El baile
Nadie en la Mansión sabía de su relación secreta. Para todos seguían siendo el tío y la tía de Yusuf, pero el día que Seher había ido a buscarlo al tiroteo lo había cambiado todo. Ante los demás casi se ignoraban y se trataban lo imprescindible y siempre relacionado con Yusuf. Aquella noche se celebraba el cumpleaños de Ziyah. Habían cenado, soplado velas y ahora todos tomaban café en el salón. Se habían unido Cenger, Adalet, Neslihan y Nedim también por deseo de Ziyah. Demasiada gente ante la que disimular pensó Yaman mirando breve pero intensamente a la mujer sentada en el sofá frente a él. Podía notar cuando ella lo miraba también. Tan conscientes eran el uno del otro que no se miraban pero sabían donde encontrase al instante. Yaman volvió a mirarla y ella atrapó sus ojos negros con el verde de su mirada. Él bajó la vista a su boca, ella hizo lo mismo. Sus corazones aceleraron al unísono. Volvieron a mirarse. Se habían “besado” así decenas de veces desde que se “declararon” su amor. El deseo de Seher de comunicarse sin necesidad de palabras se había cumplido. Volvían a tener las miradas encadenadas cuando Yaman volvió a bajar la mirada pero esta vez la paseó por el escote del vestido verde de Seher, encendiendo un fuego dentro de ella. Cuando volvió a mirarla ella estaba sonrojada y el sonrió ligeramente. Seher entrecerró los ojos y lentamente bajó los ojos por los labios de Yaman, su cuello, su pecho y llegó a donde sus pantalones empezaban a apretarle. Cuando volvió a los ojos negros del hombre que amaba a él le brillaban tanto que ella sonrió y desvió la atención a Yusuf que venía con intención de pedirle algo. Ziyah había puesto música y el pequeño quería que bailaran.
Seher cogió en brazos a Yusuf y se movieron divertidos por el salón. Yaman los miraba intentando disimular el amor que sentía por esas dos personas. Cenger bailaba con Adalet, Neslihan con Nedim y Zuhal miraba insistente a Yaman pero su cuñado Ziyah la levantó del sofá para bailar. La cara de Zuhal era un poema. La música cambió y Yusuf llevó a su tía de la mano hasta su tío y le dijo: amca! Baila con mi tía. Yaman se levantó lentamente mirando a Seher y haciéndola sonrojar. Ella levantó la mirada hacia él y notó que la tomaba de la cintura para llevarla a un rincón del salón. La giró y con una mano tomó la de ella y la otra la llevó a la parte baja de la espalda ella, quemándola. Seher apoyó su mano libre en el fuerte hombro de él.
La canción se titulaba “kaybettim” (perdí) y cuando Yaman escuchó la canción comentó: “No canta mal” a lo que Seher contestó “y es un cantante bastante guapo”.
Yaman apretó la mano en su cintura frunciéndole el ceño celoso. Ella medio le sonrió pero volvió a ponerse seria, no quería delatarse ante los demás. Se mecieron al ritmo de aquella canción mientras se miraban intentando disimular el amor y el deseo. Les costaba mantener sus cuerpos alejados manteniendo el decoro. Yaman pensó que era un suplicio tenerla entre sus brazos y no estrecharla como quería. Seher sólo quería llevar las manos tras su fuerte cuello y hacerlo bajar la cabeza para besar su barba y sus labios. Empezaron a mirarse los labios
mandándose mensajes secretos que solo conseguían excitarlos más. Seher apretó la mano en el hombro de él. Yaman movió los dedos en su espalda en una caricia furtiva. Estaban poniéndose malos y suspiraban frustrados. “Cuando todos duerman” ordenó Yaman susurrando. “Cuando todos duerman” acedió Seher.
Neslihan a Cenger y a Adalet: “¿Cuándo piensan comprometerse?
Adalet: No se a que esperan, todos sabemos que se aman.
Cenger: todos menos... y señaló con la cabeza a Iqbal y Zuhal. Ziyah se unió a ellos y comentó: una boda en primavera con todo lleno de flores estaría bien. Estaría bien.
Hacía rato que no se oía ruido en la mansión. Seher, con su pijama lila, se paseaba por su cuarto mirando el reloj “¿Dónde estaba? ¿Se habría quedado dormido?” iba a matarlo como no apareciera.
Yaman, con el pantalón negro de su pijama, se paseaba como león enjaulado “¿Qué estaba haciendo? Tardaba demasiado y no estaba con Yusuf o él habría oido la puerta.”
Abrieron las puertas de sus habitaciones al mismo tiempo y avanzaron uno hacia el otro. Se encontraron a mirad de camino. Yaman la abrazó por la cintura. Seher se agarró a su cuello. “¿Dónde estabas?” Preguntaron ambos. Yaman frunciendo el ceño y Seher abriendo mucho los ojos. Se miraron y pasaron a besarse desesperados. Yaman metió su lengua en la boca de ella hambriento y ella acariciaba su pecho desnudo como loca. Llevaban todo el día mirándose, rozándose cuando nadie miraba y ahora estallaban de deseo contenido.
“¿En tu habitación o en la mía?” volvieron a preguntar ambos entre beso y beso.
Yaman decidió por los dos cogiéndola en brazos y llevándola a su habitación. Entró y cerró la puerta de una patada. Avanzó hacia el sofá y la dejó tumbada para luego estirarse él a su lado. Estaban cara a cara y Yaman se lanzo a besarla con besos cortos. Por las comisuras de su boca, por su labio superior, por su labio inferior... pero Seher quería más. Llevaban todo el día con miradas ardientes y roces casuales y estaba a mil. Quería que le metiera la lengua y la besara fuerte, profundo y caliente pero el condenado se retiraba jugando con sus ganas. Y ahora metía su índice en el escote del pijama y lo subía y bajaba cuando ella lo que quería era que tomara sus pechos llenos, pesados y duros con sus fuertes manos. Pero él estaba juguetón y ella ardiendo de frustración. Seher lo tocaba. Menudo cuerpo tenía su león. Acarició sus hombros potentes, sus pectorales marcados, sus fuertes brazos y siguió por su abdomen ondulado hasta llegar a sus oblicuos que se perdían por la cintura del pantalón negro de su pijama. Y ahí dirigió sus manos para verlo estremecerse. Yaman entendió que su mujer empezaba a impacientarse por lo que la besó en la barbilla y bajó los labios a su cuello. Olía a galletas de limón y quería devorarla. Desató lentamente los botones de su pijama lila pero ella le apartó las manos frunciéndole el ceño a él y acabó ella rápidamente. “Por Allah ¿este hombre no entiende lo desesperada que estoy?” y abrió el pijama dejando que la mirada salvaje de él fuera a sus pechos.
Yaman dejó de intentar jugar y pasó a enterrar su cara en el escote de ella. Lamía, besaba y rozaba con su barba como a ella le gustaba. “Me has vuelto loco todo el día” le susurró rugiendo. “Ben de” contestó ella arqueándose y ofreciéndose a él. Yaman sentía las manos de Seher meterse por dentro del pantalón del pijama acariciando su trasero apremiándolo y eso lo puso más duro aun. Se lanzó a por los pezones de su Diosa y los torturó con los dientes y la lengua hasta que ella se retorció de placer. Llevó su mano derecha a donde ella lo necesitaba y acarició suave y lento mientras su boca no dejaba de volverla loca. Seher lo apretó más y suplicó lütfen lütfen. Esa era la señal. Yaman se deshizo del pantalón de ella y de el de él para quedar desnudos. Al fin. Compartían su calor y su alma. Yaman volvió al cuello de Seher y mordió amoroso hasta llegar a su boca donde pidió: “abre las piernas para mi, sevligim”. Seher desatada las abrió para que el se situara entre ellas y lo notó duro y caliente. Levantó una rodilla para que él entrara por completo en ella y vaya si lo hizo. Hasta el fondo. Entonces la miró a los ojos porque quería mirarla mientras entraba y salía mientras la poseía una y otra vez. Más lento. Más rápido. Llevándola al orgasmo implacable. Ella jadeaba lütfen lütfen y él rugía manteniéndole la mirada. No dejaba de moverse, adentro, a fuera, entraba, se retiraba y los dos cada vez más excitados, más calientes, más frenéticos. Demasiadas horas deseándose. Yaman cambió el ritmo de nuevo y con una mano la acarició en su zona más erógena para multiplicarle el placer. Ahí Seher empezó a temblar y a gritar llegando a un orgasmo que creía la mataría de gusto. Lo abrazó con las piernas y lo oyó rugir de placer a él también. Se abrazaron como siempre para recuperarse. Seher con la cara en el cuello de Yaman llenándose del aroma perfecto entre sudor e invictus. Lo besó ahí y notó que el besaba también su cuello. Yaman levantó la cabeza para mirarla. “Me robas el alma”
“Tú eres el ladrón, Yaman Kirimli”

Buenísimo Isa.
ResponderEliminarEres original y describes muy bien a los personajes.
La boda en primavera llena de flores....😊😊😊