sábado, 2 de enero de 2021

La cura (Capítulo 86 Emanet)

 Seher no puede creerlo cuando ve el labio de Yaman sangrando. No hacía mucho lo había visto sangrar por ella y ahora lo veía sangrar de nuevo. Sus labios... Seher se lleva la mano a su propio labio y lo mira. Yaman se toca la sangre que ha permitido que mane, por ella. Siempre por ella. Seher avanza y ignorando a Selim toma a Yaman por la muñeca y tira de él hacia la mansión. Quiere curarle la herida y demostrarle lo que significa para ella. Yaman ni siquiera ha notado los puñetazos y a sangrar está acostumbrado pero por tener la atención de Seher acepta seguirla a donde ella quiera. Están subiendo la escalera cuando ella para de repente y se gira. Queda un escalón por encima de Yaman y tiene su cara a su altura, muy cerca, demasiado cerca para su cordura. Se le acelera el corazón (como siempre). Lo mira a los labios,    ¡Dios! no puede soportar ver su sangre así que lleva su mano hasta la mejilla de Yaman y lo acaricia suavemente. Él se deshace y también la mira a los labios. Los tiene tan cerca... 


 Seher nerviosa: Tengo... tengo que ir a por el botiquín. Lo olvidaba. 

Yaman paseando los ojos por la cara de ella: Hay uno en el baño de mi habitación. Puedes usar ese.

Seher: "Tamam" (ok). 

Seher se gira para seguir subiendo pero lo tiene a su espalda, tan cerca, tan fuerte y tan cálido...que quiere sentirlo un poquito más.

Yaman pone sus grandes manos en la cintura de ella. Parece que quiere animarla a seguir subiendo los escalones pero tenerla cogida así lo vuelve loco y mueve un poco los dedos en una breve caricia. 

Seher coge aire de golpe y de repente oye a Cenger hablando con Neslihan bajo la escalera. Eso la hace reaccionar y huir de las manos y del cuerpo de Yaman hacia la habitación de él. 


 Yaman ruge un buenas noches hacia Cenger y éste entiende que nadie debe ir ya a la planta de arriba. Sigue subiendo los escalones lentamente pensando en como se veía Seher subiendo delante de él, como una Diosa. Su Diosa porque hoy le ha quedado claro lo que esa mujer siente por él. Lo mismo que él por ella. Yaman llega a su habitación, cierra la puerta y se quita la americana (sí como vosotras sabéis). Se sienta en su silla a esperar pacientemente a que Seher venga a curarlo.

Seher se siente nerviosa coge el botiquín y sale al despacho y lo ve sentado como un rey en su trono. Por Allah que es el hombre más oscuramente hermoso que ha visto. El jersey de cuello alto se le ajusta al pecho y a Seher la vista se le va ahí mientras se acerca. Se acerca tanto que queda entre las piernas abiertas de Yaman pero trata de concentrarse en curar su labio, su sensual labio inferior... Respira hondo y ¡Oh Dios! el aroma de Invictus la aturde por un momento. Yaman no deja de mirarla fijamente con los ojos negros brillantes lo que no la ayuda a calmarse. Toma el algodón y lo impregna de desinfectante. Apoya su mano izquierda en el hombro de Yaman. Lo nota fuerte y se acalora. Con la mano derecha le va dando suaves toquecitos en el labio partido. Intenta ir con cuidado pero ve como Yaman hace gesto de que le duele y en un reflejo ella le sopla en el labio. 


Yaman ha fingido que le escocía para bromear pero la broma le ha salido mal. Seher está soplando su labio tan cerca que él se ha excitado. Aun más. ¡Kahretsin! Lo está volviendo loco y la tiene entre sus piernas. Su mano en el hombro le quema. Como no acabe pronto de curarlo no podrá controlar las ansias de levantarse, sentarla en el escritorio y tomarla ahí mismo. Yaman vuelve a tomar aire pero ya no es una broma. Lo necesita para calmar su fuego pero no le sirve de nada. 


Seher acaba de aplicar la cura acalorada y se gira para devolver las cosas al botiquín pero al mismo tiempo Yaman se levanta. Lo siente tras ella, pegado a ella. Grande, poderoso, ardiente y duro. A Seher le tiemblan las manos y se le resbala el desinfectante cuando Yaman apoya las manos en el escritorio acorralándola. Cierra los ojos extasiada cuando él hunde la cara en su pelo y echa la cabeza hacia atrás apoyándola en el hombro de él. Yaman besa su pelo, sopla y algunas hebras se separan para mostrar el suave cuello de Seher. Acerca los labios donde ve latir una vena y besa y muerde suave y lame amoroso...


 Seher lleva una mano a la nuca de Yaman para acariciarle el pelo y no puede evitar estrecharse contra él. Ese hombre la hechiza, la hipnotiza, la seduce de una manera que nota la sangre más espesa y más caliente en sus venas. Está torturándola con su boca en el cuello y ella se muere por girar y besarlo pero la aprieta contra el escritorio con su cuerpo potente y eso le gusta demasiado a Seher. Las manos de Yaman dejan el escritorio y la toman por la cintura, aprietan y se mueven acariciando un poco arriba, un poco abajo volviéndola loca porque ella sólo quiere que acaben de subir hasta sus pechos. Los nota pesados los nota duros y los nota ansiosos por las manos de Yaman.


Casi está a punto de tomar ella misma sus manos fuertes y llevarlas a donde desea cuando oyen la voz de Yusuf: teyzeeee. Yaman ruge ¡kahretsin! y la abraza fuerte antes de soltarla y separarse de ella. Intenta calmar su respiración mientras ve frustrado como ella va hacia la puerta. La ve detenerse, tomar aire y girarse a mirarlo con deseo antes de abandonar  el despacho. 


 Seher le lleva agua a Yusuf y le cuenta el cuento más rápido de la historia porque sólo puede pensar en el hombre que la espera en su despacho. Iyi geceler Yusufcim. Sale de la habitación de Yusuf pero alguien grande la sorprende por la espalda y la aprieta contra la pared. Seher se pone a mil en esa postura y más cuando él le susurra al oído: muy bien Yusufun Teyseze te toca seguir “curando” al amca de Yusuf porque me sigue doliendo. 

Seher: ¿Dónde? 

Y Yaman responde apretándose más contra ella. 

Seher se siente de nuevo acalorada, excitada y húmeda. Su cuerpo responde al de él intensamente moviéndose hacia atrás. Ella también lo necesita. Yaman entonces la gira violentamente, tomándola por los brazos,  y la mira frunciendo el ceño. Ella casi se derrite cuando lo ve tocarse con la lengua la herida del labio. Por Allah! Eso ha sido tan erótico que nota pulsaciones en lo más íntimo. 


 Seher se ha quedado en trance mirando la punta de la lengua de Yaman e hipnotizada se acerca a él para besarlo. Con cuidado de no dañarlo lo besa muy dulce mientras sus manos tocan su pecho: ancho, duro, fuerte... Siente las manos de Yaman apretando su cintura y luego yendo hacia su trasero para apretarla contra su pelvis. Así que ella araña sus abdominales por encima del jersey hasta llegar a su punto vulnerable justo donde topa con el cinturón de él. Juegan sus dedos ahí hasta sentirlo sisear de deseo en su boca. Seher sonríe pero no puede reprimir un grito ahogado cuando Yaman levanta contra su cadera la pierna de Seher. La mano tras la rodilla arde y Seher se nota tan expuesta que deja de besarlo y esconde la cara en el fuerte cuello de Yaman. Él huele de maravilla cuando Invictus se ha fusionado con su aroma de hombre y ella lo respira desesperada. 


 Yaman entonces la alza contra su cuerpo y ella se abraza a él (sí exactamente como un koala) y se dirige a su despacho de nuevo. Llega al sofá con su preciada carga y se sienta. Seher sigue ocultando su cara en su cuello y sin soltarlo. Yaman frunce el ceño y pregunta: Sevigilim, ¿iyisin? (Mi vida, ¿estás bien?)

Seher lo mira con todo el amor que siente por él: Evet. Gracias.

Yaman: ¿Neden?(¿Por qué?)

Seher: Por elegir el amor frente a las balas. Por elegirnos a nosotros. 

Yaman suspira y la mira sin ocultarle nada. La abraza. Pero esos abrazos y confesiones que empiezan calmando un poco el fuego acaban avivándolo de manera que Seher vuelve a ocultar la cara en el cuello de él pero para besar la fuerte columna. Encuentra un punto sensible y lo muerde sensual para luego lamerlo hambrienta. Yaman se agita y ruge bajo. Vuelve a arder y lleva las manos a los muslos de Seher para acabar de subirle la falda y poder acariciar su piel suave. Tiene a Seher en posición de cabalgarlo. ¿Se atreverá ella? 


 Seher va notando las manos de Yaman y su temperatura sigue subiendo. Se nota enfebrecida cuando los pulgares de él recorren sus ingles arriba y abajo. Es tanto el calor que muerde a Yaman en la base del cuello excitándolo más. Seher ya necesita sentirlo, extraña su piel caliente y le saca el jersey por la cabeza. ¡Oh Dios! Su hombre despeinado le parece aun más salvaje y ver su pecho fuerte la pone a mil pero es que él la sigue acariciando tan íntimamente que cree que morirá de placer. No quiere que Yaman saque las manos de donde las tiene por lo que ella misma se quita el jersey con urgencia y está a punto de abrir el cierre delantero del sostén cuando sus miradas vuelven a encontrarse. Seher están sintiendo tanto placer con el roce de los fuertes dedos de él morosos en sus muslos que decide hacer algo atrevido. Lleva sus manos al borde del sostén y aparta un poco el encaje. Yaman abre los ojos echando fuego por ellos y le frunce el ceño. Ella vuelve a hacerlo. Lleva sus manos a sus pechos y vuelve a jugar con el encaje bajándolo más. Yaman se la come con la mirada y la coge por la cintura para acomodarla sobre él y que esa hechicera pueda sentirlo duro e impaciente. No aguantará mucho más...


Los ojos de Yaman la están incendiando y la llama sube cuando nota que el acaba de romper el elástico de su ropa interior. Abre los ojos excitada a más no poder y ve en trance como Yaman baja lentamente los tirantes de su sostén, acaricia rozando las cimas de sus pechos y causa un cataclismo al liberarla del todo de su sostén. Yaman le mantiene la mirada mientras él mismo se desabrocha cinturón y pantalón para liberar su miembro y tomarla por las caderas. Seher ya está a punto de suplicar lütfen cuando él se incorpora,  la besa rápido y duro, la acomoda para entrar en ella y le ruge bajito lütfen (por favor) Seher Kirimli. Seher entiende lo que él quiere. Lo tiene tan adentro físicamente que sus almas también son una. Empieza a cabalgarlo lentamente provocando sin saber la agonía de él. Yaman solo la sostiene no quiere apremiarla y la devora cada vez que ella se mueve. El se limita a salir a su encuentro pero tiene los pechos perfectos de Seher tan cerca de sus labios que coge aire para controlarse y se lanza a saborearlos. Al sentir los labios de Yaman, Seher se vuelve loca de amor y pasión, de sexo y de devoción y acelera. El ruge, ella grita. El vuelve a rugir entrando más en ella y ella responde con otro grito hasta que como siempre el orgasmo los recorre, tocan el cielo y se abrazan hasta recuperarse. Ambos tienen la cara en el cuello del otro. Ambos las manos en la espalda del otro. Intimamente unidos. 

Seher: sonsuza dek? (Para siempre?)

Yaman: sonsuza dek. (Para siempre)

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