La cocina.
Estaban solos en la Mansión. Yaman casi se lamentó por eso cuando probó la tortilla con comino y pensó que necesitaría pedir ayuda. La mujer que amaba había intentado envenenarlo y él seguía masticando aquella tortilla del infierno. Seher intentaba contener la risa mientras miraba por la puerta del horno si estaban listas las galletas de limón. Yaman tragó a duras penas el último trozo y se levantó recogiendo plato y cubiertos. Iba hacia el lavavajillas cuando su mirada se detuvo en el trasero de Seher. Ella estaba inclinada sacando la bandeja de galletas y a él se le hizo la boca agua, pero no por las galletas. Apartó la mirada temeroso de que ella lo pillara y acabó de meter todo en el lavavajillas. Cerró de un portazo al oírla gritar a ella y estuvo a su lado en dos zancadas . “¿Te has quemado?” y la tomó de la muñeca. “Ven” y la arrastró al fregadero. Abrió el agua fría y metió debajo la mano enrojecida de Seher. La joven tenía la respiración agitada y no era por la quemadura. Tenerlo tras ella, tan cerca que le llegaba el olor de su perfume Invictus la estaba alterando. Notaba el contraste entre el agua fría y la mano caliente de él en su muñeca. ¿Estaba acariciándola con el índice? Aquel roce enviaba pequeñas olas de placer desde su delicada muñeca hacia el centro de su cuerpo. Se limitó a quedarse quieta mirando por la ventana de la cocina y aguantando la respiración. ¿Qué haría él? ¿Seguiría con su manera extraña de seducirla? (Flores lanzadas a su regazo, cafés en silencio con quemadura incluida, veladas en el desván con “casibesos”)
Yaman cerró el grifo con la mano libre de manera que Seher quedó encerrada entre sus brazos. Ella apoyó las manos en el borde de la pica sintiendo como él la aprisionaba más. Yaman cubrió las manos de ella con las suyas, más grandes, más calientes... y a Seher le empezó a costar respirar. “¿Necesitas las mascarilla de oxígeno?” le susurró cerca de su oído. Ella sólo negó con la cabeza y aprovechó para inclinarla a un lado y mostrar su cuello vulnerable a Yaman.
Yaman inspiró de golpe cuando ella le ofreció su cuello y decidió no darle la oportunidad de que cambiara de opinión. Posó sus labios en la piel caliente de ella. Notó que ella se estremecía y la acarició con su barba desde el hombro semidescubierto hasta detrás de la oreja. Arriba, abajo, arriba, abajo, roce, beso, mordisco, roce, beso, mordisco. Seher se sujetaba fuertemente a la pica temiendo que se le doblaran las rodillas si se soltaba. El corazón le iba a mil. Se echó hacia atrás apoyando la espalda en el fuerte pecho de Yaman. Y como siempre le suplicó: lütfen... (por favor)
Yaman subió sus manos por los brazos de ella acariciando con sus fuertes dedos la sensible piel. Llegó a los hombros y las bajó hasta acunar los pechos de ella. Los acarició por sobre la ropa mientras paseaba la nariz por detrás del cuello de Seher. Ambos jadeaban y ambos empezaron a moverse uno contra el otro buscando más cercanía, más calor.
Yaman se estaba controlando como nunca. Tener así a la mujer que amaba más que a su vida... tan entregada, tan ardiente... entre sus brazos... lo estaba llevando al límite. Ella se movía rozándolo, apretándose contra su miembro duro y anhelante y a él lo abandonaban las fuerzas. La giró en sus brazos de forma un tanto brusca y buscó sus labios. Le susurró rugiendo en ellos “burda” y empezó a devorarlos intenso, húmedo, caliente. Se abrazaron. Sus lenguas se encontraban una y otra vez y sólo descansaban para coger aire en forma de jadeos.
Yeter! Soltó Yaman y cuando Seher pensó que él iba a detenerse, la sujetó por la cintura y la subió a la encimera dejándola con las piernas lo suficientemente abiertas para situarse él en medio. Seher notó los fuertes dedos de Yaman subiéndole la falda y acariciando a su paso. Otra vez los corazones de ambos galopaban descontrolados, otra vez los jadeos. Seher empezó a desabotonar la camisa verde de él mirándolo con deseo. Él le frunció el ceño. Ella sonrió antes su gesto y lo besó justo donde latía el corazón de Yaman. El corazón de un guerrero. Sus labios fueron hacia la izquierda y besaron intensamente la cicatriz de un balazo. No quiso ni pensar lo cerca que estaba del corazón. Siguió desabotonando la camisa y la bajó por los fuertes hombros de Yaman. Dejaba más cicatrices a la vista pero se limitaba a agradecer a Allah tenerlo vivo en sus brazos. Sacó del todo la camisa y entonces fue Yaman quien tomó el bajo de su camiseta y se la sacó de golpe. Seher entendía la poca delicadeza, ella también estaba ansiosa.
Ambos se lanzaron. Ya no aguantaban más. Yaman desabrochó el cierre del sostén de ella liberando sus hermosos pechos y ella el cierre de los pantalones de él para bajárselos y liberarlo. Yaman la tomó por las caderas y la acercó más, tomó posición y entró en ella soltando un rugido bajo. Empezó a besar las cimas rosadas y duras que tenía ante él mientras su mujer (¿su mujer? ¿De dónde salía eso?) echaba la cabeza hacia atrás ofreciéndosele del todo. Se movía con ella tomándola profundamente. Salía y entraba amándola con su cuerpo y su negra alma. Besaba su piel cálida y se llenaba el alma del olor a galletas de limón que desprendía. Los jadeos cada vez más fuertes de ella eran música en sus oídos. Aceleró las embestidas y la oyó gritar una, dos, tres veces. Y se dejó ir él. La abrazó fuerte mientras los dos volvían a la tierra y enterró la cara en el cuello de Seher. La respiraba y llenaba sus pulmones de vida y paz. Sólo con ella alejaba la oscuridad. Notaba las manos de su amada pasar por entre su pelo negro y su alma se volvía menos negra. Le susurró en el cuello “no me dejes”. Oyó su repuesta “asla, asla”.
Combinación de humor y pasión. Como me gusta imaginar a Yaman, así tan sexual, excitado...
ResponderEliminarMe he reído, me encanta tu humor y he sentido
Voy a por el otro
Isa me encanta tus relatos.
ResponderEliminarYa estoy enganchada!.
ResponderEliminarLo acabo de leer en el bus de camino al chollo. Se me va a hacer eterno el día para seguir leyendo.
Ya me gustaría que sucediera así en la novela!.
Un besin