Escrito publicado en la web El Hilo Rojo del Destino de nuestra amiga @Nona
De nuevo gracias Mónica por la confianza.
Cuando dos almas se reconocen el hijo rojo
del destino se tensa y
ahí es cuando somos conscientes de que alguien a quien no sabíamos que
esperábamos ha llegado.
Un hombre joven y apuesto se dispone a entrar en
el hospital cuando choca con una hermosa mujer que sale apresurada. Sus miradas
convergen y se anclan la una a la otra por unos instantes que les parecen
eternos. Los segundos suenan tic tac tic tac pero deben separarse pues más
gente quiere entrar y más gente quiere salir. Los dos dan un paso hacia el
mismo lado y vuelven a quedar frente a frente. Se sonríen pero esa sonrisa sólo
se refleja en sus ojos por culpa de la mascarilla que ambos llevan. Vuelven a
intentar cederse el paso y sus cuerpos bailan hacia el mismo lado de nuevo.
Intercambian otra mirada sonriente y finalmente él se echa hacia atrás para que
ella pueda salir. Sus cuerpos se acercan y se alejan en lo que dura una
respiración. Él capta un leve perfume que se refugia para siempre en su
memoria. Ella se lleva un pedacito de la calma que él transmite. La
electricidad suena crepitando porque sus meñiques, durante un segundo, se han
rozado. El hilo rojo del destino se ha tensado y destensado y ya dos almas
se reconocen.
El hilo rojo del destino marca el momento
cuando dos almas se reconocen pero hay almas que necesitarán varios encuentros
para aceptar su destino.
Ella está nerviosa. Lleva nerviosa semanas. Las
noticias no son buenas pero debe aceptarlas y confiar. Está intentando
calentarse las manos con la infusión que ha de calmar sus nervios cuando
levanta los ojos y lo ve. Él, otra vez. Su temerosa mirada cruza la cafetería
del hospital para ir a parar a sus ojos azules, esos que él levanta y paran en
los suyos. Dos almas se reconocen de nuevo. Ella está sola, él
acompañado. Ambos querrían hablarse, comprobar que sus voces les son familiares
a pesar de no haber intercambiado jamás palabra alguna. El misterio de sus
bocas queda desvelado porque los dos se han quitado las mascarillas. Se ven los
labios, se sueñan un beso imposible y acaban apartando las miradas porque el
anhelo inesperado duele demasiado. La hora de la visita se le acerca a ella,
una llamada urgente le llega a él. Cuando él vuelve a buscarla ella ya no está.
Dos almas se reconocen sin verse porque el
hilo rojo del destino las une incluso a través del espacio y del tiempo.
-
¿Diga?
– contesta ella la llamada.
-
Llamo
del hospital para hacerle unas preguntas. Soy el cardiólogo que la operará mañana
– explica él frunciendo el ceño. Esa voz…
-
De
acuerdo. Le escucho – y ella querría escuchar esa voz para siempre porque la ha
calmado, porque ha sentido que todo estaba bien. Su corazón ha reconocido esa
voz y le confiará su latido al día siguiente.
La conversación se alarga; ninguno de los dos quiere colgar. No se están viendo
pero se están mirando porque el hilo rojo del destino vuelve a tensarse
cuando dos almas se reconocen.
En el momento más difícil de un ser
humano, el hilo rojo del destino se tensará para que dos almas que se reconocen
puedan finalmente unir sus vidas.
Ella yace en la camilla con su pelo oculto bajo el
gorro verde. Lleva la mascarilla que hace meses acompaña a todo el mundo y un
ángel disfrazado de enfermera la tapa para que no coja frío. El suero gotea en
tic tac marcando los segundos previos a que la duerman. Sobre ella focos
potentes han de iluminar el camino hacia su corazón. Un corazón con una arteria
en problemas. Una arteria que, según cuenta alguna leyenda que ha leído, cruza
su cuerpo hasta llegar a la punta del dedo meñique. Cuando sale del dedo
meñique lo hace en forma de hilo rojo del destino. Ese hilo conecta
todas las almas y hace que cuando se encuentran, se reconozcan.
La espera en quirófano empieza a ponerla nerviosa
pero alguien se ha parado a su lado y su dedo meñique nota el cálido tacto de
esa persona. Eleva los ojos y unos iris azules la sorprenden. Él también lleva
gorro y mascarilla pero sus ojos azules ya viven en su corazón estropeado desde
la primera vez que los vio. Lo reconoce.
El joven doctor siente un tirón en su dedo meñique
que de manera inexplicable ha ido a unirse al de la paciente a la que ha de
operar a corazón abierto. Es la joven con la que no podía dejar de hablar por
teléfono y, cuando busca sus ojos para conocerla, resulta que su alma ya la
había reconocido. Ve en su mirada que ella confía en él y él no puede
permitirse dudar. Ha de operarla.
Ella despierta entre luces, pitidos y cables pero
no teme. Lo siente a su lado tomándola de la mano. Encuentra sus ojos azules y
sus miradas hablan. Ya no se separarán jamás porque el hilo rojo del destino
ha vuelto a tensarse haciéndoles entender que sus almas han de seguir el
trazado marcado por el destino.

Que bonito y romántico!! ! El hilo rojo es real!!
ResponderEliminarHermoso realmente piel de gallina ♥️♥️♥️♥️
ResponderEliminarUyyy, y esto? Es muy bonito!
ResponderEliminarPinta muy bien...que te gusta un medico ablacim sobre todo los cirujanos;) ...Laura
ResponderEliminarRealmente precioso!!!
ResponderEliminarEs precioso mucho!!!! Cómo todo lo que escribes....ese hilo rojo uff
ResponderEliminarMe ha gustado mucho. Pero las entregas por fascículos nooo. La paciencia no es una de mis virtudes. Desde que oí hablar por primera vez de la Leyenda del hilo rojo me fascina. Un saludo.
ResponderEliminarBueno lo tuyo no es normal... Escribes eroticofestivo de manera bestial, te nos pasas a novela negra y lo bordas.. y también romántica... Hija mía.. mis dieses!!!!
ResponderEliminarPrecioso. Me encantó leer algo diferente del mundo Emanet escrito por ti. Qué bonito lo haces. Gracias y gracias también a Nona por la parte que le toca.😘
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