domingo, 7 de marzo de 2021

1000, 130, 0 latidos. (Este es tu relato Alejandra López. Las broncas para ti. Por favor y gracias)

 - ¿Por qué motivo estás así y te quedas en silencio? Me duele estar así. ¿Qué pasó? Por favor, dime. Quiero saber cuál es la verdad. ¿Por qué callas?

- Porque no eres NADA a mis ojos. ¿Entiendes ahora la verdad? No eres más que NADA para mí. 

- Yo...

- ¡No existes! Tampoco tienes ningún valor para mí en esta mansión.

- Pero lo que pasó...

- Todo fue por Yusuf. Tenías que quedarte aquí para que yo no perdiera a Yusuf e hice lo necesario. 

- No... no...

- ¡Todo ha terminado! Los servicios sociales y la familia lo creyeron. Todos lo creyeron. Incluso tú lo creíste. Caiste en el hoyo que cavé. Pero ahora este cuento de hadas se acabó. ¿No querías estar aquí? ¿Bajo este techo? Así será, pero de la manera que yo quiero. Harás que todo parezca normal fuera de esa puerta. Pero aquí, en esta jaula, ya sea que estés sin aliento o muriendo en esta prisión... ¡No serás nada para mí! ¡Ahora, sal de mi vista!

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    Yaman despertó sudando de aquella pesadilla. Hacía meses que no bajaba a su infierno personal durante la noche pero aquella conversación maldita se había vuelto a colar en su sueño para acabar de aniquilarlo. Se levantó y apoyándose en la pared llegó hasta la ducha. Trató de que el agua limpiara la niebla que envolvía su alma pero fracasó. Volvió a su cama y abrió el cajón de su mesita. Sacó el mensaje que ella una vez le había mandado cuando él estaba en el hospital. Lo leyó por milésima vez: estoy aquí, esperándote, como te prometí. 

    Se maldijo 130 veces por no haber interpretado aquella nota como lo que era. La manera de ella de decirle TE AMO. El miedo lo había cegado toda su vida y ese mismo miedo en forma de venda en sus negros ojos le había impedido entenderla. ¡Tantas veces le dijo TE AMO! Unas 1000. Cuando lo sacó de su oscuridad. Cuando logró que él enterrara sus armas. Cuando tocó su labio como si tocara el labio herido de él. Cuando clamó por su beso a oscuras después del apagón. Cada vez que cerraba los ojos ante una caricia de su mano, de sus labios... 

    ¿Se podía robar la luz a una estrella? Él, Yaman Kirimli, había logrado con sus palabras apagar a la mismísima estrella del norte y a él le tocaba vivir el resto de su miserable vida en la oscuridad que él mismo había provocado. Se recostó apretando la nota contra su pecho. 

    Seher se desveló de golpe. Se llevó la mano al corazón notándolo frio y se asustó. Se tapó aun más e hizo lo que hacía siempre que se asustaba, lo conjuró. Trajo a su mente momentos que atesoraba como cuando él le arregló el colgante o como cuando le hizo llegar algodón de azúcar. Quizás todos aquellos recuerdos fueran mentiras, como él le había dicho, pero ella se había enamorado de aquellas mentiras. ¿Su corazón rebosaba de momentos falsos? ¿Latía por un fantasma? ¿Lloraba 1000 lágrimas por un hombre que jamás existió? 

    Cerró fuerte sus ojos verdes y lo soñó. Estaban de nuevo en el hotel de su luna de miel pero esta vez él no se iba. Él se levantaba sin apartar sus ojos negros de los suyos y le ofrecía la mano para que ella la tomara y fueran juntos a su habitación. Nada más entrar la envolvía entre sus poderosos brazos y ella enterraba sus dedos entre su pelo negro. Se miraban más enamorados que nunca y se buscaban la respiración a base de besos húmedos. Besos lentos, besos perezosos que querían durar 1000 latidos. 

    Yaman arrastraba sus grandes manos por su espalda logrando que ella se erizara como un gato. Aquel hombre la inundaba de amor y pasión y ella renacía y tomaba forma como arcilla entre sus dedos. Un calor desesperado los recorría. Calor en sus lenguas, calor en sus pieles que gritaban por unirse. Seher sujetaba su cara para besarlo mejor, para no perder el contacto con su aliento, para devolverle su lengua cada vez que él la reclamaba. 

    Bajó sus manos a los malditos botones de su camisa azul y los fue desabrochando. Sus dedos impacientes tocaban su piel siempre cálida entre botón y botón y él respondía con sus dientes en su labio. Yaman bajó sus manos a sus nalgas y la apretó contra él. Y fue ella quien lo mordió amorosa. Lo amaba. Lo deseaba. Y sería para siempre. Se intentaron acercar más el uno al otro como si eso fuera posible. Mil caricias volaban entre ellos, 130 jadeos se compartían. Los besos se desesperaban. Yaman amasó sus senos colando sus manos por el escote de su vestido y algunos botones se abrieron sin permiso. Ella arrastró la camisa por sus brazos marcados y lo dejó medio desnudo para deleite de sus verdes ojos. Su marido era un ejemplar magnífico y ella se deshacía por su cuerpo. Besó sus pectorales, besó el latido de su corazón de piedra y oyó cómo se rompía en pequeños guijarros.     

    Yaman se excitaba a pasos agigantados y acabó subiéndola a su cintura quemándose con el calor de ella. El vestido quedó arrugado entre ellos cuando él la apoyó contra la pared. Ocultó su cara entre los senos de ella para respirar su escote. Luego lo lamió mientras la sujetaba por las nalgas con sus grandes manos. Su cuerpo fuerte la apuntalaba para que ella no cayera y así se movió contra ella para demostrar cómo lo ponía. Seher echaba la cabeza hacia atrás permitiendo que su marido chupara de ella. Sus pezones en su boca eran la imagen que la calentaba hasta convertirla en una hoguera. Sus manos en su trasero ardían y la movían para que ella notara lo duro que lo ponía. 

    Seher no aguantaba más sin tenerlo dentro así que bajó sus manos entre sus cuerpos y como pudo lo liberó para por fin tener su miembro a las puertas de su cuerpo. Temblaba. Mordía su cuello. El lamía sus pechos sin cansarse. De repente entró en ella empotrándola. Sus miradas enfebrecidas se cruzaron entre besos atormentados. Mil miradas. Yaman empujó y ella creyó morir de gusto. Se agarró más a sus hombros y dejó que él se moviera contra ella, en ella, por ella. Una vez, dos veces, tres veces. Entraba y salía desesperado y su desesperación la traspasaba. Ella se mordía el labio y él luego lo lamía cariñoso. Aquella hoguera crecía sin control. 

    - Más. Te necesito todo. No me guardes nada. 

    - Pasé a ser tuyo en nuestra primera mirada. 

    - No pares. 

    - No me dejes. 

    Yaman la penetró más rápido y ella gritó más. Yaman rugió el placer que se le enredaba en la base de la columna y corría hacia ella a través de su verga dura y ambiciosa e intercambió su orgasmo con el de ella. Seher palpitó su placer arrastrándolo en un mar de gritos liberadores. Yaman la abrazó sin querer separarse de ella. Ocultó su cara en su cuello de vainilla y recuperó fuerzas llenándose de su aroma. Seher lo acunó abrazando su ancha espalda mojada. 

    Volvían a mirarse cuando los ojos negros de él empezaron a desvanecerse. No. Hayir. No... sollozaba Seher abrazada a la almohada. Hayir, Hayir... aquel sueño de amor le había parecido tan real. Tan real... eso le había dicho él. Esto es real. Le había dicho aquello varias veces, 130 veces, para luego matarla con la verdad. "Hasta tú te lo creíste". Seher dormitó sollozado toda la noche pero con la luz del día llegó la verdadera pesadilla. El temido día y el día más temido. 


    - Otra vez devuelve la bandeja llena - dijo Adalet a Cenger. 

    - Anoche tampoco cenó - se lamentó Cenger. 

    - ¿Cuánto debe pesar? - sollozó Adalet.     

    - No lo sé. 

    - Hoy tampoco saldrá de su habitación... y menos siendo el aniversario de bodas - susurró Adalet limpiándose una lágrima - no lo deje solo Cenger Abi. 

    Cenger subió a ver su señor. Hacía semanas que no lo reconocía ya. Entró sin llamar, se le calló el alma a los pies y salió corriendo en busca del teléfono. 


    Seher se había prometido sobrevivir a aquella fecha como fuera. No esperaba oír el timbre de la puerta. Hacía poco que Firat se había llevado a Yusuf a la mansión y no esperaba a nadie. Abrió y allí estaban Firat y Ali mirándola con cara muy seria. 

    - ¿Y Yusuf? - preguntó asustada. 

    - Está con mamá, no te preocupes por él Seher. Venimos por otra cosa - dijo su hermano. 

    Seher lo supo. Venían por él. Se llevo las manos al pecho para notar su latido número 0 y si Ali no la hubiera sujetado se habría desvanecido. 

    - ¡Firat! ¡Habla! - gritó entre sollozos. 

    - Está en coma, Seher - dijo Ali en voz muy baja. 

    - Hayir, Hayir Ali...Eso no puede ser... eso es imposible ¿Qué ha pasado? - Preguntó Seher ahogándose y negando. 

    - Jamás has querido que habláramos de él pero yo he estado visitando la mansión, hermana. Era como visitar una mansión fantasma. Hace meses que el silencio es lo único que se escucha. Cenger y Adalet son los únicos que están allí y hablan en susurros. Yaman Kirimli se rindió cuando te fuiste. Entendió que jamás lo perdonarías y... Al principio parecía que intentaba seguir con su vida. Iba a su empresa... luego dejó de ir y se fue convirtiendo en una sombra. No debería estar contándote esto - se lamentó Firat. 

    Una sombra... como en el dibujo de Yusuf... 

    - Seher ¿qué quieres hacer? - preguntó Ali. 

...

   

    

    

14 comentarios:

  1. Esto es tan genial y tan necesario para nuestras almas heridas que solo espero el desenlace y sabemos que ella lo ama

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  2. Pobre Yaman como me duele su dolor 😭❤️🇻🇪🏹

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  3. Hermoso y triste me encanto ♥️♥️

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  4. Me ha encantado, él tenía q saber lo que perdió, pero su ángel salvador volverá..

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  5. Felicitaciones. Es una historia que me llegó al alma y muy necesaria.

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  6. Que historia más bella querida ISA...besos

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  7. No puedes dejarnos así... quiero saber lo que ocurre. Tengo más curiosidad en tu desenlace que en el otro. Lo haces tan bonito.Gracias, muchas gracias❤️

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  8. Ummmm... no nos vas s dejar asi verdad??!!!

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  9. Hermoso relato,el gigante vio su error,💐

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  10. 😭😭😭😭Porque me haces sufrir? 😢

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  11. Malvada, ea ya tenemos historia paralela a sufrir por partida doble...Laura

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  12. Habrá segunda parte...qué sufrimiento😢😢

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