Seher y Yaman permanecían de pie en el vestíbulo de la mansión. No se miraban, no se tocaban. Tenían la mirada fija en el pequeño Yussuf que en esos momentos abrazaba a su tío Ziyah, despidiéndose de él. Seher y Yussuf debían abandonar la mansión para volver al piso de alquiler o los servicios sociales retirarían definitivamente la custodia a la joven. Yaman apretaba puños y dientes refrenando su rabia porque otra vez lo separaban de las dos personas que más quería. ¿Por qué ahora? Todo estaba yendo tan bien. Seher y él cada día estaban más unidos y Yussuf estaba más feliz que nunca. Yaman se prometió averiguar qué enemigo invisible golpeaba cuando menos esperaban. Prefería mil veces soportar un disparo a volver a tener a Seher y Yussuf lejos de él. Seher... no quería ni mirarla para no ver el dolor en sus ojos verdes. Si la veía llorar arrasaría con todo para huir con ellos lejos pero sabía que debían hacer las cosas bien y eso se lo había enseñado ella. Por ella aguantaría lo que hiciera falta.
Seher fijaba la vista en la capucha de Yussuf. Se concentraba en respirar pausadamente y que el hombre que tenía a su lado no la viera flaquear. ¿Era esto otra prueba a superar? Parecía que Yaman había acatado la orden de servicios sociales pero ella sabía que por dentro hervía de rabia. "Dayan (aguanta), mi amor, dayan...) repetía en silencio, como una plegaria esperando que él de alguna manera la entendiera.
La trabajadora social tocó el hombro de Yussuf para indicarle que debían abandonar la mansión y el niño se volvió triste hacia Yaman. Yussuf miró hacia arriba, hacia su gigante, que en seguida se arrodilló para quedar a su altura y poder abrazarlo.
- ¿Por qué no vienes con nosotros, amca (tío)? - preguntó el pequeño sin soltarse del fuerte cuello de su tío.
Yaman no podía responder a eso sin romperse en mil pedazos y Seher, dándose cuenta, lo rescató (como siempre) y dijo a Yussuf:
- Sólo serán unos días, bitanem (cariño), vamos debemos irnos ahora.
Seher tomó de la mano a Yussuf y aprovechó para rozar el cuello de Yaman con sus dedos fríos. Esperaba que esa caricia furtiva lo calmara lo suficiente como para permitir su marcha. Seher se giró hacia la puerta con Yussuf de la mano porque ver a Yaman arrodillado en el vestíbulo le partía el alma. Aceleró el paso para meterse en el coche de servicios sociales lo más rápida que pudo. No miró hacia dentro de la mansión o todo su disfraz de calma desaparecería. Debía aparentar tranquilidad ante Yussuf pero alejarse del hombre que era su mundo cuando hacía tan poco que él había esquivado la muerte, le desgarraba el alma. Y lo peor era saber que él se debía estar sintiendo igual.
Yaman respiró hondo y sin hablar con nadie subió las escaleras de dos en dos hacia su despacho. Se sentó en su escritorio y sacó su móvil para buscar la foto. Tenía varias pero buscó aquella en la que estaban los 3 en el cumpleaños de Yussuf. Jamás había visto una mujer tan bella hasta ese día. Verla con el vestido que él le había regalado en lo alto de las escaleras lo había removido por dentro. Por aquel entonces no supo identificar lo que sintió. Hasta hacía poco tiempo no había comprendido que Seher era su mitad. Que lo había sido desde el primer desafío que recibió de ella. Recordó la bofetada, las miradas de odio y de miedo por parte de ella y su valentía. Seher jamás se rindió y, al no rendirse ella, fue él el que acabó rendido. Rendido ante el amor de esa maravillosa mujer. Pero ahora... ahora los separaban y se suponía que él debía acatar aquello...sin embargo él era Yaman Kirimli y que lo maldijera Allah si permitía que ella pasara una sola noche lejos de él.
Seher le había puesto el pijama a Yussuf, le había leído un cuento y había esperado a que se durmiera abrazado a su peluche. Miró el suave perrito y recordó unas manos grandes y fuertes acariciándolo. Suspiró para aligerar el vacío que sentía en su pecho y salió de la habitación apagando la luz y dejando la puerta entreabierta. Se dirigió a su habitación y sin encender la luz empezó a desvestirse. Fue hacia la pequeña maleta y sacó la parte de arriba de un pijama negro que le quedaba enorme. Quizás Yaman en esos momentos estaría pensando dónde estaba la mitad de su pijama, eso hizo sonreír tristemente a Seher. Se puso su pijama "robado" y lo olió. Había rociado la prenda con el perfume de él. Invictus, Invencible como él, como el amor que se tenían y que había ido creciendo poco a poco superando todos los problemas. Seher se acercó al ventanal para buscar la luna, una luna que ya se encontraba menguando y Seher pensó que ojalá los problemas también lo estuvieran haciendo. De repente le pareció ver un reflejo en el cristal del ventanal y estuvo a punto de gritar al entender que el reflejo no venía de fuera sino de dentro, pero una mano tapó su boca e impidió que gritara.
- No te asustes. Soy yo - rugió bajito Yaman al oído de Seher.
A pesar del delicioso escalofrío que la recorrió al notar su aliento caliente en el cuello, cuando se giró en sus brazos lo miró con furia. No podía evitar enfadarse cuando se asustaba.
- ¿Estás loco? ¿Qué haces aquí? ¿Y si alguien te ha visto entrar? ¿Y si avisan a servicios sociales? ¿Y si...- no pudo seguir hablando.
Yaman había decidido acallarla besando sus labios carnosos y suaves. Luego dejaría que ella lo riñera pero ahora debía besarla para calmar su enfado y su miedo (y el de él). Metió su lengua en la boca de ella buscando ser correspondido. Comió de su boca desesperado, lamía, mordía y succionaba sin parar y la abrazaba como si no hiciera 24 horas que la había tenido en sus brazos. Seher devolvía los besos intentando igualar el frenesí de él y sus manos subieron por su pecho fuerte y duro para llegar sus hombros y poder librarlo de la cazadora roja que tan bien le quedaba. Ahora se besaban y se separaban para mirarse y devorarse con la mirada y otra vez volvían a unir sus labios húmedos.
- Te he echado de menos - rugió Yaman entre beso y beso.
- ¿Te ha dado tiempo? - contestó ella besando su barba en la mejilla.
- Cuando os he visto salir de casa... - y la abrazó más fuerte.
- Lo sé, lo sé, shhh - dijo Seher librándolo de la sudadera.
- Si me quitas la sudadera tendrás que devolverme el pijama - dijo besándola en el cuello y haciéndole cosquillas con el roce de su barba.
- Quítamelo tú y estaremos en paz - contestó Seher disfrutando de los labios de él en su cuello y pasando las palmas de sus manos por los planos del pecho de él.
Seher no se cansaba nunca de tocarlo y acariciarlo porque la fascinaba esa piel caliente sobre músculos tan duros, unos músculos que no dejaban de moverse mientras él devolvía las caricias. Seher notó las manos de Yaman en los muslos y supo que se quedaría sin pijama. Sonrió mirándolo amorosa y besó su mentón y luego levantó los brazos para que él le sacara el pijama. Cuando lo hizo, ella lo abrazó rápido para esquivar el frío. Piel fresca contra piel ardiente. Suspiraron uno en labios del otro. Yaman notaba los pechos de ella aplastados contra su pecho y se prendió por dentro. Sus manos arrasaban la espalda de ella dándole calor y marcándola a fuego. Yaman besó su frente, sus preciosos ojos, la punta de su nariz y de nuevo su boca jugosa y dulce que lo transportaba directo al paraíso.
Seher moldeaba el cuerpo de Yaman como un escultor el mármol del que nacerá su obra, adorándolo. Bajó la mano para acariciarlo por encima del pantalón de deporte y lo notó duro e impaciente. Saberlo excitado la excitaba a ella y se volvió más osada en sus caricias esta vez metiendo la mano por la cintura del pantalón. Su miembro latía caliente en su mano y al acariciarlo más fuerte Yaman dejó de besarla para rugir un gemido tan grave que la volvió loca de deseo. Siguió acariciándolo en toda su longitud y se puso de puntillas para morderlo suave en el labio inferior de él.
- Ahhhh, seviglim, me estás matando - dijo Yaman contra los labios de su amorosa torturadora.
- Afiyet olsun... - susurró Seher pasando la lengua por la de él.
Yaman ya no pudo más y rompiendo la única prenda que le quedaba puesta a ella la sujetó fuerte por el trasero para subirla a sus caderas. Giró y la empotró contra la pared. Ella se lo había buscado pensó. Todo hombre tenía un límite y esa "kuçük kadi" (pequeña bruja) lo había empujado al abismo. La miró con los negros ojos brillando y el ceño fruncido y bajó la cara para enterrarla en el valle entre sus pechos. Rozó con la barba para erizar su piel sensible y que sus pechos clamaran por sus labios. Sonrió cuando ella metió los dedos entre su pelo y tiró de él buscando que su boca tomara sus pezones de una vez. La sujetaba con sus manos y su cuerpo y cuando mordió amoroso la cima de un pecho las piernas de ella se apretaron en su cintura. Estaba excitada al máximo y Yaman sólo esperaba la señal para hacerla suya. Succionó goloso un pecho, luego el otro, al mismo tiempo que sus manos masajeaban el redondo trasero cuando oyó que ella gemía "lütfen, lütfen, hemen". Yaman la sujetó más fuerte para deshacerse del pantalón y poder liberar del todo su sexo y llevarlo a la entrada del de ella que ya lo estaba esperando húmeda y preparada. La penetró un poco y se retiró. Ella le tiró del pelo. Yaman sonrió. Volvió a penetrarla un poco más y salió. Seher lo mordió en la oreja. Yaman volvió a sonreír y a entrar más en ella pero cuando quería retirarse notó que ella lo apretaba con las piernas reteniéndolo en su interior. "Gitme, gitme" gimió Seher desesperada porque él emprendiera el camino de no retorno. Yaman la oyó y se propuso darle todo a su mujer. La penetró contra la pared con embestidas profundas que la hacían gemir cada vez más fuerte. Yaman unió sus labios a los de ella para ahogar los gemidos porque (a buenas horas) recordó que su sobrino dormía cerca. Siguió entrando y saliendo, siguió besándola con toda la pasión que llevaba dentro. Seher volvía a repetir "gitme, lütfen, gitme" y Yaman la embistió más fuerte y más rápido, mirando la cara de la mujer que amaba brillando de sudor y reluciendo de placer. Seher gimió más seguido y Yaman rugió en sus labios. Supo que el orgasmo la atravesó cuando notó sus uñas en sus hombros y cubrió su boca para que el grito entrara en él. Luego él se dejó ir en un último empujón que lo dejó temblando. Yaman besó su mejilla y respiró hondo para intentar recuperarse. Aquella mujer lo mataría de placer algún día pero mientras él pensaba aprovechar su tiempo juntos todo lo que pudiera.
Seher levantó la cara para mirar a Yaman y se volvió a enamorar de él. Sudoroso y despeinado seguía siendo el dios turco más sexy que conocía. Se bajó de él y un escalofrío la recorrió. Siempre le pasaba cuando dejaba de notar su calor en su piel. Yaman se vistió y tomó el pijama para volver a taparla y abrazarla una vez más.
- ¿Qué vamos a hacer? - preguntó Seher entre sus brazos.
- Seguir las normas - contestó Yaman sin siquiera reírse.
Seher buscó su mirada y le hizo una mueca.
- Evet, ya veo lo bien que sigues las normas. Yo que creía que te habías reformado...
- El problema de la custodia quedará resuelto para siempre dentro de poco - explicó él misterioso.
- ¿Nasil? (¿Cómo?)
- Confía en mi, sevgilim - pidió Yaman serio.
- Siempre - contestó ella y se alzó para besarlo en el mentón - tu mentón...
- Evet...
- Nada, bueno me recuerda al del cantante ese... ups, mejor me callo.
- Ni sé qué pinta tiene - soltó Yaman resoplando.
- Os dais un aire...
- Olmaz, olmaz (de ninguna manera)
Yaman volvió a ponerse serio para abrazarla y prometerle que pronto volverían a estar juntos sin tener que robar horas a la noche. Luego dejó el piso para ir hacia su coche más decidido que nunca a que Seher tuviera un lugar en su vida para siempre.
Seher miró por el ventanal hasta verlo entrar en el coche y luego corrió a refugiarse bajo las mantas y conservar en su piel el aroma de Yaman.

💞💞👏🏻👏🏻💐
ResponderEliminar👏👏👏❤❤
ResponderEliminarCada vez escribes mejor. El principio triste, pero la llegada de yaman los ánimaron mucho a los dos.. Jaja. Sigues así mi bella escritora.. ❤️❤️Régine
ResponderEliminarGenial Isa; me encantan tus relatos. Tendrían que seguir y seguir y seguir y no parar y no parar.... muchas gracias.❤️
ResponderEliminarIt's an amazing story!
ResponderEliminarIsa sos una genia cómo escribes nos calmas los nervios del día
ResponderEliminarMe encanto ❤️❤️🔥🔥
ResponderEliminarBravo 👏👏👏
ResponderEliminarGenial genial genial
ResponderEliminarolmaz,olmaz,ufffff,empotramiento,uffff,nos matas!
ResponderEliminarHERMOSOOOOO!!!
ResponderEliminarMUCHAS GRACIAS !
Hermoso amiga
ResponderEliminarComo siempre sublime abla!! Gracias
ResponderEliminarMe encanta, cada vez mejor, jjjj
ResponderEliminarEmpotramiento, offff cada relato me gusta más y quiero más. Brutal. Gracias🥰
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