jueves, 6 de mayo de 2021

SilHal. (Capítulo 16) Registro SaveCreative 2105087773750

 


    Melih (Ali) aparcó frente a un moderno edificio de 10 plantas en uno de los mejores barrios de Estambul. Le dijo a Sila que sólo tenía que entrar, pasar la tarjeta por el lector que custodiaba el conserje y tomar el ascensor del fondo del vestíbulo. Una vez en la octava planta debía volver a pasar la tarjeta por el lector, señalado con el número 10, para que el ascensor llegara a ese piso. Sila agradeció a Melih que la trajera y siguió sus indicaciones. Subió en el ascensor recordando el momento, semanas atrás, en el que había compartido uno con Halil sin saber quién era él. Aun sin poder verle la cara su aroma a Hugo Boss la había puesto más nerviosa de lo que ya estaba. Sonrió rememorando aquel momento y el de después... cuando por fin tuvo a su amor platónico delante de ella. El "ding" del ascensor la sacó de su recuerdo y le mostró las puertas abriéndose para ella. Sila salió despacio, como temiendo molestar, aun sabiendo que en el loft no había nadie. Las puertas se cerraron tras ella y Sila dio un pequeño respingo. 

    Dio dos pasos y se detuvo. Tenía ante sí un amplio espacio iluminado sólo por las luces de Estambul, que se colaban por los dos enormes ventanales. Se acercó a uno de ellos y sus verdes ojos se abrieron del asombro al tener el Bósforo a sus pies. Puentes iluminados cortaban la oscuridad encerrada en la unión del Mármara y del Mar Negro y miles de luces artificiales retaban a las estrellas a brillar más que ellas. El alma de compositor de Halil se alimentaba cada noche con esas vistas y ella entendió que pudiera escribir hermosas canciones, arrullado por tanto cielo, tanto mar y tanta magia. Sila no buscó ningún interruptor, pues la luz estambulense que entraba era suficiente, y el hogar de Halil en penumbras la hacía sentir bienvenida. 

    El segundo ventanal seguía mostrando más vistas privilegiadas e inspiradoras por lo que se acercó a la tercera pared formada por estanterías blancas llenas de libros, discos de vinilo, CDs, premios y fotos. En una de ellas reconoció a su hermana Huda con su marido el día de su boda, en otra Halil sostenía un bebé recién nacido que seguramente era su sobrino y en otra estaba con quien debían ser sus padres. Se fijó en esa foto y se dijo que él se parecía mucho a su madre y nada a su padre. El hombre mayor y serio de la foto pareció mirarla recriminándole estar sola en casa de su hijo, por lo que apartó los ojos y siguió obervando otras fotos. En ellas, Halil siempre aparecía con amigos y amigas y en ninguna estaba solo. Le gustó verlo en una foto, equipado para hacer Snow con dos amigos, a pesar de que salía con gafas de sol y gorro. Era un pecado tapar tanto sus ojos como su pelo, pensó. 

    Giró hacia la cuarta pared que tenía todo lo que una cocina americana debía tener, incluida una enorme península para desayunar sentado en uno de sus altos taburetes. Bajo unas escaleras que llevaban a una planta alta flotante, había una puerta que dedujo daba al cuarto de baño. Las escaleras las miró de reojo y por lo poco que vio de la planta alta allí debía estar la habitación de Halil. Sila pasó su mirada por los dos amplios sofás del centro de la sala y finalmente se acercó a lo que más destacaba en aquella casa: el piano blanco. 

    Sila quiso respetar la intimidad de Halil. Nada de subir a su habitación, nada de husmear por cajones ni abrir libros, pero el piano la llamaba silencioso y Sila acudió a él. Dejó en el suelo la chaqueta de entretiempo y el bolso y se sentó en la banqueta. Se mordió el labio inferior como si fuera una niña pequeña antes de abrir el cofre de los deseos, luego acarició la blanca tapa y la levantó. Las 88 teclas blancas y negras parecían las de cualquier piano pero para ella eran las compañeras de Halil. Las que se inclinaban ante sus fuertes dedos para rendirle notas que él combinaba y luego regalaba a los demás. 

    Sus dominio del piano era básico pero el suficiente como para tocar alguna canción por lo que puso sus dedos en las teclas y las notas de "Alli Turnam" rebotaron nostálgicas en la amplia sala. 

    A Halil le seguía hirviendo la sangre cuando abandonó el set y arrancó su coche rumbo a casa. El aroma de Sila y sus ojos verdes se habían quedado en su mente, mientras grababa las escenas que lo habían retenido, por lo que las ganas de estar a solas con ella se le habían multiplicado peligrosamente. Respiró hondo mientras esperaba que un semáforo se volviera verde y trató de serenarse. No podía llegar a casa, abrazarla, besarla, desnudarla y hacerle el amor como un salvaje. Ni siquiera sabía si ella lo deseaba de igual manera o si estaría dispuesta a pasar a ese nivel de su relación. Se planteó si era justo amarla y al mismo tiempo dejar que un secreto flotara entre ellos. Aquello lo enfrió lo suficiente como para lograr aparcar en su plaza de párking, teclear el código en el ascensor y subir hasta su ático donde ella lo esperaba. Para cuando vio el 10 en la pantalla de la cabina ya casi volvía a ser un hombre normal y controlado. 

    Las puertas se abrieron sin hacer ruido por lo que la mujer que tocaba el piano y cantaba no dejó de hacerlo. Halil salió del ascensor y se paró como quien teme que algo precioso desaparezca. Si era un sueño no quería despertar y si era un milagro no quería perderlo. Su amor hermoso estaba acariciando su piano y cantando notas tan dulces que le derretían los huesos. La miró grabando muy adentro la imagen de ella robándole sonidos a su piano igual que a él le robaba pensamientos. Por un momento, tuvo celos del instrumento y quiso ser acariciado de igual manera que aquellas teclas. 

    Hubiera seguido de pie allí toda la noche, pero quería oírla más de cerca, verla más de cerca y tocarla para comprobar que no se desvanecería cuando la oscuridad de sus ojos se posaran sobre ella. Empezó a caminar lentamente pero su sombra llegó al piano antes que él y ella levantó sus ojos brillantes de lágrimas no derramadas, dejando de tocar. 

    – Siento haberte asustado pero no quería interrumpir. Era precioso – susurró Halil mirándola cariñoso. 

    – Demasiado nostálgico y triste. No sé por qué la sigo tocando si siempre acabo llorando – sonrió Sila. 

    – Lo hermoso a veces emociona. Yo no puedo estar más emocionado ahora mismo – dijo él acercándose más a ella. 

    Sila entendió sus palabras y se sonrojó. Se levantó de la banqueta y bajó la tapa, apoyando su cadera en ella. 

    – ¿Tienes hambre? Podemos preparar algo o pedir y que nos lo traigan... – propuso Sila notando nervios de expectación en su vientre. 

    – Lo que tú quieras – respondió Halil – yo si no te importa me daré una ducha rápida -. Bien fría, pensó mientras se dirigía hacia el cuarto de baño. Sólo cuando estaba bajo el agua recordó que no había cogido ropa limpia. 

    Sila abrió la nevera y vio bastantes ingredientes como para preparar una ensalada completa. Con los tres tipos de queso que había y el simit les quedaría una cena ligera pero suficiente. Había encontrado el cajón de los cubiertos y se disponía a colocarlos en la península cuando, a su derecha, se abrió la puerta del baño y Halil salió. Se le cayeron los tenedores y cuchillos al suelo y dio gracias por no haber tenido en las manos las copas de cristal. Él sólo llevaba una toalla anudada a su cintura y parecía que en cualquier momento el nudo cedería. El pelo no se lo había secado del todo y algunas gotas cayeron a su pecho desnudo, haciéndola coger aire. Sila no apartó la mirada, no podía. Él tenía la belleza masculina de una pantera negra. El pelo húmedo le brillaba desordenado cayéndole mechones por la frente. Su pecho se veía ancho, sin vello y muy marcado sin ser exagerado. Se le abrió la boca mientras repasaba aquellos hombros fuertes y las manos le hormiguearon de ganas de acariciarlos. Bajó la mirada obviando donde la toalla se amoldaba más y llegó a sus piernas y pies. Halil lo tenía todo atractivo, hasta los malditos pies, pensó sofocada. 

    Parpadeó notando un calor tremendo fundiendo su estómago y lo miró ruborizada. Estaba tremendo y él lo sabía. Le devolvía la mirada atravesándola con sus ardientes ojos negros y lanzándole una promesa que ella entendió, acalorándose todavía más. Los dos apartaron la mirada con un mudo pacto de tregua para cenar, por lo que Sila se agachó a recoger los cubiertos del suelo y Halil subió las escaleras hacia su habitación. Cuando él bajó más tarde, Sila lo miró de reojo acabando de preparar la mesa. Se había puesto unos pantalones negros que parecían bastante cómodos y una camiseta del mismo color, que marcaba sus bíceps pronunciados. Que el negro le sentaba de muerte ya lo sabía Sila, pero vestido informal y descalzo la dejaba sin aliento.

    Halil vio que sólo faltaban las copas pero que ella no llegaba a donde estaban. Las cogió y giró para ponerlas sobre la superficie de granito. El problema era que ella también había girado y habían quedado prácticamente pegados. El deseo que crearon sus cuerpos al entrar en contacto amenazó con dejarlos sin cenar. Se miraron durante un par de latidos y luego los ojos de ambos bajaron a los labios del otro. 

    - Tengo un dilema - dijo él acariciando su rostro con su voz grave pero sin tocarla - quiero besarte pero no sé si seré capaz de parar para cenar. 

    - Cierra los ojos - pidió Sila de repente.

    Halil levantó las pobladas cejas negras por la sorpresa, pero luego hizo lo que ella le pedía. Cerró los ojos. Sila apoyó las manos en sus fuertes hombros, se puso de puntillas y besó rápidamente su labio inferior, apartándose luego para ir a sentarse al otro lado de la península de granito. Halil abrió los ojos y la miró con ganas de matarla. Ella pensó divertida que ni Yaman daba tanto miedo como Halil con mirada vengativa. Lo vio dejar finalmente las copas en la mesa y sentarse frente a ella. 

    Empezaron a servirse de todo en los platos, pero Halil seguía notando sensible su labio inferior por lo que se vengó tomando la mano de ella en la suya, inocentemente. Sila se llevaba el tenedor a la boca sin apartar la mirada de la de él. Su mano grande cubría la de ella y el calor le subía por el brazo hasta el pecho. El pulgar de Halil empezó a trazar círculos en la parte de su muñeca donde se entrecruzaban las venas, y un ramalazo de placer la recorrió yendo a parar justo entre sus piernas. Si era capaz de excitarla sólo haciendo eso no quería pensar en lo que pasaría luego. Siguió comiendo tratando de aparentar normalidad y preguntó:

    - ¿Qué tal el rodaje?     

    - ¿Qué rodaje? - respondió él mirándole los labios y llevándose la copa a los suyos. 

    Sila lo vio beber y su verde mirada se quedó colgada de sus labios entreabiertos y del movimiento de su garganta al tragar. Iba a morir derretida delante de él porque Halil estaba bebiendo agua y a ella aquello le parecía de un erotismo mareante. La cena terminó cuando Sila dejó los cubiertos sobre su plato con manos temblorosas y Halil se levantó para ir a la nevera. 

    - ¿Te gustan los dátiles? - preguntó desde detrás de la puerta abierta. 

    - ¿Dátiles? S-s-sí - consiguió responder ella. 

    Halil cerró la nevera y volvió  a la mesa. Pasó de largo su taburete, rodeó la mesa y se detuvo ante Sila. Dejó un plato en la mesa con gruesos dátiles maduros y luego se acercó más a ella. Sila seguía sentada en el taburete  temblando levemente. El hombre de su vida estaba de pie a su lado y ella supo que esa noche le daría lo que no le había dado antes a ningún otro. Giró y abrió las piernas para que él se pudiera acercar más. Halil dio un paso y quedó entre las piernas de Sila. La miraba desde su altura pero ella al girar había fijado la vista en su pecho, por lo que él tomó su barbilla entre sus fuertes dedos y le levantó la cara. 

    - Mírame - pidió él. 

    Sila enredó sus iris verdes en los negros de él perdiéndose en su abismo azabache. 

    - Te deseo con toda mi alma Sila, pero no pasará nada que tú no quieras. Sólo si me dices que sí te demostraré ese deseo, pero dime que no y pararé. En cualquier momento. 

    - Sí - accedió ella. 

    Halil se sintió bendecido por los dioses en ese instante y se juró hacerlo perfecto para ella. Tomó un dátil y lo llevó a los labios de Sila. Ella abrió la boca y mordió la mitad del dulce fruto sabiendo que sus besos serían igual de  dulces, luego lo vio a él comer la otra mitad y volvió a parecerle terriblemente excitante ver a Halil masticar y, oh Dios bendito, lamerse los labios. Halil aprovechó que ella tomaba aire para bajar y ser ese aire. Sus labios capturaron la dulzura de los de ella en un baile lento y sensual. Inclinó la cabeza para comer de sus labios bocados más suculentos y ella respondió lamiendo golosa. Aquello hizo que se tensaran los cómodos pantalones de Halil haciéndole saber que Sila con un solo gesto lo podía tener de rodillas. El beso seguía locamente lento, virando entre suspiros de los dos y aumentando el ritmo de sus respiraciones. 

    Sila puso sus manos en el pecho de él y su corazón respondió latiéndole en las palmas de las manos. Las subió hasta sus hombros para acariciarlos y asirse a él porque Halil y sus besos podían hacer que se escurriera hasta el suelo. Las manos de Halil se posaron en sus muslos erizándole la piel y haciéndole bailar miles de mariposas por todo el pecho. Empezó a subirlas y bajarlas arrastrando la tela de su falda aumentando más las sensaciones de su vientre. Sila hubiera querido apretar las piernas pero él estaba entre ellas tentándola con su cuerpo mientras la conquistaba con su boca. Halil no se cansaba de besarla pero quiso amarla con sus manos, por lo que las hizo vagar desde sus preciosas piernas, por su vientre y estómago hasta sus senos. Sila se estremeció ante el roce y lo mordió, acercándose más a él, queriendo sentir esa caricia plenamente. 

    Los dedos de Halil se colaron por el escote de su camiseta para tocar las curvas de sus senos como si compusiera música en su piano.  Pesados y excitados los notó ella ante el tacto de él y gimió bajito en su boca pidiéndole más. Él acarició sus pezones hasta que los supo duros y murió un poco por el ansia de besarlos. No pudo más, se colocó mejor entre sus piernas para que ella supiera cómo lo ponía y bajó del todo el escote para ver la melodía creada en sus senos. Halil abandonó su boca y navegó hacia su cuello para besarlo y saber a qué sabían los latidos allí. Le supieron a la ambrosía que comían los Dioses y movió la cara para excitar con su barba desde su hombro hasta su oreja. Luego sus labios bajaron  hasta el hueco de su clavícula y besaron el pequeño valle, haciendo que ella echara la cabeza hacia atrás exhalando. 

    La boca de Halil seguía hambrienta y bajó más para encontrar las cimas rosadas de los pechos de Sila. Su lengua salió para trazar círculos en uno y en otro haciendo que ella se agarrara más fuerte a sus hombros y acercara su cadera a la de él. Halil la sintió caliente y respiró fuerte sobre sus senos, tratando de refrenarse, pero el deseo le rugía en las venas y ella era lo más tentador que había tenido entre sus brazos. Volvió a chupar sus pezones y a succionar sediento y ella le regaló notas de anhelo en forma de jadeos. Insistió un poco más con la lengua tomándola con las manos por la cintura para acercarla aun más a su cuerpo. 

     No se saciaban el uno del otro. Los besos infinitos no eran suficientes y las caricias no hacían más que llevarlos a la desesperación. Necesitaban estar desnudos y tener el tacto de la piel del otro en la propia. Halil la apartó de él y la bajó del taburete pero su cuerpo protestó tanto con la separación que la cogió en brazos y la apretó contra su pecho. Sila se acurrucó en él adivinando a dónde la llevaría. Escondió la cara en el cuello de Halil y suspiró pequeños besos, mientras él subía con ella las escaleras. 

    Cuando estuvo al lado de su cama, Halil la dejó con cuidado en el suelo sin dejar de abrazarla por la cintura. Sila lo miró expectante y enterró los dedos entre el pelo sedoso y espeso de él. Lo acarició en la nuca y él se estremeció de placer exhalando un gruñido, luego Halil bajó la cara hasta apoyar su frente en la de ella. 

    – Halil... – susurró Sila apretándose contra él. 

    – ¿Uhum? – murmuró él tomándola por las caderas, sabiendo que ella lo sentía duro contra ella. 

    – Serás el primero... – dijo Sila con un hilo de voz. 

    Halil notó su corazón en el pecho saltándose varios latidos y sólo pudo asentir con la cabeza y abrazarla más fuerte. Cuando el abrazo empezó a calentarse él se separó, tomó su camiseta por el extremo y se la sacó. Iba a abrazarla de nuevo cuando Sila lo sorprendió sacándose también su parte de arriba. Por el amor de Allah, pensó Halil, Sila era preciosa. Su piel brillaba levemente y lo llamaba clamando caricias. Volvieron a abrazarse impacientes y Sila lo tocó libremente pasando sus manos por la ancha espalda de Halil. Notaba el corazón en la garganta de deseo, expectación y nervios pero confiaba en él para hacer que su primera vez juntos fuera especial. 

    Halil bajó la cara, apartó un tirante del sostén y besó el tatuaje de su hombro dejando una huella de fuego. Con la otra mano bajó el otro tirante y luego volvió a descubrir los senos de Sila. Sólo con mirarlos ella ya se sintió morir de deseo. Quiso demostrárselo y lo tocó a él justo por encima de la cintura de su pantalón. Halil respiró fuertemente al tener las manos de ella en aquella zona pero se limitó a sentir sus caricias sin dejar de acariciarla a ella. Sila fue más atrevida aun  y bajó la mano para tomarlo en ella acariciando su miembro duro y excitado. Él notó tanto placer que supo que no podrían demorarse mucho más. 

    La tumbó en la cama y él lo hizo a su lado. La besó con los labios abiertos y entró en su boca con su lengua ansiosa. El gemido de Sila le marcó el camino y bajó sus dedos por el vientre de ella hasta llegar a la goma de su falda. Allí jugó con la sensible piel y luego bajó la falda y las braguitas para ir descubriendo su parte más frágil y cálida. La desnudó del todo y perdió el aliento. La miró y la vio tumbada entre sus sábanas devolviéndole la mirada confiada y dispuesta. Se volvió loco por ella, aun más. Besó su vientre terso y luego bajó la boca hasta poder hundirla en ella. Usó la lengua para saborear sus pétalos y ella se arqueó aferrándose a las sábanas. Lo llamó pero él no acudió. Volvió a besar su monte y de nuevo se enterró en su valle. Otra vez la atormentó soplando, succionando y lamiendo, notando que ella se movía buscando estallar en mil pedazos. Y él no paró hasta que lo consiguió. Sila gritó su nombre varias veces tensándose y vibrando de éxtasis. Halil la miró sabiendo que no vería nada más hermoso que Sila floreciendo de placer y se juró que no sólo sería el primero, también sería el único. 

    Se deshizo de los pantalones, se puso un preservativo en tiempo récord y la cubrió con su cuerpo. Ella le sonrió enamorada y él besó su sonrisa.  Sus sexos entraron en contacto y los dos se sobrecogieron ante la sensación de estar por fin completos. Cada uno era la pieza que le faltaba al otro y lo supieron en ese momento. Piel con piel, alma con alma se enamoraron aun más. Halil la besó suavemente, se retiró y se acomodó entre sus piernas. Ella las abrió más para acogerlo y, finalmente, entró en ella. Sila estaba tan relajada que a penas notó una pequeña molestia pero ni loca diría nada que lo hiciera desistir, por lo que lo abrazó más fuerte y le devolvió otro beso. 

    Él le preguntó si estaba bien. Ella asintió y le acarició la cara. Él se retiró y volvió a ella. La besó. Se alejó y recorrió el camino de vuelta. Halil se sintió un mar llamado por la luna por lo que se movió igual que la marea. Luego el mar pasó de calmado a salvaje para embestir una y otra vez buscando que su luna volviera a brillar. Ella lo hizo gritando su nombre y él se tensó dejándose ir en ella y ocultando la cara y un rugido en su cuello de vainilla y limón. 

    Cuando Halil volvió del lugar mágico al que Sila lo había llevado, giró en la cama con ella para quedar él debajo. Alargó el brazo y tomando el extremo de la sábana la cubrió todo lo que pudo, luego se puso otra almohada tras la cabeza.  Sila apoyó un antebrazo en el fuerte pectoral de Halil y se sujetó la cara para mirarlo fijamente. 

    – ¿Estás bien? – preguntó él, apartándole el pelo con una mano; la otra acariciando la espalda de ella. 

    – Evet. Ha sido maravilloso.... – confesó ella para luego añadir – debería haberlo hecho antes. 

    – No. No deberías. 

    – Pero...

    – No hay peros. 

    – Es que...

    – Es que nada. 

    – Estoy bromeando, Halil Bey – dijo Sila para luego bajar la cara y besar el lugar donde batía el corazón de Halil – ha sido precioso – susurró mirando sus iris de ónice. 

        Halil la miró a su vez, abrazándola y pensando que jamás había sentido algo parecido con ninguna mujer. La sensación de haber encontrado su alma gemela lo recorrió varias veces y sólo rezó pidiendo que Sila sintiera lo mismo. Sila oyó su rezo silencioso y respondió: lo mismo y para siempre. 

GRACIAS A TODAS, SIEMPRE. 

    

    

    

    


 

22 comentarios:

  1. Precioso Isa, es increíble cómo escribes, cómo detallas las situaciones y los sentimientos de los dos!! Pls. No pares!! 🙏 Loca por seguir leyéndote, tanto ésta como
    BCN- IST. Gracias Abla🥰🥰🥰

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  2. Ablacin, que decir, precioso, perfecto... Como tú sabes describir el amor y una primera vez con la persona por la que estas enamorad@ de verdad. Solo, gracias por escribir, y no nos dejes sin tú unión de palabras, nunca.. 😘😘😘

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  3. Menos mal que éste pobre sí consuma 😂😂😂. Precioso el relato, lleno de emociones, pero sin cursilerías. 😍😘

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  4. Bufff, si la primera vez de Yaman y Seher fuera así....no salen de la cama en un año!! Precioso, muy dulce y excitante a la vez!! 👏👏👏👏😍

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  5. Ufff, qué maravilla. Con qué amor la trató. Me encantó. Gracias 😘

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  6. Gracias, gracias y mil gracias 🥰🥰😘😘

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  7. Me ha encantado de pies a cabeza!!! Esa parte de celos me gusta mucho,debemos tener más así 😉....Isa no se cómo le haces pero escribes wowowo....gracias por hacernos felices 💐💐💐

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  8. Isa me alegraste el alma con esta entrega tan hermosa de verdad eres mágica para crear y detallar tam bien tus historias, de verdad sin o palabras. Anciosa esperando que sigue.

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  9. Jajaja nos diste la consumación jajaja eres nuestra heroína 🥰

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  10. Ahhh eres tremenda. Que manera de escribir y describir que momentazo.. me quito el sombrero. Bravo

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  11. Simplemente maravilloso ��������

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  12. La madre que te parió! Offff Isa, offf! Sabes que me vuelve loca que el salga del baño en toalla y con el pelo mojado y revuelto. Me encantó! 😘 🤗

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  13. No podía terminar el día sin leer tu capitulo. Se me ha saltado hasta alguna lágrima de emoción. Genial!

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  14. Que preciosidad, es maravilloso como consigues unir el amor absoluto con la pasion mas fogosa, y el resultado es un telato maravilloso...

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  15. Precioso isa, gracias por escribir y compartir!!!

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  16. No tengo palabras abla, este capítulo está demasiado espectacular, hermoso, sensual, pasional uffff abla ufffff. Maravilloso, me encantó, que manera tan bonita tienes de contar la historia 😍🥰❤️🇻🇪🏹

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  17. Isa, no se si estoy enamorada de seher y yaman o de halil y sila uffff. Muy duro. Uffffffg

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