Yaman salió de la ducha secándose el pelo y mirando hacia la cama. Esperaba encontrar a Seher dormida, tal y como la había dejado hacía diez minutos, pero ella no estaba en la habitación. Frunció el ceño preocupado por si su mujer había huido presa de su eterna timidez. Luego recordó que durante la noche ella no se había mostrado especialmente tímida si no más bien curiosa y confiada. Yaman lanzó la toalla a la butaca y volvió a atarse la que llevaba enrollada en la cadera, luego cogió su móvil 📱 y justo en ese momento recibió un mensaje de "Yusufun Teyzesi" 😉: Estoy esperando los cafés.
Yaman sonrió ante el mensaje de su esposa y cogió la maleta 👜 para buscar ropa limpia. Al abrirla recordó (con música de fondo) cuando a ella se le había atascado la manga en la cremallera y dio gracias a Allah por ello. Oyó la puerta y se giró a tiempo de ir a ayudar a su mujer que traía una bandeja con dos tazas de café. Tomó la bandeja de sus manos y se quedó mirando cómo le quedaba a ella su sudadera...
Seher había saltado de la cama intentando no despertar a Yaman. Se lo había quedado mirando embobada un rato recordando escenas de la noche pasada en sus brazos (más música) y maldiciéndose por no haber consumado su matrimonio antes. Por Allah que no sabía que se podía sentir tanto placer en el lecho conyugal y, siendo sincera consigo misma, estaba deseando repetirlo. Cuando pudo dejar de mirarlo (le costó bastante), se puso la falda del día anterior y la sudadera que él había sacado de la maleta. Fue a buscar rápidamente dos cafés para volver lo antes posible a la habitación. Lo que no esperaba al volver era encontrarlo despierto y semi desnudo. Menos mal que él acababa de cogerle la bandeja o se le habría caído de las manos.
Yaman estaba ante ella sólo con una toalla enrollada en la cintura y parecía que en cualquier momento esa toalla resbalaría al suelo. Ella misma estaba a punto de resbalar al suelo. No iba a acostumbrarse jamás a despertarse con ese hombre. Su pecho musculado y marcado por varias cicatrices tenía secuestrada su mirada. Su cara de dios turco, su fuerte cuello, su pecho, su vientre...la toalla. ¡LA TOALLA! La toalla no iba a aguantar y Seher empezó a sentir mucho calor. Se quitó la sudadera sin pensar y su marido abrió los ojos sorprendido.
Se miraban mutuamente deseándose como locos pero disimulando tanto anhelo.
- ¿Café? - preguntó Seher aclarándose la voz.
- ¿Café? - repitió Yaman sin poder apartar la mirada del sostén de su mujer y de lo que había debajo.
Los dos tomaron sus tazas al mismo tiempo y, mirándose por encima de ellas, tomaron un sorbo nerviosos. Ninguno de los dos quería abandonar la habitación para ir a pasear, ni siquiera querían desayunar, sólo querían una cosa. Los dos la misma cosa.
Yaman dejó su taza en una mesita sin apartar los negros ojos de su escote. Seher dejó su taza con la vista fija en el débil nudo de la toalla. Ambos dieron un paso adelante para que sus bocas dejaran de dolerles de necesidad. Se mordieron suavemente uno al otro, suspirándose entre bocados. El deseo recién descubierto los recorría de arriba a bajo y se sentían débiles y fuertes al mismo tiempo. Yaman chupó su labio inferior y ella lamió el suyo. Se paladeaban adictos al sabor del otro. Sabor a amor con café turco. Las manos de ambos temblaban y temblando se tocaron. Aquellos besos con sabor a triunfo sobre mil adversidades se tornaban cada vez más eróticos. Se querían comer. Estaban hambrientos.
Yaman bajó de golpe la tela del sostén negro y jugó entre sus dedos con los pezones duros de ella como un prestidigitador . Seher arañó de placer sus pectorales y costillas susurrándole gemidos entre bocados. Aquellas caricias a plena luz del día eran más carnales, más prohibidas y los estaban volviendo locos. Abandonaron sus bocas para besarse cuellos. Yaman la olía y mordía, Seher aspiraba y lamía. Se oían también. Quejidos, suspiros, roces eran música caliente que goteaba sin parar. Sus manos apretaron más, viajaron fuerte, rasguñaron intenso...
Ella lo atrajo por las caderas soltando la molesta toalla, él desabrochó el botón de su falda para que cayera al suelo. No aguantaban. Yaman puso sus grandes manos en sus muslos y la subió a su cuerpo. Besándose bocas y caras avanzaron hacia la cama. Yaman se aguantó en sus antebrazos y con las rodillas impaciente separó las piernas de ella. Seher rendida en la cama lo miró dándole permiso a todo. Con la mirada se comunicaban y sus mensajes no podían ser más sensuales. Él pasó una mano tras el cuello de ella dejando fluir su pelo entre los dedos, luego esa mano recorrió su esbelta espalda hasta acabar en su redondeada nalga. Su palma endurecida siguió bajando hasta acariciar tras la rodilla y tomarla para poner su pierna tras su espalda. La quería abierta, la quería presa de él pero el único reo siempre sería él. Moriría feliz en la cárcel de su cuerpo.
Seher lo tenía entre las piernas, su miembro palpitando a las puertas de su sexo acariciándola en sus pliegues húmedos y ambiciosos. Yaman movía las caderas para que Seher notara el juego de su miembro pero sin entrar y ella empezó a gemir acariciando su cara a base de aliento caliente. A Yaman se le calentaban los labios con los suspiros de ella y deseaba bebérselos por lo que bajó la cara para saciar su sed. Seher estaba enfebrecida y llevó sus manos a los duros glúteos de Yaman para acercarlo y que su miembro se enterrara en ella. Sus pechos quedaron pegados al pecho de él y sus pezones se erizaron más hiriéndolo de deleite.
Ella temblaba, no podía más. Si él no le daba ya lo que reclamaba se marchitaría así que le exigió:
- Ahora. No puedo aguantar más. Lütfen...
Yaman retrocedió y luego avanzó entrando en ella mirándose en sus verdes ojos. Seher echó la cabeza hacia atrás entregada y él se volvió a enamorar de ella. Su miembro duro e implacable la conquistaba a base de embestidas certeras. Ella lo notaba dentro, recorriéndola, aprendiéndosela y le pedía más. Seher lo encadenaba con las piernas lo apresaba con sus brazos por el cuello y ascendía a las estrellas con cada empuje del cuerpo de él. Aquel hombre era suyo, su marido y sellaba su unión penetrándola fuerte y decidido. Ella pidió más y el concedió más. Ella gimió más y el rugió más. Los movimientos se iban haciendo cada vez más urgentes. Volvían a besarse al ritmo que marcaban sus caderas. Sus lenguas enlazadas, sus cuerpos ya sin fronteras. Una vez más, otra vez, más rápido, más hondo, otro rugido y otro gemido y todo paró cuando el orgasmo los recorrió y exhalaron su placer infinito.
La habitación "Margarita" les devolvía el eco de las respiraciones aceleradas de ambos. Yaman tenía la frente perlada de sudor apoyada en la de ella. Seher seguía con las manos en sus fuertes hombros. Lo acariciaba como quien acaricia a un animal salvaje que reposa tras la lucha. Yaman salió de ella, se tumbó a su lado y la abrazó.
- ¿Nos hemos perdido el desayuno? - Preguntó Seher acariciando su barba.
- Y la comida también... - respondió Yaman sonriendo en su pelo.
LA TOALLA! LA TOALLA! Tu si que sabes como tiene que salir Yaman de la ducha 😏ufff, me encanta!
ResponderEliminarExtraordinario, impresionante y TREMENDO relato. Muchísimas gracias Isa, es lo único que podía reconfortarme después del tenso capítulo de hoy. 😘😘😘
ResponderEliminarJaja genial para llevar la semana jaja está dura genial
ResponderEliminarHermoso,
ResponderEliminarSimplemente bello como siempre ISA gracias
ResponderEliminarMe ha encantado como todos ...pero ahora toca que sufra un poquito por como se ha portado
ResponderEliminarExcelente 👏👏
ResponderEliminar🔥🔥🔥🔥🔥
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