sábado, 2 de enero de 2021

El desayuno

 El desayuno.

Seher y Yusuf ya estaban desayunando cuando llegó Yaman. Seher lo miró de reojo mientras se sentaba y se ruborizó. Estaba guapísimo recién salido de la ducha y vestido de forma informal. La noche anterior se habían encontrado en el pasillo y habían dado rienda suelta a sus deseos pero una pesadilla de Yusuf los interrumpió y Seher acabó durmiendo con su sobrino y Yaman solo en su gran cama. Yaman dio los buenos días y se sentó para servirse el desayuno. Miraba a Seher pero ella le rehuía la mirada y eso le hizo fruncir el ceño (más aun). A esas alturas de su relación, secreta pero relación al fin y al cabo, ella se mostraba tímida. Yaman recordó que la noche anterior no se había mostrado tímida para nada. Sus manos lo habían acariciado sin pudor y lo habían puesto a mil. Yusuf le estaba preguntando algo y tuvo que carraspear para contestarle: “¿Sí Yusuf?”. Seher lo miró como reprochándole que no hiciera caso al niño y él se limitó a bajar la mirada a la boca de ella y volver a mirarla a los ojos, intensamente. Seher se volvió de inmediato a servirle más queso al pequeño. Yusuf repitió su pregunta: “¿Podemos practicar tiro con arco, amca (tío)?”

“Si a tu tía le parece bien, tengo el día libre” respondió Yaman y añadió “¿me pasas el queso a mi también?”

Seher tomó el plato y se lo acercó mirándolo brevemente. El maldito diablo la seguía mirando como si quisiera que fuera ella su desayuno. Seher se acaloró y bebió agua. Yaman empezó a comer tranquilamente pero le gustaba demasiado ponerla nerviosa por lo que por debajo de la mesa puso su mano derecha en el muslo de ella. Seher dio un respingo al notar la caricia prohibida. Aquella mano grande y caliente acariciaba su muslo excitándola por la situación clandestina. Lo miró alarmada pidiéndole que parara con un pequeño gesto de la cabeza hacia Yusuf pero el pequeño hablaba con su tío Ziyah muy entretenido. Yaman la miraba serio y nadie en la mesa podía imaginar el fuego que empezaba a arder entre el dueño de la casa y la tía de su sobrino. Cuando Yaman apretó ligeramente el muslo de Seher, ella dejó caer de golpe los cubiertos en el plato y se levantó. Dedicando su mirada más asesina a Yaman indicó a Yusuf que fuera con ella y abandonaron el comedor. Yaman ocultó una sonrisa malévola y siguió comiendo para luego ir al jardín en busca de su sobrino y de la tía de este. 

                



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