerrando los ojos.
- Vuelve a decirlo - pidió él apenas sin poder hablar.
- Yaman... - repitió ella cariñosa.
- Lo sé, mi estrella del Norte - y colgó.
Al otro lado de Estambul, Rifat Yildirim miraba sonriendo la foto en su móvil de una hermosa mujer de ojos verdes...

Ohhhh abla con la primera frase me ha salido un, la madre que te parió...cada vez me gusta más ;)))Laura
ResponderEliminarTu si que sabes mantener la accion...
ResponderEliminarCon emoción e intriga así me tienes...deseando los siguientes. Gracias😘
ResponderEliminarOhhh que miedo!!! Me quedo esperando el siguiente capitulo, graciassss
ResponderEliminarIsa!!!! Haz convertido esto en una novela policiaca,drama y romance ...mierda si te digo que no estoy esperando el siguente... MAGISTRAL ABLA!!!! Me quitó el sombrero
ResponderEliminarMe encanta, lo tiene todo este capitulo....
ResponderEliminarOhh por Dios aun ay mas y ahora wue hago como espero el siguiente.
ResponderEliminar"Al otro lado de Estambul, Rifat Yildirim miraba sonriendo la foto en su móvil de una hermosa mujer de ojos verdes..." como sea Seher...me muero! 😳
ResponderEliminar