PRIMER RELATO DE CAPÍTULO ANTIGUO.
Yaman Kirimli yacía en su cama sin poder apartar de su mente lo sucedido las últimas 24 horas. Aquella maldita mujer había conseguido su permiso para llevar a Yusuf al cementerio y luego, durante unas horas, había creído que ella había traicionado esa débil confianza secuestrando a su sobrino. Cuando la vio llegar a la mansión con el pequeño de la mano creyó que volvía por miedo; que se había arrepentido de intentar huir y la siguió a su cuarto para castigarla. Su ira era inmensa sin saber porqué. Las horas de incertidumbre habían avivado el fuego de su odio hacia esa intrusa y entró en su cuarto abriendo la puerta de par en par.
Ella lo había enfrentado levantando orgullosa su mentón y a pesar del puñetazo que pegó en la pared ella había seguido sin retroceder. Su pelea los había llevado a estar muy cerca, demasiado cerca. Yaman había querido acosarla, amedrentarla, hacerla temblar de miedo con su cercanía, sus gritos y su mirada furibunda pero el que había acabado temblando y no precisamente de ira, había sido él.
La tía de su sobrino tenía la apariencia de un maldito ángel con aquella piel que parecía suave al tacto (jamás lo sabría), aquellos enormes ojos verdes y el pelo de una diosa. Su hermoso cabello atraía constantemente su mirada y, aunque luego se reprendía tal debilidad, sus ojos volvían a admirarlo una y otra vez. Su largo pelo debía ser lo más suave que él jamás podría soñar con acariciar. Sólo podría soñarlo pues algo tan bonito no estaría jamás al alcance de sus toscas manos. Unas manos llenas de sangre no merecían tal recompensa.
Aquella bruja se había atrevido a advertirle que él mismo le entregaría a Yusuf. Jamás. De aquella pelea sólo saldría un vencedor y él tenía claro quien sería. Se había acercado más a ella para aterrorizarla pero, al inspirar, sus pulmones se habían llenado de su aroma a vainilla volviéndolo loco de deseo. Su cuerpo se había excitado con su olor y con sus respiraciones prácticamente intercambiándose como jadeos de amantes en plena unión sexual.
Sus bocas habían estado a un suspiro de distancia y besarse había sido durante escasos segundos un sueño loco e irracional. Yaman sabía que luego se habría maldecido pero aquel beso imposible habría merecido todas las maldiciones del mundo.
La odiaba. Y más la había odiado cuando por la noche Nedim lo había llamado y le había comunicado que ella tenía razón. No había intentado huir. Maldita fuera. Antes moriría que pedirle disculpas a esa intrusa pero había tenido el infortunio de encontrársela al salir de su habitación, tras la conversación con Nedim, y sus miradas se habían enlazado (como siempre), la de ella con temor, la de él con algo parecido al arrepentimiento. Yaman finalmente le había dado la espalda y había bajado las escaleras para salir de la mansión. Debía ir en busca de venganza.
La mala suerte había querido que al volver a casa herido varias horas más tarde ella viera su espalda sangrando. La muy falsa le había ofrecido ayuda y él, evidentemente, la había ignorado. Sí, esa mujer podía parecer un ángel pero era como todas: un demonio. Una hechicera que a pesar de ser su enemiga confundía su mente y su cuerpo. ¿Cómo diablos lo excitaba tanto? ¿Por qué era consciente siempre de ella?
Estaba intentando sacarse la camisa cuando se abrió la puerta de su habitación y ella entró con el botiquín. Ignoró su mirada de rechazo y bajó los escalones hasta plantarse ante él.
- Tu me curaste cuando me hirieron y ahora te curaré yo. No quiero deber nada y menos a ti - había dicho ella.
Yaman no sabía porqué aquella explicación le había causado algo parecido al dolor (era imposible que ella lo hiriera) pero acabó quitándose la camisa y sentándose en el sofá para que ella pudiera limpiar la herida de la puñalada.
Yaman no había supuesto lo que sentiría al notar su mano limpiando su sangre. Aquellos dedos suaves acariciaban su espalda y dolían más que la marca del puñal. Lo habían torturado alguna vez pero lo que le hacía esta mujer con sus caricias era mil veces peor. Sus torturadores jamás habían llegado a su alma. Si no iba con cuidado esta intrusa podría acabar metiéndosele bajo la piel. La echó en cuanto ella acabó y fue a tumbarse.
Estaban gritándose en la habitación de ella. Se encontraban tan cerca uno del otro que sus respiraciones eran tan compartidas como si fueran amantes. Los ojos de Seher viajaban rápidamente entre los oscuros ojos de él y su boca furibunda. Yaman no supo cómo diablos ocurrió pero de repente estaban comiéndose la boca uno al otro mientras sus manos se buscaban impacientes. Mordían los labios del otro, se lamían las lenguas ansiosos y se tocaban lo que no se habían atrevido a tocar en semanas de agonía. Se habían deseado culpablemente desde que se habían visto por primera vez y ahora por fin se acariciaban. Seher palpaba su amplio pecho acariciando aquellos músculos definidos sin dejar de saborear el café en sus labios. Yaman bajaba sus grandes manos por la espalda de ella hasta abarcar su trasero y acercarla a su cuerpo. ¿Notaba ella cómo lo ponía? Dios, estaba tan duro que dolía. Por ella, sólo por ella. Yaman se inclinó y tomó el vuelo de su falda para subírsela de golpe hasta la cintura. Se situó entre sus muslos y empujó. Seher se mordió el labio muerta de deseo y llevó sus manos al cinturón de él. Rápidamente liberó su miembro grande y duro mientras él la tomaba con una mano bajo la rodilla para anclar su pierna en su cadera. Ambos tenían prisa y Yaman sólo tuvo que apartar la ropa interior de ella para por fin empotrarla contra la puerta. Entrar en ella fue una revelación de sentimientos y sensaciones. No quiso analizarlas y se limitó a penetrarla rápido y duro una y otra vez mientras seguían besándose sin tregua. Yaman bajó su mano libre hasta donde sus cuerpos se unían frenéticamente y acarició la carne más sensible de ella con pericia. Rozó y mimó hasta que la notó tensarse toda ella y gritar en su boca su orgasmo. Él embistió un poco más y se corrió en ella cambiando de repente los besos exaltados por los más dulces que había dado en su vida. Sus cuerpos seguían unidos y... despertó.
Yaman se incorporó sudando en su cama. Un sueño. Parpadeó aclarándose la mente. Un sueño vívido y caliente. Con ella. Con su enemiga. Cerró los ojos frustrado y se levantó para ir hacia la ducha pero primero sus ojos se desviaron hacia el cuadro sobre su cama. Era un infinito y lo trastornó como no lo había hecho nunca... ∞
En la habitación opuesta Seher se agitaba entre las sábanas. Estaba soñando con él. Pero en su sueño aquel tirano cruel estaba dejando que ella curara su musculosa espalda. Seher recorría aquella piel cálida con la mirada tras ponerle una gasa que protegiera su herida. Lo tenía tan cerca y olía tan masculino a Invictus y a él mismo que acercó los labios y lo besó bajo la nuca. Notó que él se tensaba pero no decía nada y ella siguió repartiendo besos y caricias con auténtica gula. Aquel hombre era un festín para sus ojos y cuando él se giró mirándola sin fruncir el ceño ni apretar los labios... ella quiso besarlo. Iba a darle su primer beso al hombre más temible que hubiera conocido pero aquella situación ya había sobrepasado lo extraño y no temió hacerlo. Sus bocas se encontraron a medio camino y sus labios se dedicaron los roces más delicados. Yaman la tomó por la barbilla para girar su cara y el beso se profundizó. Seher notaba cosquillas por todo su cuerpo y mariposas en el estómago. Aquel beso era lo más perfecto que le había ocurrido pero jamás pensó que le ocurriría con un hombre como él. Notó la lengua de él humedecer su labio inferior y abrió la boca para devolverle la caricia sintiendo que el beso tomaba un camino erótico que hacía que apretara las piernas... empezaban a acariciarse el uno al otro cuando Seher despertó agitada.
¿Qué había sido eso? Aquel sueño había sido tan real que todavía sentía palpitar su sexo. ¿Con quién acababa de soñar que se besaba de aquella manera tan caliente? ¡Por Allah! ¡No! ¡Imposible! Pero imágenes de su ancha espalda llegaban para atormentar su mente y luego aquella cara demoníaca con barba y bigote y los labios más apetecibles se le aparecían entre retazos del sueño. Las sensaciones vividas en el sueño se asemejaban a lo que sentía siempre en su presencia. No podía ser. Él era su enemigo, se odiaban. Seher miró su reloj preguntándose qué hora era y vio que estaba parado. "El tiempo se había parado"... ⏳ recordó uno de sus libros favoritos y al mismo tiempo su corazón se saltó un latido. Se levantó agitada y fue a darse una ducha y a tratar de olvidar aquel sueño perturbador.
Thank you so much! I love it:)
ResponderEliminarEsperando que estos x sueños se hagan realidad. Muchos besos mi pequeña escritora ❤️
ResponderEliminar😍😘porque esto no pasa jajaja hermoso como siempre
ResponderEliminarGracias por tu talento amiga.
ResponderEliminarIncreíble lo viví 😊
ResponderEliminarIn the new year one I really liked how you included a baby. I was wondering if you had time, you can do a story based on the arrival of their first born child.
ResponderEliminarMaravilloso!
ResponderEliminarEs buenísimo. Podrías dedicarte a escribir profesionalmente. Un abrazo
ResponderEliminar😂😂😂me quede toda loca de amor 🥰🥰😍😍😍😘
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