Al último día de la vida de Andrés le faltó una hora. La madrugada del 30 al 31 de marzo de aquel año los relojes habían avanzado pasando de las 2 a las 3, robando así esa hora del último sueño de Andrés. Cuando despertó tomó su reloj y movió las manecillas, luego fue a la cocina a dar los buenos días a su esposa.
- No sé qué voy a hacer un domingo tan temprano - le comentó a María.
- ¿Tan temprano? Si son las 11 de la mañana. ¡Ay Andrés! el reloj había que adelantarlo, no atrasarlo - le dijo su esposa sonriendo y negando con la cabeza ante su despiste.
Andrés entendió perplejo de repente que era tarde. No sabía lo tarde que era ya para todo... Volvió a girar las manecillas acortando así aun más su vida. Aquel domingo de marzo, que coincidió con el domingo de resurrección, hacía sol por lo que Andrés aprovechó lo que le quedaba de mañana para salir a pasear y para llegar tarde a la partida de dominó con los amigos en el bar habitual.
A mediodía volvió a casa para comer con su mujer y su hija de 26 años por última vez. El plan de la tarde era visitar a su sobrina embarazada para llevarle regalos para el pequeño que estaba por nacer. A esa visita no llegaron tarde, simplemente no llegaron.
Poco antes de las cinco de la tarde se vivieron los últimos momentos de la vida de Andrés. Momentos que con el tiempo todos convirtieron en "y si"...
Aparcó ante la casa de Andrés el coche de su hija mayor y se bajaron ella, su marido y su nieta de 3 años a la que tiempo le faltó para salir corriendo a abrazar a su abuelo. El último abrazo que le dio.
La hija mayor, embarazada de 7 meses, lo saludó descubriendo olor de tabaco prohibido y frunciendo el ceño lo riñó por enésima vez. Lo reprendió por seguir fumando "a escondidas" habiendo acabado hacía poco el tratamiento contra el cáncer de pulmón, pero la adictiva nicotina podía más que Andrés. Esa hija aun recuerda que las últimas palabras dichas a su padre fueron de reprimenda.
La hija, el yerno y la nieta volvieron a subir a su coche. De la casa salió María y la hija pequeña que se puso al volante de su propio vehículo. Se oyó la voz de la pequeña nieta llamando a su abuela:
- ¡Yaya! ¡Vente con nosotros!
María dejó abierta la puerta del pasajero y fue hacia el coche de su hija mayor ante la insistencia de la pequeña. Se subió con ellos y Andrés pasó a ser copiloto de su hija pequeña. La voz de esa niña hizo girar el eje del destino.
En el camino inocente para ir a visitar a la familia un domingo de Semana Santa cambiaron varias vidas mientras una se apagaba. En un semáforo la pequeña nieta de Andrés se giró en el asiento de atrás del coche de sus padres y saludó a su abuelo y a su tía que iban en el coche de atrás. Fue una despedida. El semáforo se puso en verde y ambos coches salieron a la carretera.
Minutos más tarde, apenas dos kilómetros más tarde, todo era ya diferente. Andrés acababa de dar su vida salvando la de su hija pequeña. Ese acto de amor verdadero quedó entre hierros retorcidos, humo y gritos. Quedó escondido del ruido de las sirenas y del rugir del helicóptero que apareció en el cielo de las cinco de la tarde.
A Andrés le faltó una hora de su último día pero le dio años a su hija. A ella le siguen faltando 48 horas porque su cerebro quiso olvida moviendo las manecillas hacia adelante. Y cada año cuando ha de cambiar la hora de su reloj recuerda el valor del tiempo. El tiempo que se pasa con los seres queridos no debe ser adelantado ni atrasado, debe ser vivido.

Me ha gustado mucho el relato. Qué gran verdad, hay que vivir cada hora y disfrutar de nuestros seres queridos. Por cierto, conozco muy bien al pintor del cuadro.
ResponderEliminarMuchas gracias Belén y gracias a Luis por dejarme compartir su arte. Un abrazo. Isabel.
EliminarToda la razón,si hay algo que jamás vamos a recuperar es el tiempo es lo más valioso que hay....muy bonito abla
ResponderEliminarGracias Diana. Un besote abla!
ResponderEliminarCada hora, cada minuto y cada segundo hay qué vivirlo. Buena reflexión con éste relato. Muy bonito. Gracias 😘
ResponderEliminarAndrés ese 31 de marzo ganó más que una partida de dominó, regaló su tiempo, su vida a su hija pequeña de 26 años..Hay algo más maravilloso que alguien te regale su tiempo, su vida?
ResponderEliminarPrecioso Isa, como siempre un placer leerte.
Muy profundo😢y gran verdad
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